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Por Ricardo R. González

Si la cantante Rochy Ameneiro tuviera la posibilidad de cambiar el universo pretendería que fuera mejor. Lo quisiera con equidad, tolerancia, donde aceptemos las diferencias, y se desterrara la violencia, pero a la vez que las generaciones venideras pudieran salvar nuestros valores, y engendraran sus nuevos códigos en bien de la vida.

Estos deseos me los expresó al concluir su presentación en el Centro Cultural El Mejunje, de Santa Clara, como voz líder de la segunda experiencia del proyecto Todas contracorriente que recorre gran parte de las provincias cubanas.

Una manera distinta de promover los espectáculos hacia la diversidad cultural y la no violencia bajo una fórmula interactiva entretejida por la música y los buenos deseos de que ese mundo mejor escape de la quimera y nos eduque en el día a día.

De manera magistral y apoyado en sus excelentes dotes de comunicador, el doctor Julio César González Pagés, de la Red Iberoamericana y Africana de Masculinidades, impartió el Taller Música por la diversidad cultural y la no violencia, que de una manera ilustrativa se apoya en varios videos clips, de factura nacional, incitantes a las más disimiles formas de denigración del ser humano.

Resulta llamativo que en muchos casos sus «protagonistas» constituyen menores y adolescentes que sustentan prácticas detestables, con el triste saldo de que algunos se han difundido en los canales estatales de televisión, sin un ápice de valoraciones por parte de los realizadores.

De alto relieve, también, la presentación del documental Maestras, de la realizadora norteamericana Catherine Murphy, quien se apoya en las vivencias de nueve alfabetizadoras que, a principios de la década de los 60, rompieron los cánones de su tiempo y marcharon a cumplir la tarea.

Con una óptica de género es apreciable la manera en que cambió la vida para estas féminas. «Constituyó un antes y un después —dijo Murphy—, transformaron a Cuba, y las rígidas concepciones familiares de aquella era».

La gira Rochy 2013 nos regala los acordes del joven pianista Rodrigo García Ameneiro que hace vibrar el piano con sus apenas 15 años. Nadie mejor para acompañar a su mamá en un clásico de Pablo Milanés cantado por los asistentes porque decir Para vivir es un reencuentro con lo antológico del pentagrama cubano.

Después, la vocalista interpretó Tal vez, de Juan Formell, y Sé feliz, de la autoría del ya pródigo Descemer Bueno, para cerrar con el video que respalda la versión de Quisiera, de Gerardo Alfonso, que Rochy lo enarbola como himno hacia ese respeto a la diversidad que tanto necesitamos.

Sin dudas, un espectáculo verdaderamente diferente con mezcla de buen arte, reflexiones  y didactismo, de esos experimentos de nuevo tipo que recrean, nos hacen meditar e irrigan el alma.

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