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Por Ricardo R.González

Aunque resulte paradójico las variaciones del clima y los efectos del cambio climático se insertaron al programa de la edición 26 de la Feria del Libro en Villa Clara.

Un interesante paralelo hizo el doctor Guillermo Saura González, al frente del Centro Meteorológico Provincial, al fundamentar que el clima local y regional pudiera compararse con las huellas dactilares de cada persona.

Ello induce a fortalecer la identidad de cada región y sociedad, a pesar de que existan aspectos climáticos que se diferencien de un lugar y otro aun cuando se enmarquen en el mismo país.

Estas aseveraciones formaron parte de la conferencia «El clima como patrimonio natural». De ello se desprende que los aspectos climáticos también forman parte de la idiosincrasia, a pesar de que cada ciudad posea rasgos climáticos que pueden ser identificables y distintivos para su población.

En tiempos en que se evidencian notorios descalabros Saura González aludió al impacto potencial que ocasiona el cambio climático en el patrimonio cultural y natural de la humanidad.

Quedan claras las amenazas del fenómeno, a tal punto que el incremento de las temperaturas promedio reduciría la superficie de algunos países, y hasta unas 12 naciones perderían la mitad de su territorio de aumentar el calentamiento global en solo tres grados.

Respecto a las reiteradas inundaciones en algunas áreas no pueden considerarse como única consecuencia amenazante del cambio climático, pues tampoco podrán descuidarse la cifra ascendente de incendios, las penetraciones del mar hasta niveles incalculables, y el peligro de la conservación biológica y cultural.

La mirada de los expertos y de quienes habitan el Planeta debe ir más allá si se tiene en cuenta que la desertificación, el deshielo de los polos, el incremento de los tornados, las olas de calor, y la acidificación de los océanos atentan también contra el patrimonio de las naciones.

Lo más lamentable es que muchas de estas irregularidades obedecen a las acciones irresponsables de los habitantes del mundo, por lo que el conocimiento y la necesidad de valorar el patrimonio natural, cultural y paisajístico constituye una necesidad social de primer orden para alcanzar el desarrollo sostenible.  

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