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Amaury. Todas son voces bellas.

Zenaida. Y empiezo a hacer un coro que era… pero no me gustaba hacer un coro con lo mismo de siempre, ay, yo tenía un dolor, yo quería el coro, pero a nadie le gustaba el coro porque siempre había un coro de gente, no sé, que eran muy estáticos y no tenían nada que ver con nosotros.

Amaury. Inexpresivos muchas veces.

Zenaida. Ya había ido por primera vez a Alemania y había visto que los alemanes caminaban de una manera y, que de repente, alguien así, con un pie así, en una esquina, yo lo identificaba; ese es un cubano. Porque yo me conocí más, me identifiqué más culturalmente, cuando empecé a viajar y vi la diferencia de cómo nosotros nos expresamos, ese lenguaje corporal y de identidad. Y entonces, cogí a esa gente joven y empezamos a hacer lo mismo Madrigales de Monteverdi (Claudio), que música cubana. Y claro, empezamos a hacer movimientos escénicos, expresión corporal, e incluso la polifonía. Porque yo me acuerdo que Il est bel et bon de Passerau (Pierre) es una polifonía en la que yo cambiaba la disposición del coro, que era inaudito en aquel momento Il est bel et, Il est bel et, Il est bel et y tú podías mirar así como la polifonía se regaba, podías ver la música para el que no conocía.

Recuerdo algo mágico en el Mella. Yo tengo muchas cosas mágicas. Estábamos cantando en el Mella, Negro bembón, negro bembón, negro bembón y me agaché, me fui agachando y el coro completo se bajó y terminamos ¡ahhhhh! eso no se ensayó, esas eran cosas mágicas que salían en escena.

Y de repente era una cualidad nueva que se le estaba aportando al coro y yo no lo dirigía en frente, yo los dirigía desde el coro, así que estábamos imponiendo un nuevo estilo, incluyendo cosas de nuestra cubanía. Pero había que pasar por un mecanismo que era la evaluación artística, que no llegó en cinco años. Renecito (Director del Grupo Sampling) una vez me dijo que había hecho Sampling inspirado en este trabajo mío.

Amaury. En el trabajo del Coro Cohesión.

Zenaida. De Cohesión. Y eso es una gran satisfacción, ese fue mi primer amor que lo perdí, porque después de cinco años no tuvimos nunca un salario.

Amaury. O sea, fueron aficionados durante cinco años.

Zenaida. Aficionados entre comillas.

Amaury. Ya sé, ya sé.

Zenaida. Pero bueno.

Amaury. Yo me conozco ese asunto de ser aficionado muchos años.

Zenaida. Después hice otras cosas.

Amaury. Ahora, la Camerata Romeu, ya hablamos de ella al principio, sorprendió al público; una orquesta de cámara de mujeres, dirigida por una mujer. Bueno, eso deslumbró desde un principio. Pero hay gente, yo me acuerdo que cuando surgió la Camerata, hubo rumores, conversaciones de pasillo, algunos músicos decían: Zenaidita quiere hacer una orquestica.

Zenaida. Una orquestica de musiquita cubana.

Amaury. ¿Cuánto trabajo costó armar la Camerata?, sin que esto se convierta en un lamento, pero hay que hacer la historia de la Camerata, porque todo el mundo ve la Camerata ahora, que triunfa, que viaja, que va a todos lados, que tiene un éxito, que tiene un reconocimiento.

Zenaida. Mira, la Camerata desde el principio tuvo realmente muchos detractores. Una vez me citaron a una reunión, que era como una inquisición, pero salí airosa porque yo no quería meterme en el terreno de nadie, quería empezar de cero y eran estudiantes. Oh, haberlo dicho. Y ahí se acabó la reunión. Duró dos minutos.

Amaury. Claro porque ellos pensaron que tú ibas a llevarte músicos de agrupaciones ya establecidas.

Zenaida. Sí, yo no iba a invadir el terreno de nadie. No era que yo iba a quitar de aquí y de allá. Yo iba a hacer mi proyecto, quería hacer algo que fuera totalmente inédito y para eso siempre hay que empezar con gente que sean maleables, ¿no? Y por eso había escogido…

Amaury. Sí, no con gente que ya tuviera vicios profesionales.

Zenaida. O hábitos…

Amaury. Vicios profesionales o hábitos.

Zenaida. Que son respetables, pero son sus hábitos y yo quería formar otros. Entonces yo quería que la gente entendiera que la música no era música de viejos y era pleno Período Especial, y yo decía: hay que dar algo nuevo. Entonces acorté las sayas, se hizo un diseño tremendo para evitar algo que pudiera alejar, incluso en el diseño del vestuario, al público de lo que se estaba haciendo, o sea, al consumidor de la música que se estaba haciendo.

Y se empezó con una música que era como una bandera, porque empezamos con música de Guido López Gavilán, con música de Fariñas, de Varela, de Leo Brower, de José María Vitier y eso, incluso, una canción también de Pablo en el primer concierto, un cinco de septiembre en el Teatro Nacional.

Amaury. A ver, la impresión que yo tengo cuando veo la Camerata, y la veo mucho, o por televisión, o en la Basílica, o en un concierto, un espectáculo… tengo la impresión de que cada vez que la veo son muchachas nuevas.

Zenaida. Es que la vida es muy dinámica, la verdad. Es realmente…

Amaury. Tú tienes un conservatorio Romeu en la Camerata también.

Zenaida. Claro. Es un lugar de formación, realmente.

Amaury. A veces yo miro y digo: Ah, aquella estaba la última vez, pero ya no está, esta es nueva.

Zenaida. No, me ha pasado a mí en escena. Digo, ¡ay!, pero ¿dónde está? Ya, también pasan cosas terribles y que además que pasan cosas terribles, uno se da cuenta que no hay nadie imprescindible.

Amaury. Claro.

Zenaida. De repente miras y no está y dices: ¡Ay, Dios mío! Un momento de crisis, de crisis moral, ética, estética.

Amaury. Claro, porque hay veces que los músicos usan las agrupaciones como si fuera un departamento de emigración, ahora me voy con la Camerata y en la primera que tenga…

Zenaida. Sí, pero yo creo que hay que ser ético en la vida, yo creo que hay que terminar la gira, hay que terminar las responsabilidades, y después tú puedes hacer con tu vida lo que tú quieras.

Amaury. Sí, claro.

Zenaida. Pero hay un compromiso profesional, un compromiso de grupo, un compromiso artístico. Incluso con la agrupación con la que estás, y con las personas que te invitan también.

Amaury. Crees que puede existir y vamos a quedarnos en el mundo de la música, una especie de crisis de ética también.

Zenaida. Absolutamente, absolutamente, una crisis de ética muy grande, y realmente yo que trabajo con jóvenes, siempre trato en los ensayos, de darles conocimientos de todo tipo; de ballet, de pintura, de ética. No son solamente clases de música. Yo trato, intento, ¿no?,  ser como una bandera de muchas cosas que yo he recibido de mi familia y que considero que son elementales, primordiales para la formación de cualquier profesional. Y además, yo creo que es un poco la bandera de mi país, porque yo creo y pienso en mi país a imagen y semejanza de lo que yo recibí en mi familia. Porque sí creo que la familia es un elemento, el referente principal.

Amaury. Ahora yo me voy a ir, y tú sabes que yo te quiero, yo te amo, pero, quiero irme a algunas cosas.

Zenaida. ¿Puedo tomar café?

Amaury. Sí, claro, mi vida, el café es para ti, además, el café es verdadero.

Zenaida. ¿Es de las lomas del Escambray?

Amaury. Sí, ese. No sé de qué loma será, a lo mejor no es del Escambray, pero por lo menos, bueno, dice expreso, es de la loma de Abdala yo creo, o del ICAIC, café ICAIC.

Zenaida. Son de la loma.

Amaury. Café ICAIC, café ICAIC.

Zenaida. Y cantan en el llano.

Amaury. Tú eres una mujer muy participativa en debates públicos. O sea, debates públicos vinculados con la cultura. ¿Tú lo haces porque sientes la necesidad de mejorar las cosas o porque te gusta entrar en contradicción con lo establecido?

Zenaida. No, el problema es que mi mamá me enseñó una cosa que se llama deber cívico. Mi mamá era una persona que yo considero que era una persona decente.

Amaury. ¡Una palabra que ya no se usa!

Zenaida. Ella era capaz, por ejemplo, si íbamos en el carro y había una botella y que mi papá daba la vuelta, ella se bajaba del carro, quitaba la botella y seguía. Porque ella la había esquivado, el carro la había esquivado, pero decía: el de atrás.

Amaury. Claro.

Zenaida. Ese sentido cívico de decir las cosas, de luchar, realmente es parte de mi esencia, de mi formación y de mi esencia. Yo tengo un signo de Sagitario y nací el día de Santa Bárbara, yo me llamo Zenaida Bárbara. Yo soy peleona y digo las cosas en el momento que las siento. A mucha gente no le gusta que les digan las verdades y eso es lo que pasa. Y es que los Sagitarios no somos de doble cara, no me callo las cosas y las digo por detrás, te lo digo a ti en tu cara y en el momento que considere que es el momento preciso, porque es el momento que considero que es donde están todas las fuerzas para hacer eso, que yo considero que es vital en defensa de algo que yo considero que es mío.

Amaury. Claro, claro.

Zenaida. Si yo tengo sentido de pertenencia.

Amaury. Sí, el mejoramiento de nuestra nación.

Zenaida. Y este es el momento porque aquí está todo el mundo. ¡Ojo!, ¡ayúdenme!, que esto hay que hacerlo, porque a quien le toca no lo hace. Entonces yo incluso, me meto en terreno de la música que no me atañe directamente, pero sí muy profundamente.

Y te voy a decir algo, algo místico, absolutamente místico. Una vez estaba en el Carnegie Hall que me invitó un amigo, el primer cello de la orquesta y llegué allí y dije, bueno, el Amadeo Roldán tiene más glamour. O sea, el Auditórium, antes que lo quemaran. No me impresionó tanto el lobby, me pareció un poco lúgubre, un poco así, un poco…, es más pequeño que lo que yo tenía en mi idea. Pero estaba en Nueva York.

Amaury. Claro, claro, sí, bueno.

Zenaida. Llego, subo y me encuentro que los asientos son de madera, de palo, como los cines de palo de aquí, eran de madera, me pongo a acordarme de los asientos mullidos color rojo vino del Amadeo Roldán.

Amaury. Rojo vino, eran rojo vino.

Zenaida. Me acuerdo de las sillas del palco que eran de terciopelo rojo. Me acuerdo de aquellas cortinas fabulosas, del cielo raso, de la boca bellísima del teatro. Y aquí me encuentro una cosa blanca, que no tenía pintura, que no tenía la araña, que no tenía nada. o tenía nada que me dijera: estás en el Carnegie Hall. Empieza la música, salen los músicos, era música sinfónica coral. Empiezan a salir todo el mundo, pam, sale el director y empieza la música. Guao. ¡Qué bueno!

Quién te dice a ti, que  en medio de la felicidad de estar allí, mis ojos empiezan a llorar. Te juro por los restos de mi madre que es cierto lo que te estoy diciendo. Mis ojos empiezan a llorar y yo no sabía por qué. Y es que me di cuenta que la voz que yo oía del teatro era la voz del Amadeo Roldán, del Auditórium. Era como si hubiera oído la voz de una persona que había muerto, una abuelita tuya de la que de repente oyes la voz que te dice: Amaury. O tu mamá ¿entiendes?, y tú de repente caes, lloras, porque oyes una voz, un sonido acústico, eso lo sabemos los músicos.

Amaury. Claro.

Zenaida. Y los ingenieros y los…

Amaury. Y era una voz antigua porque ya estaba quemado el teatro.

Zenaida. Ya estaba quemado el teatro.

Amaury. Claro, ya no existía aquel Amadeo.

Zenaida. Pero yo había ido con mucha asiduidad al teatro. Todas las semanas de la vida a ver la Filarmónica, todas, sin faltar una. Y cuando había dos conciertos, iba a los dos, conocía exactamente cómo sonaba el teatro. Claro, eso la gente no lo sabe. Cuando yo reclamo por el Amadeo Roldán, pueden pensar cualquier otra cosa. Es que yo estaba cívicamente reclamando por un valor de mi país. Eso es un problema íntimo que ahora, como estamos en intimidades estoy comentando que es algo…, nunca me había pasado en la vida. Primera vez y única que me ha pasado ese misterio de tener la percepción de un sonido acústico, de un determinado lugar. Por eso los grandes músicos venían a La Habana. Porque tenían lo mismo que en el Carnegie Hall, pero con el glamour que daba La Habana.

Amaury. A ver, yo no quise hablar específicamente de ese incidente, que me imagino fue de los más duros. Yo hablaba de tu participación en todo. O sea, a ti te interesa la vida nacional más allá de la vida musical. Quiero decir, tú eres una persona que participa y que le interesa…

Zenaida. Te digo que es el deber cívico. Hay mucha gente que tiene miedo de ejercer el deber cívico. Y yo creo que si todo el mundo ejerciera un deber cívico…

Amaury. Es que es una obligación, salta de deber a convertirse en una obligación.

Zenaida. …Una obligación, pues sería mucho mejor si no fueran personas aisladas, sino todo el mundo reclamara por lo que considera que es lo correcto, lo que se debe hacer.

Amaury. Ahora, bueno, vamos a irnos a una cosa un poquito más personal. Tú eres -todo el mundo lo sabe, pero ahora lo han comprobado- tú eres culta, yo diría que cultísima. Tú eres una mujer de carácter. Tú eres una mujer muy inteligente, aguda y muy bella. Eso, con respecto a los amores, con respecto a los hombres, puede significar un freno, ¿la gente te tiene miedo? ¿Los hombres te han agarrado miedo? ¿Tú has sentido que te han tenido miedo a lo largo de tu vida?

Zenaida. Yo no sé. Yo no sé, puede ser, no sé, no sé, no podría decirte.

Amaury. Bueno, yo sé que eso inspira mucho respeto. Pero ahora tú estás casada con un príncipe, con un doctor, que además te ayuda, te representa, creo, a la Camerata y además un hombre también muy apuesto. Ustedes hacen una pareja hermosa. Si tuviéramos revistas de farándula aquí, hubieran sido portada unas cuantas veces.

Zenaida. Bueno, realmente es un hombre guapo.

Amaury. El Dr. Camilo, y además un tipo de carácter, una persona que inspira respeto. Ustedes dos juntos son como una especie de muralla china, invencibles. Háblame de Camilo, háblame de tus hijos. Háblame de tu nieto.

Zenaida. Bueno, a Camilo lo conocí de jardinero ¿eh?. Él tenía ya su propia crisis existencial y ayudaba a su padre, en pleno Período Especial, alternativamente ayudaba a su padre en eso de plantas ornamentales y esas cosas. Entonces él llegó a mi casa como jardinero cargando una planta y nos pusimos a conversar y, en esas dos horas hablamos de cualquier cosa y realmente a mí me impresionó muchísimo.

Amaury. Te fuiste a comprar una planta al otro día.

Zenaida. No, no, al otro día, sí compré plantas y a los cinco días empezamos una relación. Ya te digo que yo estaba totalmente impresionada por un hombre, además, de mucha voluntad, que lo que quiere… Es un hombre cierto, ¿no? Y en todo el tiempo que hemos estado juntos, que ya, desde el Lily (Ciclón Lily, 1996).

Amaury. Sí, ya hace…

Zenaida Empezó ya desde el Lily, ¿el Lily cuando fue? En el 96.

Amaury. Una relación que empieza con un ciclón.

Zenaida. Un ciclón, desde el Lily, más o menos en esa fecha. Yo te puedo decir que es un hombre poco errático. Realmente es un hombre que tiene visión.

Amaury. Háblame de tus hijos y de tu nieto.

Zenaida. Bueno, yo tengo dos hijos maravillosos, que son latinos, nombres latinos, César y Claudio. César tiene 28 años y me acaba de hacer abuela. Y el Claudio tiene 23. Los dos viven en España, son mis amores. Ayer se fue mi hijo menor, que estuvo de vacaciones.

Amaury. Yo te llamé antes para hacer la entrevista antes, semanas anteriores y me decías: no, no, mi hijo está aquí.

Zenaida. No, ellos son, la verdad, mis mejores músicas.

Amaury. Sí, claro, claro.

Zenaida. Esas son mis mejores producciones, estoy muy orgullosa de ellos, son hombres buenos, que eso es muy importante.

Amaury. ¿Tú no los juzgas?

Zenaida. Claro que los juzgo, siempre los estoy juzgando, aunque llega un momento en que tú eres espectadora de la vida de tus hijos, ¿no?

Amaury. Claro.

Zenaida. Pero ya a estas alturas de la vida, ellos escogen su vida.

Amaury. Voy a ir a una pregunta -ya es  mi última pregunta-, que es el momento en que te pelas al rape. Es el momento en que decides que se acabaron los pelos largos. Y según tengo entendido está vinculado con Michel Legrand, con la Orquesta Sinfónica, cuando estuviste de ensayadora, todas esas cosas a mí me han dicho. Pero como yo no sé si son ciertas, porque yo te vi dirigiendo la orquesta y a Michel Legrand en el piano, pero yo no sé lo que pasó antes, esa historia habrá que hacerla lo más breve posible para que quepa completa sin editar en televisión.

Zenaida. Bueno, eso fue en el año 89, que Manuel Duchesne Cuzán me llama al ICAIC y me dice: Mira, el viceministro que atiende el cine, quiere que hagamos un gran concierto para cerrar el Festival de este año, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Y se le ha ocurrido, él estuvo en París y se puso un concierto oratorio, que Mitterrand le mandó a hacer a Michel Legrand, con el texto de La Declaración de los Derechos del Hombre y queremos ponerlo aquí. Y yo quiero que tú organices todo porque yo no voy a estar.

Digo bueno, ¿y? Dice: Mira, no se sabe nada, porque la partitura no ha llegado. Sólo sé que viene Michel Legrand con un pianista. Oh, ya sé que viene a tocar, ¿pero quién es el otro? Porque esto que está aquí solamente pueden tocarlo dos personas, Chucho Valdés, en aquel momento o Ernán López Nussa, y yo tengo que dar la partitura ¿dónde está la partitura? No tenía nada. Y me dice: No, no, el que va a tocar es Michel Legrand con Erik Berchot y había pasado una semana más. Entonces digo: Ay, Tony, entonces la que va a dirigir esto soy yo.

Amaury. Claro.

Zenaida. Muchacho, entonces empiezo a arreglar todo eso y bueno, se hace un coro de cien voces, empiezo a ensayar con la Sinfónica y está todo listo cuando llega Michel Legrand, eso fue tremenda experiencia. Y yo dije: Pero este señor es famoso, y con lo que yo he trabajado: Escoge a la gente que iba a tocar y a cantar, busqué y hablé  los mejores jazzistas de Cuba, y ahí nadie me va a mirar, ¿cómo es eso?, ¡nooooo!

Había un hombre que se llama Gonzalo, que me peló y me peló con tijerita bajito, como si fuera a máquina, pero con tijera, un pelado técnico cantidad. Entones me compré unas pullas y me puse unas medias de nylon negras y fue totalmente rompedor.

Cuando yo salí a escena con aquel aspecto unisex, el pelado así, mi vida cambió, porque de la noche a la mañana, en aquel momento había dos canales de televisión, el 2 y el 6 y todo el mundo estaba mirando el Festival, así que me hice famosa en 24 horas.

Amaury. ¿Y alguien te pasó la mano por la cabeza ese día?

Zenaida. Ese mismo día. Ese día me pasó también Fidel la mano y yo dije: Ay, desde que me pelé todo el mundo me pasa la mano por la cabeza. Todo el mundo me quería pasar la mano por la cabeza.

Amaury. Bueno, lo que pasa que todo el mundo no es Fidel. (risas)

Zenaida. ¡No, no, fue tremendo eso!

Amaury. Bueno, Zenaidita, tú sabes que los programas terminan. Tú eres conductora de televisión y lo sabes bien. Eres conductora de televisión antes que yo soñara ser conductor de televisión, y lo haces muy bien.

Yo te agradezco que hayas venido, que hayas querido estar con nosotros un rato. Pero me dijiste una cosa y me dio curiosidad, que antes de despedirte dijiste: todo el mundo me pasaba la mano por la cabeza, yo creo que yo no, voy a hacerlo ahora mismo.

Zenaida. A ver, ¡Ay, que lindo!

Amaury. Y te voy a dar un beso.

Zenaida. Gracias, Amaury, gracias por estos programas tan lindos

Amaury. Mi niñita querida, te quiero mucho, mi amor. Te quiero mucho y nos veremos pronto.