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Para el doctor Ángel Gálvez Puyuelo no es un caso frecuente, y advierte que las hemorragias constituyen la primera causa de muerte materna en el mundo.

Una profesora de Español y Literatura de Santa Clara vence el momento más amargo de su existencia. Cuando algunos no contaban con su vida la acción mancomunada de especialistas de los hospitales ginecobstétrico Mariana Grajales y Arnaldo Milián Castro devolvió las esperanzas, y hoy puede abrazar a su hija.

Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

Como toda mujer emprendedora del camino de la maternidad Geysi Pérez González no fue una excepción. Se adelantaba en el tiempo, tejía sus sueños de canastilla, jugueteaba con el crucigrama de los posibles nombres para su criatura, y hasta a veces le parecía que la cuenta se detenía en esos largos meses de espera.

Para ser «primeriza» no tuvo contratiempos en su embarazo. Buen apetito, nada de cansancio, excelente estado anímico, avances en cada consulta gestacional, pero… una placeta baja obligó, a la semana 34, a seguir determinadas recomendaciones facultativas vencidas bajo férrea disciplina.

Todo marchaba en orden hasta que en la mañana del jueves 24 de mayo la pérdida de líquido la hizo asistir al hospital ginecobstétrico Mariana Grajales, de la capital provincial. Tenía ya 40,2 semanas de gravidez, y pensó que se acercaba el momento deseado. Los médicos examinaron, y ante la situación no había mucho que esperar. Determinaron inducir el parto con todo el proceso preparatorio.

Ya en horas de la tarde, Haynoa Vázquez Pérez, cansada de habitar en laberintos internos, quiso salir a conocer el mundo exterior. En salón comenzaron las labores, el equipo médico y paramédico mantenía la calma… Uno y otro proceder habitual, Un minuto tras otro en lo que para ellos resultaba una rutina de un parto normal hasta escuchar el primer llanto que anuncia la llegada a la vida.

Al parecer pronto terminarían las labores del alumbramiento; sin embargo, algo inusual llamó la atención.

«Vamos, no hay tiempo que perder»

La frase retumbó en aquel salón. Los galenos aplicaban toda su experiencia. Una lucha continua en favor de la vida. «Arriba, arriba, que no se nos puede morir», mientras tanto el tiempo pasaba y la sangre continuaba. Pulso, frecuencia cardíaca y presión arterial en retroceso.

Ante tal situación movilizaron de inmediato al Grupo de expertos para la atención a la paciente obstétrica grave. Había pasado las 5:00 de la tarde, y muchos de sus integrantes estaban acogidos al descanso en espera de la próxima jornada. Incluso uno de ellos paseaba con su hijo por el Parque Vidal, y tuvo que interrumpir el deleite cuando sonó su teléfono móvil.

Luego de más de seis horas de continuo batallar el equipo multidisciplinario vio  ciertas luces en el camino. El paso rápido de la recién nacida por el canal del parto provocó una hemorragia incontenible que comprometió la totalidad de los signos vitales, a tenor de que en un alumbramiento rápido, como este, existe menos tiempo para dilatar la vagina, y puede ocasionar desgarros, según las particularidades de la paciente.

El doctor Ángel Gálvez Puyuelo, especialista de II en Ginecobstetricia, precisó que ante el cuadro presentado el propio grupo de profesionales decidió la histerectomía o extirpación total del útero.

«Se pensó mucho en esta decisión. Es una paciente de solo 24 años, que a lo mejor deseaba otras descendencias, pero era inevitable a fin de salvarle la vida, y cuál sería la sorpresa al ver que tampoco solucionó aquel sangramiento, por lo que requirió de otras terapéuticas, como el ligamiento de vasos importantes para detener aquella marea impresionante.»

Ya en horas de la noche se personaron en la institución hospitalaria los doctores Armando Caballero López, quien ha dedicado gran parte de su vida al mundo de la terapia intensiva y la reanimación, y Armando Caballero Font en una verdadera junta médica de conocimientos.

Concluida la histerectomía, y gracias a la excelente interrelación con el Sistema Integrado de Urgencia Médica (SIUM), se trasladó a la unidad de cuidados intensivos del hospital universitario Arnaldo Milián Castro donde permaneció, justamente, una semana hasta el jueves 31 en que Geysi retornó al ginecobstétrico santaclareño.

Desde la cama 57, del cubículo 7, la ya mamá sentía el regocijo de las atenciones.

«No tengo palabras para agradecer tantos gestos. Los médicos de este centro fueron a verme a diario a la terapia intensiva, y allí recibí también un cuidado de excelencia. Después he tenido visitas e innumerables llamadas de mis alumnos, de amistades, vecinos, en fin… algo que ha ayudado a superar esos días de tensiones».

Y todo este panorama lo ha vivido Lidia González León, la progenitora de Geysi, quien ha sido fiel testigo de todo el embarazo.

Desde su lugar de residencia en Buena Vista, Remedios, se trasladó hasta acá sin saber lo que se avecinaba.

«Yo he estado con ella desde que se le presentó el parto a cada minuto, y digo que mi hija estaba muy mal. Hubo un instante en que pensé que… En realidad la sacaron de la tumba. El personal luchó y lo pudo lograr.

«Jamás había visto tanta comunión para salvar a alguien… ¿Quejas? De quién y por qué. No me alcanza lo que me resta de vida para agradecer a Salud desde el máximo representante hasta el último trabajador, a los integrantes del Cuerpo de Vigilancia y Protección… a todos.»

Mientras tanto, Dubier Vázquez Sosa, el esposo de Geysi y padre de Haynoa, también ha sentido los percances de esta aventura. Días muy tensos que ha tenido que combinar entre sus responsabilidades como trabajador de la Agencia Internacional de Inspección, Ajustes de Averías, y otros servicios (INTERMAR), y un hogar sacudido por la hecatombe.

CUANDO TODO PARECÍA CONCLUIDO…

Otra visita al quirófano, luego de una semana. Tras la primera intervención quirúrgica cedieron las plaquetas, y se mantuvo un cuadro hipertensivo que demandó el necesario tratamiento. Con el paso de los días  apareció un cuadro febril intermitente que alertó a los especialistas.

«Un ultrasonido abdominal reveló una presunta colección o absceso en el abdomen, por lo que fue necesario llevar de nuevo a la paciente al salón en horas del pasado sábado 2», sustenta el doctor Pedro Borges Borges, especialista de primer grado en ginecobstetricia.

«Una cirugía exploratoria para eliminar dicha irregularidad. Al presentar Geysi un trastorno de coagulación al término del parto se formó un coágulo que creció y dio la imagen inicial de un absceso pélvico que fue descartado. Era un hematoma, una especie de tumoración, entre cinco y siete centímetros, conformada por coágulos de sangre con un ovario derecho necrosado que obligó a extirparlo, y a eliminar algunas adherencias presentes en las asas intestinales».

No había pus, ni infección, ni otros elementos que complicaban el cuadro. Y en este acto también se dieron las manos las multidisciplinas médicas de los hospitales universitarios Arnaldo Milián Castro, del propio ginecobstétrico, y representantes del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI), entre otros.

La paciente y su niña están en perfecto estado, y a criterio del profesor Borges «ya la madre no debe tener más complicaciones. Evoluciona de manera favorable, y fueron retirados los drenajes de la cavidad abdominal».

Mientras tanto, Geysi Pérez González trata de olvidar las continuas incertidumbres de su primera y anhelada maternidad, mas venció y no se arrepiente porque a partir de ahora tiene una máxima en su vida: «Luchar por mi hija, es lo más importante».

Esta historia concluye. Muy real, y sin ápice de fantasías. Con el presupuesto de que para la profesora de Español y Literatura, de la secundaria básica Antonio Aucar, ya no hay días contados.

¿Qué es la hemorragia postparto?

— Una pérdida de sangre de más de 500 ml después de un alumbramiento vaginal, o que supere los 1000 ml en caso de cesárea durante las primeras 24 horas del puerperio.

— Está considerada como la principal causa de muerte materna perinatal en países desarrollados, y de morbilidad a nivel mundial.

— Entre sus causas figuran la incapacidad del útero para contraerse lo que provoca un sangrado continuo (atonía uterina). También se incluye la imposibilidad de expulsar la placenta o extracción forzada de esta, determinados traumatismos como desgarramientos de tejidos y vasos sanguíneos del canal del parto que inducen a un sangrado de magnitud, retenciones de tejido y fallos en la coagulación. 

— Puede ocurrir en las primeras 24 horas del parto (temprana o primaria), que resultan la mayoría, o de forma tardía o secundaria pasado este tiempo y hasta las seis semanas posteriores.

— Sin la adecuada atención médica, una mujer podría morir a las dos horas iniciado el incidente.

 — Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) aproximadamente el 25% de los decesos maternos en el mundo  son provocadas por hemorragias postparto.

— Entre los factores predisponentes a dichos sucesos aparecen la presencia de hemorragias en episodios anteriores, alumbramientos múltiples, y macrofetos, por citar algunos.