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«Con 2 que se quieran» (Isabel Santos. Parte I)

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Amaury Pérez. Muy buenas noches, estamos en “Con 2 que se quieran”. Como siempre me gusta decir, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, territorio de Lezama, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy tenemos como invitada a una persona que goza de todo mi cariño y y de toda mi admiración, la gran actriz cubana, Isabel Santos. Buenas noches, Isabel, gracias por venir.

Isabel Santos. Gracias.

Amaury Pérez. Tenía miedo con esta entrevista porque siempre he pensado que las actrices mienten. ¿Me vas a hacer el favor de ser sincera conmigo?

Isabel Santos. Creo que en una entrevista la gente siempre tiene miedo, desde un político, un actor, un obrero. No eres tú, no estás cómodo, no estás en sala de tu casa.

Amaury Pérez: Aunque lo hemos intentado…

Isabel Santos: …aunque se ha intentado, y además está muy lindo. Mira, uno siempre está haciendo un personaje, estás haciendo la vida de muchas personas y a veces coges prestado de otras a la hora de hacer un personaje, pero ya en una entrevista la gente piensa que te conoce… no, yo creo que eso es lo único que te queda y conocerte, conocerte de verdad creo que es la familia, los hijos, los amigos, los más allegados. Hay algo que uno siempre se tiene que guardar, ¿no?

Amaury Pérez. Bueno, yo no voy a cometer el pecado de confundir a Isabel con sus personajes. Entonces ¿Qué es para ti la sinceridad?

Isabel Santos. Todo.

Amaury Pérez. ¿Aún con los riesgos que eso trae?

Isabel Santos. Claro, porque tú no puedes ir como el mentiroso por la vida, ni con los amigos, ni con la familia, ni con los hijos, ni con el trabajo. El trabajo del actor lleva un desgarramiento muy fuerte, es muy visceral, hoy te toca hacer una comedia, mañana un drama. La gente piensa que uno se despega de eso, hay cosas que uno puede tener de la vida, toques, pero casi siempre yo voy a otras vidas, a vivencias de otras gentes. Soy muy observadora, estoy en un velorio, por ejemplo, y no puedo distanciarme de lo que está pasando, es como que estás guardando en un disco duro y en algún momento eso sale, lo vas a necesitar, pero la sinceridad en este trabajo es todo. El público además, no te perdona. Yo me considero más una actriz de cine que de los otros medios y esa pantalla es muy grande y a esa cámara no se le puede mentir, sale hasta el sudor, la piel se enrojece, y el público cubano, el público en el mundo en general, cuando va al cine quiere la verdad. Entonces hay que tener una sinceridad absoluta.

Amaury Pérez. Entonces hablemos de verdades. ¿Dónde tú naciste?

Isabel Santos. Nací en la ciudad de Camagüey.

Amaury Pérez. ¿En la misma ciudad?

Isabel Santos. En la misma ciudad de Camagüey, muy camagüeyana.

Amaury Pérez. ¿Y ahí te criaste?

Isabel Santos. No. Mis padres hace poco me contaban que conmigo, a los 40 días de nacida, fueron a fundar unas cosas que se llamaban las Granjas del Pueblo. Ellos cerraron la casa en Camagüey y se fueron, esa casa la perdieron, y yo todavía le digo a mi mamá: ¿Pero tú estabas loca? ¿Cómo ibas a dejar esa casa en el centro de la ciudad para irte para un batey? Y fueron de batey en batey. Me cuentan que siendo yo una bebita montaron ladrillo sobre ladrillo y me tenían en una hamaquita y todo el que pasaba le daba a la soga de la hamaquita, entonces vino una vaca, se recostó a la pared y por poco me mata. Ese cuento me lo hizo el otro día mi madre.

Hasta que llegaron cerca del central que actualmente es el central “Noel Fernández”, antiguamente “Senado” y a dos kilómetros de ese pueblo, había un bateicito como de diez casas y ahí viví toda mi vida.

Amaury Pérez. ¿Quiénes vivían contigo?

Isabel Santos. Mi padre, mi madre y mi hermano.

Amaury Pérez. ¿No los abuelos?

Isabel Santos. Mis abuelos son, por parte de padre, de Jarahueca, en Santa Clara, y por parte de madre son de La Gloria.

Amaury Pérez. ¿Por qué mucha gente te dice la Guajira de Jarahueca?

Isabel Santos. Chico, mira, no sé, debe ser porque mi papá nació ahí.

Amaury Pérez. Pero tú te criaste con tu mamá y con tu hermano.

Isabel Santos. Y con mi papá también.

Amaury Pérez. ¿Qué tiempo estuvo tu papá en tu familia, en tu vida?

Isabel Santos. Hubo momentos de mi vida, en mi infancia, en que no estuvo, y ya después sí. Cuando tenía como 15 años la familia se volvió a reunir y hasta ahora, que lo tengo vivo además.

Amaury Pérez. Háblame de tu mamá.

Isabel Santos. Mi mamá es lo más grande, es un ser adorable, que luchó muchísimo con nosotros, conmigo y con mi hermano. Era una mujer que nos tenía que mantener ella sola.

Le debo muchísimo porque es una mujer que me enseñó muchísimo de la vida, una mujer con mucha intuición para todo. Ella te dice: te va a suceder algo y te sucede. Entonces yo escucho mucho a mi madre.

Amaury Pérez. ¿Tú piensas que los padres siempre tienen la razón?

Isabel Santos. No, no siempre.

Amaury Pérez. ¿Cuando se entera tu familia que a Isabel le interesa la actuación?

Isabel Santos. Creo que fui una niña con muchos sueños. Quizás por esa cosa que había que acostarse temprano porque no había luz…

Amaury Pérez. ¿Por qué no había luz?

Isabel Santos. Bueno, porque imagínate, en un batey lo que había era una planta eléctrica de petróleo y un viejito que la prendía, pero era más el tiempo que estaba rota, que el que estaba arreglada. Había un Círculo Social con un televisor cuando daban “Los Mambises” ¿te acuerdas?, que daban dos aventuras. Cuando estaba bien aquel televisor, el pueblo se acercaba a mirar las aventuras, pero al viejo le gustaba dormir temprano, así que arrancaba la planta y después de las dos aventuras, había que acostarse. El cine lo vi a través del cine móvil, del carrito del ICAIC.

Amaury Pérez. ¿Con qué frecuencia pasaba?

Isabel Santos. Ellos te podían repetir la película un mes entero, pero si pasaba todas las semanas, todo el mundo sacaba el taburete, el banquito, lo que fuera.

Amaury Pérez. ¿Cuál es la película que más recuerdas haber visto en esa época?

Isabel Santos. “Manuela”, la pasaron muchísimo y ¿te acuerdas de aquella película de la Massiel, que ella cantaba al lado del mar, “Tira la piedra, deja la flor”…?

Amaury Pérez. ¡Sí, cómo no! Tira la piedra y esconde la mano, ¿no era eso lo que decía?

Isabel Santos. Bueno, más o menos. Pero, esa la vi una cantidad de veces. Pasaban mucho cosas de Chaplin, documentales…

Amaury Pérez. ¿Cuando veías a Adela Legrá en esa imagen de “Manuela”, clásica -después está la de “Lucía” claro, pero quiero decir, la Adela Legrá de Manuela- desgarrada, tan joven, mirando a cámara en aquellos primeros planos?

Isabel Santos. ¿Tú sabes dónde me di cuenta de eso? Estaba en Uruguay y me estaban haciendo una entrevista en la radio. Esa cosa que yo te decía que uno va guardando en el disco duro, tú las vives y después como que las arreglas, ¿no

El hombre me pregunta eso mismo: ¿Cuál es la primera película que tú recuerdas, tú que eres actriz de cine? Y empecé a llorar porque me acordé de toda mi infancia, de un almacén donde guardaban sacos de abono que era donde se proyectaban las películas y me entró un gorrión… Me vi tan pobrecita y dije: ¡coño, qué infancia! Cómo descubrí el cine y después llegué a él de otra manera, o sea…

Amaury Pérez. ¡Por lo grande!

Ahora, de todas maneras yo pensaba, si no había luz, no había hielo; entonces ¿cuándo conociste el hielo? O sea, ¿cuándo tomaste tu primer vaso de agua fría?

Yo pensaba en Aureliano Buendía el día que lo llevaron a conocer el hielo.

Isabel Santos: Coño Amaury…no sé.

Amaury Pérez: ¿Eras una buena estudiante tú?

Isabel Santos. Muy buena. En ese bateicito había una escuelita con una maestra para todos los grados. Lo mismo había un chiquito grandísimo que otro pequeño…es que no se me olvida esa escuelita. Era una escuelita de guano, con el Martí afuera, se izaba la bandera. Éramos muy poquitos niños y se daban todos los grados, había como una contaminación, el de preescolar sabía lo que daba el de sexto grado, el de sexto sabía lo que se daba en tercero. La ortografía andaba como que por el aire. Había muchas lagunas.

Después pasé a la escuela donde quedaba el central, que ya eso para mí era el pueblo. Había un cine, una iglesia, y la escuela. Yo caminaba dos kilómetros todos los días para poder ir a mi escuela. Eso sí, yo quería salir de allí y creo que por eso estudiaba muchísimo.

Amaury Pérez. Perdóname que insista en el apagón, pero es que si hay apagón hay oscuridad y normalmente para los niños si hay oscuridad, hay miedos.

Isabel Santos. Muchísimos miedos.

Amaury Pérez. ¿Cómo eran tus fantasmas de niña? ¿Cuáles eran, a qué le tenías miedo?

Isabel Santos. Creo que a todo. Había muchos haitianos y gallegos en ese batey y siempre tenían cuentos sobre un cementerio del que salían muertos. Había un potrero por donde yo pasaba, sin cercas ni nada, con las vacas sueltas. Yo les tenía terror a las vacas. Era un camino de piedras por el que yo tenía que pasar y para mí siempre me iba a salir un ahorcado o un fantasma, o una mujer con el pelo muy largo, que dejaba marcas de petróleo en el piso. A eso yo le tenía un terror que me moría. Siempre pasaba con el corazón en la boca, hasta que llegaba allá a la carretera. Entonces mi mamá se paraba con una linterna o con un mechón de luz brillante. Se paraba y yo miraba para atrás y decía: ¡Ay, que mi mamá no se vaya! ¡Ay, Dios mío, que no se vaya el mechón aquel que está ahí atrás! Porque si ella se iba era como que no me estaba vigilando. Hasta que me perdía y ya.

Amaury Pérez. ¿Y cómo llegaste a La Habana?

Isabel Santos. Soñando. Yo quería ser actriz. Primero pensé que podía ser bailarina, ¡imagínate tú!, con este cuerpo ser bailarina.

Amaury Pérez. Tú eres muy bonita ¿por qué dices eso?

Isabel Santos. Bueno, no sé, porque siempre he sido de mucha pierna. Además era sobre todo por esa cosa que todas las niñas quieren hacer el split. Ni soñaba con ser bailarina, y ya trataba de hacer el split, que nunca llegué a hacerlo. Después quería cantar pero con esta voz, tampoco.

Amaury Pérez. ¿Pero no tenías la voz ronca antes?

Isabel Santos. Sí, siempre he tenido una voz grave.

Amaury Pérez. ¿Por qué llegaste a La Habana? ¿Quién te dijo, quién te entusiasmó? Porque en tu familia, una familia tan pequeña, tan cerrada, tan cuidadosa que era la mamá de ustedes, quién te dijo: Isabel para La Habana que hay que estudiar allá?

Isabel Santos. Mira, se hacían captaciones ya en la Secundaria para la Escuela Nacional de Arte. Había años que lo hacían, otros años no, según las carreras, si hacían falta, sobre todo para música. Camagüey siempre ha tenido una Escuela de Artes Plásticas y una Escuela de Música, pero de actuación no, y yo lo que quería era actuar. Ese año me puse de tan buena suerte que hicieron las captaciones. Todo el mundo quería ser actor e iban desaprobando hasta que…

Amaury Pérez. ¿Qué te pusieron a hacer? ¿Cuál era la prueba? ¿Te acuerdas?

Isabel Santos. A leer, siempre he leído muy bien. A interpretar, a cantar, ritmo, bailar y una improvisación.

Amaury Pérez. ¿Y lo primero que hiciste en televisión fue “Algo más que soñar”?

Isabel Santos. No, “Pasos hacia la montaña”.

Amaury Pérez. ¿Quién te llamó, mediante qué contacto, de qué manera? Porque a la televisión tampoco se llega de manera muy fácil.

Isabel Santos. Fue Juanito Vilar.

Amaury Pérez. Un santo.

Isabel Santos. Un santo. Es un hombre al que le debemos muchísimo. En aquel momento en la televisión, actores mayores hacían los personajes de jóvenes, y a Juanito se le ocurrió una novela y todo el mundo dijo: ¡tú estás loco, no puedes meter a estudiantes de la Escuela Nacional de Arte a actuar con profesionales! Juanito insistió y fuimos los primeros jóvenes que entramos a la televisión a trabajar siendo estudiantes, a trabajar con profesionales que llevaban en el medio mucho tiempo.

Amaury Pérez. ¿Quiénes eran los otros jóvenes?

Isabel Santos. Mucha gente que ya no está en el país.

Amaury Pérez. No importa, pero existen.

Isabel Santos. Bueno, de esa generación está Beatriz Valdés, Luisito (Luis Albrto García) vino después, Patricio (Wood)… Pero los primeros que entramos ahí fuimos Jorge Martínez y yo.

Amaury Pérez. La primera vez que me enteré que existía Isabel Santos, fue viendo esa extraordinaria producción de “La botija”.

Isabel Santos. Cuando “La botija” ya estaba graduada y tenía a mi hijo, como de cinco años.

Amaury Pérez. Parecías una niña.

Isabel Santos. Una niña.

Amaury Pérez. ¿Cuándo llegas entonces a “Se permuta”, que es tu primera película?

Isabel Santos. Fue a través de un casting que hizo Juan Carlos Tabío con Mario Balmaseda. Estaba Lily Rentería haciendo casting conmigo, quedamos las dos al final. Hice una improvisación con Mario en una de las escenas de la película, ellos fueron a verla y como a los dos días - porque había que esperar los rushes, porque se estaba filmando para cine en 35 milímetros- vino el productor y me dijo que era yo.

Amaury Pérez. ¿Pero quién le dijo a Juan Carlos Tabío que había una muchacha que se llamaba Isabel Santos y que debía hacerse un casting con ella?

Isabel Santos. Él me había visto en la televisión.

Amaury Pérez. Vamos a pensar en el primer día rodaje, no sé cuál fue tu primera escena, porque la gente sabe que el cine no se hace cronológicamente. Suponte en un día que tuviste una escena con Rosita Fornés, con Mario Balmaseda, con Ramoncito Veloz, ¿Qué pasa? ¿Cómo se siente uno cuando de repente ve a Rosa Fornés delante, trabajando con uno, en su película debut?

Isabel Santos. Rosita es un mito tremendo, o sea, estar delante de Rosa Fornés, una señora a la cual respeto muchísimo. Creo que Rosa ahí estaba en su mejor momento, en un momento de madurez también como actriz. Yo la miraba y decía: ¡Ay, Dios mío, estoy trabajando con Rosita Fornés! Puedo ser muy miedosa para otras cosas en la vida, pero a la hora de trabajar no. Soy muy respetuosa, pero cuando me tiro al ruedo ya sé que el toro está ahí y que me puede matar, pero, ¡a torear!

Amaury Pérez. No sentiste impresión alguna…

Isabel Santos. Sí, siempre hay y además, soy una mujer que tengo 48 años, en ese momento tenía veinte…

Amaury Pérez. Si yo debuto delante de Rosa Fornés, me puedo desmayar. Ya no tengo tiempo claro.

Isabel Santos. Además, Rosa es muy pizpireta, pero no era que estaba en plan estrella, aparte, ni que comiera una lechuga especial. Rosita comía la misma comida en la misma cajita de cartón que de momento se abría por los lados.

Amaury Pérez. Pero ahí tuviste que engordar un poco porque recuerdo que hay una escena donde abres una puerta y estás con un short. Mario Balmaseda se equivoca y pregunta, buscando la dirección que le dieron para la permuta y te encuentra a ti. ¿Tuviste que engordar un poco o estabas así de… rebosante?

Isabel Santos. No, yo tenía mis piernitas, pero no estaba tan rebosante. Además creo que ahí había un ángulo ancho, había algo allí, que eso también daba un cierto volumen.

Amaury Pérez. Muy ancho, el ángulo era muy ancho… (risas)

Isabel Santos. También creo que me daban más cosas de carbohidratos para esa escena, como que esperaron que engordara un poquito para hacerla.

Amaury Pérez. Después vino “Lejanía”. ¿Qué significó para ti como personaje? Era un personaje bien diferente al de “Se permuta” porque tú eras una emigrada que regresabas, ¿no?

Isabel Santos. Una muchacha que venía de Nueva York. Es una película super interesante porque en ese momento no había viajado, entonces hay cosas que uno tiene que tener como vivencia, pero a esa película la quiero muchísimo. Trabajé con amigos y pude trabajar con Beatriz (Valdés) y con Verónica (Lynn). Beatriz y yo no hemos vuelto a coincidir en el cine. Éramos muy jóvenes.

Me enseñaron mucho en “Se permuta”. Cómo trabajar para la cámara que es el otro actor. Eso uno lo va aprendiendo. Creo que “Se permuta” y “Lejanía” son las películas que me enseñan cómo hacer cine, que me prenden el bombillo de que en el cine es donde mejor me siento.

Amaury Pérez. Recuerdo muy claramente cuando fui a ver “Clandestinos” con mi compañera, recuerdo cuánto lloramos y la escena final.

¿Cómo se prepara una actriz para una escena así? No sé si hicieron más de una toma. Parece que no. ¿Cómo se prepara uno para esa escena final y cito: ¡está viva! cuando Luis Alberto lo dice desde la azotea.

Isabel Santos. Eso pasó en una semana. Se iba haciendo por pedacitos y el último día es lo mismo que sucede en la película. Es la muerte del personaje de Luis Alberto y hay que tener mucho valor para eso.

Amaury Pérez. ¿Por qué me cuenta la gente del ICAIC, que son mis compañeros de cuando era joven, que Fernando Pérez, director de “Clandestinos”, quería que tú dijeras unas palabras al final, cuando solamente uno se queda con la imagen tuya desgarrada?

Isabel Santos. Sí, había un texto que tenía que decir, pero por algo no me salía.

Amaury Pérez. No lo sentías orgánico.

Isabel Santos. No lo sentía. No era creíble para mí, y además, estaba muy cansada también. Era el amanecer, habíamos estado toda la noche filmando y como que ya, ya no podía más.

Amaury Pérez. Pero Fernando es un hombre muy riguroso. ¿Cómo te permitió que no hicieras lo que él te estaba diciendo?

Isabel Santos. Creo que yo también fui muy obstinada en ese sentido, porque él me dijo que se iba a repetir y armar todo de nuevo, los camiones, el agua, los bomberos. Y yo fui, me corté el pelo y me aparecí. Cuando me vio me dijo: ¡no, esto con peluca se va a hacer, pero lo tienes que hacer! Y dije: ¡bueno, ahora sí apreté! Se usaba el punk y entonces me hice un punk con un “pitipitipá” que se usaba ¿te acuerdas?, todas nos lo hacíamos y nos veíamos muy lindas…

Amaury Pérez. Sí, sí.

Isabel Santos. Finalmente la dejaron así. También había un gran editor y además, Fernando es un hombre de mucho talento.

Amaury Pérez. ¿Quién editó Clandestinos?

Isabel Santos. Tutti.

Amaury Pérez. De los jóvenes uno de los grandes editores. Ahora te digo tres directores y tú me los resumes en una oración, en una frase: Juan Carlos Tabío.

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