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Elena Burke siempre fue una mujer heterodoxa, se mire por donde se mire. Sus conciertos eran todo un clásico de los escenarios cubanos. Cantaba con todo el cuerpo, disfrutaba sus actuaciones dejando media vida en escena, e interpretaba cada tema como si tuviera latiendo detrás el ardiente motor de las noches habaneras.

Y cuentan los que saben, que la famosa bolerista atrapaba como un imán la atención del público cuando tomaba posesión de sus atributos en los escenarios, donde a través de su repertorio, y quizás hasta sin darse cuenta, proclamaba una libertad femenina (y artística) cada vez mayor, virtud que saltaba a la vista tanto en las estrechas relaciones que establecía con los espectadores, como en los diálogos íntimos con que acompañó sus shows en cada momento de su trayectoria. Porque, para ser exactos, Elena Burke no dejaba de ser Elena Burke durante las 24 horas del día.

No por gusto se le conoció popularmente como "La señora sentimiento" y, se sabe, los dardos de la filosofía popular casi siempre dan certeramente en la diana. Todo esto viene muy a cuento porque la legendaria cantante habanera habría cumplido 84 años el pasado martes. La fecha fue recordada en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, donde jóvenes intérpretes se unieron para repasar muchos de los temas que conservan intacto el mito de esta reina de la canción cubana.

El homenaje, al que se sumaron el acuarelista de la poesía antillana Luis Carbonell y los premios Nacionales de Literatura, Nancy Morejón y Pablo Armando Fernández, resultó un compendio sonoro de las experiencias y vivencias musicales acumuladas por la señora sentimiento durante su vida, la mayoría relacionadas con su expansivo universo femenino, sus increíbles cualidades como artista y la febril excitación musical que desprendían sus conciertos. De ese modo las cantantes Yaíma Sáez, Sory, Geidy Chapman y Bárbara Yanet entregaron a la Elena de siempre, frente a un público que se puso de pie en varias ocasiones, al escuchar en estas prometedores voces temas como Ámame como soy (Pablo Milanés), Adiós felicidad (Ela O’ Farrill), Aburrida (Concha Valdés Miranda), Me faltabas tú (José Antonio Méndez) o la noche de anoche (René Touzet)

Fue una tarde de reencuentro con la señora sentimiento para muchos de los espectadores que colmaron la sala, pues no era necesario tener una maestría en sociología (o alguna otra ciencia afín), para descubrir que la mayoría pertenecía estrechamente a la legión de seguidores de Elena y había vivido al máximo, en más de una ocasión, la extraordinaria oportunidad de presenciar sus conciertos en vivo.

Lo sorprendente es que ante tal auditorio, en el que se encontraban grandes amigas de la cantante como las compositoras Marta Valdés y Olga Navarro, las intérpretes hayan salido airosas del trance. Porque no es cosa de todos los días airear a la luz pública varias de las canciones que convirtieron a Elena en Elena y, encima, hacerlo con notables entregas artísticas que, por fortuna, fueron más allá de interpretaciones solamente "correctas". Porque, como ya se ha dicho, la estatura artística de Elena nunca encajó en moldes formales.

Era de esperar que la velada reservara para el cierre uno de sus momentos cumbres. Fue cuando Omara Portuondo, con los sentimientos a flor de piel, tras compartir escenario con Miguel Ángel Céspedes, interpretó el himno de Olga Navarro, Estoy aquí de pie, y el famoso tema Amigas. De este modo, la propia Omara quiso recordar a su inolvidable compañera del cuarteto las D’Aida y a la entrañable dama del feeling, quien supo, como nadie, gozar la vida como si fuera otra canción.

(Con información de Michel Hernández. Periódico Granma)