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Texto y foto: Ricardo R. González

Fue una fiesta en vacaciones de verano. Más bien un bendito regalo «para todos los menores de 150 años», como expresa su anfitriona principal, Liuba María Hevia, cada vez que convoca a la infancia a adueñarse de sus canciones y ser cómplices de la alegría.

Así ocurrió en el cine teatro Caridad, de Placetas, donde los niños y las niñas cantaron junto a ella las jiribillas de «El cangrejo Alejo», reencontraron la policromía del «Señor arco iris», y emprendieron la «Travesía mágica» en esa interrelación entre una artista que ha sabido traspasar la epidermis de su público, y un espectador que, al margen de la edad, descubre en ella el poder de sentirla muy cerca y buscar el camino de los sueños.

Liuba le regaló a Placetas «El despertar», a dúo con el director musical de su agrupación, Arnulfo Guerra, e incluyó «La canción de la vacuna» con la moraleja de que si bien esa agujita resulta desagradable habrá que recurrir a ella cada vez que la salud lo necesite.

En ello descansa uno de los tantos matices que le impregna Liuba María Hevia a sus conciertos: ese de educar y hacer comprender que la música es como la gran pizarra que cala en el aprendizaje y riega la espiritualidad de los humanos.

«Por ello —dijo— no pueden faltar en los hogares los temas de tres autores que han dedicado sus obras a los niños: Francisco Gabilondo Soler, María Elena Walsh, y nuestra Teresita Fernández.»

Y en ese afán de cultivar valores prendió «Con los hilos de la luna», una canción para adultos, pero también con las miras en infantes. Un tributo a los abuelos —emigrantes o no— como seres hacedores del bien y merecedores de respeto.

Las travesuras de «El gatico Vinagrito» fueron renovadas en la voz de la trovadora, al igual que «La marcha de las letras» o «Los elefantes».

Estela, convertida en un granito de canela, paseó, también, por la Villa de los Laureles. Sin dudas, uno de las piezas esperadas perteneciente a la prolífera autoría de Ada Elba Pérez, y que Liuba se encargó de musicalizar y completar su letra.

Las canciones de Teresita volvieron a reinar sobre la escena con el antológico «Lo feo» convertida en exhortación para encontrar la belleza aun en lo que nos parezca insignificante o de poco valor.

Y para el fin… Una ronda compartida entre todos. «Dame la mano y danzaremos» en un coro que nos convirtió a todos en eternos infantes con el compromiso de entregarnos a un mundo mejor, de ser transparentes en nuestras acciones, y revitalizar el alma.

Un lindo hasta pronto en el que Placetas danzó con la magia de Liuba María Hevia.