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Un 24 de enero, hace exactamente diez años, la escena, la radio, el cine y la televisión cubanas perdían a una de sus figuras más paradigmáticas: Raquel Revuelta, una actriz cuya estela permanece indeleble no solo en aquellos que la conocieron personalmente, sino en la memoria de generaciones de cubanos que disfrutaron su formidable despliegue actoral, pauta de la escuela cubana de actuación.

Fue el propio narrador Humberto Arenal quien la calificó en el semanario Lunes de Revolución como "una figura imprescindible de la cultura cubana", rotunda y certera definición del también dramaturgo sobre la legendaria actriz de espectacular belleza, quien desde las primeras décadas del siglo XX se convirtió en un mito sobre los escenarios en los cuales se hizo grande.

De procedencia humilde, Revuelta —nacida en 1925— inició su carrera en 1936, en la Corte Suprema del Arte y La Escala de la Fama. Tres años más tarde integró el elenco de la Compañía Teatral de Eugenia Zúffoli y luego pasó a formar parte del Teatro Popular y la emisora Mil Diez, vanguardia ideológica y artística en la radio cubana.

Raquel integró la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, que agrupó a los artistas e intelectuales más progresistas de las décadas del 40 y el 50, y fue fundadora de la Televisión cubana. En el medio audiovisual, la actriz conquistó la popularidad tanto en programas de TV (es inolvidable su Doña Bárbara) como en el cine nacional y extranjero.

En los primeros años de los 60, filmó en nuestro país Siete muertes a plazo fijo, Cuba baila y puso voz a la película Soy Cuba, dirigida por el realizador soviético Mijail Kalatosov. Protagonizó, además, la primera historia de Lucía, de Humberto Solás.

Sobre su actuación en la película de Solás, el teatrólogo cubano Eberto García Abreu afirma: "La candidez, la intensidad, el dramatismo, la belleza y el temperamento depositados en Lucía, convirtieron su entrega imborrable en símbolos distintivos de la carrera de la artista y de toda la cinematografía nacional, a la que ella contribuyó con similar excelencia, en otras películas como Cecilia y Un hombre de éxito, de Solás y en Aquella larga noche, de Enrique Pineda Barnet".

Sin embargo, fue el teatro el medio en donde Raquel se desarrolló y fundó con mayor plenitud. Junto a su hermano Vicente Revuelta y otros seis artistas fundó en 1958 el Teatro Estudio, equivalente cubano al Actors Studio, de Strasberg y Kazan en Nueva York, por la introducción de las técnicas del director soviético Konstantin Stanislavski.

En Teatro Estudio fungió como actriz, directora teatral y general, hasta solo unos días antes de su deceso. Desde allí ejerció la docencia en la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte, y trabajó en la fundación del Consejo Nacional de las Artes Escénicas. Mereció numerosos galardones entre los cuales sobresalen el Premio Nacional de Teatro en 1999, la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier y la Orden Félix Varela.

La actriz se despidió de los escenarios con el Tartufo, de Moliere, estrenado el 28 de febrero del 2003.

Una década ha pasado desde su muerte pero aun así permanece viva en el quehacer escénico nacional. "Su legado es tan grande para nuestro teatro, nuestra historia, que no tiene precedentes", ha manifestado a Granma Julio César Ramírez, director del Complejo Cultural que lleva el nombre de la actriz en la capitalina calle Línea.

"Raquel está presente en todo lo que hacemos. Intentamos acercarnos a lo que ella siempre quiso y por lo que siempre luchó. Nuestra misión es que las jóvenes generaciones conozcan ese paradigma de actriz, directora y promotora de la cultura cubana que fue. Raquel está aquí, en nuestro escenario, todos los días".

(Con información de Amelia Duarte de la Rosa. Periódico Granma)

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