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Las dueñas de la colmena tienen caprichos y curiosidades. Ellas se procrean en Villa Clara, y si no lo sabía ya despiertan interés en el mercado foráneo.

Por Ricardo R. González

Fotos: Carlos Rodríguez Torres

Parece árabe pero no lo es, ni tampoco alguien que encarna un personaje de determinado serial televisivo envuelto en un ropaje nada común, mas Lisdany Guillén Rodríguez viste con atuendo protector porque conoce muy bien el efecto de esos aguijones que penetran a diario en su piel y dejan marcado dolor, aunque la costumbre lo hace familiarizarse con un mundo en el que está insertado desde pequeño al seguir la tradición paterna.

Ahora tiene 35 años; y de ellos, un década dedicada a la apicultura profesional, esa que le permite conocer que las abejas hembras son las causantes de las picadas ensañadas ante olores fuertes en su hábitat provocados por perfumes, jabones, colonias y hasta por colores brillantes.

Lisdany está al frente de uno de los dos centros reproductores de abejas reinas existentes en Santa Clara, sumados a otros dos en Quemado de Güines, igual cifra en Manicaragua, con la particularidad que el de Mataguá produce reinas ecológicas (*), y uno en las demarcaciones ranchueleras. Está consciente que aquí comienza el ciclo de las colmenas con la procreación de la que constituye la dueña absoluta de los panales.

«Las reinas me han enseñado que son el principio de la producción. Si no existe un buen ejemplar jamás podrá consolidarse una excelente colmena», precisa quien en sus primeros pasos estudió técnico en veterinaria.

Entonces revela algunos secretos como el de la necesidad de tener bastantes zánganos para lograr una reina de calidad. Esta es la única que llega a reproducirse en la colmena, y no deja de manifestar un comportamiento caprichoso.

«Mi padre me mostró el camino. Indicaba que tomara la larva más pequeña a fin de lograr la reina más grande, pero los injertos son complicados y exigen mucha precisión a la hora de lo que se va a hacer porque si escoges una larva un poco adelantada en su desarrollo no se logra una reina óptima, a la vez que no pueden resultar demasiado prematuras».  

UN «PARAÍSO» INDESCRIPTIBLE

Si algo demuestra una organización increíble es el interior de una colmena. La reina constituye la única hembra fértil y deposita los huevos fecundados a fin de originar a las obreras infértiles, en tanto los no fecundados tributan zánganos fértiles debido a un mecanismo llamado partenogénesis.

Tampoco abandona el colmenar salvo para realizar sus vuelos de fecundación o al producirse un enjambre que origina una nueva colonia. Junto a ella conviven obreras y zánganos con sus delimitadas funciones.

Beatriz Viera, la genetista de la UEB Apícola de Villa Clara, describe que están las nodrizas, las guardianas y las obreras que en sus primeros diez días de vida solo alimentan a la reina, ya que todas salen al campo para producir la jalea real antes de pasar a otras funciones.

Y si algo nutre de curiosidad el capítulo de las reinas es que realizan sus andanzas de fecundación en varias oportunidades y tiene su cópula con numerosos zánganos, por lo que guardan el esperma de cada uno de los que «amó».

La nueva reina es virgen y en su vuelo nupcial puede recolectar la esperma de hasta 20 zánganos diferentes a fin de asegurar la diversidad genética en la colmena, pero solo los más fuertes logran clasificar en estos amoríos promiscuos que también les cuesta la vida al ser desgarrados sus genitales durante el acto.

Una vez que la reina satisface su deseo sexual retorna a la colmena y empieza a poner los huevos pasados unos días. A ello se dedicará de manera continua para nunca más salir de su habitáculo.

«Una buena reina debe poner más de 1500 huevos diarios, y en ello también se hace necesario el mejoramiento genético a fin de lograr un feliz resultado», precisa la joven.

En sus labranzas cotidianas Lisdany Guillén reconoce que la atención al apiario exige sistematicidad y aplicación de las técnicas establecidas. Cada lunes sacan a las reinas en unos dispositivos específicos y de manera escalonada. Estas serán eliminadas luego de cumplir la vida útil y se reemplazarán por otras al estar garantizada la producción.

Al colmenar, perteneciente a la UBPC Mártires del Moncada, en la capital provincial, también se han sumado Olga Nerey Herrera y su hijo Dasiel Pérez Nerey quienes confiesan que nunca experimentaron temor para enfrentar los 500 núcleos existentes.

Las reinas viven un promedio de tres años, en tanto las obreras apenas rebasan los 90 días en medio de no pocas dificultades con la floración debido al déficit de alimento natural en medio de una zona rodeada de vaquerías, pero se les suministra alimentación artificial a base de jarabe de azúcar.

Entre los zumbidos provocados por estos insectos Guillén Rodríguez explica que los destinos de la producción de abejas reinas se destinan a los apicultores privados y a las propias brigadas de las UPBC dedicadas a la tarea; sin embargo, Alexander Castro Aguilar, médico veterinario y director de la UEB Apícola de la provincia, asevera que ya constituye un renglón importante sometido a estudios de mercado a partir del interés que despierta en el mundo foráneo.

«Este universo se torna cada vez más competitivo, en el que impera, además, aplicar valor agregado y transferencias tecnológicas como elementos básicos para enfrentar los requerimientos en el exterior», argumenta el experto.

UNA ESCUELA PARA LISDANY

Entre tantos insectos que dan vida a una colmena pudiera resultar complejo localizar a una reina. Por ello algunos apicultores suelen marcarla con un color específico en función del último dígito del año de nacimiento amparado en un código internacional. El blanco está dispuesto para los ejemplares nacidos en el año que acaba en cero o en cinco, el amarillo queda destinado a los que terminan en uno o en seis, el rojo en dos o en siete, el verde (tres u ocho) y el azul para los que concluyen en cuatro o nueve. 

Cada propietario de colmena cuenta con su método y aunque Lisdany García tenga el trabajo de vestirse día a día con su atuendo, y soportar el calor en jornadas agotadoras de verano, no renuncia a un universo que le ha abierto los horizontes ante algo inimaginable y desconocido.

«Nunca soñé cómo era el interior de una colmena hasta que lo vi y me enfrenté a el. Incluso me ha ayudado en mi vida personal desde el punto de vista organizativo», declara quien prefiere el bregar con abejas y no con avispas.

Para aquellos que inicien sus acciones en el mundo apícola les recomienda manifestar vocación y despojarse del miedo a los insectos, solo así se obtendrán resultados esperados.

Por demás, le agradece a su progenitor Daniel Guillén Pérez haberle mostrado el camino de lo que deviene enseñanza y vida.

«Seguiré en este rumbo sin cambios», dijo a manera de despedida antes de adentrarse en su colmenar a fin de seguir de cerca la dinastía de las reinas.

MEMORÁNDUM

— Las reinas por lo general no pican, y miden unos dos centímetros al igual que los zánganos. Resulta más grande que las obreras, y posee colores diferentes sobre todo en el abdomen.

— Se mueve de forma rápida y decidida buscando la forma de esconderse en la colmena como si se percatara que el apicultor está al acecho.

— Rechazan las grandes aglomeraciones de abejas, por lo que huye de los típicos montones que a menudo forman las obreras sobre los panales cuando el operador inspecciona la colmena.

— Aunque las reinas tienen tres años como promedio de vida se hace necesario reemplazarlas cada cierto período para mantener efectividad en las posturas y lograr altos rendimientos.

— En el caso de Lisdany debe sobrepasar la entrega de 350 ejemplares en el año en una provincia que figura entre las cuatro del país que acopian mayores cantidades de miel y está llamada a aportar alrededor de 840 t al cierre de 2020. Cada una fluctúa entre los 3000 euros en dependencia del momento y las coyunturas prevalecientes.

CONTRASTES

No crean que todo es felicidad en un apiario. Existen enemigos poderosos entre los animales encargados de ver a las abejas como presas fáciles.

El escarabajo pequeño afecta de manera drástica la cría del insecto y sus productos, pero no se asombre si conoce que los ratones también penetran en el interior del colmenar para causar grandes estragos.

Otros insectos, como las arañas y pequeños animales, viven de las abejas. Están esos arácnidos que trazan sus estrategias para atacar a los ejemplares adultos; sin embargo, no se descartan las acciones de ácaros alimentados del polen y cuerpos de las abejas muertas, así como los avispones, las avispas y las libélulas con sus respectivos ataques.

El más peligroso de todos resulta el gusano de polilla mayor de la cera causante de las mayores pérdidas, entre otros depredadores que agreden, fundamentalmente, a las colonias débiles.

Por ello es recomendable que cada apicultor permanezca atento a cualquier invasión extraña que aparezca en sus colmenas. Ojos muy abiertos para garantizar la estabilidad.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

(*) Los métodos apícolas están retomando los modos ecológicos para así respetar el equilibrio natural de las colmenas. Vale destacar que Villa Clara dispone de 10 productores ecológicos, unos dedicados a la miel y otros a la procreación de la abeja reina.

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