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«Con 2 que se quieran» Adalberto Álvarez (Parte II)

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Amaury. Porque de por ahí venimos.

Adalberto. ¡De por ahí venimos!

Amaury. Los que son más blanquitos y los que somos menos blanquitos también.

Adalberto. Desde el África vinieron… (risas)

Amaury. ¿Por qué tú sales de Son 14?

Adalberto. Mira, yo llevaba en Santiago de Cuba como cinco años ya, con una familia que estaba todavía en Camagüey. Trabajaba 24 días en Santiago de Cuba y venía seis días a mi casa y ya no podía, o sea, el caso mío y otros músicos más. Realmente teníamos hijos y teníamos familia, y teníamos necesidad, o de vivir en Santiago o de vivir con la familia y realmente hubo un momento en que nos sentamos a hablar con las autoridades y ¡mira, que no se puede, así no! o venimos para acá, estamos aquí ya, o nos vamos para otro lugar.

Yo no tuve otro motivo ni tuve problemas con los muchachos de Son 14, que todavía los tengo ahí como si fueran mis hijos. Tiburón sabe que…, él me lo dice todavía: esta orquesta es tuya. Y él sabe que me tiene aquí para lo que sea. De hecho lo he invitado a cantar conmigo, lo he invitado a giras conmigo internacionales, a Tiburón que es quien queda ahí de Son 14. Pero fue eso, Amaury, no fue otra cosa, tenía que decidir, tenía mi familia en juego y dije: no, ya.

Amaury. ¿Y cuándo entonces se crea Adalberto Álvarez y su Son?

Adalberto. Fue muy simpático, porque eso se crea en el año 84, a raíz de la visita de Oscar de León a Cuba. Ahí se crea…, hay una cosa muy simpática en el Festival de Varadero, que Oscar sale y yo nunca entendí por qué Oscar dijo eso, pero bueno, tú sabes que Oscar tiene sus cosas así de…

Amaury. Sí, es también muy intuitivo.

Adalberto. Sí, y dijo algo así como: ¡Aquí está Adalberto, que sé yo, que se cuánto, que si lo botaron de Son 14!, no sé, él dijo algo que motivó la atención de varias personas, en ese caso que se empezaron a interesar, que yo estaba en La Habana ya y realmente recibí la ayuda para tener la plantilla para poder hacer esta orquesta. También tenía un trabajo hecho ya antes, Amaury, lo había demostrado con Son 14, que podía hacer música, que podía tener una orquesta y yo creo que eso ayudó mucho también porque tenía todo un repertorio. Son 14 fue una de las orquestas más importantes de este país en un momento determinado.

Amaury. Sí, es verdad.

Adalberto. Y lo que pasó con Son 14 fue una revolución del Son en ese momento. Entonces eso dio un aval que permitió, lógicamente, que después yo pudiera hacer esta orquesta y un poco luchar entonces contra lo que yo mismo había creado porque tenía que ser una orquesta nueva. Yo no quise traer el nombre conmigo…

Amaury. …Eso dice mucho de ti porque la gente se mata por un nombre. Y una orquesta exitosa…

Adalberto. Era el nombre que estaba muy pegado en ese momento.

Amaury. Y ya en esa época tú empezaste a ser versionado, desde Son 14.

Adalberto. Sí, ahí fue. La mayor cantidad de versiones…

Amaury. Hasta Juan Luis Guerra.

Adalberto. Hizo A Santiago en coche.

Amaury. Hizo A Santiago en coche, por Santiago de los Caballeros.

Adalberto. La mayor cantidad de versiones salen de los tiempos míos con Son 14.

Amaury. Ahora, hay un tema Adalberto, que siempre te he querido preguntar. En los años 90, hay un -para mí maravilloso-, boom de la música popular bailable. Había un momento de explosividad y a alguna gente le empezó a molestar. Es decir, a algunos les pareció desmedido. A los que no nos pareció desmedido nos llama la atención que ahora de repente es casi todo lo contrario. ¿Cómo tú ves en la distancia aquel momento de florecimiento con todas las orquestas en su plenitud, con lo bailadores, la gente disfrutando el baile? ¿Qué pasó?

Adalberto. El primer error fue que se acabaron los lugares donde ir a bailar, ese es el primer error. Ese es un error que lo vamos a estar pagando toda la vida, yo no sé de quién es la culpa, pero el culpable de eso realmente cometió el crimen más grande que se pueda hacer con la música…, con la música auténtica del pueblo, de los de a pie, de este país en que vivimos nosotros… donde la gente… tú eres capaz de convocar a miles y miles de personas para ir a bailar.

Tú sabes que aquí tú juntas tres orquestas en un lugar y pueden ir… tres orquestas de nombre y va cualquier cantidad de personas. Yo no sé, realmente, me rompo la cabeza y no sé, si se le ocurrió a alguien eso, debía estar preso, la verdad. La primera parte esa de los 90 tuvo referencia de los Van Van, de Manolito, de Revé, de Adalberto, que sé yo. Esta última etapa ahora, bueno, de Pupi, bueno, ¿y qué va a pasar después?

Amaury. Es que esa una gran pregunta. Ojala yo pudiera tener una respuesta, pero bueno, yo no estoy aquí para eso…

Adalberto. Si tú fueras mago, verdad (risas) podías decir qué va a pasar. Después de eso ¿qué viene después de eso en la música bailable? Esa es una gran preocupación y el problema es que..bueno, lo que puede pasar para arreglar eso es, que se vuelvan a crear los espacios bailables y que toda una serie de orquestas que están por ahí, así, que son buenas agrupaciones que hacen nuestra música. Sin obligar a nadie, que la gente va.

Mira cuando a mí me dijeron: ¿Qué usted piensa del regguetón? Todo el mundo vino a meterme porque pensaban que iba a decir: ¡El regguetón!, ¡eso, no!…

Amaury. Yo no te iba a preguntar. (risas)

Adalberto. No, no, yo te voy a decir lo que yo dije y lo que yo pienso. El regguetón es una opción de música, es una opción más. Lo que yo creo que es malo es dejar esa opción y quitar las otras. Entonces, hasta que no se creen los espacios, ahora se está retomando el espacio de la Tropical pero tiene que haber más lugares, la Tropical sola no da, por ejemplo, para Ciudad de La Habana.

Amaury. No, claro que no.

Adalberto. Tiene que haber lugares para todo el mundo, Amaury, para poder…, para que sea como fue siempre. En otros tiempos fue el rock and roll, el no sé qué más y todo pasó. Lo que nunca se va a ir, puedes vivir convencido, es nuestra música bailable porque cuando tú naces en cualquier hospital de Cuba, te lo… vaya, ahí llevas eso, tu carguita la llevas ahí, lo que pasa es que no se dan cuenta, hay que despertar a la gente lo que tiene.

Amaury. Es que esa música cubana es la que nos define.

Adalberto. Esa es la que nos define.

Amaury. Ahora, tú has sido un defensor, tú has estado ahí defendiendo el casino. ¿Tú crees que ya es hora de que se declare al Casino nuestro baile nacional y quitemos el Danzón como baile nacional?

Adalberto. No. (risas)

Amaury. Son esas cosas, tenemos la flor nacional, el baile nacional, pero yo tengo la impresión de que el Casino es más abarcador…

Adalberto. …Yo diría que es el baile más popular.

Amaury. Todo el mundo sabe dar la primera vuelta, la segunda vuelta, por dentro, por fuera.

Adalberto. Es el más popular, sí, pero yo creo que el Danzón es nuestro baile por un problema de, no sé, de…

Amaury. …De respeto a la tradición…

Adalberto. …De respeto a la tradición, pero indiscutiblemente el baile más popular de nuestra música bailable es el Casino. Es lo que se baila realmente, es lo que cada día se va complicando más y cada día se hacen eventos, y congresos en el mundo.

Amaury. Ya uno no puede, hay que tener como 20 años para bailar casino porque ya lo que hacen es malabares.

Adalberto. Y pienso que todavía falta darle un toque más de impulso a ese movimiento dentro de Cuba. Yo hablé una vez de las Casinotecas.

Amaury. Es una buena idea.

Adalberto. Que son pequeños espacios, que no llevaría ni orquestas en vivo, Amaury. Una Casinoteca es un lugar, que en vez de una Discoteca, una Casinoteca es una Discoteca con otra música y pueden ser lugares agradables.

Los lugares para bailar son salones de baile, siempre han sido salones de baile. Son espacios cerrados que se hacen para, precisamente, para que la gente pueda desenvolverse y desarrollar sus coreografías a la hora de bailar.

Entonces no resolvemos el problema con tres días de fiestas populares en un lugar y se acabó la fiesta popular y después, ¿dónde baila la gente?

Amaury. Claro.

Adalberto. Se acabó el baile. Entonces ¿qué pasa?, características de muchas ciudades, de la mayoría, diría yo que van a la misma plaza, a un parque de esos, te ponen dos bafles grandes, grandísimos, con una música, que ¡por favor! y empiezan todos aquellos muchachos a caminar para arriba y para abajo, para arriba y para abajo y tú dices: Bueno, pero ¿qué estamos haciendo caballeros, qué es lo que estamos haciendo? No hay un control de eso y te digo, no es quitarlo. Es darle opciones.

Amaury. Pero si alguien puede, si alguien tiene prestigio cultural, prestigio musical y prestigio político en el mundo de la música popular bailable, eres tú, así que yo creo que te tocó, entre tantas cosas, también, reclamar los lugares donde se deba… y no reclamar, exigir, porque exigiendo de esa manera, Adalberto, estás salvando la música cubana. Igual que se dijo que la cultura hay que salvarla, hay que salvar también el baile, hay que salvar la música cubana, porque todo eso es la cultura cubana también.

Adalberto. Mira, a mí me parece que nosotros somos el único país del mundo que podemos darnos el lujo de trazar una política coherente, una política musical coherente, dentro de nuestra isla ¿no? y no es difícil.

No podemos seguir más entre papeles planificando cosas, entonces, qué sé yo qué; los proyectos no sé qué y todo se queda en papeles. Hay que ir a la concreta y un festival que dura… El festival, por ponerte un ejemplo: ¡El festival del Bolero, del 7 al 11! y sale por todos lados El Festival del Bolero, se acabó el 11 y el 12 ya tú no oyes un bolero más. Por qué no lo ponemos del primero de enero hasta el primero de enero del otro año. Tiene que estar el bolero, tiene que haber una pila de lugares donde tu puedas ir a escuchar boleros, feeling. Donde tú le des vida a la gente, a los tríos, a los cuartetos, a toda una serie de manifestaciones que se han ido perdiendo.

Amaury. Ahora, háblame sobre la competencia entre las orquestas, o sea la competencia sana, ¿eso es bueno?

Adalberto. Mientras sea de una forma sana, sí, es bueno, Amaury porque si eso no existe es como si tú, cuando tú ves que alguien…

Amaury. …Alguien apretó.

Adalberto. Alguien va, tú dices: tengo que ver con qué vengo ahora, porque Fulano me tiene… Lo que yo siempre he dicho que hay un pelotón, un pelotón de avanzada que puede ser de cuatro, de cinco, de seis, de siete, no sé, lo importante es estar en el pelotón ese. Si son de siete y tú eres el siete, no importa, trata de no irte del pelotón ese.

Amaury. Eso lo decía Pacho Alonso: Sí, yo soy el cuatro, pero estoy ahí.

Adalberto. Sí, es como una carrera de relevo, porque lógicamente, los temas son éxitos. Ahora viene Fulano, pega uno y después viene y coge un poquitico y después viene otro, y pega el otro. Pero tú tienes que estar siempre entre los que están pegando duro.

Por eso cuando a ti te dicen: una orquesta lleva, no sé, 40 años, tú dices: ¡ñó, caballeros!, ¿cómo ha durado tanto tiempo?, ¿entiendes?

Amaury. Porque ha estado funcionando.

Adalberto. Ahí es donde está el mérito, porque también están los palos del momento, yo recuerdo muchas canciones de muchas orquestas que se pegaron en un momento determinado y después…

Amaury. A veces con un tema nada más.

Adalberto. Sí y ya…

Amaury. …Fuera….

Adalberto. …La gasolina no era especial.

Amaury. (risas). No. Ahora, cuando tú estás grabando, yo he estado alguna vez por ahí cuando tú empiezas a diseñar tus discos y hay veces que algunos músicos vienen y te escriben una sesión de metales un poquito estridente, complicada y ahí sale Adalberto y dice: ¡Esto no es pa’esto, esto pertenece a otra orquesta! y hay mucha gente que dice después: Adalberto se está quedando atrás. Tú no suscribes ese punto de vista, está claro.

Adalberto. Mira, ayer casualmente estaba escuchando un tema de los Van Van, porque vino esa conversación y, te voy a explicar lo que pasa. Yo estoy grabando mi disco ahora y tengo muchachos en la orquesta que arreglan muy bien y lógicamente yo reparto las tareas. Siempre llamo a Joaquín para que haga algún arreglo, tengo muy buena comunicación con Joaquín desde la escuela.

Amaury. Joaquín Betancourt, un maestrazo.

Adalberto. Tocamos juntos en la misma orquesta y tengo a uno de los muchachos de la orquesta que arregla, que llega a veces con una cantidad de notas y yo le digo, ¡Con esa cantidad de notas, yo hago cuatro arreglos! El problema es el bailador. Entonces yo le ponía el ejemplo ayer, que estábamos en la Casa de la Música trabajando, le ponía el ejemplo y le decía: ¡Escucha el bajo, oye los trombones! ¿Cuántas notas hay ahí? Ahí hay 600 notas y cualquiera… Tú lo llamas ahora aparte y te toca la cantidad de notas que tú quieras. Lo que pasa es que hay que saber poner la nota en el momento que va. Tú puedes evolucionar y eres músico y vas a entender armónicamente y la gente va a saber que los acordes que estás poniendo son los acordes que tienen que ver con el mundo de hoy. Perfecto. Pero, mi’ijito, el tumbao del bajo, el tumbao del piano, el golpe de la tumbadora no me lo cambies, que los negritos míos bailan con eso. Si me cambias eso, ya me le vas a trocar la cosa a la gente. No, no, arriba tú más o menos me pones notas, pero esa parte, la cocina, como se dice, esa no me la puedes cambiar.

Amaury. ¿Tú crees que hay gente ahora, los muchachos más jóvenes que quieren transformar sin conocer?

Adalberto. Eso es un detalle, también, que está pasando. Siempre les digo: ¡Oigan referencias, hay que tener una referencia de lo que pasó! Ahora tú estás tocando en un baile y viene cualquier muchacho y tú estás tocando un Son y le dices: ¡dale, coge una vuelta ahí! y le das el piano y tienes que quitárselo rápido, porque no, porque no y si le das el bajo, piensa que tiene que cantar…, no saben, no, es que es un problema que lo primero que tiene que tener, el concepto que tiene que tener una persona que hace música para bailar, es respetar al bailador.

Tú estás en función de ese que está ahí abajo. Cuando tú quieras tocar para ti ve a un teatro y entonces das un concierto en un teatro y tocas para ti. Voy a hacer un concierto en el Carlos Marx, señores, este concierto lo voy a hacer para que ustedes vean lo que yo toco, para que ustedes vean lo que la orquesta es capaz de hacer; ese día tú tocas otra cosa, pero cuando hay gente que está abajo bailando, ¿tú sabes que yo tengo una manía? -que a lo mejor son cosas de loco, no sé, yo siempre hago esto: Yo estoy tocando en un baile y busco la manera de ver cuál es el tipo que más incómodo está bailando. Y lo veo que está pasando trabajo y me da pena con ese hombre. Digo: estaré tocando muy rápido y entonces le digo a mi hermano, el Macho, que toca la percusión, le digo: ¡echa un poquito pa’atrás! y de momento cuando él se echa un poquito para atrás, veo que el tipo se acomoda y le veo la cara de felicidad y le digo a Macho: déjalo ahí, ni lo muevas de ahí. Estoy tocando para el que menos baila.

Amaury. Qué curioso eso.

Adalberto. Estas en función del bailador. El bailador no se para a mirar si tú pusiste un millón de notas rapidísimo, no se para a mirar eso, no, el bailador lo que está es gozando con lo que tú le estás poniendo, con los cantantes, con el coro que le pones, está participando, está en eso, tienes que tocar en función del bailador, independientemente de que sí, hay que hacer bien las armonías, pero te repito lo que te dije ahorita; la parte con que se baila, esa, hay que respetarla.

Amaury. Voy a irme a otro lado, a un lado más íntimo y ya casi estoy enfilando el final. ¿Cuántos hijos tú tienes?

Adalberto. (risas) Bueno, yo hasta el día de hoy tengo 8 hijos y espero ya haber terminado ese ciclo. Tengo 8 hijos que les he dado a la vida que son mis… Tengo 4 hembras y 4 varones. Tengo a mi hija y mi brazo derecho -como digo yo-, que es Dorgeris, la pianista.

Amaury. Sí, claro.

Adalberto. Creo que es la que, incluso, mi lugarteniente, a veces yo no voy a los conciertos y dejo la orquesta en sus manos y, olvídate, que ella sabe lo que tiene que hacer.

Y tengo los otros, bueno, mi hija Jennifer. Te voy a decir los nombres de todos, porque si no, después que salga este programa…

Amaury. ¡Dale, claro que sí, claro que sí!

Adalberto. Me dicen que nada más que hablé de Dorgelis y entonces posiblemente no pueda entrar a ciertos barrios, no pueda entrar más nunca en la vida.

Mira, las hembras son Yanitza, que es la mayor de mis hijas, Dorgeris, Jennifer y Alondra, que es la más pequeña, que tiene seis años ahora y los varones, bueno, mi tocayo, Adalbertico, que es el mayor; Alí, que es el otro lugarteniente que tengo, para algunas cosas. Abraham y Brian que es el más pequeño de todos, estudia piano y que hasta el día de hoy parece que va a ser un buen pianista. Y bueno, soy feliz con eso. Tengo mis nietos también.

Amaury. Es que cualquiera que te ve… parece que tú tienes 30 años.

Adalberto. Déjame decirte que yo estoy diciendo eso aquí porque estoy contigo, porque yo realmente, eso de nietos lo estoy diciendo porque, vaya, porque tú eres mi hermano y te lo voy a confesar públicamente. Yo siempre hablo de los sobrinos y esas cosas. Cuando tú hablas de nietos la gente dice: ¡concho!

Amaury. Yo siempre digo que la vejez la inventaron para lo blancos. Los mulatos y los prietos no se ponen viejos. Eso olvídate. Lo tuyo es un pacto con el demonio. No, porque además, ustedes lo están mirando por la cámara, pero yo lo tengo aquí a menos de un metro de mí, y parece un muchacho.

Adalberto. (risas) Y me siento joven, que es lo fundamental.

Amaury. Bueno, Adalberto, mi última pregunta. Tú has hablado con el orgullo que solo habla un padre de sus hijos pero supongamos que tú tuvieras que mandarle un mensaje a todos esos otros hijos que tú tienes en el país, que son tus seguidores, tus bailadores. Voy a ser más ambicioso, al pueblo de Cuba, ¿qué mensaje tú le mandarías?

Adalberto. Eso es, bueno, mira, tratando de ser un poquito, un poquito… El mensaje que yo le podría mandar en este momento a toda esa gente, es que por encima de todo, por encima de todo, crean en lo suyo, crean en lo nuestro y la palabra quizás no sea creer, quizás la palabra sea… vamos a defender nuestras raíces, nuestra cultura… Vamos a cuidar que no se pierda toda esa cosa tan linda que nos dejaron todas esas personas que pasaron antes que nosotros. Todo ese legado, sobre todo musicalmente hablando, que nos dejaron nuestros antecesores, vamos a cuidarlo. Eso está en manos de nosotros los artistas y en manos de nuestro pueblo. Yo creo que lo fundamental es que cuidemos de nuestra Patria.

Amaury. Gracias, Adalberto. Te admiro, tú sabes que te admiro mucho.

Adalberto. Y yo a ti.

Amaury. Nos hemos querido mucho.

Amaury. Ha sido una amistad contra viento y marea.

Adalberto. Así mismo es y tenemos que hacer otro tema.

Amaury. ¡Ah, bueno, sí, claro! Tú eres de los que ha grabado mis canciones. Muchas gracias, Adalberto, gracias por darme tu tiempo.

Adalberto. Gracias.

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