Por Ricardo R. González

Ilustración: Martirena

Quedé perplejo cuando escuché decir a la Dra. Barbarita Rodríguez González que el 80 % de la mortalidad en el cuadro de Salud villaclareño durante el pasado año fue atribuible a las enfermedades crónicas no trasmisibles (ECNT), mientras que, aproximadamente, el 30 % de los decesos derivados de estas ocurrió antes de los 70 años.

No soy iluso para comprender que existen patologías de complejo curso originadas por irregularidades cardiovasculares, cerebrovasculares, de las arterias y de los vasos capilares cuya supervivencia depende de las características personales del paciente y de las complejidades evolutivas aparecidas en el camino.

Pero la jefa del departamento de este tipo de afecciones en el Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología (CPHEM) alega que en esta situación figuran, también, la diabetes mellitus, y aquellos tumores totalmente prevenibles como los bucales, de la próstata, el cérvico uterino, el de colon y mamas que se suman a los que incrementaron pérdidas humanas respecto al año precedente.

A mi modo de ver existen factores individuales y otros que dependen de acciones y toma de conciencia por parte de la sociedad.

Desde que uno nace está expuesto al riesgo con detalles sumamente conocidos: Dietas inadecuadas, sedentarismo o inactividad física agravada ahora por los tablets, las computadoras, los juegos aplicados a los celulares, y otros pasivos que enternecen a los jóvenes y no tan jóvenes.

A ellos se agregan diversas modalidades de entretenimiento pasivo, el uso indiscriminado del alcohol y del consumo de sal, en tanto no escapa el tabaquismo que comienza en la provincia desde edades cada vez más tempranas.

Es cierto que la mayoría son tendencias modificables y dependen de conductas humanas. No justifico que una persona carezca de fuerza de voluntad para vencer esos vicios, pero ¿qué puede hacer el ciudadano común a fin de mantener un equilibrio alimentario saludable?

Lo que gana el cubano con el salario mensual queda en las balanzas dominicales del Sandino o en las similares de los municipios. Son pocos los que pueden darse el lujo y pagar 10.00 ó 12.00 pesos para degustar los dos o tres tomaticos que conforman la libra.

Entonces viene el angustioso dilema de los precios —topados o no—. La espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas en busca de la llamada asequibilidad a la hora de soltar los billetes. Caemos en un aterrizaje forzoso al constatar que, en gran parte de los productos, ofertas, y trucos establecidos por parte de los vendedores la realidad, entre lo dicho y hecho transcurre con muchas penas y pocas glorias.

No a todos nos gusta la col o la lechuga, y además no solo de vegetales vive el hombre en tiempos en que ya algunos afirman que hasta la manteca de cerdo abandonó sus signos dañinos.

Falta mucho por hacer en cuanto a las modificaciones del cuadro de salud. Ver los factores de riesgo como algo que, si bien el MINSAP tiene un componente importante, necesita de otros eslabones sumados a la cadena, sin que le reste obligaciones como organismo puntero.

Tampoco creo que se ha logrado la equidad en la calidad de la atención a pacientes con ECNT. Sobre el nivel primario de Salud descansa un rol prioritario no siempre cumplido de acuerdo con las metodologías vigentes para estos casos.

En los consultorios y en cada municipio debe existir mejor control y a la vez seguimiento. Es necesario que la dispensarización se revise con periodicidad, que si el paciente no asiste al consultorio no se deje de la mano y aprecie que su caso constituye una preocupación del binomio de Salud.

Aunque no resulta una generalidad conozco enfermos «encamados» que en contadas ocasiones reciben la visita del médico y la enfermera de la familia, en tanto otros apenas le han visto el rostro al galeno y a su acompañante.

Según la Dra. Leidy García Rivero, especialista en Higiene y Epidemiología en función de las enfermedades crónicas no trasmisibles en la provincia, están implementadas las estrategias de comunicación relacionadas con tabaquismo, sedentarismo, alcoholismo y nutrición a nivel de municipio y en las 37 áreas de Salud villaclareñas.

Esto es correcto, pero si no se accionan en la práctica de nada valdrán sus saludables propósitos.

Es agradable que los estantes de los consultorios estén organizados e impregnados de detalles, pero también el pueblo necesita que exista preocupación por su cuidado, a pesar de que jamás podrá obviarse que la salud lleva un complemento de responsabilidad individual en buena medida.

Ojo con el hábito de fumar en las secundarias básicas y preuniversitarios. Ya desde los trece años, e incluso con menos edad se entregan al erróneo placer de la nicotina y sus sustancias mortíferas.

Tampoco desechemos las opciones de la educación física, los círculos de abuelos y la gimnasia básica como otras modalidades de promover calidad de vida.

Y si se trata de monitorear hechos en cada escenario para disminuir tasas de mortalidad precoz por enfermedades prevenibles pensemos en la situación de los medicamentos con un rostro dañado. Villa Clara presenta cerca del 30 % de los productos del cuadro básico en falta o con baja cobertura y existen enfermos que necesitan fármacos vitales para impedir su descompensación.

Confieso que, de momento, no cambiaría ni una coma sobre lo que escribí en esta misma página, el 18 de noviembre pasado. La «migraña» de los medicamentos, (https://ricardosoy.wordpress.com/2017/11/30/mi-comentario-la-migrana-de-los-medicamentos/) como suscribe el título. Todavía me parece una historia cargada de actualidad y pesadillas. Mientras tanto me pregunto: Prevención ¿por dónde andas?

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