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Amaury. Con sus gatos, ¡qué maravilla!

Carilda. Mis gatos que han sido mis nenés, mis niñitos, mis compañeros. Bueno, y ahí me conoció él, que yo no tenía ni un centavo y él tenía una casa magnífica donde vivir, había huido del campo porque quería estudiar y esa es la historia de ese joven.

Amaury. Claro, él me manda hoy, porque no pudo venir al programa por asuntos personales vinculados con su mamá. Él me manda una carta que no voy a leer completamente porque es una carta privada, pero hay una parte que sí quiero compartir con Carilda, que no la conoce.

Carilda. No.

Amaury. Y con ustedes. Él me dice, bueno, empieza con “Mi muy admirado Amaury”, muy cariñoso. “Lamento profundamente no asistir a este encuentro con nuestra Carilda. Pero me ha resultado imposible” (y ahí me explica por qué). Pero después dice: “Gracias Amaury por llevarte contigo, en esta feliz ocasión, a una mujer que ya no se puede amar desde un solo cuerpo, que se ha hecho menos mía para volverse propiedad de un pueblo que ha encontrado en su voz la suya propia, prohijada por un deseo interminable de amor y de vida.” Y después me señala: “Hay muchas personas que tal vez contemplen nuestra pareja como un sacrilegio porque nos hemos atrevido a unir nuestras dos juventudes en un matrimonio que ya casi cumple dos decenios.”

Y es lo que usted ahora ha estado aclarando y eso es lo que me manda a decir.

Carilda. ¡Qué casualidad!

Amaury. Ahora, él toca aquí un punto, fíjese que yo no lo tenía ni anotado… pero él toca un punto donde dice, hablando de usted y, ahora entonces vamos a hablar de este tema que él toca aquí.

“Carilda ha tenido fe en la justicia, en el amor de su gente y en el triunfo de la verdad. Por ello en mi opinión creo que durante aquellos casi veinte años de silencio en su amada Patria, no supo en la soledad ser infeliz.”

¿Por qué usted cree que hubo tanto tiempo sin que a usted la consideraran lo que siempre ha sido? Una cubana fiel, digna y amante de su Patria.

Carilda. Bueno, hay cosas que realmente ni el tiempo ha podido aclarar. Porque la verdad, sí, yo siempre creí que todo pasaría y así fue, todo pasó. Yo había escrito, inclusive, un Canto a Fidel cuando estaba en la Sierra (Maestra) porque yo había conocido a Fidel en la Universidad. Ya yo terminando en la Universidad, Derecho, él empezaba y, naturalmente, al ver que estaba en la Sierra -y esa historia no la voy a hacer porque es larga y ya se ha publicado- Me emocionó mucho aquel compañero de la adolescencia, que alentaba una Revolución que era una esperanza.

Amaury. Un símbolo.

Carilda. Y así, bueno, entonces ¿qué sucede? La Revolución realmente triunfó, pero inmediatamente, casi, a mí me dejaron cesante de mi trabajo. ¿Por qué? porque yo trabajaba en la Alcaldía de Matanzas. Porque las revoluciones son convulsas y cuando comienzan, como en este caso, hay un problema: Que hay mucha gente que se sube al carro de la Revolución sin haber estado en esa Revolución. Y a mí me parece que los intermediarios fueron, no en este caso, pero en muchos casos, fueron responsables de las injusticias y de las cosas que pasaron. Yo tuve la suerte de que no me quedé completamente cesante y esto es muy bueno decirlo, porque siempre hay alguien que esclarece, que salva, que es un abogado, que hoy es muy notable y es uno de los defensores de los Cinco Héroes, que es el doctor Rodolfo Dávalos.

Amaury. Una eminencia, el doctor Dávalos es una eminencia.

Carilda. Una eminencia, jurista y él me dijo: no, no importa, tú eres abogada y tú no has cometido delitos… Además, tú tienes ese Canto a Fidel. Él es poeta, pero de esos silenciosos, que no publican.

Amaury. Sí, que no quiere publicar.

Carilda. Tremendo escritor ¿eh?. Y entonces, bueno, entré en aquel bufete colectivo y fui muy feliz en ese bufete, porque allí se pudo hacer mucha justicia y muchas cosas y no se habló de nada. Pero el veto empezó a pesar de estar yo en el bufete.

Amaury. ¿Y no se le publicaba entonces, nada?

Carilda. Esto es bueno que se sepa, ¡qué me van a publicar! Pasaron muchas cosas.

Amaury. ¿Y cuándo termina el veto?

Carilda. Eso termina un día, un buen día, un magnífico día, estoy nombrando personas porque estoy hablando verdades.

Amaury. Claro, claro.

Carilda. No me gusta hacer anonimatos, y fulano, y que esto. Bueno y además, estoy muy agradecida al doctor Armando Hart.

Amaury. Un hombre de la cultura y un hombre justiciero.

Carilda. Se apareció en Matanzas un día, a averiguar qué pasaba conmigo, porque él no entendía nada.

Amaury. Pero usted nunca abandonó ninguna Revolución ¿qué Revolución abandonó usted?

Carilda. ¿Pero qué abandono?, ¡pero si no me exilé con toda mi familia y seguí en mi Tirry 81 pasando calamidades! Yo he comido sopas de yerbas y todas esas cosas. Yo tuve que arrancar las puertas grandes de Tirry 81, que están detrás de las ventanas, para un pobre guajiro que vino, bueno, no era pobre porque tenía más dinero que yo, y me compró las puertas y con eso comí como seis meses. ¡Ay, pero no soy ninguna víctima!

Amaury. ¡Claro que no!.

Carilda. No, no, no.

Amaury. ¡Y con esos ojos!.

Carilda. Muy dichosa. Muy dichosa, porque escribí más poesía que nunca. Escribe y escribe y escribe y feliz, feliz.

Amaury. Bueno, aquí están sobre la mesa sus libros… Carilda trajo sus libros. Yo me he quedado frío.

Carilda. Tengo 43 libros. Claro, entre ediciones, reediciones y cosas en el extranjero. En España tengo cinco libros.

Amaury. Ahora, yo quiero de todas maneras, porque cuando hablamos por teléfono el otro día…

Carilda. Sí.

Amaury. …Hablamos mucho, hablamos más por teléfono que lo que vamos a hablar en la entrevista. Y pasó una cosa bien curiosa, porque yo le dije que a mí me encantaba este soneto, de Sonetos a mi padre, el cuarto soneto.

Carilda. Ah, sí.

Amaury. Y usted de pronto me dijo: qué casualidad, era el que le gustaba a ¡Eliseo Diego!

Carilda. Sí, así mismo es.

Amaury. Léame, por favor, ese soneto.

Carilda. ¿El último?

Amaury. Ese soneto, el último, yo se lo escogí.

Carilda. Este es el Cuarto Soneto de la colección, pero cuatro son demasiado.

Tu sillón de dentista ¿dónde está?

Tu violín de estudiante, ¿cómo suena?

Enterrabas centavos en la arena

Y otros nombres ponías a mamá.

Guardo todas tus cartas y retratos

En mis sueños tu próstata se cura,

Por el fondo del patio y la ternura

Se encaminan tus últimos zapatos.

Quiero verte salir en un postigo,

¡Ven fantasma, ven ángel oportuno!

Ya no sé lo que hago, lo que digo,

Porque quiero beber el desayuno,

Con mi padre, mi sabio, mi mendigo

En Calzada de Tirry 81.

Amaury. ¡Es que es algo…, es precioso ese soneto! y se ve que a usted le afecta, todavía le afecta. No sé ni para qué lo traje. Fíjese qué rápido vamos a hablar de otro tema. A ver si usted me quiere decir este secreto. En este libro (Amaury le muestra un libro) hay una carta, están sus prosas, aparte que hay una foto aquí tremenda, la foto de la portada, con el pelo corto.

Carilda. Está agotado ese libro.

Amaury. Ese libro está agotado, ah, bueno. Pero ya uno va teniendo cosas que están agotadas, uno se va quedando con ellas. Pero hay un momento, donde hay varias cartas. Usted no quiere, ya me lo dijo por teléfono, hablar de a quién le había hecho las cartas y yo, por supuesto, respeto eso, pero no puedo privar al televidente de esa Carilda irónica que aparece aquí en un momento de esta carta.

Carilda. ¡Ah!, va a leer esa, ¡vale!.

Amaury. En un momento de esta carta yo por poquito me…, yo me arrastré cuando la leí la primera vez -carta número 4 se llama-,

Te escribo por recomendación de este papel amarillo que vi sobre la mesa y para que me perdones el incumplimiento de la amenaza: El director tropieza con todos los sueños, así que dispuso sin mi permiso, que trabajara hoy de noche.

Como te encantan las sorpresas, estarás muy contento de ver a otra mujer y no a la que pronosticó el telegrama. Pues bien, deseo con todos los humores negros de mi venganza, que solo caiga en tus brazos una soprano calva de 190 libras.

No vamos a hablar de a quién se la hizo, pero vamos a hablar de esa Carilda maldita, esa Carilda, que vaya, es que no… “Lo que deseo es que caiga en tus brazos una soprano calva de 190 libras“. (risas)

Carilda. (risas) Ay, son cosas de la juventud.

Amaury. Ahora, ¿cómo fue aquello del tren que viene de Santiago, pasa por Matanzas y una persona que la amaba le ponía mensajes en el tren? ¿Qué cosa es eso, Carilda?

Carilda. Ay, pero mira lo que estás sacando hoy. Óyeme, pero ¿cuántos cuentos te han hecho? Qué cosas…

Amaury. Pero es que eso es tan bello.

Carilda. Bueno, es  verdad, es una cosa de…, y estoy hablando del año 50, porque fue el año, lo recuerdo perfectamente, en que salió Al sur de mi garganta.

Al sur… nace en el 49, pero se lleva el Premio Nacional de Poesía del 50. Y entonces él es un poeta, por cierto, un poeta muy singular, porque es que tenía muchos oficios y era matemático, era graduado de La Sorbona, de Yale, yo no sé de cuántos lugares. Era un hombre muy talentoso que apareció en Cuba. Y como él quería enamorarse, porque él quería enamorarse de algún modo de alguna cubana, y sobre todo que fuera un amor imposible, digo yo, porque hizo todo lo posible. Yo tenía mi novio, yo era novia de Hugo Ania  que era un noviazgo reciente y que después nos casamos. Y entonces, pues… No voy a contar lo que pasó en el medio, porque hubo problemas muy serios.

Amaury. No, no.

Carilda. Esa es la mitología con que el pueblo cubano me ha adornado a mí, porque ese mito es un adorno.

Amaury. Claro.

Carilda. La gente quiere que yo sea como me han inventado.

Amaury. Exactamente.

Carilda. Y realmente yo soy una señora muy respetable, ¡Ay!, ¿qué dije? (se tapa la boca)

Amaury. No, sí lo es. Sí, Carilda, sí lo es.

Carilda. No, pero es que todo el mundo se va a disgustar.

Amaury. No, nadie se va a disgustar.

Carilda. ¿Tú crees que no?

Amaury. No, nadie se va a disgustar. La gente va a seguir con la mitología que quiera crearse sobre usted. Pero es bueno que de una vez se diga, que lo importante de usted, aparte de su belleza, aparte de su talento, de su simpatía, es su gran obra poética, que es lo que la va a trascender. Y la mitología que la gente se crea sobre los artistas, esa se va a quedar en el camino y lo que va a quedar al final, son estos poemas, son estos libros, eso es lo que va…

Carilda. …Ay, Amaury. ¡Qué generoso eres!

Amaury. No, generoso no, soy justo con usted.

Carilda. Te quiero.

Amaury. Carilda ¿Y entonces lo del tren? ¿El tren salía de dónde?

Carilda. Él tren venía de Santiago y llegaba a La Habana, aquí, pero claro, pasaba por Matanzas. Y entonces, este escritor, uruguayo, me escribía, después que se fue de Matanzas, me escribía desde allá. Pero él quería que llegaran las cosas tan pronto que iba al último vagón del tren. Ya me lo había advertido por teléfono: por la mañana me decía: Carilda, ahora voy a escribirte un mensaje en la pared del vagón último del tren, bueno, yo iba por la noche cuando llegaba el tren a Matanzas a ver aquello, a leer aquello. ¡Qué lindas cosas escribía!

Amaury. Por eso ahí empiezan las historias.

Carilda. Y ahí empiezan las historias de Carilda ¿comprende?

Amaury. Claro

Carilda. Que después de todo son historias muy lindas y no hay por qué renunciar a ellas.

Amaury. Pero mire, yo le voy a decir algo. El pueblo cubano, el lector cubano y más que el lector cubano, incluso, el que no la ha leído -que se está perdiendo una de las maravillas del mundo- la quiere a usted, usted es amada. Usted es amada por todo el mundo.

Carilda. No, porque amo, porque amo al pueblo.

Amaury. Claro, porque eso va y viene, eso es un efecto de ida y vuelta.

Ahora, yo quiero, Carilda, porque ya el programa lo estamos terminando. Mire, usted me trajo hoy de regalo la última edición de Al sur de mi garganta, es esta.

Carilda. 60 años cumplió el año pasado.

Amaury. Con una dedicatoria que es para mi corazón, yo no voy a leer lo que dice, que es muy emocionante y ya yo tengo hace rato los ojos aguados. Pero es que yo traje para que Carilda me firmara…

Carilda. …¡Ay, chico!…

Amaury. …La edición Príncipe…

Carilda. …Eso me emocionó…

Amaury. …De Al sur de mi garganta...

Carilda. Porque nadie la tiene, porque se hicieron 300 ejemplares. Imagínense, en el año 49.

Amaury. Claro, del 49 y esto se lo regala a mi tío Raúl y por supuesto a mi tía María Luisa también, Pascualito, un amigo, el 11 de marzo de 1950. Y aquí está con las ilustraciones. ¿Cuántos libros se hicieron de esta edición?

Carilda. 300 nada más. Esto lo pagó mi padre. Entonces no había editoriales.

Amaury. ¡Fíjese que es propiedad del autor!.

Carilda. Y tuve la suerte de que con ese librito gané el premio.

Amaury. Entonces usted me va a hacer el favor de poner su nombre aquí. Y después, porque estamos en televisión, me pone una cosita más, porque eso es un tesoro de la biblioteca nuestra, de mi esposa y mía. Un programa bien emotivo y bien difícil. Esto no se puede creer.

Carilda. Es que tú no habías nacido cuando el libro se publicó.

Amaury. ¡Claro que no había nacido!.

Carilda. Ah, imagínate.

Amaury. Pero ya había nacido usted, había nacido su poesía y a lo mejor, quién sabe si yo nací de algún poema de estos. Entonces, ahora va a terminar el programa usted. Yo antes le voy a agradecer su gentileza, su viaje, el suyo y el de sus compañeros que la han traído. Ha sido un programa muy especial. Es además el programa con el que estamos comenzando este año 2011, es el primer programa de enero de 2011.

Todavía hay una grata temperatura afuera, hemos acabado de pasar las Navidades…, yo quiero que usted me lea este poema que es uno de los poemas que más me gusta suyo, y que de esa manera despida el programa y le agradezco señora, su poesía, su talante, su genio, su gentileza, su belleza. Su amor a Cuba, su amor a la Patria.

Carilda. Gracias, la agradecida soy yo. Gracias.

Adiós locura de mis treinta años,

Besado en julio bajo luna llena,

Al tiempo de la herida y la azucena

Adiós mi venda de taparme daños.

Adiós mi excusa, mi desorden bello,

mi alarma tierna, mi ignorante fruta

Estrella transitoria que se enluta,

Esperanza de todo por mi cuello.

Adiós muchacho de la cita corta,

Adiós pequeña ayuda de mi aorta,

Tristísimo juguete violentado

Adiós verde placer, falso delito

Adiós sin una queja, sin un grito

Adiós mi sueño nunca abandonado.

Amaury. Gracias, Carilda, muchas gracias por existir. Nos veremos pronto.

Carilda. Gracias.