20120305120651-comunales.jpg

Son la imagen de la ciudad, y no porque sus fotos estén en pancartas públicas. Ellos, los trabajadores de Comunales, los madrugadores, los que comienzan a trabajar cuando los últimos trasnochadores de Santa Clara van a dormirse, bien merecen todos los homenajes.

Barren aquí, recogen basura de allá, pasan paño a los bancos de los parques... Siempre, entre unos uniformes azules o amarillos, hacen sacrificios por los demás, levantarse más temprano que los otros, asirse a una escoba durante todo el día, o ir sobre el lomo de un camión para descartar los desechos de la jornada anterior, u organizar coronas de flores entre ataúdes...

Este sábado 3 de marzo, la dirección provincial de Servicios Comunales decidió sorprender a treinta trabajadores destacados con un chequeo de emulación en el patio de El Mejunje.

Entre los agasajados estaban jefes de zona, trabajadores del taller 26 de Julio y barrenderos del centro de la ciudad que cuidan por la limpieza de las áreas del Boulevard y del parque Leoncio Vidal.

Mientras se iban mencionando los nombres, Pedro Humberto Báez Hernández, director de Comunales en Villa Clara, tuvo para todos una frase elogiosa, una caracterización, o una anécdota. Se notaba la cercanía entre trabajadores y la dirección del sector.

Los rostros eran más o menos los de niños felices que se reúnen para jugar. En esta ocasión, para saber que habían hecho algún bien, como quería Martí.

Rieron, tararearon canciones, y bailaron, al ritmo del grupo Son quemadense, que para comenzar el repertorio de esa tarde introdujo los acordes de El barrendero.

(Con información de Leydi Torres Arias)