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«Con 2 que se quieran» (Albertico Pujols. Parte II)

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Amaury. ¿Cómo te fue trabajar en el cine con Reinaldo Miravalles y Consuelito Vidal en Los pájaros tirándole a la escopeta? ¿Cómo fue eso? Sobre todo porque no tengo la menor idea de cómo fue. Yo fui a ver la película el día que se estrenó.

Alberto. No sé decirte cómo fue, no sé explicarme qué pasó.

Amaury. ¿Y con Beatriz, por supuesto?

Alberto. Pero de ti me enamoré. (risas) A ver, eso lo decidió Reinaldo Miravalles, mi entrada a Los pájaros tirándole a la escopeta, esto me lo dijo Reinaldo después. Estábamos pasando la suerte de casting esa y Reinaldo, pues, votó por mí. Eso para mí fue…

Amaury. Que Reinaldo diga Fulano…

Alberto. Pues se estableció una gran relación a partir de eso. Me  pasaban cosas increíbles con Consuelo. ¡Consuelito, figúrate, es que yo conozco también a Consuelito, como tú conociste a mi mamá!

Amaury. ¡Claro, claro! (risas)

Alberto. Pero es un poco la mía también. Resulta que yo empecé a sentir celos de Consuelo, ¿te das cuenta? Empecé a sentir celos no del personaje, de Consuelo, porque Consuelo estaba defendiendo evidentemente su personaje pero yo no podía separar la imagen de Consuelo del personaje de la película y yo no entendía. Yo era peor que Emilito, el personaje de Los pájaros tirándole a la escopeta. Emilito no me llegaba a mí a los calcañales en cuestiones de celos.

No hubo forma posible que Rolando Díaz, Reinaldo Miravalles y Consuelo Vidal me hicieran entender a mí de que yo tenía que entender que mi mamá tuviera una relación con mi suegro, o sea, eso yo nunca lo he logrado entender, ¡fíjate tú! Así pude hacer la película.

Pero sí te puedo decir una cosa: cuando a mí me dijeron que iba a tener a mi lado a Consuelo Vidal, a Reinaldo Miravalles, a Silvia Planas. ¡Imagínate tú, Silvia Planas! Yo dije: ¡oh! No te voy a decir la palabra esa que siempre utilizan los actores que me molesta mucho el “reto”, no, no era ningún reto, era una felicidad, ¿te das cuentas?, la realidad es que era una gran felicidad. Yo siento un gran agradecimiento hacia esas personas. A Consuelo donde esté, que está aquí mirándome ¿sabes?

Amaury. Yo te digo que está.

Alberto. Yo sé que está, claro que está, Consuelo era mi cómplice en la película, todo el tiempo fue mi cómplice, Consuelito, mira, me erizo de mencionarla, porque ciertamente es quien nos introdujo a Beatriz y a mí en toda esta historia. La figura de Miravalles, ¡figúrate tú! para nosotros  era una súper personalidad.

Además, vamos a hablar en plata, Reinaldo es un hombre muy alto, cuando tú te paras frente a Miravalles, es una cosa que tú dices…, te impresiona.

Amaury.  Es alto y su talento lo hace más alto.

Alberto. Enfrentarse a Miravalles eso está un poco complejo, ¿no es verdad? El caso es que lo hicimos. Lo hicimos, lo hicimos, como dice Dora La Exploradora (risas). Es que tengo eso metido en la cabeza por la niña.

Resulta que logramos aquello. No nos imaginamos nunca, creo que Rolando Díaz es el que tenía muy claro en su cabeza el resultado de para dónde iba y lo que quería. Tuvimos hasta discusiones…

Amaury. Pero el éxito fue…

Alberto. …Un éxito apabullante.

Amaury. Además la música de Juan Formell.

Alberto. Todo, todo estaba ahí para que aquello fuera… Amaury, te voy a decir sin temor a equivocarme que creo que he sido de alguna manera protagonista, y eso ha sido muy bueno para mí, en muchas ocasiones de grandes hechos artísticos. Quizás en ese momento no lo valoraba, pero ahora que me estoy poniendo viejo, pues un poco que empiezo a entender.

Amaury. Viejo tú, ¡Por favor!. También estuviste en Santa Camila de La Habana Vieja, con Eslinda Núñez, en la Plaza de la Catedral.

Alberto. Bueno, me ha tocado. Lo que pasa es que casi nunca se conoce mucho lo que hace un actor. Te cuento que a veces es como que me están redescubriendo algunos directores por ahí. Que no conocen mucho si uno ha hecho esto o ha hecho lo otro. Me tocó hacer Santa Camila de La Habana Vieja, con Eslinda Núñez. Todo lo contrario a lo que yo me imaginé, porque a mí me hablaban de Eslinda y siempre tenía la imagen de esa excelente actriz, desde luego, esa excelente persona, mujer, artista en general, pero no me imaginaba a Eslinda hecha una fiera arriba del escenario ¿tú sabes? Decía, ¿cómo Eslinda se va a volver esta bola de candela que es Santa Camila? ¿Cómo va a pasar? y tú sabes que me quedé sorprendido. Llegamos a un punto tal, en que yo miraba a Eslinda y ya Eslinda sabía que yo iba a cambiar esa noche mi actitud o iba a hacer otra cosa y ya Eslinda estaba preparada. Era una…

Amaury. …Conexión total.

Alberto. Una conexión total la que existía entre Eslinda y yo. Tuvo una gran paciencia porque en el momento en que yo hice Ñico, yo apenas comenzaba mi carrera como actor y Eslinda ya era una actriz, aunque muy joven, consagrada. Había hecho papeles importantísimos.

Amaury. Eslinda fue consagrada desde que nació.

Alberto. Entonces enfrentarme a esa suerte, eso era un reto, ¿ves?, eso sí creo que fue un reto para mí.

Amaury. ¿Por qué no has hecho más teatro?

Alberto. No sé porqué no lo he hecho, ciertamente es un descuido mío, es un descuido. Independientemente de que la situación exacta es que pagan muy poco en el teatro y yo tengo cuatro hijos, y no puedo estar ganando ese dinero, no me alcanza, no puedo ni pensarlo. Lo que me gusta es el teatro.

Amaury. ¡Ah, es el teatro!

Alberto. El teatro es el medio para mí, donde yo me siento realizado totalmente es en el teatro… sientes… tú lo sientes, porque tú eres actor también y tú eres un cantante, que cuando te pones ahí, tú sabes lo que se produce entre el público y tú, cuando tú vas a decir una frase…

Amaury. ¿Pero no te da miedo tener que aprenderte los mismos parlamentos todos los días?

Alberto. Bueno, es que he pasado experiencias tremendas. De hecho tuve una experiencia maravillosa con Isabel Santos haciendo una obra de teatro donde en el segundo texto, pues a mí se me olvidó la obra de teatro, se me olvidó totalmente (risas) no, porque los olvidos míos no son parciales, son totales, es una isquemia total.

Amaury. ¡Blackout!

Alberto. Exactamente, tanto que acudí a un recurso que de pronto miré a Isabel y dije: bueno ¿y por qué estás aquí? o sea, no entendía qué hacía Isabel ahí y yo aquí y me daba cuenta que había un público y que algo debía estar pasando porque había luces y cosas. Y lo que hice fue decirle: ¡oye! ¿sabes qué? voy al baño, así que te lo digo para que sepas. Y a Isabel la dejé sola en medio del escenario y pensé: bueno no sé qué va a hacer.

El teatro conmigo es traicionero, es como que me pone en esas situaciones para decirme: esto es para que me respetes y para que sepas que puede haber mucha televisión y puede haber mucho cine, pero mira, quien manda soy yo. Después me ha pasado con varias gentes. Sin embargo, es el medio donde yo puedo sentirme de verdad explotando mis capacidades, lo que tenga o lo que no tenga.

Amaury. ¿Con quién te has sentido mejor trabajando, de tus compañeros de generación?

Alberto.  Yo admiro muchísimo a muchos actores de mi generación. He visto cómo se han convertido en grandes actores o en directores o han cambiado o han pasado…, porque somos cómplices todos, porque todos nos conocemos, es el mismo grupo. Temo mucho decirte con quién me siento mejor.

Amaury. No, no es necesario.

Alberto. No es necesario, sería… Pero sí efectivamente hay actores muy importantes que han hecho cosas que yo admiraré toda mi vida y de las actrices, bueno, qué te voy a decir. Las actrices… son más bondadosas esas opiniones en lo que se refiere a las actrices. Es lo que te puedo decir.

Amaury. Colombia ¿Cómo te fue en Colombia? Estuviste un tiempo en Colombia.

Alberto. Estuve 6 años en Colombia.

Amaury. Seis años no es un tiempito.

Alberto. No, es bastante tiempo. Colombia es mi segunda Patria y entiéndase por Patria lo que refiere a mi sentimiento genuino, a mi cariño, a lo que soy capaz de dar por una…

Amaury. Por una Nación, por un lugar.

Alberto. Además, allí nació mi segunda hija. Tú sabes que tengo una hija colombiana, Isabela Lucía. Colombia ante todo es una escuela de vida, donde yo fui a probar que podría hacer otras cosas. En Colombia me fue al principio muy difícil, muy difícil. Yo iba sin dinero a ese lugar, yo iba con 20 dólares a Colombia, ¿te imaginas?, hasta que tuve la suerte de que un director muy importante que había allí, que había estado en Cuba en muchas ocasiones, se llama Pepe Sánchez, sabía quién era yo, qué había hecho, qué yo hacía, conocía parte de mi trabajo y me llamó y me introdujo en la televisión. A él le gustaba lo que yo hacía, me dijo: ¡Mira, olvídate de todo lo que has hecho, si has hecho o no televisión, aquí tienes que empezar otra vez de cero, te toca empezar de cero! Eso fue en el año 94.

Tuve la suerte…, yo tenía un premio de actuación en Colombia por Los Pájaros tirándole a la escopeta, por eso una ocasión muy feliz esa película, tengo el premio gracias a tú mamá, gracias a Reinaldo Miravalles, gracias a toda esa gente.

Amaury. ¡Gracias a tu talento también, chico, qué te pasa!.

Alberto. Bueno, desde luego, también, un poco. Pero me pasó una cosa muy Pujols. Por ejemplo, yo llegué a Colombia y recuerdo que la primera entrevista que tuve en la televisión, la tuve en RCN Televisión, finalmente cuando concedieron escucharme. Fui allí a firmar un contrato.

Amaury. Sí, uno de los dos canales más importantes.

Alberto. Sí, son Caracol y RCN Televisión. Recuerdo que había unas fotografías de actores muy importantes allí… Era muy simpático, porque tú sabes… el embajador nuestro me prestó su auto para ir a la entrevista en ese momento porque yo no tenía ni dónde caerme muerto y supuestamente debía de ir muy bien vestido a esa entrevista. Llegamos con el carro del embajador, todo vestido de azul, un trajecito azul que me habían hecho aquí, muy bonito, y cuando llegué allí, se bajan los cristales y todo, ¿tú sabes?, cómo en las películas y el hombre que estaba en la puerta estaba mejor vestido que yo, el portero, y dice: ¡espérese momentito, señor, un momento, por favor, mire, corra su auto para atrás, que viene alguien que se acerca acá! y venía una súper camioneta flamante, que aquello era tremendo y venía Guy Ecker ¿te das cuenta?

Amaury. Ah, claro, el actor.

Alberto. El protagonista de Café, que estaba en ese momento…

Amaury. ¡Sí, sí!

Alberto. Me sentí que yo dije: bueno, ¿pero qué yo le hecho al mundo?, ¿por qué me trata así este hombre? Date cuenta que allí está muy marcada esa diferencia. Cuando llega el protagonista, es el protagonista.

Sin embargo, vi unas fotografías, por eso te hago el cuento de Gay Ecker, y de Margarita Rosa (de Francisco), de millones de actrices muy importantes que había allí, en Colombia y yo me dije en ese momento: Bueno, Pujols, a lo mejor tú no eres rubio de ojos azules, tú no mides siete pies, ni vas a ser el protagonista montado arriba del caballo, porque primero no lo monto bien, pero, tú no te puedes ir de este lugar, hasta que tu nombre no sea al primer nombre que esté ahí. Esa era mi responsabilidad.

Amaury. ¿En la galería de fotografías?

Alberto. No, no, en el cabezote de la telenovela. Yo tenía que ser el primer nombre del elenco. Si no estaba como el primer actor del elenco, mi carrera estaba mal allí y logré ser el primer actor del elenco. Cuando vi que yo era el primer actor del elenco, que decía Alberto Pujols como primer crédito, entonces me dije: ya puedo regresarme, pero tenía que estar allí, tenía que lograrlo y tenía que demostrar… No es tan fácil de porque llegué y ya me toca. Aprendí que había que luchar, que había que pasar mucho trabajo para lograr las cosas. Las cosas a veces nos vienen dadas y ¡chévere, qué bueno!, pero a veces toca trabajar, sufrirlas, para que la gente vea que efectivamente tú has logrado las cosas con mucho esfuerzo; si no, no habrían puesto mi nombre allí, en ese lugar.

Amaury. ¿Y tú estarías dispuesto a volver a empezar, cada vez?

Alberto. Ya no estoy muy de acuerdo en volver a empezar, ¿ves? porque ya me estoy cansando un poco…

Amaury. …Pero estás en la pintura ahora…

Alberto. …En estas cosas, sí, en estas cosas del arte sí.

Amaury. Yo hablaba de comienzos y de principios y tú te has casado unas cuantas veces.

Alberto. Cinco veces. Por todas las vías: Por bobo, por entretenido, por todas las vías. (risas)

Amaury. Pero tú compañera de hoy…

Alberto. …Ada. El Hada…

Amaury. Ada no parece una cosa transitoria ni un paso peatonal.

Alberto. No, no, en ningún caso es transitorio, te lo puedo asegurar.

Amaury. ¿Cuántos hijos tienes con ella? Háblame de tus hijos y de ella.

Alberto. Ada es el resultado de un encuentro feliz, de una puerta que apareció para ella y para mí, a partir de un momento en que coincidimos aquí en La Habana. Yo regresaba de Colombia y ella regresaba de España. Éramos dos personas empezando a entrar en cierta madurez cuando nos conocimos y teníamos intereses muy parecidos desde el punto de vista familiar,  lo que entendíamos como  proyecto de familia y se estableció allí una química interesante hasta que una buena noche llamó equivocadamente a mi casa, creo que llamó al lugar… Fue una llamada determinante, ¿no?, a partir de ese momento se hizo la luz… Ella llamó a mi casa equivocada, salí yo al teléfono…, finalmente pasamos esa etapa de pena que teníamos de bueno qué… en fin, de concretemos esto, ¿queremos vernos o no queremos vernos?, ¿queremos hablar o no queremos hablar?

Y esa noche pues se hizo la luz y a partir de ahí, de esto hace ya 11 años, después vino Sofía, nuestro ángel Sofía, que es mi hija pequeña, que es como el ángel de toda la familia.

Amaury. Estuve preguntándole a Ada que por qué no la había traído.

Alberto. ¿A Sofía?, bueno porque la idea es que tú hicieras el programa… y esa niña maravillosa me la dio Ada ¿no es verdad?, que yo siempre digo: El Hada, cuando hablo de ella. Creo que gracias a Ada he logrado muchas cosas, porque ha tenido la fuerza, es como el motor que necesitamos nosotros los artistas, a veces, como para concretar  y pisar la tierra.

Amaury. Cualquiera que esté viendo esta entrevista, Albertico, se da cuenta de que tú eres una persona muy positiva.

Alberto. Trato, trato.

Amaury. Muy positiva, muy alegre, muy emprendedora…

Alberto. …No creas que a veces soy tan alegre, Amaury, a veces…

Amaury. A mí me ha tocado entonces verte en los momentos…

Alberto. Creo que has tenido la suerte.

Amaury. Además, como decíamos al principio de la entrevista, conozco muy bien a tu familia y sé que todo el mundo ahí ha tratado de sobreponerse a todo, pero ¿Cómo se repone Albertico Pujols? ¿Cómo sale y se convierte en esta especie de trueno, de rayo que ha llegado aquí?, con ese entusiasmo, con esa alegría, ese muchacho emprendedor que eres tú.

Alberto. Pienso que yo soy muy espiritual. Soy una persona que trata de centrarse en la esencia de las cosas, independientemente de que a veces te pueda parecer un poco como loco, un poco…

Amaury. No me parece loco, me pareces fresco y espontáneo.

Alberto. Yo observo mucho y trato de captar la esencia de la gente. No solo físicamente. A veces, no creo mucho en la cuestión física, creo mejor en los planos energéticos. Yo quiero tanto a veces a la gente, yo siento tanto a la gente, que lo que trato de llevarme no es que te toco físicamente, Amaury, es que quiero llevarme tu alma, yo quiero llevarme tu esencia, de eso me nutro, de eso nos nutrimos todos y eso es lo que convierte esa energía en luz… tu mamá… ¿te das cuenta?… Consuelo es uno de los duendes que tenemos en nosotros, en nuestra cultura, en nuestro país. A los duendes que nos encomendamos en un momento determinado para que nos protejan, que nos cuiden, que nos digan: sigue. Se trata de que cuando empiezas a ver ese vacío, que no es que no exista, está ahí, a veces, te sientes al borde del abismo, que sientes que no hay de dónde agarrarte y siempre, siempre, siempre, tenemos la obligación como artistas, como seres humanos, de tratar de buscar y escarbar. Porque siempre, siempre aparece una moneda en el saco viejo donde lo tenemos guardado y eso es lo que tenemos que tratar de ver. Si no quieres encontrarla, no la vas a encontrar, pero si tú quieres encontrar, busca que encuentras. ¿Te das cuenta? De eso se trata.

Amaury. Ellos están con nosotros, tú estás conmigo. Gracias, gracias por seguir siendo eso, un corcel de fuego.

Alberto. Trato de serlo, trato de serlo.

Amaury. Bueno, mi niñito, un abrazo.

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