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soyquiensoy (Ricardo R. González)

Isabela de Sagua resplandece con su Caney

La entrada del Caney luego de la remodelación ante los estragos del huracán Irma.

Por Ricardo R. González

Hay sol bueno y mar de espumas en una de estas tardes abrileñas en el Caney de Isabela de Sagua. El sitio predilecto de muchos lugareños o personas de tránsito que les llama la curiosidad y no dejan de visitarlo.

Quienes me conocen saben que lo único que me gusta del mar es, precisamente, el mar, pero ante tantos comentarios favorables en torno al centro decidí seguir los pasos y llegar para constatar si son ciertos los criterios o priman algunas notas exageradas.

William Hermida Abreu, al frente de sus 23 trabajadores desde hace cuatro años, le permite darse cuenta de la necesaria diversidad de platos en este punto isabelino.

Y tienen mucha razón quienes lo aplauden y prefieren. Lo primero que resalta es la limpieza y el trato esmerado de su colectivo. Ese que sabe que el cliente merece el máximo de atención, aunque no en todas las unidades gastronómicas se cumpla.

Después, me admiró la calidad del menú, su presentación, y esa modalidad de incluir otras ofertas para quienes no deseen consumir pescado ni mariscos.

La sabiduría de William Hermida Abreu, al frente de sus 23 trabajadores desde hace cuatro años, le permite darse cuenta de la necesaria diversidad de platos que debe existir en este punto isabelino con capacidad para unos 90 comensales.

«Nadie puede irse sin complacer sus expectativas», insiste este hombre que también sufrió junto a sus obreros los impactos despiadados de una «Irma» furiosa convertida en huracán.

«Fue triste llegar aquel día y ver que no teníamos nuestro típico techo. de guano. No quisiera recordarlo, pero teníamos fe de que volveríamos a levantarnos, pero se nos apretó el corazón al ver los destrozos porque esto constituye un pedacito de nosotros».

No eran tiempos ni para cruzarse de brazos ni de lamentaciones, y en apenas 15 días, con el aporte de todos y un apoyo total el Caney de Isabela reabrió sus puertas a finales del pasado octubre, incluso con mejores condiciones en insumos y mobiliarios.

Como si todo fuera poco las heridas de un fenómeno meteorológico despertó las iniciativas creadoras, y hoy resulta que el filete de pescado Costa Norte con jamón y queso, unido al arroz con mariscos constituyen los platos más solicitados dentro de la gama de un menú que también depende de los suministros.

Un espacioso salón disponible para 90 comensales.

En el centro de la instalación existe un pequeño bar con variedades de bebidas, mientras la vista se recrea durante el día con las bondades de ese azul infinito que se pierde en el horizonte o con la brisa deliciosa que llega y acaricia en las jornadas nocturnas.

La despedida del colectivo siempre tiende una invitación con un vuelvan pronto o que se repita la visita, y allí quedan sus trabajadores atentos a los consejos de William o con el distingo personal a fin de que el Caney de Isabela resplandezca dentro de la alta cocina marina y deje una huella en quienes un día le dedicaron parte de su tiempo.

Y en caso de espera pequeñas casetas protegen del sol y permiten estar más cerca de las delicias del mar.

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