Observe el daño perceptible en la línea de costa de una playa.

Un estudio fundamentado demuestra que algunas playas cubanas han desaparecido a través del tiempo y que la tendencia va a mantenerse, pero los escenarios se complican con el fenómeno de las inundaciones costeras y la percepción del riesgo que, a pesar de los sofocones, sigue siendo baja.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés, Arelys Echevarría Rodríguez e internet

Cuando Edelkis Rodríguez Moya exploró, por primera vez, las profundidades marinas quedó alucinado. Subió a la superficie sin encontrar la palabra precisa para definirlas, y en sus más de 20 años buceando tiene el privilegio de constatar la belleza de un arrecife, los recovecos buscados por algunas especies a manera de escondite, y los restantes encantos de esas selvas acuáticas que bien constituyen los pulmones del mar.

La vida le ha concedido ese regalo. No obstante, el director del Centro de Estudios y Servicios Ambientales (Cesam) de Villa Clara, confiesa que ya el panorama del ecosistema manifiesta líneas discordantes debido a los efectos de la contaminación, el impacto de las temperaturas en las aguas, la sobrepesca y la muerte de los corales motivada por los potentes agresores causantes de consecuencias irreversibles.

Como defensor a ultranza de la Natura conoce que esa pérdida constituye un mal augurio. Él sabe que no hay reflejo de luna más hermoso que el regalado por el mar ni que en otro lugar existe esa policromía del azul jugueteando con el verde cuando las aguas están apacibles, pero también ha sentido la furia desatada por fenómenos impredecibles como lo fue el huracán Irma que estremeció a Villa Clara.

De hecho el estudio de impacto ambiental realizado tras el paso de la tormenta concluye que Isabela resultó la comunidad más afectada a escala de desastre, mientras Caibarién lo constituyó en el plano de ciudad.

La experiencia vivida con «Irma» no ofrece precedentes. En Isabela la elevación del nivel de la aguas llegó a 1,5 m, y casi la totalidad de la comunidad quedó sumergida con un nivel considerable, por lo que resulta una zona muy vulnerable a las penetraciones del mar y a la prominencia del nivel de las aguas.

«Algo similar ocurrió en Caibarién, pero en menor grado. Fue el consejo popular Punta Brava el más herido. Las aguas rápidamente alcanzaron 1 m de altura».

Pero nuestros científicos no están de manos cruzadas. Hay otras investigaciones en zonas más endebles como son: Juan Francisco, el propio Caibarién, Carahatas, por ser muy baja, y la propia Isabela de Sagua que está incluida en la prioridad provincial entre las comunidades costeras.

EL HOMBRE, EL HÁBITAT… LA VIDA

Los tiempos y las circunstancias imponen retos. Resulta muy difícil para quienes desarrollan su vida muy cerca del mar apartarse de el. Allí están sus barcos, sus historias, las alegrías y tristezas, los cuartos crecientes y menguantes, y ese olor a salitre que prende en la piel curtida por el sol.

Mas, hay que adaptarse y pensar, sobre todo, en la preservación de la vida y de los bienes económicos. Para Edelkis Rodríguez, a pesar de los pesares dejados por «Irma», la percepción de riesgo sigue siendo baja.

«El Cesam trabaja mucho en las comunidades costeras villaclareñas. En Isabela, las 50 casas afectadas totalmente se construyen en la Nueva Isabela, pues las características del país unida a una economía tan limitada no puede enfrentar los altos costos de resarcir continuamente a las familia».

«La intervención humana en las costas y su incidencia desestabilizadora de los ecosistemas han favorecido los procesos de erosión y el retroceso de la línea de costa entre otras irregularidades», sustenta Edelkis Rodríguez Moya, director del Centro de Estudios y Servicios Ambientales (Cesam) de Villa Clara.

— Se habla de estudios progresivos y de penetraciones del mar, ¿cuál es la realidad para la provincia?

— El plan de enfrentamiento al cambio climático denominado Tarea Vida incluye entre sus prioridades nacionales la cayería del noreste, las playas arenosas de Cayo Las Brujas y Santa María, y la ciudad de Caibarién como corredor turístico. Existen diferentes escalas a corto, mediano y largo plazo, pero lo que está pronosticado es que el mar se eleve y que para 2030 haya una penetración de 27 cm más en la zona costera, por lo que impera reubicar las comunidades instaladas en esas zonas hacia tierra adentro y elevar el relieve.

— ¿En torno a las construcciones cercanas al mar?

— Se trabaja con Planificación Física y el Citma en la retirada de aquellas inapropiadas ubicadas en la línea de costa (define el límite entre el mar y la tierra firme) entre 40 m y 60 m; sin embargo, existen sitios estratégicos imposibles de eliminar como un muelle o un punto de guardafronteras considerados vitales, pero una vivienda no tiene razones para estar allí.

— Las tormentas, aunque extremas, constituyen procesos naturales, ¿cuál fue su impresión al hacer el primer recorrido recién pasado «Irma»?

— Pensé que la provincia iba a tardar años en recuperarse. Era tanto el destrozo económico, en la infraestructura habitacional hotelera… en todo, que dije adiós Feria de Turismo. En medio de eso el pedraplén cuarteado. Había una gran incertidumbre que si en noviembre se podía abrir la temporada alta con tantos daños significativos en el aeropuerto internacional Abel Santamaría, y sin embargo en la primera quincena de noviembre quedaba habilitada una parte importante de la cayería.

«El potencial humano destinado a las faenas fue inconmensurable con una velocidad de recuperación increíble. La participación del Citma resultó esencial a partir del programa del vertimiento de arena para la rehabilitación de las playas. Ya se trabajaba en esos estudios desde hace cuatro años a solicitud de ALMEST, pero con el huracán todo cambió. Hubo que modificar de acuerdo con los impactos reales y la situación que presentaba la costa en aquellos momentos.

— Ud. relata el golpe económico, mas cuando vio los desgarros que tocan el alma, ¿qué experimentó como ser humano?

— Es fuerte. Acabando de pasar el ciclón hicimos intentos de entrar a Isabela para ver la magnitud y también medir la penetración y altura de las aguas. No se permitió hasta tanto dieran la orden, y todos lo hicimos al unísono con sus pobladores trasladados en el tren o por el vial. No quiero recordar aquellos rostros al ver el panorama… Hay que ser muy insensible para dar la espalda. Escenas conmovedoras, muchos lloraban, los niños no encontraban explicaciones. El pequeño centro que tenemos allí, con seis trabajadores, los apoyó, ubicamos una planta eléctrica, hicimos recorridos para suministrar alimentos y agua…(La voz de Edelkis se apaga, y prefiere pasar a otro tema),

El Cesam desde hace años trabaja en la rehabilitación de las playas costeras. Una empresa noruega reajustó con la dependencia sus proyectos y de cinco previstas a recuperar: tres en Cayo Santa María y dos en Cayo Las Brujas se lograron seis, con 150 mil m3 más de vertimiento de arena. Es como hacer una nueva playa con un producto de óptima calidad obtenido de una cuenca submarina al norte de Cayo Borracho, muy cercano a Cayo Francés. Ello llevó cuatro meses de trabajo.

Para el colectivo la mayor satisfacción fue la de rescatar el balneario como ecosistema principal que le presta servicio al turismo. Si bien el contrato con la entidad noruega superó los 8 millones de pesos en moneda convertible se cuenta con áreas espectaculares, gracias al aporte, además, de ALMEST, Inversiones Gamma S.A. Gaviota, y otros organismos en lo que se considera la mayor obra de manejo integrado de zonas costeras que ha enfrentado el sistema de Ciencia en la provincia.

— A un estudioso de experiencia hay que hurgarle sus impresiones, compartir o diferir en criterios; sin embargo, me atrevería a decir que el adelanto experimentado por Villa Clara en los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo (PVR) a nivel de país coadyuvó a que los desastres ocurrieran en menor escala…

— «Creo que sí. Nosotros no conocíamos lo que era un huracán categoría 5. Se sabía por referencias, fotos y testimonios, pero no lo habíamos sentido en la piel. Ahí está la plataforma de trabajo en cada municipio y sus zonas vulnerables, la guía de lo que hay que hacer, lo recomendado para las escuelas, lo adecuado para esas instalaciones ubicadas en zonas de peligro, lo inevitable de las evacuaciones. En la medida que los decisores aprecian esa valiosa herramienta tendremos menos impactos sociales, económicos y de vidas humanas».

¿ES POSIBLE SOBREVIVIR?

Categóricamente sí, siempre que el raciocinio humano y sus acciones se adapten y colaboren con los procesos. Edelkis Rodríguez recalca la existencia de estudios muy interesantes respecto a la arquitectura de adaptación.

«Estos nos enseñan los métodos para construir viviendas más resistentes, que tengan la suficiente elevación sobre el nivel del mar, que puedan utilizar la energía del viento a fin de lograr un hábitat confortable, así como la solar destinada a la iluminación y cocción e incluso recoger el agua de lluvia. Hay diseños valiosos en la Facultad de Construcciones de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas que se pueden implementar en estos asentamientos costeros».

Así quedó un segmento del pedraplén luego de los embates de «Irma».

En medio de todo siempre hay algo que llena de esperanza y constituye símbolo de vida. Resulta que frente a Isabela, tras el paso del huracán, se formó un nuevo cayo provocado por un trozo de manglar.

«La tormenta lo arrancó, lo trajo a esa zona, y las raíces comenzaron a expandirse y allí está cayo Irma. Quienes nacen ahora en el poblado se adaptarán a su existencia. Son procesos evolutivos que no pueden descartar las bases del pasado», precisa Rodríguez Moya.

Para las mitigaciones no es solo pensar en las penetraciones del mar y las inundaciones. Será imprescindible que los habitantes interioricen las lecciones aprendidas y que, por sus vivencias apliquen las estrategias de adaptación. Habrá que dedicar espacio a analizar la intensidad de los vientos, en cuanto hemos sido culpables de dañar el entorno y en volvernos cómplices del cambio climático, y nunca olvidar la reforestación como factor indispensable de la vida.

Edelkis, junto a su colectivo, es parte de los miles que han colaborado para que la imagen de Villa Clara cambie y traiga nuevos despertares. Y ahí está el Cesam dispuesto a enfrentar nuevos proyectos, aunque la Naturaleza, en algún momento, ofrezca señales de un mar revuelto.

PARA NO OLVIDAR

— En Cuba el nivel medio del mar ha subido 6,77 centímetros desde 1966 hasta 2015, hecho que pone en peligro las zonas bajas de los litorales costeros, sobre todo las que sufren inundaciones por penetraciones del mar, así como por la sobreelevación marina y el oleaje ocasionado por huracanes, frentes fríos y otros eventos meteorológicos extremos.

— Entre las mareas notables ocurridas en el Planeta aparecen las del golfo de Bengala, con más de 12 m, en 1737 y 1876;  Palm Cristi, Missisippi, (1969); con 7.2 m; Santa Cruz del Sur, Cuba, (1932), superior a los 6 m, y la del golfo de Batabanó, Cuba, (1944), por encima de los 6 m.

ESTE ES EL SEGUNDO TRABAJO DE UN CICLO A REALIZAR EN TORNO A LA IMPORTANCIA DE TENER EN CUENTA LOS EFECTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO.

EL PRIMERO FUE DEDICADO AL CALENTAMIENTO GLOBAL DEL QUE NO ESCAPA CUBA.

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