Por Ricardo R. González

Ilustración: Martirena

Uno de los tantos aportes que regala la comunidad científica villaclareña al Día Mundial del Medio Ambiente es el de haberse adelantado en el tiempo e implementar los estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgos (PVR) como especie de radiografía para las particularidades de cada municipio.

Lo demostró el paso del huracán Irma y ahora la recién tormenta subtropical Alberto en el que luego de un período intenso de sequía ha dejado en un mes la mitad de la lluvia que puede caer en un año debido a ese sistema de bajas presiones, formado en latitudes tropicales o subtropicales, que mantiene características similares a los ciclones.

De no existir estas plataformas las pérdidas serían superiores a las que dejaron gracias, también, al concurso de quienes tienen en sus manos aplicar cada uno de sus lineamientos.

Otro de los méritos radica en que Villa Clara dispone de una Estrategia Integrada de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente que incluye, entre sus direcciones básicas, la gestión de los recursos naturales, apoyados en el agua, el suelo, la diversidad biológica y el potencial forestal.

A ello se suman las investigaciones sobre epifitias o enfermedades que afectan de manera simultánea a plantas de la misma especie en idéntica región motivado por diferentes agentes, sin descartar el seguimiento a los peligros tecnológicos.

Y si de consolidación se trata ocupa un espacio especial la Tarea Vida, incorporada al programa de Medio Ambiente de cada municipio como Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático que ya ofrece signos preocupantes jamás imaginados en años anteriores.

Mas no todo son sonrisas. A mi modo de ver el principal problema madioambiental acumulado en el territorio recae sobre la disposición final de desechos sólidos que no acaba de encontrar la solución definitiva.

Ya sea por falta de recursos o por las conductas humanas impropias que rebasan el límite de lo permisible, pero están latentes. Es inaudito que Santa Clara, por ejemplo, despierte cada día entre lomas de desperdicio en cualquier esquina o segmento de una cuadra. Diría que los microvertederos forman parte de la vida de esta urbe, incluso próximos a centros asistenciales como el que se forma en una de las intercepciones del hospital universitario Celestino Hernández Robau por la céntrica calle Cuba.

A ello se suma el hecho que de los 105 vertederos existentes en la provincia la mayoría afronta serias dificultades en el enterramiento cotidiano de la basura por no disponer de los medios necesarios, sin olvidarse la existencia de 780 fuentes contaminantes de residuales líquidos que entorpecen la calidad ambiental.

En este sentido las implicaciones inciden sobre fuentes de abasto de agua, cuencas hidrográficas y ecosistemas priorizados, así como otras irregularidades que incluyen a industrias, asentamientos poblacionales, y centros educacionales y de servicios.

Acabo de regresar de Santiago de Cuba, y recuerdo que en décadas pasadas viajaban comisiones desde las provincias orientales a tomar experiencias villaclareñas. Me parece que ahora debe ser a la inversa. La llamada tierra caliente resplandece por su limpieza, y ella y su gente forman parte de este archipiélago. Entonces, ¿dónde estriban las diferencias de unos ser más limpios que otros, y de mirar por la colectividad?

En otro orden las pupilas deben estar atentas, además, a la prevención de los incendios forestales que durante el pasado año dañaron 9,4 Ha en bosques de plantaciones.

Si de logros se trata habrá que mencionar la efectividad del manejo de las áreas protegidas evaluada de satisfactorio durante dos años consecutivos, y se avanza en el ordenamiento de desechos peligrosos, en tanto los 13 municipios cuentan con polígonos para la conservación del suelo, el agua y otros renglones con acciones encaminadas a minimizar las problemáticas de erosión, las dificultades del drenaje de los suelos, la compactación, salinidad o baja fertilidad.

Villa Clara tampoco descuida el empleo de fuentes renovables de energía, a tal punto que ocupa renglón principal con 70 bombas sumergibles a base de carga fotovoltaica en el sector agropecuario. Destinadas al bombeo de agua, mientras se labora en la instalación de 560 paneles solares en el sector, al tiempo que prosigue la puesta en marcha de biodigestores en el sector porcino.

Entre avances y reveses se marcha por este 5 de Junio. Las responsabilidades no resultan ajenas, y a cada uno de los terrícolas nos corresponde oxigenar nuestro segmento y evitarles más heridas. Que la jornada se convierta en campaña permanente y no horas y acciones efímeras. La vida, a la postre, no nos perdonaría.

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