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Raúl González Blanco en La Habana. El Cos­mos de Nueva York brilló sobre la grama del estadio Pedro Marrero y acabó goleando a la selección cubana de fútbol (4-1). Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Así de curiosa es la vida. El mismo día en que Sepp Blatter renunció a la presidencia de la FIFA y las sombras cayeron algo más sobre el mundo del fútbol, empezó a salir el sol para el futuro de las relaciones deportivas entre Cuba y Estados Unidos.

Y es que la historia es de paso lento, sobre todo para arreglar entuertos. Pero al final aplasta, como los elefantes. Así, esta tarde en la cancha del Pedro Marrero se escribió una página de gloria, 446 meses después de la visita del último club estadounidense (Chicago Sting, 21 de marzo del 78) que vino a La Habana.

Sin embargo, ahora el resultado fue distinto. Entonces ganamos nosotros 2×0, con goles a la cuenta de los estelares Andrés Roldán y Regino Delgado. Ahora, en cambio, Cuba sufrió un calvario bajo el agua pertinaz que no impidió que las gradas se llenaran de gente deseosa de ver a los suyos, al New York Cosmos, pero sobre todo a Raúl González Blanco.

(Muy importante: la prensa debió ver el encuentro de pie, sin un vaso de agua ni una taza de café. Esto también es una asignatura pendiente para el fútbol insular).

Pese a la ansiedad de las tribunas por disfrutar su juego, el “7″ no se desgastó demasiado en ataque, más allá de algún que otro destello. Casi siempre jugó retrasado en el campo, más empeñado en construir que en terminar, y de ese modo fueron sus compañeros los que llevaron la voz cantante en la goleada.

Mkosana, en el minuto nueve, aprovechó una asistencia del propio Raúl y abrió el marcador. Luego, en el 33 y con otra asistencia del Ángel del Madrid, Guenzatti puso el 2×0. Por último, Chirishian marcó en el 36 y Mkosana repitió la dosis poco antes del descanso.

Con mejor condición física, Cuba levantó su juego en el complementario y redujo la diferencia en el 51 por intermedio de Andy Vaquero.

Mas la clave no estaba en el terreno, sino en la significación del desafío, tal como lo entendió el técnico de los visitantes, Giovanni Savarese. En la conferencia de prensa posterior, el DT venezolano dijo que “esto ha sido algo inolvidable, superior a lo imaginado. Nos llevamos un buen sabor de boca por la hospitalidad de este pueblo. Los muchachos están muy honrados de vivir estos momentos y nos encantaría regresar acá”.

Por su parte, la figura de la selección antillana, Ariel Martínez, expresó que “tener en la cancha a Raúl es muy impactante. Gambetear, empujar, trancar al lado suyo es una experiencia estimulante de cara a la venidera Copa de Oro”.

Mientras, el entrenador de los locales, Raúl González Triana, valoró que en el primer tiempo su equipo se rompió mentalmente, “pero hicimos ajustes tácticos para el segundo y rescatamos algo. Esta clase de partidos son muy necesarios para nuestra selección”.

A la postre, más que el Cosmos neoyorquino, el verdadero ganador fue el porvenir de los nexos futbolísticos entre Estados Unidos y la Mayor de las Antillas.

(Con información de Ismael Francisco y Michel Contreras)

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