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Mi Comentario (Yo… mi mismo)

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Por Ricardo R. González

Ilustración: Alfredo Martirena

No sé si es un virus, con características ya de pandemia, o una «clonación» desafortunada de Lindoro a partir del espacio televisivo, mas la realidad denota una marea ascendente por sobredimensionar cualidades individuales a base de hazañas, hechos, acciones y comportamientos.

Pero lo triste del caso radica en que dicha proliferación nunca parte de terceras personas ni siquiera en uso del llamado «plural de modestia», el mismo individuo se pondera y aplaude con tantos atributos que el auditorio queda atónito ante aquel bla, bla, bla de loas indetenibles.

Lo mismo ocurre en reuniones, en encuentros, en redes sociales o hasta en algunas conferencias… y es entonces que comienzan a entrecruzarse las miradas con esas sonrisillas burlonas (re) multiplicadas entre quieres escuchan.

Y hay más, conozco a personas que ante un estímulo, un distintivo o algo importante para sus vidas acuden a un papel, dividido a la mitad, y anotan quiénes lo felicitan, y aquellos que no.

No me queda alternativa que reír, pues ante tantas complejidades de la vida cotidiana ¿cuántos quisiéramos disponer de más tiempo para realizar obras provechosas que se alejen de esas simples banalidades?

Ahora bien, las estampas prosiguen. También están quienes buscan opiniones de su labor —favorables por cierto— y presionan tanto a los consultantes que resulta el propio interesado quien responde por el interrogado.

Recuerdo un pasaje reciente de alguien que auto alababa su trabajo. Le preguntó a todo el mundo por la repercusión de su obra, y una de las cuestionadas comentó a la otra: «Muchacha, dile que es lo mejor que se ha hecho y así te la quitas de arriba.»

Sin embargo, lo lamentable de la historia es que desconoce la «mi misma» que la mayoría de quienes vitoreaban su trabajo ni habían reparado en el.

Y qué decir de los que utilizan el yo y el mi casi en muletillas de las conversaciones. Entonces mi casa es la más bonita de todas, mis hijos los más inteligentes del mundo, mi DVD el más funcional, yo soy capaz de… etc…etc…etc…

¿Cuáles son los móviles? ¿la pérdida de valores? ¿una espiritualidad tan ínfima? ¿la infelicidad interna que busca alas para configurar un modelo de fortaleza inexistente? ¿el deseo de ser talento cuando no es así? ¿o una moda desequilibrada permeada por lo banal?

Una cosa resulta apoyarnos en una vivencia o experiencia personal para ilustrar determinada acción, y la otra esos desafueros que repugnan tanto como una mermelada sobrepasada de azúcar.

Busquen en la historia, y nos demostrará que todas las grandes figuras tratan de pasar inadvertidas porque, si existen méritos y alabanzas, otros se encargarán de reconocerlos, aunque muchas veces ni se exterioricen en tiempos en que hasta la estimulación moral parece perderse y resulta algo extraterrestre.

No es lo mismo autoestima que autosuficiencia, a pesar de que esta última quiera protegerse bajo la cobija de la primera. Aprendamos a ser cada día más dignos, o como remarcara Fidel durante su visita al Memorial José Martí, el pasado 26 de Julio, de procurar ser cada día «aunque sea un poquito mejores.»

Y en este camino, a mi entender, falta mucho por recorrer. Ya lo dijo Martí: «La grandeza es sencilla, y la vulgaridad todo alarde y comentario de grandeza.»

Ojalá que esos virus o indebida «clonación» no dañe tanto como la marea negra del golfo de México, y llegue a la máxima alerta debido a seguidores convertidos en pandemia.   

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