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«En el mundo turístico el 70 % de las aguas que se consumen son naturales. Las de la localidad dominicana disponen de las proporciones necesarias en cloruros, bicarbonatos, calcio, hierro, magnesio y sulfatos, por citar algunos de los componentes», precisa Rodolfo Sánchez Martínez, administrador del complejo.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Amaro me sigue pareciendo un remanso de paz, aunque aparentemente con una vida inerte. Poca recreación en fines de semana, y el habitual ir y venir de su gente humilde que bien saben de manantiales de aguas puras, cuyos componentes químicos otorgan credenciales mantenidas a través de los años.

Sin dudas constituye el mayor tesoro para los moradores del lugar, tan distante de Cifuentes como de Santo Domingo, pero al margen de lejanías sus aguas alcanzaron celebridad desde principios del siglo pasado, cuando, en 1911, lograron una medalla dorada en la capital cubana. Un año más tarde, la historia se repetiría en tierras agramontinas, hasta llegar a la cúspide, en 1917, al conquistar la presea dorada y el Gran Premio en Milano, Italia.

Desde entonces ha llovido bastante; sin embargo, cada visita al complejo Alberto Jaureguí, perteneciente a la Empresa de Bebidas y Refrescos, de Villa Clara, devuelve esa cultura del detalle y la excelente limpieza en cada rincón de las instalaciones. Un rasgo distintivo que identifica a su colectivo integrado por 56 trabajadores; de ellos, 22 mujeres.

Solo Amaro y la unidad radicada en Ciego Montero disponen del máximo distintivo que certifica a sus aguas minerales y naturales en el país, lo que se corrobora a simple vista con la transparencia del producto acompañado de las pruebas de rigor.

Rodolfo Sánchez Martínez (Fifi), es el administrador del complejo, y quien conoce palmo a palmo cada detalle de la unidad. No por azar guía las sendas desde hace 34 años de sus cuatro décadas de labranzas, en el afán actual de producir aguas para envases de 500 ml, de 4 litros, y de 19 litros, cuyos recipientes no vienen de extramuros, pues son elaborados en la propia entidad.

El plan anual asciende a 280 mil cajas de agua. Ya rebasan las 117 mil 330, y cumplen el cronograma según los compromisos establecidos para cada mes.  

UN DÍA DE RUTINAS

Cada jornada comienza bien temprano. A partir de las 7:00 a.m. ya se siente el movimiento de las esteras o la increíble acción de la sopladora que, de pequeños pistoncitos, origina un recipiente en fracciones de segundos.

Esa jornada concluye rayando el mediodía, y a partir de la 1:00 de la tarde se inicia la otra tanda hasta las 4:00 p.m.

En ocho horas cumplimentan de 700 a 800 botellones de 19 litros, y logran 700 paquetes, contentivos de dos unidades cada uno, de los recipientes de 4 litros.

Además del vital líquido, el centro tiene asignada la producción de siropes variados que transitan desde limón, naranja, toronja, mandarina, o cola, en dependencia del suministro de materias primas.

Y una vez al mes llega una pipa de ron para el correspondiente envasado, como anexo que incrementa sus indicadores económicos.

La fábrica de Amaro no comercializa sus productores, solo las produce a fin de que lleguen a sus variados destinos.

Como proceso productivo no todo asume el color de las rosas, y enfrentan múltiples percances solucionados gracias al talento de sus innovadores.

«Por las acciones de nuestro Comité de Innovadores y Racionalizadores (CIR), conformado por 12 aniristas, aliviamos nuestros problemas ante el déficit marcado de piezas de repuesto unido a una tecnología variada procedente de Italia, Brasil y China», admite Sánchez Martínez.

Más de una vez aparecen los contratiempos. Ellos saben que el sistema de tapas destinadas a los frascos de 500 ml a veces impide el sellado total, mientras conocen los dolores de cabeza propiciados por una correa dentada de importación, inexistente ya en el mundo, que no admite adaptaciones. Sin ella es imposible lograr ningún tipo de embotellado, a lo que se suman las irregularidades en el sistema de etiquetas que, sin arte de magia pero con inteligencia, resolvieron la rotura del eje fundamental en apenas 48 horas.    

Fifi no quisiera recordar aquellos tiempos difíciles de los años 90 cuando, prácticamente, el colectivo desapareció. Parecía que la procesadora de Amaro ponía el punto final a su historia hasta que comenzó la reanimación productiva de las aguas con envases importados desde Canadá y República Dominicana.

En aquella etapa trabajaron muy duro. Jornadas de 12 a 14 horas, y aun así lograron cumplir las asignaciones, y aportar más de lo estipulado.

El tiempo pasa y deja huellas. Los pozos tradicionales se mantienen como reliquias, y en la actualidad se explotan los ubicados a 1,7 Km del complejo, con 82 m de profundidad, 42 m de arcilla cálcica, y filtros naturales desde la superficie hacia el fondo, lo que garantiza mayor calidad sanitaria comparada con los precedentes.

Desde hace años desconocen lo amargo del delito y los sinsabores de los accidentes laborales, y regalan producciones limpias que no empañan el entorno, por lo que los próximos sueños rondan por implementar el sistema de gestión ambiental, y aspiran a otros reconocimientos que protejan a la Natura.

Mientras tanto, aunque Amaro nos siga pareciendo un poblado con vida inerte, sus aguas brindan por la salud de todos.

LA MÁQUINA DEL TIEMPO

— Según versiones se ubica a 1812 como el año que marcó el inicio de la primera extracción en los manantiales de Amaro. Unos 50 escalones cubiertos por el musgo sitúan al visitante ante el pozo insignia del antaño complejo, dotado de siete metros de profundidad. Ya no funciona y solo permanece como reliquia.

— Fue a don Eulogio Prieto y Santiso a quien se le atribuye la paternidad del consorcio, cuyo edificio central data de 1942. Para los expertos el secreto del lugar radica en su ubicación topográfica con una zona boscosa muy bien preservada, sin deterioros ecológicos.

— La referencia inicial de esta historia refiere la presencia de un balneario en el área en 1885; sin embargo, investigaciones del colega Evelio Enrique Cruz Domínguez indican que no es extraño su hallazgo en fecha anterior.

— Muchos textos de la época caracterizados por su reconocido aval coincidieron en las virtudes de las fuentes para el tratamiento de úlceras, otros tipos de padecimientos gástricos, e irregularidades del sistema nervioso, por citar algunos.

— Prestigiosos científicos dejaron sus criterios en torno a las aguas de Amaro. El eminente doctor Joaquín Albarrán las consideró como «una gloria nacional», mientras el profesor G. Pittaluga remarcó: «Son las mejores que por su constitución física se conocen, y se emplean, no solo en Cuba, sino en Europa».

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