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«Con 2 que se quieran» Sergio Vitier (Parte I)

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“La guitarra no se toca con las manos”

Amaury. Muy buenas noches, estamos aquí, en Con 2 que se quieran en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonidos del ICAIC.

Esta noche nos acompaña uno de mis más grandes amigos, de los músicos que más admiro, guitarrista, compositor. Ha hecho música para cine, para teatro, para ballet, y yo me siento parte de alguna manera, de su familia. Mi querido hermano, Sergio Vitier.

Sergio. ¿Cómo estás, viejo?

Amaury. ¿Qué tal Sergito, cómo tú estás?

Sergio. Bien.

Amaury. Bueno voy a empezar agradeciendo que hayas tenido la gentileza de venir, porque tú vives lejos de la ciudad. Ya hablaremos después de a dónde has ido a parar. Hablemos de tu fascinación y tu casi, diríase, obsesión equina. Te gustan los caballos, pero empecemos hablando de la finca El Empalme, de los caballos, de Medardo, y de Cristina, tus abuelos.

Sergio. Bueno, te voy a decir una cosa: dicen los poetas árabes que el hombre era un patán, era un desastre el ser humano, hasta que conoció el caballo y se convirtió en caballero. Quiere decir: la historia de la cultura universal no se puede explicar sin el caballo.

Empalme era el centro de un grupo de fincas que heredó mi familia, que eran tierra de familia de mi bisabuelo, el general José María Bolaños, y ahí nosotros tenemos una casa antigua, de madera, con una manzana de terreno que estaba frente al empalme, que era el cruce de los trenes, porque había una estación de trenes rural, enfrente. Una casa muy linda, con matas, y qué se yo, y ahí tuve mi primer caballo a los seis años. Es decir, yo monto caballo desde que tengo seis años.

Amaury. Pero tú vivías en la Víbora, tú naciste en la Víbora…

Sergio. Sí, sí, pero íbamos todos los fines de semanas de vacaciones ahí.

Amaury. ¿Y qué tú recuerdas de Medardo y de Cristina, de esos abuelos?

Sergio. Abuelo vivía en casa. Era muy afectuoso y suavemente pedagógico, porque era maestro hasta en la vida doméstica, pero de una forma muy, muy simpática, porque además era un hombre de procedencia campesina, fue pesador de caña y se hizo así universitario en esa época. Y abuelo siempre me daba, me decía algunas cosas. A él le gustaba decirme, por ejemplo: No riñas -porque yo era muy fajarín, ¿no?- No riñas. Hay veces que uno piensa acertar y yerra, decía. Decía: Mira(pausa) -es que me conmueve-, tú estudias todos los días un poco y un día amaneces sabio. ¡Qué lindo!

Amaury. ¡Qué lindo!, ¡Qué lindo! Estudia todos los días y un día amaneces sabio.

Sergio. Un sabio, un estudioso, pero nunca perdió el humor, aparte era un hombre físicamente fuerte. En fin, yo recuerdo mucho a abuelo, ¡cómo no! Y abuela era la mujer fuerte de la Biblia, que estudió… Mi abuela -y mi bisabuela, que era una mujer tremenda también-y estudió Farmacia, se hizo maestra primero. Estudió Farmacia, estudió tres años Medicina. Fue la primera mujer o una de las primeras mujeres que estudió Medicina en Cuba. Murió el 25 de julio del 81. Abuelo murió a principios de la Revolución, en el 61, si mal no recuerdo.

Amaury. ¿Y qué instrumento tú tocabas antes de la guitarra?

Sergio. Mi primer instrumento, con pocos añitos, con 5 ó 6 años, fue la filarmónica. Una filarmónica no cromática, normal.

Amaury. Sí, sí.

Sergio. La filarmónica que tienen los niños para jugar. Pero tenía una un poquitico mejor después. Y ya yo sacaba, me acuerdo danzonete, el danzonete lo tocaba, algunos temas de la televisión: Chogüí, El Pájaro Chogüí (risas). El Chogüí, chogüí (tarareando). Eso lo tocaba yo en la filarmónica.

Había en la esquina un socio de casa, que era un hombre hecho y derecho, con hijas, se llamaba Ramiro Calvo, que era rumbero. No se dedicaba a eso, pero tenía una rumba todos los sábados en su casa, una rumba muy curiosa. Y te voy a decir por qué. Era una rumba donde no se bebía, se iba y se tocaba ahí. Y resulta que a mí me llamaban los tambores, mucho. Entonces me busqué una tumbadorcita de esas, de candela, y empecé a tocar tumbadora. Nunca fui un tumbador destacado ni virtuoso, pero la marcha mía era un reloj.

Amaury. ¿Qué edad tú tenías cuando eso?

Sergio. 13 años. Entonces estaba Amadito Valdés, el excelente músico y me embulló con el tema de la música. Hicimos un conjunto ya en el bachillerato. No soy tan viejo, lo que pasa es que yo empecé muy joven los estudios medios. Yo tengo 62 años, cumplidos en enero, todavía me falta para el otro (risas) hasta el día que los cumpla, tengo 62…Yo no me la quito, pero tampoco me la añado. (risas)… Y resulta que Amadito me embulló y entonces hicimos un grupo. Primero en el Pre y después ya Los chicos del jazz, que éramos un piquete con Rembert Egües en el piano. Después Paquito de Rivera tocó con nosotros también, un piquete, Los chicos del jazz, pero ya yo empezaba con la guitarra.

Empezaba con la guitarra y mi padre, que estaba un poco cansado de la vida un poco irregular que yo tenía por la música aquella juvenil, adolescente, que se acompañaba de otros elementos, como eran visitas a los lupanares, etc. (risas), para que me entiendan mejor los televidentes, prostíbulos, que todavía existían y que por suerte desaparecieron -aunque yo tengo un grato recuerdo de eso, en lo personal y aunque entiendo que tenían que desaparecer, me divertí mucho.

Amaury. Sí, sí, claro, normalmente ese tipo de actividad que se hace en los prostíbulos deja un recuerdo agradable.

Sergio. Y resulta que mi padre estaba ya molesto y me dijo un día: ¡Óyeme, o vendes la tumbadora en una semana o te la quemo! Es la primera vez que papá ha tenido una cosa drástica conmigo, porque es que aquello era… y aparte, me estaba afectando los estudios, y ya yo estaba estudiando la guitarra, con un profesor del barrio. Estudié con él como tres años, y a los 15 años di un concierto en el Liceo, lo que es ahora la Casa de la Cultura de Plaza. Un concierto horrible, por supuesto, pero yo tocaba ya mucho, tocaba todos los estudios de Carcasa, ya tocaba a Tárraga y ahí me vio Elías Barreiro, un excelente guitarrista cubano que radica en Estados Unidos. Él fue al concierto y me dijo: Tú deberías estudiar con un guitarrista y con un profesor que te enseñe la técnica correcta, que estás tocando - yo no tenía la menor idea de eso. Ahí conocí a Isaac Nicola en el Amadeo Roldán. Me llevó papá, y me introdujo papá -cosa que tampoco hizo nunca con nadie, ni tampoco papá tenía el nombre que tuvo después, pero ya era conocido y mi mamá era medio parienta de la mujer del Nicola, de Bebita Reyes, violinista-. Y empecé con Nicola.

Nicola, Isaac, el padre de Noel, me abrió un panorama tremendo, porque yo me di cuenta de que estaba trabajando con un maestro de formación europea de verdad, uno de los maestros más grandes, por lo menos, posiblemente el más importante de Hispanoamérica en su generación.

Amaury. ¿Y fuiste disciplinado en esos estudios?

Sergio. Extraordinariamente y lo soy todavía. Yo estudio la guitarra todos los días un rato, no mucho, y hay veces que no todos los días, pero por lo menos 2 ó 3 veces a la semana.

Amaury. ¿Qué tiempo se estudia la guitarra?

Sergio. Yo estuve 12 años de mi vida estudiando 4 horas diarias, ó 3 horas y pico, 4 horas, hay veces que un poquitico más, pero por ahí.

Amaury. Eso es mucho.

Sergio. Es mucho. A mí me gustaba mucho la pelota y había veces que estaba jugando a la pelota, pero yo tenía un horario. Y yo decía: espérate. En el 6to inning, paraba del juego, me iba -pelota del parque, no estoy hablando de pelota en serio- y ya todos los amigos míos sabían que yo me iba porque tenía mi horario de estudio.

Amaury. Pero, a ver, montabas caballo, jugabas pelota y estudiabas guitarra.

Sergio. No, ya no montaba a caballo. El caballo se acabó del 59 para el 60.

Amaury. Pero bueno, las manos, las manos de un guitarrista tienen que estar protegidas.

Sergio. Yo he hecho de todo con mis manos, de todo, yo he estado…

Amaury. ¿No te ha dado miedo?

Sergio. He cortado marabú, he picado caña, en fin… en la finca. Hay veces que chapeo, en fin. No me he cuidado mucho las manos, aunque he tenido accidentes en las manos. El daño en las manos me lo hizo la guitarra. En el 70 y pico largo, se me paralizó la mano derecha por un overtraining con la guitarra.

Amaury. Sí, por sobre-entrenarte, por tocarlo.

Sergio. Sí, seguía tocando, pero ya tocaba prácticamente con dos dedos, estos dos dedos de aquí, el medio y el anular, sufrí mucho con ello, porque yo, hasta para enamorar a una mujer, necesitaba la guitarra. Pero bueno, me abrió la puerta de componer y después con los años, después de mucho tratamiento y de tocar mucho, fui resolviendo parcialmente el problema en gran parte y actualmente puedo mover todos los dedos.

Amaury. Sí, tú tocas muy bien la guitarra.

Sergio. Sí, sí, pero no la toco como la tocaba en esa época, ¡qué va! Está el disco Renacimiento en la Rumba, que esa grabación es vieja. ¡Yo era un diablo tocando! Pero bueno, la guitarra no se toca con las manos, porque la gente me decía: nosotros te identificamos cuando tú tocas, tu estilo, tu forma de tocar, propia.

Amaury. Sí, es identificable.

Sergio. Siempre me lo ha dicho mucha gente, y gente importante, como tú mismo ahora me lo dices y Silvio (Rodríguez) también me lo dijo, en fin, Rey Guerra y otras gentes, el propio Leo (Brouwer). Y resulta que yo me di cuenta que ese estilo propio, un poco me lo dio la limitación física. Es decir, yo digo que la vida siempre abre una ventanita, ¿no?

Amaury. ¿Y cuándo tú vas al Escambray y conoces a Samuel Feijoo?

Sergio. Yo conozco a Samuel desde que nací, igual que a Lezama. Samuel era parte de mi familia y se quedaba en casa.

Amaury. ¿Y cómo tú te manejabas, Sergio..? A ver, sobre todo para los televidentes, los que conocen tu obra y quizás no te conocen tanto como persona. Tú eres un hombre de una gran cultura, tú eres un intelectual, un nivel de pensamiento y una concreción en el pensamiento y una estabilidad de criterios, que realmente es admirable. Pero, tú también has sido muy irreverente, lo fuiste y lo sigues siendo y lo vas a seguir siendo. ¿Cómo era tu relación entonces con Lezama, con Samuel, incluso con esa parte del grupo Orígenes, la más refinada…?

Sergio. Bueno, mira, empezando por Samuel, que fue el que más peso tuvo en mi vida. Samuel era la irreverencia hecha persona (risas), y eso tuvo una influencia en mí enorme. Samuel era tremendo hasta que murió. Ya cuando murió, pobrecito, tenía la mente mal, pero hasta pocos años antes…

Lezama era como un tío. Nunca yo tuve ningún tipo de confrontación con Lezama. Lezama tampoco era reverente en lo absoluto, en lo absoluto. Con otro estilo, diferente al de Samuel. Yo conocí mucho a Lezama, no solamente en mi infancia, en toda mi vida, porque aparte, cuando veníamos a grabar aquí, a este estudio, yo pasaba por casa de Lezama muchas veces Incluso en su álbum hay dos poemas míos, que él me pidió, sin yo dedicarme a escribir poesías. Yo escribo, yo soy poeta, pero no ejerzo.

Eliseo era mi padrino, mi tío, era Tío Eliseo… nos llevaba a la playa… era Tío Eliseo. Siempre fue una persona muy cariñosa, le gustaba mucho el boxeo, a mí también, yo boxeé mucho. Todavía practico un día a la semana algunas veces.

Amaury. ¿Y en los 60 cómo era el Sergio que tocaba en El gato tuerto y acompañaba a Miriam Acevedo?

Sergio. No, no, mira, perdona mira, antes de Miriam, yo empecé con Felipe mucho antes.

Amaury. Con Felipe (Dulzaides), que es tu tío. Es que hay veces que tú dices tío Felipe.

Sergio. Sí, claro, porque era hermano de mamá. En mi familia nunca hubo esa cosa de medios hermanos ni nada de eso. Ni con mis tres hijos tampoco -que tienen tres madres diferentes-, les digo, son sus hermanos. Y resulta que Felipe era como decía, Leo Brouwer, que fue quien mejor lo calificó, decía: era un gran entrenador de músicos. Yo trabajé con él ocho meses, con 16, 17 años ahí en el Riviera.

Amaury. Con esa edad ocho meses son ochos años.

Sergio. Después de eso vino el gran lío del Servicio, que después que salí del Servicio seguí. Vino la etapa de las cantantes. Que primero fue una gran cantante que falleció hace poco ahí en Santa Clara, vivía en Estados Unidos y después se fue y después volvió a Cuba prácticamente a morir.

Amaury. Gloria de la Torre.

Sergio. Gloria de la Torre, una cantante increíble.

Amaury. Una gran cantante.

Sergio. De las grandes cantantes que ha dado Cuba. Y después con la actriz y cantante excelente, Miriam Acevedo, trabajé en El Gato Tuerto hasta que volví de nuevo con Felipe.

Amaury. Pero las noches de La Habana. Yo quiero que tú me hables de las noches esas de La Habana.

Sergio. Las noches de La Habana tienen dos cosas. Mira, te voy a decir dos cosas: la primera es que cuando uno es tan joven todo lo recuerda lindo, porque lo que es linda es la juventud. A mí no me gusta vivir el mundo de La Habana de la nostalgia, porque ahora está de moda La Habana de la nostalgia. Y no porque esté de moda, es que realmente tenía sus cosas que ahora no las hay y tenía otras cosas que ahora las hay en que en esa época no las había.

Yo era un privilegiado porque ganaba mucho dinero. Tocaba en el mejor grupo de Cuba, que era el que tenía Felipe. Luego en El Gato Tuerto, que era un lugar también elitario, ahí iba también, no sé, Julio Cortázar, todos los premios Casa de las Américas, los actores, los artistas. En fin, terminaba de tocar, yo llegaba a la casa muy temprano todos los días, a las siete de la mañana. Eso. ¡Sí, temprano!

Amaury. (risas) Temprano, llegabas temprano, era muy temprano.

Sergio. Casi siempre no, ¡imagínate!, qué tipo de vida llevaba yo. Aparte de eso estudiaba, en el Amadeo Roldán. Estaba terminando los estudios de guitarra, yo no sé en qué tiempo, pero la juventud te da tiempo.

Amaury. ¿Y la Orquesta de Música Moderna?

Sergio. A la Moderna entré con 19 años, estando con Felipe en Varadero, fueron allá (Manuel) Duchesne - a verlo a él, no a mí- y Armando Romeu, fallecidos los dos, dos grandes maestros y entonces a ellos les gustó como yo tocaba y necesitaban un guitarrista en la orquesta. Ya estaba el gran guitarrista extraordinario, al cual todos le debemos tanto, Carlos Emilio Morales, en la orquesta, que había empezado tres meses antes que yo, pero hacían falta dos guitarristas y entonces me buscaron a mí y aparte, la Orquesta de Música Moderna en aquel momento era un paradigma, era una de las mejores jazz band del mundo sencillamente. El pianista era Chucho Valdés, estaba Arturo Sandoval de cuarto trompeta, no de primero, estaba…

Amaury. Estaba Varona y estaba Plá…

Sergio. No, y primero estuvo Luis Escalante, bueno, en fin, estaba (Leonardo) Timor, tremendo, que después quedó elite, uno de los mejores elite que ha habido en Cuba -estuvo en la Isla hace poco. Estuve trabajando con la Orquesta y de ahí, siguiendo a la Orquesta, en el 67 me vinculé con ustedes, con la Canción Protesta, en la Casa de las Américas. Pablo estaba viviendo en la que era mi casa en aquella época. Estuvo ahí un tiempo largo con “Yolanda”, esa canción la hizo ahí en esa Casa y así. No quiero hacer la saga de mi vida muy larga.

En el 68 me gradué de guitarra y di el primer concierto de graduación en al Ateneo y después en la Casa de las Américas di unos conciertos de guitarra solo, di varios. Estuve varios años dando conciertos solo. Entre el Grupo Sonoro (Experimentación Sonora del ICAIC), que fue ya en el 69.

Amaury. Pero por eso, ¿cómo es que se formó el grupo? ¿Tú estuviste allí en la fundación?

Sergio. Sí, sí, desde el principio.

Amaury. ¿Cuando estaba Leonardo Acosta, por ejemplo?

Sergio. Mira, el Grupo nace oficialmente, quiero decir en plantilla, por papeles, en noviembre de 1969. Yo estaba en la Moderna. Leo me llama, busco a Leonardo, hablo con Caturla, el flauta, y hablo con Eduardo Ramos, también.

Después ya entró Pablo Menéndez, que ese fue Leonardo quién lo buscó y Sara, que creo que fue Silvio quien habló para que Sara (González) entrara, con lo que yo no estaba de acuerdo en aquel momento, un error mío. Quiero mucho a Sara como todos y la respeto mucho, pero en aquel momento yo quería buscarme un trompeta. Sí, porque yo estaba pensando en los músicos y no tanto en los cantantes. Yo decía: coño, tenemos tres estrellas ya de la Trova, para qué necesitamos un cuarto. Por allá dieron vueltas mucha gente, excelentes, como Pedro Luis Ferrer, varias gente y después entraste tú, en la cosa esta del sonido y por ahí ya… pero te estoy hablando de la etapa, del embrión, del embrión inicial.

Amaury. ¿Y tú fuiste el primero que te fuiste?

Sergio. No, qué va. No, cuando yo me fui del grupo del ICAIC, ya prácticamente el grupo casi, casi, como esa idea original, no existía. Ni estaba Leo tampoco.

Amaury. No, ya no estaba Leo.

Sergio. Porque el alma del Grupo fue Leo. El magisterio de Leo y, quiero hacer un aparte con eso, aparte de la amistad que nos une de tantos años. Pero, cuando yo hablo de mis maestros, en primer lugar pongo a Leo. Y mira que yo tuve maestros importantes, pero Leo es… Sin haberse dedicado como sistema en su vida a la pedagogía, pero para ser compositor, una persona con inquietudes de componer, es increíble. Increíble la síntesis, la generosidad de Leo, como lo entusiasma a uno con cualquier cosa y los conocimientos profundos, no solamente de la música, sino de las leyes que rigen la vida, que tienen que ver con la música y con todo. Con la música, con la producción, con la política, con la economía, con el arte, con todo lo que existe.

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