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«Con 2 que se quieran» Osvaldo Doimeadios (Parte I)

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La risa salva”

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, ahora aquí, en 5ta. Avenida y Calle 32, en Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos acompaña uno de los más versátiles actores cubanos. Se mueve con la misma pasión, con la misma certeza, con la misma inteligencia en el mundo del humor y en el mundo del arte dramático. Mi querido, admiradísimo Osvaldo Doimeadiós.

¿Qué tal, Osvaldito, cómo estás? Buenas noches.

Osvaldo. Buenas noches.

Amaury. Bueno, en la revista Temas, en una entrevista que revisaba en estos días, metido en tu vida hasta dónde uno puede meterse, dijiste esto: “El humor es algo implosivo, un poco más para adentro. Es como la sonrisa de la Mona Lisa, que uno no sabe de qué se ríe, pero dura en el tiempo. Lo cómico es más instantáneo, como una gran descarga -imagino que eléctrica-, que dura poco.”

Pero tú has sido una persona que ha hecho momentos de humor que han sido más largos que esta sentencia. ¿Por qué dices esto?

Osvaldo. No, precisamente, bueno, con la revista Tema fue uno de esos debates que ellos hacen mensualmente y era un poco teorizando en torno al humor, en torno a lo cómico, a lo satírico, en cómo veíamos el humor. Y entonces lo cómico yo lo veía como más explosivo y el humor lo veía un poco más para adentro, ¿no?.

Mira, hay cosas cómicas que provocan una descarga instantánea que uno se muere de la risa, pero cuando termina, ya, uno se queda como vacío, ¿no?. Entonces el humor es como una nota que uno lleva, como una nota musical que se queda, o una melodía que se te queda en la cabeza y que vas tarareando.

Amaury. Que no tiene grandes saltos o que puede tener momentos cómicos y sigue.

Osvaldo. Puede tener, puede tener momentos cómicos dentro de eso y puede no tenerlos, y es esa cosa que provoca que a veces la gente te mira en la calle y se sonría, ¿no? y uno diga: bueno, ¿por qué?, a lo mejor están recordando un chiste que hiciste alguna vez, un momento que les hiciste pasar.

Amaury. Pero, ¿tú haces una separación entre lo cómico, el humor y arte? O sea, lo cómico puede no ser arte y lo que es humorístico sí.

Osvaldo. Puede no serlo y puede sí serlo, o sea, hay cosas que coinciden, que confluyen. A veces los tres momentos confluyen, pero a veces no.

Amaury. Es que tú también decías…

Osvaldo. Son menos, creo, los que confluyen que los que no confluyen.

Amaury. Tú también has dicho, que es maravillosa esta sentencia: Arte es lo que sugiere, si es explícito, no es arte. ¿A qué te referías? Esto me lo contó la profesora Corina Mestre, que te admira muchísimo.

Osvaldo. Ah, Corina, cómo no, y yo la admiro muchísimo también. Mira, es algo muy relativo, ¿no?, yo creo que el arte siempre perdura más, en todo. Entonces, cuando el humor se hace con arte, yo creo que perdura más en el tiempo, perdura más en la memoria, perdura más en el espectador, en todo.

Amaury. Yo tenía una abuela que decía: La risa cura, el llanto alivia. Sin embargo, yo pienso todo lo contrario, que el llanto cura y la risa alivia. ¿Con cuál de las dos sentencias tú estarías de acuerdo? ¿Con la de mi abuela o con la mía?

Osvaldo. Yo creo que las dos cosas pueden aliviar y las dos cosas a veces curan, porque, a veces, uno se despide con lágrimas de una etapa terrible de la vida o viene la parte del duelo, y a continuación, las cosas cambian, ¿no?. Pero pienso que la risa tiene un poder de sanación tremendo. La risa viene a ser algo que salva y la risa viene a ser algo que… Mira, es curioso, en muchos momentos de mi vida, hay gente en la calle que, personas que me han dicho: ¡Oye, gracias, porque en tal momento de mi vida, lo que ustedes hicieron en tal programa, o en tal teatro me sacó de un bache muy grande que yo tenía. Y entonces eso te da la medida, porque la risa, además, cuando se hace en el teatro, cuando se hace en la familia, unifica, pues al reír juntos, eso crea un estado de comunión, de comunicación entre los demás.

Amaury. ¿Tú sabes por qué te preguntaba eso? Primero, yo soy un llorón, aunque yo soy como el payaso triste, ¿no? A mí lo que me gusta es llorar, en realidad, y busco todas las oportunidades que tengo para hacerlo. Sin embargo, me gusta hacer reír ¿Tú eres llorón o no lo eres?

Osvaldo. Un poco, un poco (risas). Me emociono, yo no sé si es por los años, pero a veces me dan unos ataques de llanto que yo digo: ¿pero qué me está pasando? Yo no sé si es que con el tiempo me he hecho más sensible a ciertas cosas, que cualquier cosa… A veces, incluso, me siento a ver una película o la televisión y hay momentos en que digo; ¿pero qué hago yo llorando en este momento?, qué estoy así, a moco tendido. Yo creo que eso va con el tiempo.

Amaury. Bueno, esperemos que terminemos riéndonos, ojalá que sí, que sea un ciclo, en algún momento terminemos muertos de risa otra vez.

Hay algunas aldeas por ahí, tú sabes, aldeas y países, en México hay muchos, en España, como tú sabes, las lloronas. Pero el otro día leí que había unas aldeas en Corea, no sé cuál de las dos Coreas, donde están las reidoras, o sea, personas que van a los velorios y se ocupan de entretener a todo el mundo. Sería una profesión que podíamos tener.

Osvaldo. Creo que sería una profesión que podríamos tener.

Amaury. Si la cosa sigue como va, podríamos terminar… (risas) A ver, Osvaldo, tú eres holguinero, eso se ha dicho, la gente lo sabe. Pero bueno, Holguín ahora es una provincia. ¿Tú eres de Holguín, del mismo Holguín?

Osvaldo. Del mismo Holguín, de la franja que bordea la ciudad, se dice del área suburbana. De un barrio de Holguín.

Amaury. Aquí se usa mucho decir: la periferia.

Osvaldo. La periferia, suena bonito, pero no lo es en el fondo. De ahí, de un barrio de la periferia.

Amaury. Háblame de tus padres, de tu niñez. ¿Tú eras simpático de niño?

Osvaldo. Mira, curiosamente, hay un momento que yo creo que es importante en la vida de cualquier ser humano y es descubrir la vocación. Y yo desde que tenía, qué sé yo, cuatro años, cinco años, yo dije que iba a ser actor y ya te digo, en un barrio periférico, decir esto, la gente se quedó así, asombrada. Incluso mi abuela siempre me decía: ¿pero por qué no médico, por qué no abogado? Yo le decía: No, porque si soy actor puedo ser médico y abogado. Tuve la suerte de tener unos padres…, mi padre todavía vive, y una familia que me apoyó siempre en esa decisión.

De hecho me vinculé a la radio en Holguín desde que tenía, creo que siete años, siete años y medio y mi primera experiencia fue en una novela, una versión de una novela para la radio, en Cumbres Borrascosas.

Amaury. Pero no humor todavía en esa época.

Osvaldo. No humor, o sea, lo primero, bueno, un personaje como Heathcliff un personaje bastante malvado y ahí empecé a imitar voces, a jugar con la voz. Y la radio, cuando uno se la toma así, en juego, pues… y después te oías cuando te grababan, pues eso, yo creo que ese juego incentivó también bastante el humor. Porque por el resto, yo tuve una niñez bastante traumática, en el sentido de que estaba siempre enfermo, siempre, siempre, o sea, siempre fui un niño extremadamente enfermizo.

Amaury. ¿De qué te enfermabas?

Osvaldo. De todo, me dio todo. No me dio AH1N1 porque todavía no estaba en el ambiente, pero si no, me llega a dar. Tenía las defensas tremendamente bajas y además no era un niño hiperactivo. Yo siempre digo que a mí me tenían que mover a ver si estaba vivo. No, porque soy de una generación que también los niños éramos de otra manera, todo era más tranquilo. Ahora mi hijo es hiperactivo, así y constante. Pero yo no, yo era muy tranquilo y eso, y el estar, porque además, mi mamá sí te encerraba con un bombillo.

Amaury. ¿Ah, sí?

Osvaldo. Y yo no sabía si era un pollo o era un niño (risas), Porque era un bombillo ahí y no te dejaba salir de ahí. Asmático, bronquitis… me dio tosferina, escarlatina, rubéola, paperas, de todo, de todo, de todo, ¿qué no me dio?, para ahorrar tiempo. Y entonces yo creo que ese tiempo que pasaba ahí convaleciente lo aproveché en el sentido de que mi madre me enseñó a escribir, me enseñó a leer antes de ir a la escuela. Y yo creo que el estar ahí encerrado, esa manera de soñar y de haber ya definido que quería ser actor, pues yo creo que eso también te hace un poco…

Amaury. No, y tener el apoyo también de tu familia.

Osvaldo. Y tener el apoyo de la familia.

Amaury. ¿Y cuándo decide tu familia venir para La Habana?

Osvaldo. No, mi familia nunca vino para La Habana.

Amaury. ¡Mentira que nunca vino para La Habana!.

Osvaldo. No, no.

Amaury. ¿Tú viniste solo?

Osvaldo. Yo solo. Bueno, la secundaria y el pre (universitario) los hice en Holguín. En 12 grado hice los exámenes para el ISA y vine al ISA, a La Habana por primera vez, en el año 82. Me gradué, y contrariamente a lo que sucede, no me quedé en La Habana, me fui a hacer el Servicio Social a Moa, un lugar bastante duro y nos fuimos un grupo de estudiantes del ISA y allí estuve como un año y algo, año y medio casi y de ahí retorno a La Habana.

Amaury. ¿Haciendo qué en Moa?

Osvaldo. Bueno, hicimos un grupo de teatro y fue una etapa muy importante en mi vida, yo creo, por todo lo que pudimos hacer por nosotros mismos. Investigar, leer, experimentar, todas esas cosas que hay un momento en la vida que hay que hacer. Y creo que esa estancia en Moa, para mí fue provechosa en ese sentido.

Amaury. Doimeadiós, vuelves a La Habana y entre que haces una cosa u otra, fundas el Grupo Salamanca y la gente decía que el grupo Salamanca era humor con filosofía ¿Por qué?

Osvaldo. El Grupo Salamanca nace antes de irme para Moa, o sea, en el 87 yo estaba ya en quinto año. Los muchachos de Salamanca estaban en tercero, en cuarto, otros; el otro en segundo. Bueno, yo de hecho, en Aquí cualquiera roba lo digo, que tres años de Secundaria, tres de Pre, cinco de universidad, después uno y medio en Moa en el Servicio Social, que yo digo que yo tengo una bandeja aquí (se señala la frente). Y el Grupo Salamanca fue de los juegos, de las improvisaciones que hacíamos en la beca. Y un buen día, alguien llegó, un domingo, a salvarnos el domingo, tú sabes cómo son los domingos en nuestra isla. A las dos de la tarde, precisamente, que cae el sol plomizo así, y nada se mueve, ni las hojas ni nada, nada, nada. Y alguien llegó y nos dijo: ¡Oye, tengo una actividad ahí en la Casa Central de las FAR, y comida, y bebida, todo lo que ustedes quieran! Nosotros nos miramos así, tres… Y aquello era la brigada de recreación rápida, como yo le digo (risas). Y allí empezamos a improvisar y a jugar con las cosas y de momento hicimos como 45 minutos.

Amaury. ¿Pero sin llevar un libreto ni nada?

Osvaldo. Sin llevar libreto ni nada, fue todo improvisado y entonces nos invitaron para más actividades la próxima semana, y otra por allá y… Hasta que bueno, esa misma semana en el ISA dijimos; bueno a esto hay que darle forma, hay que armar un espectáculo bien, pensarlo, y así salió el primer espectáculo que lo hicimos casi corriendo, y entonces nosotros metíamos el vestuario en una mochila y nos íbamos en una guagua para las actividades. Ya como en la función casi 17 ó 20, ya de Salamanca, hicimos una presentación en el ISA y entonces, yo no creo que fuera tan filosófico; efectivamente, tratábamos temas que podrían rozar lo filosófico, lo… O sea, yo creo que Salamanca se distinguió, entre otras cosas, por trabajar el absurdo, por trabajar temas que fueran universales, sin perder lo más contingente, sin perder lo más cercano a nosotros. En el ISA no nos querían ni ver, al principio, o sea, la parte seria de la cultura, porque yo recuerdo que en esa función en el ISA, estaba Corina, yo me acuerdo que estaba Raquel Revuelta, y ellas se quedaron maravilladas, Armando Suárez del Villar, también fue una de las personas que más nos apoyó. Pero a partir de ahí, sí vino cierta reticencia de cierto segmento de la cultura, que siempre con estas cosas las mira… Y decían: ¡Ay, pero qué lástima que lo que hagan sea humor! ¡Ay, pero qué pena! Entonces yo creo que de esa, de esa…

Amaury. ¿Sí, por qué no hacen Chéjov?

Osvaldo. Sí, exactamente. De esa manera también de cierto mundo, mirarnos a nosotros mismos… Nosotros, yo creo que el grupo se afirmó, se afirmó más por eso. Yo me fui a Moa, estuve allá y los muchachos siguieron trabajando, regresé y trabajamos hasta el año, creo que el 96.

Amaury. ¿Y por qué tú crees que las élites culturales, en líneas generales, consideran a las personas que hacen humor, como pequeños, como enanos dentro del arte de la actuación?

Osvaldo. Bueno, yo creo que es un prejuicio cultural que viene de muy atrás. Yo creo que al humor estar de alguna manera unido a lo ligero, pues la gente lo mira con ligereza y entonces no lo ve como algo trascendente. A veces somos demasiado trascendentales y entonces a veces la gran cultura, o la cultura de élites, es como más trascendental, más hiper seria y entonces tiene que ver mucho con eso. De hecho pasa en los premios de cine, en el Oscar, en no sé en cuántas cosas. Pasa en el libro, en las editoriales, en muchos campos pasa.

Amaury. Sí, mientras más dramática es la cosa, más serio les parece, ¿no?

Osvaldo. Es más serio.

Amaury. Tú fuiste fundador del Centro Promotor del Humor. ¿Cuántas dificultades se pueden tener cuando uno funda una cosa como aquella? ¿Cuántas incomprensiones?

Osvaldo. No te voy a hacer el rosario de cuántas dificultades…

Amaury. No, tampoco esto es una asamblea de servicios. Es una entrevista…

Osvaldo. Exactamente. Mira, Virulo, que fue una persona que tuvo la audacia, el tino y yo creo que la inteligencia que en su momento, a finales de los 80s, a través del Conjunto Nacional de Espectáculos, Virulo conoció y nosotros conocimos, por supuesto, al conjunto que era, digamos, para nosotros era un paradigma, de lo que se hacía en humor en Cuba. Y bueno, Virulo es una persona que yo quiero muchísimo y que respeto y admiro muchísimo.

Amaury. Y él a ti también. Lo dijo en su programa cuando salió.

Osvaldo. Y Virulo se dio a la tarea de aunar a todos aquellos grupos y solistas que hacíamos humor a finales de los 80, que eran unos cuantos. Era un fenómeno, más bien del occidente y el centro de la isla, en ese momento. Y a partir de ahí, pues nos radicamos en el cine teatro Acapulco. Y allí se funda el Centro Promotor del Humor, pero era un centro que no tenía independencia económica, o sea, era un lugar, que pertenecíamos, algunos, al Conjunto de Espectáculos y otros a la Empresa de Música Popular, era una cosa burocrática muy compleja. Y el espacio era del cine.

Entonces aquello llegó…, Virulo después se radica en México. Yo me quedo al frente de aquello y un buen día aquello desapareció y entonces los humoristas del año 93-94 estuvimos rodando por toda la isla…

Amaury. Pero aparte de esas dificultades, que son burocráticas…

Osvaldo. …Y esos años entonces fueron los que me tocó a mí, asumir lo de la refundación de aquel Centro, pero ya con otra estructura.

Amaury. Sí, pero habían otras que no son dificultades burocráticas, sino son las cosas que inventan los ideólogos, para intentar que las cosas que son ideológicamente “perversas” (hace señas con las manos de entre comillas), se conviertan en asuntos burocráticos. O sea, ¿cuántas incomprensiones por el humor que ustedes hacían, tenía el grupo?

Osvaldo. Mira, fueron muchísimas, muchísimas. Yo pienso que la recepción también del humor… Siempre hay alguien que no está conforme, siempre, siempre habrá alguien que no esté conforme. Pero yo pienso que el humor que se hacía en los 80´s, a finales de los 80´s y principios de los 90´s, era un humor bastante sano, y los 90´s, pues trajeron otros aires, porque cambió la economía, cambiaron muchas cosas socialmente y entonces la gente vino a la carga, o sea, todos vinimos a la carga con cosas todavía…, subiendo un poco la parada, porque los tiempos también nos habían subido la parada a nosotros. En definitiva uno termina pensando como vive, ¿no? Entonces yo creo que el gran problema era eso, nadie nos quería tomar en cuenta. Yo creo que le debo agradecer infinitamente a Abel Prieto, Ministro de Cultura, y a Armando Hart, que en ese momento era Ministro de Cultura, que comprendían lo importante que era aquel proyecto. Pues tuvimos que vencer muchísimos obstáculos, o sea, los obstáculos de la incomprensión.

Amaury. Es que los dos son personas de la cultura.

Osvaldo. Y había mucha, mucha, mucha incomprensión. Hubo una etapa ahí, muy dura, entre el 90 y el 92, donde mucha nos tildaron de apátridas, de no sé cuántas cosas. Fue un período también que por cualquier cosa te decían: tú eres un francotirador; y tú eres no sé qué cosa y fue un momento en que yo creo que la cultura sufrió muchísimo. Y bueno a partir del 95, el ciclo volvió a arrancar.

Amaury. Sí, pero fíjate, quería llegar aquí. Sigmund Freud, decía en un ensayo que tiene que se llama El chiste y su relación con el inconciente, decía que el humor es intrínsicamente subversivo. ¡Fíjate lo que decía!, yo no sé en qué año lo dijo pero ¿Tú piensas que es intrínsicamente subversivo?

Osvaldo. Yo creo que sí. Sí, porque siempre se subvierte una manera de pensar, una manera de aceptar la realidad, o sea, se subvierten palabras, se subvierten ideas, se subvierten conceptos y eso, por supuesto, genera…

Amaury. Inquietud.

Osvaldo. Inquietud.

Amaury. Bueno, en algunos, no en todos. El otro día me dijo una amiga mía, y esta frase es de ella, me dijo: Doimeadiós ha caminado siempre por el filo de la navaja sin cortarse. (risas) ¿Qué tú crees de eso?

Osvaldo. Bueno…

Amaury. De esa chuchería como diría Sergio Vitier

Osvaldo. (risas) Yo creo que de eso se trata el arte, de eso se trata el teatro, de eso se trata esta profesión. Nosotros somos trabajadores de la cuerda floja.

Amaury. Funambulistas.

Osvaldo. Funambulistas. Yo creo que el humor y el arte se hacen ahí, en el límite de cosas que están vivas y que eso genera… Yo creo que no miraríamos, a lo mejor, la Torre de Pisa si no estuviera así inclinada, o sea con el peligro de eso.

Amaury. Es hasta medio fea.

Osvaldo. Yo creo que lo que no hay es que pasar la raya, o sea, yo creo que el llevar las cosas hasta, hasta el…

Amaury. Hasta el borde.

Osvaldo. Hasta el límite, hasta el borde y de ahí regresar y regresar al público también contigo.

Amaury. Tú eres de los que va, viene, vuelve a ir y vuelve a venir. Es maravilloso, tú eres como una ola.

Llegamos a Sabadazo, un momento donde tu trabajo se hace muy popular. El personaje de Margot, yo adoraba a Margot. Pero pensaba y quería preguntártelo. En mi niñez había el transformismo, esa especie de… los hombres vistiéndose de mujer. Estaba, cuando yo era un niño chiquito, la China Musmé, que trabajaba en el Teatro Shangai. Yo nunca pude ir al Shangai por supuesto, porque tenía como cuatro años, pero en mi familia se hablaba de eso. Pero después había un personaje que yo creo, no sé si lo has pensado, que es el precursor de Margot, un personaje criollo que hacía un gran actor cubano, que se llamaba Luis Echegoyen, que era Mamá Cusa Alambrito.

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