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José Machado González

Por Ricardo R. González

Foto: Manuel de Feria

Entre tantas credenciales hay dos que conforman la personalidad de Mauricio José Machado González: su estricto sentido de la puntualidad, y defensor a ultranza del ensayo como regla de oro en la radio o en cualquier espectáculo, y si algo transformaba su yo interno era dirigir un programa en vivo y que el locutor brillará por su ausencia faltando dos o tres minutos de la salida al aire.

Hoy reconoce que era «algo traumatizante» en la vida de un hombre que imaginó la radio desde sus propios sueños de adolescente. Una vocación fascinante que le despertaba el interés de llegar, algún día, a ser parte del medio hasta que en 1959 tuvo la gran oportunidad cuando inició sus «pininos» en la radio base de su Esperanza natal.

«Se llamaba Radio Chinito debido a los rasgos asiáticos de su propietario. Un gran amigo que me ofreció el placer de iniciarme como locutor, operador y anunciador en aquella época».

Ya no había retrocesos. Era, definitivamente, su mundo, y la partida hacia la localidad cienfueguera de Cruces lo ratificó.

«Trabajaba en la ANAP de ese municipio y a la vez en la emisora CMHK con verdadero multioficio. Ponía discos, anunciaba números, musicales, daba la hora, producía programas, y así logramos simultanear ambos trabajos durante dos años».

Quizás la organización campesina acentuó su vínculo con el éter, y ya radicado en la capital provincial un día de 1963 se le abrieron las puertas de la Reina Radial del Centro para escribir guiones, de manera voluntaria, durante ocho o nueve años.

«Entre las responsabilidades en la ANAP provincial y la W compartía mi tiempo. Tenía espacios con música del recuerdo, uno dedicado al sonero mayor, a las melodías de nuestra campiña, al tango… sin olvidar Variegrama que tuvo magnífica aceptación».

Ya en 1971 Machado González era un realizador profesional. Escribió y dirigió múltiples programas musicales de diferentes géneros, a la vez que no faltó a las transmisiones en remoto de grandes actos, e imprescindible su faceta como organizador de cursos de superación para los futuros directores de la radio.

«Más de 50 colegas de nuestras emisoras municipales y de la propia casa central recibieron los conocimientos de muchos expertos, algo de suma satisfacción para quienes contribuimos en el empeño».

Entre los recuerdos especiales hay sitio preferencial para Hablemos, uno de los espacios indispensables en la búsqueda del conocimiento.

«Fue una gran escuela que marcó mi trayectoria gracias al contacto con los especialistas, la necesidad de documentarse, y la retroalimentación con los oyentes. Eso debe ser la radio, una obra culta sin apartarse del entretenimiento. Por eso a los jóvenes les sugiero la superación. Nadie se las sabe todas… hay que leer, oír otras emisoras, intercambiar con los colegas, y autoprepararse por múltiples vías».

— Dicen que la radio constituye una especie de magia ¿realmente existe?

— Resulta algo especial. Un bichito que penetra y después no puedes separarte. Me jubilé en 2009, pero la cadena me ata. En estos momentos hago el guión del programa Boleros que, según las encuestas, disfruta de notoria audiencia, a la vez que asumo la secretaría del Consejo Artístico de la emisora como responsable de las valoraciones y evaluaciones periódicas del sector artístico.

Sin dudas Mauricio José Machado González es un hombre de la radio. Ese que luego de cuatro décadas de ejercicio diario le sigue fascinando el olor de la cabina o el lumínico encendido que indica En el aire. El que se sorprende cuando escucha el identificativo de la planta, o disfruta de cada lauro ganado por una W que le alimenta el alma.

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