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Foto: Cubarte

Fábula, segundo largometraje de Léster Hamlet, se estrenó a principios de febrero en el capitalino Multicine Infanta. Sin embargo, antes de ser “obra terminada” ya la película transitaba los circuitos de distribución underground. Una copia de trabajo quemada en un disco, pasada de un ordenador a una memoria flash, reproducida aquí y allá, realizaba desde hacía meses la labor de promoción de una cinta que interesa a públicos diversos, aderezada como está con una historia de amor, una profusa banda sonora, escenas de sexo y desnudos, y una Habana a la vez rutilante y triste.

Una ficción recreada en la Cuba actual y protagonizada por dos jóvenes —Arturo y Cecilia— que experimentan un amor elemental y difícil, una pasión demasiado instintiva, que salva, quizás, lo mejor de ella y condena en él escrúpulos y sueños. Un relato como una fábula provocadora, que Arturo, interpretado por Carlos Luis González Ricardo, relata con la impudicia y el desgarro de la inocencia, o de ese idealismo que nunca abandona del todo al personaje.

“Hay quienes dicen que la película les ha gustado por las mismas razones por las que no les ha gustado a otros. Algunos agradecen que sea tan cruda, tan directa, que refleje de esa manera tan efectiva parte de nuestra realidad, pero a otros, eso les molesta”, explica Carlos Luis, sobre las opiniones recibidas de quienes han visto la cinta—ya sea en el cine, o en la casa—.

Este joven actor, conocido del público por sus apariciones en dramatizados de nuestra televisión y como presentador de espacios musicales, integró el casting de la cinta casi en el último momento. Mientras Lester Hamlet buscaba un rostro para Arturo, varias personas le sugirieron a Carlos Luis, pero Léster se negaba a repetir la fisonomía de otros galanes en su filme. “Él ha confesado después que le preocupaba mi imagen, porque casi siempre he interpretado al bueno de la historia, y él tenía miedo de repetir eso en Fábula. Pero cuando sus protagónicos le dijeron, casi a punto de comenzar la filmación, que no podían hacer la película, Lester me llamó y acepté sin pensarlo”, confiesa Carlos Luis con la misma expresión definitiva con que debió tomar finalmente el guión de manos del director, tres días antes de comenzar el rodaje.

Desde la primera lectura quedó cautivado por el personaje, según él uno de esos roles que atrapan por su riqueza de matices. “No necesité segundas lecturas para percatarme de que quería interpretarlo y de que era una oportunidad a la que no renunciaría por nada. Los análisis más profundos de su psicología vinieron después. Siempre supe que era un personaje muy difícil de encarnar y desde el punto de vista de su sexualidad era también un reto.

“En ese sentido tuve un poco de temor por lo que pudiera pensar la gente, debido a los muchos tabúes y prejuicios que persisten en nuestra sociedad. Afortunadamente, creo que estamos empezando a abrirnos un poco, a ser más respetuosos con las diferencias, con la diversidad, pero todavía nos falta mucho. Yo siempre he dicho que las personas son libres de encontrar la felicidad donde crean que está, sin ser juzgados, o censurados por eso, y me refiero específicamente a la homosexualidad”.

Por eso, si bien Carlos Luis reconoce el desafío que significó interpretar a Arturo, por los cambios que experimenta durante la trama, signados por la inversión de valores morales, y la pérdida de espiritualidad, asevera asimismo que la principal dificultad estuvo en asumir las escenas homoeróticas de la cinta.

“Para mi las escenas de sexo con el personaje de Paolo —Alfonso Quijada— fueron muy difíciles. Yo soy de las personas que defienden sobre todas las cosas la libertad de los seres humanos, el derecho de cada cual a decidir su preferencia sexual; pero no dejo de reconocer que, a pesar de eso, sigo siendo una persona machista y con prejuicios. Y es quizá el ser capaz de reconocer ese machismo y esos prejuicios lo que me hace al mismo tiempo ir en contra de ellos. Por eso asumí las escenas homoeróticas con toda profesionalidad, a pesar de que como persona solo iría a la cama con una mujer; pero mi personaje no, e interiorizar eso y asumirlo fue extremadamente complejo.

“Cuando se rodaron esas escenas, el primer corte se hizo usando ropa interior y se hicieron solo planos de detalles a las manos, los pies, los rostros; y nos dimos cuenta de que aquello quedaba muy falso, así que la única manera de lograr lo que se quería era haciéndolo del modo más verosímil posible y creo que la película y el público lo agradecen”, rememora Carlos Luis, quien, por otra parte, no conserva prejuicio alguno con los desnudos frente a cámara.

“No tengo ningún problema con eso. De hecho no es la primera vez que hago desnudos. Cuando uno empieza a notar la magnitud y la seriedad que va tomando su carrera como actor, a partir de las cosas que va logrando, uno va ganando conciencia de las cosas que pueden pasar después, de los personajes que pueden llegar, de las cosas que a veces hay que sacrificar y son cosas para las que yo estoy listo. Si un personaje requiere de una escena con un desnudo, porque así lo exige la trama, yo lo asumo”.

Mientras, acerca del trabajo con Alicia Hechevarría, coprotagonista de la cinta, y con el resto del elenco, resalta la afinidad y el profesionalismo que primaron desde el inicio. “A Alicia la conocía solo por referencias. Dialogamos por primera vez dos días antes de empezar a rodar la película pero, desde ese mismo momento, logramos una empatía mágica. No sé si fue la confianza que nos transmitió Lester, o la energía que había entre todo el equipo, o todo eso junto; lo cierto es que siempre nos sentimos muy en confianza el uno con el otro y el trabajo fluyó muy bien todo el tiempo.

“Con Fernando tengo una sola escena en toda la cinta, pero para mi fue tan intensa y tan desgarradora que la noche previa a su filmación apenas pude dormir. Por otra parte, trabajar con Alina Rodríguez es una delicia, pero para alguien que empieza en el mundo de la actuación tener que enfrentarse a todas sus herramientas, a sus recursos como actriz, a su mirada, es algo sumamente retador; así que compartir con ellos dos fue una de las mejores cosas que me pasaron, pero a la vez fue muy fuerte”, explicó acerca de haber compartido en el set de filmación con Fernando Hechevarría y Alina Rodríguez.

Una primera experiencia en el cine, enriquecedora y compleja, resulta Fábula para Carlos Luis, quien aprecia el filme desde la pasión inevitable del compromiso, pero que la valora igualmente desde el sentido crítico del espectador. “La película a mi me gusta, más allá de que tenga elementos de guión o de realización que puedan ser mejorables; creo sobre todo que aborda un tema necesario.

“Hubo un período en el cine cubano en el que, a pesar de ser muy duro el tema que se tratara, la película se hacía sobre la cuerda de la ironía, de la sátira, de la comedia, y a partir de esos códigos se hacía la crítica. Creo que actualmente se busca una reflexión más seria. En Fábula hay algunos chispazos de humor, pero es en general una historia muy dura, que tiene que ver con lo que está sucediendo con parte de nuestra juventud, que puede tener como prioridades los intereses económicos, lo material”.

En cuanto a sus estrategias como intérprete, Carlos Luis confiesa que prefiere dejarse llevar por la improvisación y los impulsos, más que por los guiones, algo que armonizó muy bien con el modo de trabajo que asumió Léster Hamlet. De modo que en Arturo, revela, se reflejan muchas de sus propias características. “Al personaje le puse mucho de lo apasionado que puedo ser para algunas cosas y de lo inseguro que puedo ser para otras. Soy una persona que se da mucho a los demás, a la familia, a la pareja, y en eso tenemos puntos coincidentes”.

Todavía a la expectativa de las repercusiones de Fábula, que deberá exhibirse próximamente en el resto del país, Carlos Luis se enfoca en nuevos proyectos que lo vinculan, no solo con la actuación, sino además con la música. “Actualmente formo parte del grupo Mucho Ruido, que surgió a partir de la teleserie juvenil del mismo nombre, integrado solo por actores. Con ellos canto y toco percusión: tumbadoras, misceláneas, cosas así. Fue una propuesta que me pareció muy divertida y ahora mismo estamos en proceso de preparación de nuestro primer disco con la empresa Musicuba, para grabar este año con la Egrem. Hay mucha gente que me lo ha criticado, porque dicen que eso puede “abaratar mi imagen” y afectar mi carrera como actor, pero mientras me sienta bien y me divierta tanto como hasta ahora lo seguiré haciendo”.

Asimismo, develó que se prepara para filmar un teleplay, dirigido por Joel Infante. “Interpretaré a un muchacho que es integrante del Equipo Nacional de Polo Acuático, un personaje pequeño, pero con sus cosa divertidas. También acabo de filmar una telenovela —Con palabras propias—, que debe salir para el mes de marzo, en la que encarno a un personaje con muchos matices, sin que podamos encasillarlo como “bueno” o “malo”. Es un buzo, estudiante de 5to año de Biología, y su sentido de vivir es el mar”, explicó Carlos Luis, quien espera también que surjan nuevas propuestas para hacer cine.

(Con información de Cosette Celecia publicada en CubaAhora bajo el título original de «Provocaciones de una Fábula»)