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Curiosidades

Un paseo por el centro histórico de la Villa del Undoso

Un paseo por el centro histórico de la Villa del Undoso

Desde CMES Radio Sagua, la colega Bárbara Fortes nos hizo llegar este interesante trabajo sobre los valores patrimoniales de la ciudad de Sagua la Grande.

Por Bárbara Fortes

Sagua la Grande es una de las ciudades cubanas nacida en el siglo XIX con gran influencia del estilo neoclásico, predominante en ese período, caracterizado por edificaciones  monumentales, calles rectas y muy anchas.

 

La fundación de la Villa del Undoso, está fechada en 1812, con la inauguración de una ermita en la zona que hoy ocupa el parque Independencia.

 

En la arquitectura sagüera sobresalieron tres  tendencias principales: el eclecticismo, neoclasicismo y la arquitectura tradicional, que pueden apreciarse en el Centro Histórico de la urbe.

 

La sencillez  caracteriza a las edificaciones heredadas de la colonia, las fachadas de las viviendas poseen cornisas molduradas, amplios vanos de puertas el guardapolvo que corona las ventanas y que le ofrece un ello muy singular, los patios centrales vitales coloridos y grandes salones imprimen gran belleza.

 

Al caminar por las calles se observa  la armonía de estos inmuebles que no afectan la coherencia con los de principios del siglo XX y la casona de los años 70 del XIX, que fuera propiedad del Conde Moré, fundador del ferrocarril en la región, el Palacio Arenas, erigido en 1918,  con una arquitectura en la que se fusionan dentro del eclecticismo  el Art Nouveau con elementos de la arquitectura islámica.

 

La arquitectura en madera es otro exponente singular en la Villa del Undoso, que sobresalió junto a la vivienda del siglo XIX y la de principios del XX. Todavía se observan  muchos exponentes de este tipo de vivienda.

 

La  gama arquitectónica en Sagua la Grande, la enaltecen  edificios como el Casino Español, el edificio de Correos y la iglesia Parroquial, erigida  hace 150 años, símbolo del neoclásico; así como la iglesia de los Jesuitas, con estilo neogótico y el puente El Triunfo que conforman  la belleza arquitectónica del centro histórico de la Villa del Undoso.

 

Pero además existen otros ejemplos de edificaciones muy valiosas  que coadyuvan a engrandecer lo bello de la arquitectura  de la ciudad  como el Casino Español, la Villa de París, el Hotel Sagua y el antiguo  Correos y Telégrafos.

 

También  sobresalen aisladamente conjuntos de gran  valor como las viviendas del Reparto Oña, de influencia  neocaliforniana pertenecientes a familias pudientes, la Colonia Española, y la  Clínica Yaniz.

 

Sagua la Grande, se enorgullece de poseer en su centro histórico, edificios que a pesar de su deterioro en algunos casos, son muestra de los valores socioculturales  en  el tiempo transcurrido que ha marcado su impronta para beneplácito de sus pobladores y visitantes admirados de la belleza de la arquitectura de la Villa del Undoso.

 

 

 

El Marino de Marina

El Marino de Marina

 

Como hombre de mar Marino Rodríguez González (a la izquierda) abandona de vez en cuando su hogar en la calle Marina para emprender una travesía. Aquí, junto a sus compañeros José Idaberto Rico Artiles (en el centro) y Juan Carlos González Pérez.

El primer buque de vapor construido en Cuba ya no surca los mares. Figura entre las reliquias de Isabela de Sagua, y forma parte de la vida de un hombre en un pueblo.

Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

Tiene 81 años permeados de una mente prodigiosa que le permite andar y desandar en el tiempo. Se llama Marino Rodríguez González y conoce al dedillo los rincones de Isabela de Sagua.

 

Sabe de mares y lunas, de estrellas y nubarrones, de calma y remolinos en una vida salpicada con las aristas de pescador, carbonero, cortador de leña, trabajador portuario hasta que un día abrazó la jubilación luego de sumar cinco décadas como práctico del puerto.

 

Gran parte de su existencia lo une al primer buque de vapor construido en Cuba. Por eso cuando le comunicaron que la embarcación cesaría recibió uno de los impactos que le ha calado profundo.

 

«Firmé hasta el acta final… me arrancaban a un hijo querido. Con el navegué cientos de millas por mar y corrí otro tanto de kilómetros por carretera cuando estaba de reparaciones», declara este hombre que valora el barco entre las reliquias de Isabela, de Sagua la Grande, y de Cuba.

 

EN EL RELOJ DELTIEMPO

 

La mirada del octogenario busca el infinito. Parece cargarse de energías con solo respirar el salitre y echar a volar sus vivencias. Recuerda que el buque comenzó a navegar en 1849 entre Sagua y el poblado de Isabela. Seis años antes habían inaugurado ese puerto.

 

«Una de las primeras travesías incluyó el cayo Bahía de Cádiz. Allí fue testigo del apareamiento de dos barcazas dedicadas a la trata de esclavos: El Palmira y El Emperatríz de Brasilia.»

 

Marino conoce que el buque asumió, de manera inicial, la transportación de pasajeros y el suministro de insumos a los isabelinos. Atracaba en el puerto El Vapor, y hasta cumplió deberes funerales pues en 1918 todavía el sitio no contaba con cementerio.

 

«Trasladaban los cadáveres a Sagua por tren. La tarifa aumentaba cada vez más. Llegaron a cobrar hasta 100.00 pesos por ataúd en un pueblo humilde. La gente se insubordinó y tomaron represalias contra el ferrocarril.»

 

Poco a poco los habitantes recaudaron el importe necesario y construyeron el campo santo. Así, el barco llevaba los féretros hasta el propio cementerio situado a la orilla del río hasta que construyeron la carretera.

 

Según corrió el tiempo tuvo varios propietarios, pero sus fabricantes se remontan a la empresa Veronta, dueños del ingenio de idéntico nombre denominado, por último, Antonio Finalet.

 

RECUERDOS Y SOFOCONES

 

De la sabiduría de Marino Rodríguez afloran manantiales de conocimientos. Indica que todo barco identificado con una P pertenece al práctico del puerto y no deben llevar nombres.

 

«Sin embargo, este en un principio lo llamaron Cajiga. Luego Corporación I. A partir de 1934 sufrió modificaciones, y también lo denominaron Sagua la Grande (el más conocido), hasta que yo decidí nombrarlo Valle Grande, a raíz de la caída del Che en tierras bolivianas.»

 

La embarcación conoció los mares encrespados, y no escapó de aquel huracán que desgarró a Isabela en septiembre de 1933.

 

«Quien permanece tanto tiempo sobre una embarcación conoce el efecto de frentes fríos y nortes cuando se anda mar afuera. Yo los viví. Demanda oficio y sagacidad. El buque bien lo supo, y en determinados momentos resultó testigo de mis confesiones.

 

«Invertí bastante dinero a fin de repararlo, y permaneció —allá por 1970— un mes en Nuevitas para acometer uno de estos períodos. Por supuesto, yo con el. Así… durante 50 años.

 

— ¿Y aquel día final?

 

— Me acompañó hasta el 2001en que solicitaron su baja definitiva aprobada en abril de 2002. Quedó abandonado en el varadero de Terminales Mambisas. Se llenó de agua y hasta perdió su mástil. Logré que no se destruyera de manera total, pero el deterioro es evidente, e incluso ya en tierra le han sustraído algunos dispositivos.

 

—¿Un tesoro perdido?

 

— Existe gracias al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. Representantes del organismo pidieron que lo entregaran por tanta historia que encierra. Lo trasladaron, hace algunos años, para un local perteneciente al CITMA donde hoy funge el restaurante El Tiburón. Allí está desde noviembre de 2003 como símbolo de Isabela.

 

Su última travesía la hizo entre el 13 y el 15 de diciembre de 2001 dirigida al rescate del velero Sirene, encallado en los arrecifes de Cayo Verde.

 

Marino Rodríguez aprecia a diario aquella embarcación. Le queda por el paso que transita a diario. Quien sabe si entable algún diálogo silente en el que solo ellos se entienden. Así ocurrirá siempre que el octogenario venza ese camino, salpicado de salitre, hasta llegar a su hogar ubicado en la calle Marina, de Isabela de Sagua.

 

Entonces, otros aires y motivaciones corren entre sus hijos y nietos para decirle: viejo, aun estás vivo.

 

 

ALGO MÁS SOBRE EL P

 

— La embarcación de 12,84 m de eslora, 3,51m de manga (ancho) y 13 t de tonelaje bruto sirvió para perseguir a los esclavistas, y trasladó a importantes figuras en distintas épocas. Entre ellas a Joaquín Fernández Casariego, teniente gobernador de Sagua a principios del siglo xix, así como a historiadores y otras personalidades.

 

— Durante la Crisis de Octubre desempeñó importante labor con buques que tenían misiones específicas.

 

— En la reconstrucción realizada durante1934 los vecinos acudían al varadero, y cada quien emitía su criterio en torno a las modificaciones. Ante tanta diversidad un práctico, llamado Marcelino Santos, situó un cartel que decía: «Mira y calla». Lo suficiente como para que desde entonces identificaran al barco de esta manera.