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Por Ricardo R. González

La tarde habanera avanzó casi sin darnos cuenta. Rosita conversaba y contaba anécdotas y otros sinsabores que calan en la vida de cualquier persona. En verdad, olvidamos la cronología en el tiempo.

Cada minuto traía el deseo de conocer mucho más sobre la vedette en torno a su arte y a lo que cada quien desea saber o imagina…

— Sin embargo, su edad ha causado polémicas y una sumatoria interminable…

— Desde que tenía 20 años comenzaron a situarme 20 más, y me he acostumbrado a esa larga cordillera. En ocasiones hasta risa me ha dado. Yo tengo la edad que quieren que tenga, pero confieso que nací el 11 de febrero de 1923.

— ¿Y es cierto que se considera presumida?

— Eso sí, aunque me han dado más fama sobre mi belleza de lo que en la realidad es. Me siento atractiva, pero no bella. Por ejemplo, mi boca es bonita si me río, pero no cuando estoy seria. Mi nariz no es perfecta, y me hubiera gustado tener los ojos más grandes. Y mi cuerpo ha sido bonito, pero no intachable.

He llegado a países donde mi nombre no es tan reconocido y la gente me miraba, y lo que sí puedo confesarte es que de vez en cuando me llega algún que otro piropo…porque admiro mucho el género masculino.

— ¿En qué sitio sitúa a su familia y a la religión?

— Nunca oculté que era creyente. Siempre tuve en casa el Sagrado Corazón, la Virgen de Fátima, Santa Bárbara, y la de la Caridad del Cobre. Permanecen en mi cuarto, y cuando salgo de viaje me acompañan en sus estampas.

No soy de asistir a misa con mucha frecuencia, mas rezo todos los días y pido mucha salud para las personas, y en cuanto a la familia para mí es trascendental. Muy cierto que mi carrera ha sido la realización, pero mis seres queridos han estado priorizados.

— Hay una faceta profundamente humana suya con El Ríncón o leprosorio de La Habana que incluye desde la presentación espectáculos musicales hasta su propia contribución monetaria…

— Data desde que una vez me invitaron a participar en un espectáculo y vi como esos seres humanos disfrutaban de la puesta. Yo les llevaba a diferentes solistas, orquestas, bailarines como en especie de revista musical al teatro que allí existe.

Me pidieron los enfermos que fuera su madrina, y ningún compañero a quienes llamé dentro de los artistas me dijo que no o puso algún pretexto, y eso lo agradezco sobremanera.

Íbamos varias veces al año, pero las dificultades de transporte han impedido en los últimos años esta afluencia humanitaria para personas que bien lo necesitan.

— Si fuésemos a conformar su autorretrato pudiéramos decir que es optimista, perseverante, amable, en determinados momentos explosiva, recia y tierna a la vez?

— Has dicho muchas verdades. Yo creo que me has estudiado y muy bien. Creo que en esa mezcla se dibuja a Rosita Fornés. En la fuerza, la perseverancia, en el hecho de sobreponerme a las cosas encuentro los mejores antídotos. Tengo días sumamente estresados, y otros más sensibles. A veces me castigo a mí misma, pero si de algo vivo feliz es que no le he hecho nada negativo a nadie, no he puesto zancadillas en la carrera de nadie, ni nadie puede decir que Rosita Fornés expresó una idea desfavorable sobre alguno de mis compañeros de trabajo.

— Uno de sus espectáculos contemporáneos más recordados fue Rosita tridimensional ¿Cierto?

— Recordado tanto por el público como por mí. Subió a la escena del teatro Karl Marx allá en la década de los 80. Estuvo varias semanas en cartelera a teatro lleno en cada función. La gente no se cansaba.

Yo creo que si se hubiera dejado todo un año en cartelera no aburriría, y aunque tenía a Rosita Fornés de protagonista pudiera decirte que todo el mundo brillo de una manera encomiable.

Un elenco de primeras figuras que aglutinó, además, a Mirtha Medina, Farah María, Héctor Téllez, Alfredo Rodríguez, Raúl Gómez, Leonor Zamora, el fonomímico Centurión, Miguel Ángel Piña, en fin… algo extraordinario.

La preocupación de todos era que saliera cada función como el público deseaba, y ese mérito fue compartido gracias al maravilloso elenco. Un espectáculo de lujo por todos ellos.

— Y otro indudable fue la puesta de Hello Dolly…

— En efecto. Algo sensacional. Incluso tiene una anécdota quizás poco conocida. Resulta que casi a punto de su estreno una de las actrices seleccionadas manifestó que no iba a encarar su papel por determinadas circunstancias. Eso nos abrió tremendo cráter.

Nos rompimos la cabeza buscando quién podía reemplazar a dicha artista. Todas las puertas que tocamos estaban ya comprometidas o no le interesaba la oferta, y tomé una decisión.

Mirtha (Medina) se encontraba en México haciendo una temporada muy exitosa en Cancún como primera figura de un espectáculo.

La llamé personalmente, y le dije lo que pasaba. Nunca olvidaré que, sin pensarlo dos veces, me respondió:: «Estoy saliendo para La Habana porque el estreno va».

Eso nunca lo olvidaré de Mirtha. Dejó todo su programa a un lado, y vino con nosotros. La vida la premió porque logró una interpretación fenomenal, aunque representó el segundo papel de importancia en la obra, lo que demuestra que no hay actuaciones de segunda. Todo depende del talento de quien la asuma.

Yo protagonicé a Dolly Levi, el inolvidable Omar Valdés encarnó a Horario Vandergelden, como mi contrapartida, Mirtha representó a Irene Malloy, mientras Luis Castellanos dio vida a Cornelio Hackel, y Rebeca Martínez, a Minni Fay.

Años más tardes la propia Mirtha hizo My fair lady junto a Armando (Bianchi) e hicieron un dúo también sin par.

—El arte le ha traído satisfacciones y sinsabores ¿Cuáles incluye entre los placenteros y aquellos que no quisiera recordar?

— Soy artista por encima de todo. Tengo una colección de medallas, distinciones, premios, diplomas que jamás pensé tenerlos: la Orden Félix Varela de Primer Grado, Distinción Por la Cultura Cubana, la Lázaro Peña, Alejo Carpentier, Juan Marinello…los girasoles de Opina, las llaves de la ciudad de varias capitales cubanas, Hija Ilustre de Camagüey, la Distinción 23 de Agosto de la FMC, y el Premio Nacional de Teatro que jamás pensé lo recibiera tan pronto.

Y sobre todo las conferidas por mi pueblo que las llevo en el corazón.

Entre los sinsabores, a lo largo de la entrevista te he contado algunos, te diría otro de los lamentablemente ocurridos cuando recibí una invitación para filmar en México la película «El quijote cabalga de nuevo». El funcionario de la televisión en aquella época se negó porque él no autorizaba a ningún artista cubano a filmar en el extranjero… Sentí que existía evidente desconfianza sobre mí, y… punto final…, prefiero olvidarlos porque incluso muchos de sus ejecutores ya ni están.

—En cierta oportunidad usted expresó: «El camino del artista está sembrado de escollos que hay que vencer y nunca terminan, y sobre todo, hay que tener un sentido muy agudo de la autocrítica. ¿Cómo enfrenta Rosa Fornés a Rosa Fornés?

— Soy exigente al máximo e impongo metas. A veces una se equivoca, y es saludable reconocerlo. Si no me he dado cuenta de algo me gusta lo señalen de manera constructiva. Hay criterios que enseñan pues no siempre cada actuación es brillante. A veces se aplaude hasta el delirio, y una reconoce que no estuvo a esa altura. Por tanto la próxima vez tiene que ser mejor.

— Cuando comenzó su carrera artística su máxima preocupación era conquistar al público. ¿Para lograrlo se necesita solamente derroche de tecnicismo? 

— El artista nace con una especie de ángel que se va cultivando. He conocido muchos exponentes con un dominio de la técnica impecable, y no han llegado. Quienes escojan este camino tienen que entregarse en cuerpo y alma. Los años te hacen sentirte una especie de psicólogo, y te das cuenta que debes confiar en la gente. Captar la bondad y la hipocresía, y el público no se equivoca. Quizás no domine un detalle técnico, pero identifica muy bien una entrega real de una ficticia.

Yo creo que he tenido ese ángel, sin ser alguien que conozca perfectamente todas las raíces del arte.

— A usted le molestaba que le hablaran de relevos…

— A mí me parece que esa palabra la utilizan indebidamente. Cada quien tiene su estilo, su manera de expresar los sentimientos, y la forma de proyectarse va en evolución con el paso de los años. La forma de hacer arte varía con el tiempo y las generaciones, y hay muchas artistas que hemos coincidido, pero ninguna imita a nadie.

A Rita (Montaner) la vi, pero no la imité, su personalidad era diferente a la mía, pero ella tenía un estilo incomparable. Rita fue y es Rita. La auténtica representación de la cubanía. La única.

A mí me han preguntado: ¿cuál usted cree que sea su relevo? Y he dicho, hay estilos, no relevos.

Y traigo a colación al Benny, a Alicia Alonso, a Bola de Nieve… ¿puede hablarse de relevos? Son personalidades extraordinarias.

Esté donde esté Mirtha Medina es excelente. Actúa, canta, baila y lo hace todo muy bien. Rebeca Martínez es otro ejemplo. Las tres trabajamos juntas en varios espectáculos, y nadie puede decir que una imita a la otra, que ellas me «copian» a mí, no es así. Cada una tiene un sentido muy preciso y delineado dentro de su carrera.

— Hablemos de cine. Muchos actores y actrices influyeron en su vida o compartieron escena; sin embargo hay una película de su estancia en México que aún no ha visto…

— Yo debuto en el cine mexicano haciendo «El deseo», y fue tan convulsa su filmación que no asistí al estreno, e incluso nunca la he visto, aunque me gustaría hacerlo para ver lo que hice.

Era muy exigente, a veces iba a filmar una escena, y cuando la terminaba me echaba a llorar por lo que había visto.

Confieso que el primer rostro que me impactó del celuloide fue Greta Garbo. Su imagen se me quedó para siempre, y también debo adicionar a Marlene Dietrich, Joan Crawford, Bette Davis…

Entre los hombres admiré a Clark Gable, Robert Donat… 

— Pero hay un nombre: Mario Moreno (Cantinflas)…

— Te diría que lo conocí casi de manera casual, Él viaja a Cuba invitado por la entonces CMQ y prepararon un espectáculo para tributarle un grandioso recibimiento porque ya él era muy famoso.

Me designaron como contrafigura en ese programa, y dispusieron que fuera a recibirlo en el aeropuerto. Nos conocimos y lo dejamos en el hotel Nacional donde se hospedó.

Yo lo idealicé un poco. Él se fue fijando en mí en los ensayos. Se acercaba y le gustaba conversar conmigo, y aquello comenzó a motivarme hasta nacer una atracción muy bonita, pero en aquella época las circunstancias eran diferentes

Salimos a diferentes sitios siempre acompañados por el resto del elenco o con alguien de mi familia.

Debo decir que a mi padre le simpatizó mucho, y él insistió en que viajara a México para debutar en el cine.

Me dijo que, en su país, quería formalizar ese romance que nació aquí; sin embargo, conocíamos que él estaba casado. Aún así habló con mi padre, que era una especie de guardaespalda mío y una persona muy recta, y le prometió solucionar su divorcio. Llegué a enamorarme de él. Puedo decir que fue mi primer amor en serio e inesperado.

El tiempo pasó, y se afectó la relación con Mario. Mi padre veía que su situación matrimonial no se solucionaba. Él me pidió que tuviera paciencia y me hizo otras promesas, pero mi padre dijo: «no veo claridad y nos vamos para Cuba».

Aquello terminó, y quedamos como buenos amigos.

— ¿Y Manuel Medel?

— Ya había terminado aquello con Mario Moreno, y sabía de la fama que tenía Medel. Lo conocí personalmente en un vuelo desde México a La Habana. Él venía a pasarse unos días de vacaciones y yo también.

Lo felicité por su éxito, y durante su tiempo de estancia en Cuba no nos volvimos a ver.

A mi regreso a México me llaman porque se iba a inaugurar el famoso teatro Tívoli. Medel era el empresario, actor y director de esa compañía que quería que yo trabajara como vedette.

Después, el tiempo se encargó de lo demás hasta que nos casamos. Fue también una relación intensa y bonita de la que nació mi hija Rosa María Medel.

Ambos trabajamos en la película «Cara sucia», estando ya embarazada de Chiquitina.

Y luego de cuatro años de matrimonio decidí separarme de él.

— En la filmografía cubana el nombre de Rosa Fornés no aparece mucho. ¿Lamenta esta escasa incursión?

— Me hubiera gustado hacer mucho más. El ICAIC surgió en un momento en que yo estaba madurando artísticamente y era más joven. Quizás la imagen mía daba un aire de burguesa, y en aquellos tiempos la temática tenía sus situaciones.

Me hubiera gustado que quedara un documental, pero con «Se permuta» llegó una verdadera realización. Fue mi debut cuando ya el ICAIC cumplía 25 años. La quiero mucho y fue un éxito tanto teatral como en el cine, y me tributó innumerables satisfacciones. Se lo agradezco mucho a Juan Carlos Tabío quien concibió una trama excelente junto a un elenco de primer orden.

Pero la historia no fue tan simple, y te la cuento. El guión inicial fue concebido por Jesús Gregorio,un joven a quien la muerte le sorprendió muy joven, y en realidad la obra transitó por grandes sinsabores.

En un inicio se llamaría Lola permuta, y hasta algunos dudaron en darme el papel estelar, Si no lo reclamo con fuerza no me lo dan, aunque fue escrito para mí.

Con la muerte de Gregorio el libreto lo abordaron Tabío y Titón, pero a todas cuestas el libreto cinematográfico de Tabío resultó momentáneamente rechazado.

Sin embargo, el grupo de teatro Bertolt Brech se interesó por la muestra, y Mario Balmaseda la hizo suya. Comenzamos de inmediato los ensayos, y el éxito fue rotundo.

Al parecer ello conmovió a los más escépticos del ICAIC quienes valoraron la posibilidad de aprobar el rodaje hasta que se logró.

Aún así mi personaje perdió más del 25 % comparado con la puesta teatral, pero logramos una de las más populares películas en la historia del cine revolucionario en la que el propio Mario e Isabel Santos, junto al resto del reparto resultaron de primera línea.   

Después de ello pensé que iba a filmar más seguido, pero hice una participación especial en «Plácido», con el desaparecido Jorge Villazón, un poco para borrar aquella imagen de que si no me proponían protagónicos yo no aceptaba papeles. Media hora de grabación para quedar en minuto y medio luego de las tijeras de edición. De tres secuencias que iba yo a tener solo la dejaron en una, y hasta fue cortada.

Hasta cantaba, y tenía una escena final muy linda junto a Villazón, pero…

Después vino «Papeles Secundarios», del realizador Orlando Rojas, en la que intervinieron el actor español Juan Luis Galiando y la cubana Luisa Pérez Nieto.

En esta tuve un personaje bastante interesante. Pasaron los años y llegó el cortometraje «Quiéreme y verás» en el que me hubiera gustado una actuación más extensa, y cierra «Las noches de Constantinopla» .junto a Francisco Rabal, Verónica Lynn y Jorge Alí, en una coproducción cubano-española. Nada más.

— Repasemos entonces el mundo de los discos en el que tampoco resulta amplio el catálogo…

— Quizás yo tuve parte de culpa. Trabajaba tanto en mis espectáculos y espacios de TV que nunca me preocupé por mi discografía. Terminaba un programa semanal y ya tenía encima el próximo. Tampoco contaba con un representante y de todo me encargaba yo.

Cuando vine a darme cuenta comenzaron a fallar los planes o no se cumplían las propuestas de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM).

No obstante dejé grabado algunos long playing y varios discos de 45 rpm. En México hubiera podido grabar con la RCA Víctor, aun así aparezco en un disco con artistas famosos.

En Cuba dejé, además grabaciones para la firma Panart y Puchito. Tengo infinidades de números con excelente calidad en el ICRT de los cuales muchos se perdieron, y hace un tiempo la EGREM sacó una recopilación en dos CDs, y otro cassette de «Las voces del siglo»

Pero la consagración me la propició Abdala, al grabarme el CD Rosa del tiempo con números clásicos en mi repertorio y otros nuevos.

— En los últimos años las caderas le han propinado varias visitas al quirófano…

— Yo he cometido varias locuras en mi vida, y confieso que no me he cuidado mucho. Jamás hice calentamiento previa antes de salir a escena, y una de mis tantos disparates fue bailar cancán pasados los cincuenta años.

Recuerdo que el climax llegó durante una de las funciones del espectáculo Vedettisima. Luego de estar minuto y medio bailando cancán sentí una especie de contracción muscular sin dolor.

El doctor Rodrigo Álvarez Cambras me atendió, y situó un tratamiento a largo plazo, sin entonces pensar en operaciones, pero seguí y seguí en giras, espectáculos por todo el país y en el extranjero y… ocurrió lo que tenía que ocurrir. La desviación existente en mi columna vertebral influyó sobre las caderas, y de ahí las reiteradas intervenciones quirúrgicas.    

— ¿Con ocho décadas vividas y de ellas gran parte dentro del arte mantiene inigualable la llama de esperanzas?

— Sí, aunque ya no se pueda esperar tanto, pero mantengo esperanzas que me alimentan enormemente. Me siento incansable a pesar de que no soy ya tan dinámica y hay cosas que se han tenido que dejar de hacer.

Abusé mucho de mi trabajo, no me cuidé en algunas cosas, y ello me ha propiciado una lección severa en la cadera que ha conllevado a varias intervenciones quirúrgicas.

Me hubiera gustado visitar algunos países en los que nunca estuve como Francia, Inglaterra e Italia. Me quedé con las ganas de conocer la singularidad de Japón o de China, y de Sudamérica me faltó Argentina y Chile.

— Al cabo del tiempo ¿cómo ve a ese público que generación tras generación la ha convertido en un patrimonio privilegiado de cada cubano, y que desea que la vida le regalara?

Doy gracias a Dios por todo ese pueblo que me situó en un lugar cimero. No tendré nunca como pagarle porque a el me debo.

Pedir más de lo que he recibido sería convertirme en una persona demasiado ambiciosa, y solo quisiera que el día en que llegara mi momento me siguiera queriendo de la misma forma en que Rosita Fornés los quiere a cada uno de ustedes.

— Entonces, inevitablemente, ¿Rosa de Cuba?

— Nací en Nueva York, mis padres son españoles, considero a México mi segunda patria por tanto que le aportó a mi vida desde el punto de vista artístico y personal, pero vivo en Cuba.

Siempre que me he presentado en el extranjero ha sido como artista cubana, así me conocen en todos los países que he visitado., porque aquí me crié, me formé, y el público me ha dado más de lo que merezco. Por eso siento que Cuba es mía y la llevo en el corazón.  

Y así será porque la escena cubana siempre tendrá la distinción de la mejor de las Rosas.