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Por Ricardo R. González

Una exclamación única pronunciaron los residentes en el municipio villaclareño de Santo Domingo cuando, a las 6:12 de la tarde de este miércoles 30 de diciembre, pasó ante ellos el cortejo fúnebre que traslada las cenizas del Comandante en Jefe hacia el Oriente cubano.

Fidel, Fidel, Fidel era el grito repetido entre quienes recibieron la Caravana a ambos lados de la calle Independencia. Los que desde horas tempranas desafiaron el impertinente sol para ratificar que, aun marcados por el dolor, habrá continuidad de luchas e ideas.

Allí estaba Daysi González Piedra, una dominicana que le agradece al líder cubano todo lo que es.

«Por mi, por mi familia y mis hijos. Soy una profesional gracias a mi país. Como tantos cubanos me quedé con el deseo de abrazarlo, de sentirlo cerca de mí, y quiso la casualidad que el 13 de agosto de 2004, el mismo día de su cumpleaños, recibiera la excelente atención quirúrgica en el Cardiocentro Ernesto Che Guevara de Villa Clara como uno de los centros que él inspiró. Es cierto que ya no está, pero no lo dejaremos morir con el aporte de todos los que sabemos quererlo».

Y entre aquellos que vencieron las horas y la espera también figuraba Ana Ramírez Pérez. Junto a ella su hija Oraini Camacho Ramírez quien con 15 años no pudo bailar su vals cumpleañero porque permanece sobre un sillón de ruedas.

«Nosotras amamos a Fidel, y aunque mi niña presente una parálisis cerebral infantil sabe leer, escribir, y desde que tenía seis meses emprende el camino de la rehabilitación. Esto se lo agradeceré de por vida al Comandante de siempre, pero además mis padres fueron desalojados en la Finca La Loma durante los gobiernos tiranos, y eso tampoco lo podré olvidar porque son heridas que marcan eternamente».

Ahora comprendo el por qué Ana y Oraini permanecieron en sus puestos por largas horas. Muchos también lo hicieron desde sus sillas de rueda o apoyados en muletas. Ante los ojos de ellos pasó el cortejo en el jeep verde olivo con armones, con su urna de cedro cubierta por la bandera de la Patria y flores blancas a su alrededor como muestra de amor compartido en un viaje póstumo hacia la eternidad.

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