20140131135515-pol-1.gif

Observe la humedad concentrada en el techo y sus implicaciones en las paredes del inmueble.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Existe un proverbio que reza «todo lo que brilla no es oro», y lo corroboré en el policlínico de Manacas que, desde su exterior, muestra siempre su estado pulcro, pintadito y, aparentemente, sin problemas.

Oiga, tremenda sorpresa al traspasar la puerta de una de sus torres y detenerme en el espacio habilitado para el Laboratorio Clínico, o mejor dicho: el Departamento de Hematología y Hemoquímica donde reinan pésimas condiciones laborales ante el efecto de mini cataratas que corren por sus paredes y techos.

Exagero si digo que son las congeladas del Niágara, mas las del sitio ya impusieron la retirada de una parte de las luminarias a fin de que el agua no causara un corto circuito.

Por otro lado el servicio sanitario de esa porción carece de luz motivado por idénticas razones. De cerrar su puerta aparecerá la más tenebrosa de las noches, aunque el reloj marque las 12:00 del día.

Imagino a un paciente que tenga indicado un análisis de urgencia o a un individuo que, en estos tiempos de males estomacales, tenga que emprender una carrera al estilo de Juantorena.

¿En qué disyuntiva se encuentra? Al menos necesitará de otra persona que prenda un fósforo para lograr que el contenido se deposite en el frasco o en la taza y no corra por el piso.

De las paredes del recinto ni hablar… Parece una «competencia» de altos vuelos para ver cual queda en primer lugar. La humedad saturada en algunas ya traspasa a las vecinas y avizora fatales consecuencias.

Y lo más preocupante es que los trabajadores laboran en sitios de alta peligrosidad para su salud en función de no detener las faenas.

Si usted llega al local donde se realizan las extracciones de sangre el instinto que le da es el de abandonarlo de inmediato. Tres personas allí provocan un hacinamiento total que impide el mínimo confort de un acto no tan agradable como es el de sacar sangre.

A ello se suma la pérdida de equipos tecnológicos sofisticados cuyos datos desaparecieron del display porque no están concebidos para tantos cambios de locales sin la necesaria climatización, Ello indujo a su muerte neurológica y, a la postre, el fin de la vida útil antes de tiempo.

Que fácil —y triste— resulta escribirlo, pero… ¿quién piensa en el costo de esos implementos? ¿cuántas agonías sufre Cuba por adquirir cada unidad? 

Imagine en días de lluvia. Entonces el panorama resulta más crítico porque el agua llega hasta la propia entrada del policlínico y se esparce por el salón principal.

Según el colectivo la situación no es nueva en una entidad inaugurada hace siete años como parte de los programas de la Batalla de Ideas.

Bastaron 12 meses posteriores para el inicio de esta odisea que ha llegado a oídos de todos, desde decisores políticos, gubernamentales, del propio sector,… y aun aguardan las respuestas.

Al parecer no son líquidos albañales. De acuerdo a las hipótesis debe existir alguna tubería quebrada que resulta la causante de los males desde una planta superior donde radica el servicio de Estomatología.

Y la historia se repite. Uno de los graves problemas en este archipiélago recae en el hecho de construir, inaugurar obras aunque le falten detalles elementales, y después NADIE recuerda que existe algo tan necesario como el mantenimiento.

De existir otro gallo cantaría, y muchos de los problemas se solucionarían sin llegar a las grandes inversiones o a lo que constituye lo más común: situar el molesto cartelito de cerrado por reparaciones. 

Este policlínico atiende en su Laboratorio un promedio de 70 a 80 personas diarias que algunas portan de diez a doce indicaciones de complementarios. Manacas no está a doblar de la esquina, y queda algo distante de su cabecera territorial. Si a ello le incorporamos los residentes de comunidades aledañas y muchas ubicadas en sitios intrincados lo menos que se puede hacer es mejorarle las condiciones de vida a las personas ante tantos problemas cotidianos.

Conozco de limitantes y que debe contarse con lo que tenemos, pero a mi modo de ver el asunto requiere acciones ágiles y mentes despiertas cuyas decisiones no perjudiquen a Liborio. Aunque no se ha manejado hasta el momento resultaría inconcebible cerrar esa porción y trasladar el servicio a Santo Domingo cuando, hoy en día, el transporte trastorna hasta a la más equilibrada y flemáticas de las personalidades.

Y mucho ojo ante las nuevas condicionantes de la economía nacional en que todo detalle a ejecutar tiene que estar contemplado en el llevado y traído presupuesto dentro de un saco inmenso de problemas con poco dinero y escasos recursos, por lo que la verdadera prioridad asumirá un rol determinante a la hora de las decisiones.

El sedentarismo mata, pero más grave resulta la inercia mental que inmoviliza a las neuronas. Esa aniquila, envejece, y nos hace actuar como robots indiferentes ante el curso de la vida.

Ya veo que el policlínico de Manacas no es ese color de rosa que exhibe en su fachada. Lástima porque tiene un colectivo consagrado y donde, en sentido general, prima la limpieza, mientras tanto su gente del día a día, esa que ve cómo el agua corre por las paredes y hace estragos se pregunta: ¿dejará de llorar alguna vez? 

También puede ver este material en:

http://ricardosoy.wordpress.com

https://twitter.com/cibergonza