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“¡Qué vida más sana, qué aire más puro!”

Amaury. Muy buenas noches, estamos en Con 2 que se quieran, ahora en 5ª Avenida y calle 32, en el barrio de Miramar, en los maravillosos Estudios Abdala.

Hoy nos acompaña, digo nos acompaña porque me acompaña a mí, los acompaña a ustedes, que son los destinatarios de este programa, una persona que siempre quise entrevistar. La he respetado, la he admirado y la he querido mucho. Es la alegría en persona, y no la alegría porque sea especialmente simpática, sino porque lleva la alegría como estandarte. Una de las más grandes actrices de nuestro teatro, de nuestro cine, de nuestra radio, de nuestra televisión.

Mi queridísima y amada Aurora Basnuevo. ¡Mi amor! (intercambian besos de saludo). Le dicen la mulatísima, pero ella es más que la mulatísima, ella es una actriz que no se puede creer. Aurora, gracias, porque sé que estás muy ocupada, sé que has estado filmando, sé que has tenido en estos tiempos a tu hijo malito, hablaremos más delante de eso, si tú me lo permites.

Aurora. Sí, claro

Amaury. Yo quiero que tú me digas, ¿por qué todo el mundo piensa que tú naciste en Calimete, si fue en Colón?

Aurora. Bueno, eso fue una ocurrencia de (Alberto) Luberta, porque Colón en sí no decía nada simpático. Entonces en la provincia de Matanzas, porque soy matancera, él me ubicó en Calimete, que Calimete es más cómico…

Amaury. …Es más cómico, claro…

Aurora. …decir Calimete que decir Colón, pero yo nací en Colón, provincia de Matanzas y mi personaje, Estelvina, “la mulatísima”, es de Calimete.

Amaury. ¡Calimete! (risas).

Estelvina. Yo llegué a La Habana con los ojos cerrados, eso sí, aquí fue dónde me los abrieron: ¡Ay! ¡Qué vida más sana, qué aire más puro! (haciendo el personaje de Estelvina)

Amaury. No vamos a preguntar quién te abrió los ojos. A Estelvina se lo puedo preguntar algún día, pero a Aurora, no, no es discreto, no es elegante. Ahora, leyendo el libro de Josefa Bracero, Rostros que se escuchan, hay una entrevista tuya, en el segundo tomo, muy buena, con cantidad de información de tu vida profesional, y me encontré con un detalle que desconocía, tú fuiste maestra de primaria.

Aurora. Sí.

Amaury. Cuéntame cómo fue eso, primero, ¿cómo la niña de Colón llega a La Habana?, ¿fuiste maestra de primaria en La Habana?

Aurora. En La Habana. Sí, porque mi papá tenía una opinión de que teníamos que tener algún título, eran otros tiempos y ser maestra era lo más sencillo que uno podía llegar a una clase más o menos media, porque mi papá era propietario, tenía unas casitas ahí en Colón, tenía algunas reses y decía: mis hijos tienen que ir a La Habana a estudiar. Lo que es el capricho o no sé. Yo sé que llegué a La Habana a los 12 años, estaba estudiando en la escuela primaria superior de Colón, Luz y Caballero, y cuando llego trasladada para la escuela superior, que estaba en aquel momento en San Lázaro y Águila, llego a 8vo grado. Aprobé todo, yo era una niña inteligente, yo era una niña estudiosa.

Amaury. Tú eres una mujer muy inteligente.

Aurora. Pero me gustaba mucho estudiar y, bueno, llegué a mitad de curso, salí de Colón, llegué, aprobé el 8vo. grado. Hice un cursillo de tres meses para ingresar en la Escuela Normal, que cuando aquello habían tres mil aspirantes para 150 plazas. Ingresé en la Escuela Normal, yo cogí una plaza con 13 años y a los 17 ya era maestra normalista. Yo era muy dedicada, me gustaba ser maestra, lo disfrutaba, y defendía a mis niños. Entonces, después de la Revolución fui maestra de primaria, maestra nocturna, maestra de inglés. Porque se fueron… casi todas las maestras empezaron a partir, no había maestros. Éramos las últimas normalistas al principio de la Revolución;  yo me gradué en el 57.

Amaury. ¿Pero ya por esa época tú estabas haciendo cosas artísticas?

Aurora. Sí, también hacía cosas artísticas, era la maestra-artista. Pero yo estaba en mi aula y después iba a mis cosas artísticas.

Amaury. A ver, cuando entrevisté a Rosita Fornés para este programa…

Aurora. Sí.

Amaury. …le pregunté por tres personas; pero una de las personas por las que le pregunté, fue José Antonio Alonso, y claro, yo nunca le dije que José Antonio Alonso era mi padrino de bautizo. Y ella habló de José Antonio con cierta picardía, pero noté en sus ojitos cierto desdén, porque José Antonio parecía que tenía cierto carácter. Sin embargo, tú debutaste en su programa.

Aurora. Yo debuté en su programa.

Amaury. A ver. ¿Cómo fue eso?

Aurora. Cuando yo estaba estudiando en la Escuela Normal, allí había un teatro, que existe todavía. Ahí debuté yo, en ese teatro. Entonces las amiguitas mías me decían: ¡Ay, Aurora, preséntate en el programa de José Antonio Alonso! Pero para mi mamá eso era terrible, porque ser artista era ser lo último.

Amaury. ¿Verdad?

Aurora. No, no, terrible. Entonces yo, escondida de mi mamá, como era a las seis de la tarde… Ya era la Corte Suprema, no, era el programa de José Antonio Alonso de televisión. Porque Rosita fue al de radio.

Amaury. Al primero.

Aurora. Bueno, yo llego al programa de José Antonio Alonso acompañada de un guitarrista. El guitarrista era negro y él estaba pintando en mi casa y cantaba una canción que yo me la aprendí. La canción se llamaba o se llama Óigame y yo le dije a él: ¡ay, usted quisiera ir al programa de José Antonio Alonso conmigo, para que me acompañe en esa canción! y él dijo: ¡sí, sí, cómo no! Entonces escondida de mi mamá preparamos toda esa cosa, escondida y me gané el primer premio.

Amaury. ¡Pero claro, saliste por televisión!

Aurora. Salí por televisión y mi mamá: ¡Y esto qué cosa es! Voy el fin de semana y me hacen Estrella Naciente porque me volví a ganar el primer premio, pero al negro lo eliminaron. Y me dejaron sola, digo: Ay ¿y mi acompañante? Y me dice José Antonio: olvídate de eso, quedaste tú sola. (risas)

Amaury. Ay, Dios mío.

Aurora. El pobre, no lo vi más.

Amaury. ¿Verdad, más nunca lo viste?

Aurora. No, tampoco era un guitarrista estudiado ni nada, era una cosa que fue allí a eso, a acompañarme. ¡Allí estaba Isolina Carrillo de repertorista de las Estrellas Nacientes! Ella fue mi repertorista y mi maestra, la que me enseñó, me escogió el repertorio, me enseñó el estilo, me enseñó todo. Yo empecé cantando boleros.

Amaury. Sí, bueno, tú todavía cantas, ya en televisión no te dan mucha oportunidad, pero…

Aurora. No, porque me han encasillado. Yo me enteré que tenía chancletas, (risas) cuando llegué a la televisión porque en el teatro no, yo no tenía raza en el escenario. Era muy delgadita y Cuqui Ponce de León, a la única mulata que tenía contratada en el grupo, era a Aurora Basnuevo, todas las demás eran blanquitas. Y le protagonicé muchísimas obras, o sea, que yo no supe lo que era racismo en el teatro.

Cuando llegué a la televisión me pusieron las chancletas, pero bueno, me pusieron las chancletas, pero las chancletas me vinieron bien.

Amaury. Eran unas buenas chancletas.

Aurora. Eran unas buenas chancletas. Un día yo me puse muy brava, muy brava, y dije, bueno, pero por qué nada más que estoy haciendo papeles de “bola de humo”. Me decían la bola de humo de Calimete. Después me decían eso por la calle y yo en el teatro no hacía eso. Yo quiero hacer cosas dramáticas, porque yo soy actriz, y me fui a ver a Antonio Resillez, que cuando aquello era responsable de programación de la empresa. Y él me dice: Aurora, mira la lista de talentos, mira como hay actrices dramáticas aquí, tú serías una más. Mira ahora en esta parte donde nosotros te tenemos ubicada, que según tú te pusimos unas chancletas. Mira a ver.

Aurora. ¡Ay, Resillez, tú sabes que me convenciste, no voy a hablar más de eso!

Amaury. Sí, pero tú hacías obras tan importantes en teatro como Las Yaguas, por ejemplo.

Aurora. Sí, cantaba, actuaba y bailaba.

Amaury. Cantabas, ahí hacías muchas cosas.

Aurora. Con música de Piloto y Vera.

Amaury. Es que esos dos juntos, eso sí era un binomio tremendo.

Aurora. La primera comedia musical, el estreno de Las Yaguas fue un estreno precioso.

Amaury. ¿Y sobre qué año es que te haces profesional? Ya dejas el magisterio, dejas todo, ¿sobre qué año, más o menos?

Aurora. Eso sería 60 y pico por ahí, 64. No, antes, porque ya en el 63 hacía mis cositas. Lo mío fue sangreado. Un día falla Idalia Anrreu en la obra Habitación 406 de Héctor Quintero, que fue su primera obra. Miguel Montesco la dirigía y entonces me dijo: ¡Aurora, tú vas a hacer ese personaje! Digo: ¡pero si yo no soy actriz! Me dice: Sí, tú la vas a hacer, con la dirección de nosotros lo vas a hacer y lo hice ahí en la Sala Tespis y ya fue mi consagración, porque de ahí vinieron Los cuchillos de 23, Las Yaguas, de Piloto y Vera. Que el que me escogió para eso fue Piloto. Piloto dijo: o la hace ella o me llevo la música.

Amaury. ¡Qué bárbaro!, es que así eran esa gente, era una época.

Aurora. Sí, era una época… Yo quiero que la haga ella. Entonces, imagínate. Después hice La Pérgola de las Flores, que era una comedia musical chilena, donde hice una guajirita. A mí me dieron muchas oportunidades en el Grupo Rita Montaner.

Amaury. ¿En cuántos grupos estuviste? Porque también estuviste un año en el Anckerman.

Aurora. De ahí salí para el Grupo Jorge Anckerman, en el antiguo Teatro Martí. Allí hice muchas obras, protagonicé muchas obras, donde hacía la damita joven del Teatro Cubano. Mi pareja era Carlos Moctezuma casi siempre, un excelente actor.

Amaury. ¡Qué bárbaro!, tan recordado y tan recordado por el pueblo de Cuba.

Aurora. También ahí trabajaron conmigo Luis Lloró, Julito Martínez, en fin.

Amaury. Sí, todos ellos eran galanes.

Aurora. Galanes, pero yo era la damita.

Amaury. Tú también.

Aurora. Yo era muy bonita. (risas)

Amaury. Tú eres, yo lo dije desde el principio, tú eres muy bonita y es que la belleza no es una cosa que se pierde.

Aurora. No, ya no, ya no.

Amaury. La belleza se transforma.

Aurora. No hay que exagerar.

Amaury. Pero por qué pensar que no. Por qué yo voy a decir ahora que Rosita no es bonita. La belleza, a ver, no vamos a hablar de la belleza interior, porque la gente dice… no, la gente es bella por fuera también. Tú eras bella y vas a ser bella hasta el último día de tu vida, que se demore mucho, porque tú estás joven todavía.

Aurora. ¡Ay, ojala y tu boca sea santa!

Amaury. ¿Cuándo llegas a Fiesta Guajira?

Aurora. Primero fue Alegrías de Sobremesa. Después fue Fiesta Guajira, que es un programa que yo amo. Lo amo con todo mi corazón, porque ahí tengo la oportunidad de cantar día a día con un conjunto campesino, pero hago lo que quiero, lo mismo te canto un bolero que hago una guajira, que no sé, lo que quiera, porque es como una variedad dentro de lo que es la estampa campesina. Hago como cinco personajes. La estampa la escribe Julio Cid.

Amaury. Que es un gran escritor de radio también. No, es que tú trabajas siempre con los mejores, Julio Cid y Alberto Luberta, esa combinación es…

Aurora. No, no, un buen escritor, un buen guionista, detrás de eso se puede hacer algo, pero sin un buen guionista no hay una obra bien hecha.

Amaury. Ahora, yo quiero antes de llegar a Alegrías de Sobremesa, que es un gran tema, porque yo tengo unas encuestas antes de hacer estas entrevistas entre las personas que trabajan en mi casa, con Nereida que trabaja con nosotros hace tantos años, con Narciso y les dije: Es Aurora Basnuevo ¿qué le quieren preguntar?, y me dicen: ¡No se te vaya a ocurrir no preguntarle por la cosa simpática! y Narciso que es el jardinero del edificio me dice: Amaury, ella es una gran actriz dramática. No puedes olvidarte que hay veces que las personas tienen una vida real y una ficticia.

Aurora. No, porque Estelvina es un personaje que yo formé.

Amaury. Exactamente. La gente piensa que Aurora Basnuevo es Estelvina.

Aurora. Ese es el éxito.

Amaury. Claro, ese es el éxito del personaje.

Aurora. Del personaje.

Amaury. Pero muchas veces puede ser el drama de Aurora.

Aurora. De Aurora.

Amaury. ¿Cómo fue eso de que murió, haciendo Yo soy aquella, Alicia Rico, en el escenario?

Aurora. Ah, eso fue una cosa muy triste, porque ella siempre decía que ella quería morir en el escenario.

Amaury. ¿Siempre lo decía?

Aurora. Siempre lo decía. Entonces un día llegó muy mal, hacía días que se sentía mal. Y le dije: ¿Ali, y por qué vino a trabajar? Dice: ¡porque tengo que trabajar, el artista se muere en el escenario! Y se sentía mal, pero cuando salía al escenario… Esa noche fue una noche brillante de Alicia Rico. Esa noche ella hizo como tres reprises, tú sabes que en el Teatro Cubano, cuando una obra tiene éxito y te aplauden: da capo. Estaba el maestro Rodrigo Prats dirigiendo la orquesta abajo

Amaury. ¡Qué época, qué maravilla!

Aurora. La obra se llamaba Yo soy aquella, entonces ella cantaba una cosa que me acuerdo que decía: (cantando) “Yo soy aquella, que Colón trajo en la Pinta / Yo soy aquella que Pinzón puso en su lista / La guarachera (porque ella era un banquete), la sandunguera / la que en Matanzas fue la reina del danzón / Y estoy aquí, aquí, para quererte (y se quitaba un ortopédico, pam y lo tiraba) / Y estoy aquí” (y se quitaba la blusita) y tenía un éxito… Y esa noche fue brillante, ese número lo tuvo que repetir tres veces.  Y murió en el escenario. Cuando tiran la cortina… -yo me ponía un pañuelo y maquillada y todo cogía la ruta 65 y me iba para mi casa, yo vivía en Ermita entre Tulipán y La Rosa-. Pero en la misma parada de la guagua, me dicen: se murió Alicia y salí para el Martí otra vez, pero ya. Murió en los brazos de Rodrigo Prats.

Amaury. ¡Mira tú, qué cosa!

Aurora. Fue una de las brillantes actuaciones de Alicia Rico ese día.

Amaury. ¿Cómo llegas a Alegrías de Sobremesa? Cuéntame eso. ¿Cómo se crea Alegrías de Sobremesa?

Aurora. Yo soy una de las fundadoras de Alegrías…, porque en ese año que se fundó, pues nada, estaban los actores principales, las estrellas del humor de aquella época: José Antonio Rivero, estaba Carmelina Banderas, que hacía Rita, Idalberto Delgado, Wilfredo Fernández, bueno, en fin. Y había una muchacha que trabajaba en mi casa, ayudándonos con Mayito (hijo de Aurora y Mario Limonta) que hablaba de una forma muy peculiar, ella hablaba así. (imitando) Hablaba así (hace la manera de hablar de la muchacha) con una dulzura y una sandunga que ella tenía arriba (risas), es de Manacas, y cuando aquello, las trenzas y las cosas que se me echaban un poquito a perder del teatro yo se las daba a ella y ella se las ponía hasta para ir a la bodega, con un contoneo tremendo. Y me dice Mario (Limonta): “Aurora, mira, este es un personaje”. Y yo empecé ¿me entiendes? a elaborar el personaje de Estelvina. Mario habla con (Alberto) Luberta y le dice: “Aurora tiene un personaje que es un banquete”. Luberta le dice. ¡Ah, sí!, dile que venga por aquí para que me explique. Hablé con Luberta y bueno, la idea que yo le di, más el genio que es Alberto Luberta, que es un genio de los libretos…

Amaury. Le ando cayendo atrás para este programa y no lo encuentro por ninguna parte. A ver si tú me puedes ayudar. Ponme una piedra, como se dice.

Aurora. Yo sé, yo tengo para eso.

Amaury. Y entonces Luberta me pone a hacer Estelvina, la Bola de humo de Calimete.

Aurora. Claro. ¿Y llevas cuántos años haciendo eso?

Aurora. Bueno 45 años, vamos a cumplir 46.

Amaury. O sea que incluso has visto los cambios en algunos de los personajes, cuando una persona, desgraciadamente fallece, y el personaje cambia para otro.

Aurora. Y cómo va el personaje adquiriendo otra dimensión según las nuevas generaciones, porque hay varias generaciones que oyen a Estelvina. Ya Estelvina no es la que empezó, sino que se va actualizando con las cosas que están pasando…

Amaury. Con las cosas que están pasando ahora.

Aurora. Las cosas humorísticas de los muchachos jóvenes

Amaury. ¿Te permite Luberta morcillar, o sea, decir cosas fuera del libreto?

Aurora. Bueno…

Amaury. Porque él es una persona de mucho rigor.

Aurora. Sí, sí, pero bueno, algunas veces, que viene bien y uno le pone un poquito de sal y un poquito de pimienta (risas), pero de verdad que con Luberta no hace falta.

Amaury. No hay necesidad.

Aurora. No hace falta porque es una gente que… yo salgo confiada, cojo el libreto en la mano y sé que hay risas, sé que hay de todo porque hay talento.

Amaury. Claro, hay talento. ¿Y cuándo conoces a Mario Limonta? ¿Cómo se conocen ustedes?

Aurora. En el programa de José Antonio Alonso.

Amaury. ¡Ah! ¿desde tan jovencitos?

Aurora. Sí, él vino diciendo poemas, él era estudiante de Derecho de la Universidad. Cuando lo conocí el mulato estaba que era un mangón. Pero yo estaba divina. Ya yo era maestra, tenía mi anillito de graduada de la Escuela Normal de La Habana y él llega un día y me dice: ¿Usted es normalista? Le digo: Sí. Le veo la cara, y digo. ¿eh, y este guajiro lleno de talco, qué le pasa conmigo?

Amaury. (risas) El guajiro lleno de talco.

Aurora. A este conejito, porque se ponía mucho talco, yo tengo coriza, a mí el talco me da coriza.

Amaury. (risas) Ese mulato lleno de talco.

Aurora. ¡Ay, qué va, yo no estaba para eso! Y entonces él insistió, insistió, insistió y nada, nos hicimos novios. Yo tendría 18 años.

Amaury. Mentira, Aurora.

Aurora.  18 años y él me lleva 2, o sea que tenía 21.

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Aurora. Novios. Y entonces a veces en el programa él decía versos, Isolina Carrillo me montaba números, porque José Antonio no quería que yo imitara a nadie. No como ahora, que tú oyes un cantante y se parece a miles. “No, que no cante nada que cante alguien. Isolina, móntale números de autores desconocidos, escribe números para ella, pero no quiero que cante nada, búscale su estilo, búscale su estilo”. Le decía José Antonio a Isolina.

Amaury. ¡Qué bárbaro!

Aurora. Y eso fue lo que hizo Isolina conmigo, que no me pareciera a nadie, que me pareciera a mí y eso se lo agradeceré, tanto a ella como a José Antonio Alonso, se los agradeceré toda la vida. Él me decía, mala, buena, o regular, pero Aurora. No me imites a nadie.

Amaury. Esos son los grandes, esos son los inolvidables. Bueno, pero háblame de San Nicolás del Peladero.

Aurora. ¡Ah, San Nicolás!

Amaury. Porque ese es un programa que la gente extraña, que nadie se explica por qué desapareció, porque fíjate que Alegrías de Sobremesa siguió, y todavía la gente se acuerda…

Aurora. De San Nicolás

Amaury. Era un programa maravilloso. ¿Cómo es que tú entras a San Nicolás del Peladero?

Aurora. Te voy a explicar.

Amaury. ¿Porque tú no entraste desde el principio?

Aurora. No. Mario hacía pareja con Hilda Saavedra.

Amaury. Exactamente, con Hilda Saavedra.

Aurora. Y, ¿tú sabes con quién yo debuto en San Nicolás del Peladero?, con Enrique Arredondo, de negrito y yo de mulata. Éramos unos cirqueros que llegábamos allí a buscarnos la vida. Pero aquello empezó a gustar, porque hacía muchos años que no se veía al negrito pintado y la mulata.

Amaury. Como pareja.

Aurora. Como pareja. Y entonces, bueno, nada el maestro Cheo Belén Puig al piano, tocando y yo cantando, Arredondo y yo. Bueno, eso gustó mucho. A tal punto que Mario hacía su pareja con Hilda Saavedra, pero cuando él ve que estoy apretando la soga con Arredondo, y él en Los Mambises y yo por allá por el teatro, ya yo no era la señora de Mario Limonta, ya yo empezaba a ser Aurora Basnuevo. Entonces se pone un poquito celosito y le dice a Carballido (José Manuel Carballido Rey): “¡Ven acá, Carballido!, ¿por qué tú no haces una escena donde el sargento le levante la mulata al negrito? ¿Tú no crees que eso sería bueno? Porque a mí me gustaría trabajar con mi mujer, chico”. Entonces Carballido le dice: está buena la idea esa, está buena la idea. Sí, sí, vamos a hacer una escena.

Amaury. Carballido era un santo.

Aurora. Era un santo. Vamos a hacer una escena donde suceda eso. Bueno, aquello pasó, pam pam, se formó, se hizo todo aquel libreto que quedó muy bueno, y yo empecé a hacer de la mujer del sargento Arencibia, y Arredondo se quita lo de negrito por primera vez, y empieza a hacer Cheo Malanga.

Amaury. Claro, porque estaban los que hacían los negritos antes.

Aurora. Antes estaban Ramón Espígul, Carlos Pous y entonces, bueno, Arredondo debuta y lo descubren por aquello del negrito, porque ya él estaba olvidado. Él estaba prácticamente olvidado. Nadie se acordaba de él y empieza a hacer en San Nicolás del Peladero el negrito y la mulata conmigo. Me acuerdo que yo le preguntaba a Candita.

Amaury. Candita Quintana.

Aurora. Claro, a Candita Quintana, allá en el Martí, porque yo me sentaba en el camerino para escuchar historias, yo le decía: Candita, ¿y Arredondo? ¿Cómo era Arredondo, Enrique Arredondo, el negrito? Bueno, a él le decían el rey de los campos de Cuba porque él tenía que salir por ahí mi’jita a buscársela, porque esto estaba duro en La Habana.