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Eumel y Lourdes desde la Sala de Geriatría del hospital de Sagua.

Por Ricardo R. González

Fotos: Ramón Barreras Valdés

Ya la piel no es tan tersa ni los pasos tan ágiles como cuando los años juveniles los hacían dueños del universo. Ya las manos delatan cierto temblor al sostener la tacita de café, y los detalles escapan de la mente de una manera tan fugaz que reemplaza las bondades de aquella memoria prodigiosa. Todo queda atrás en medio de esa vejez, dura e irreversible, que llega un día y destapa sus innumerables laberintos.

Cada anciano resulta una particularidad dentro de este mundo cuyos matices corroboran los doctores Eumel Torres Pestana y Lourdes Basanta Marrero, quienes decidieron entregarse a la medicina y escoger esas disciplinas que despejan las incógnitas de los años más avanzados de la vida.

Junto a un equipo multidisciplinario integrado, además, por especialistas de medicina interna, asistencia social y ocupacional, psicólogos, fisioterapeutas, nutriólogos y enfermeros hacen la historia de la Sala de Geriatría perteneciente al hospital Mártires del 9 de Abril de la Villa del Undoso, la segunda de su tipo existente en la provincia y considerada de Referencia por la forma de encauzar su trabajo.

Una especialidad muy sensible que reúne un abanico de problemáticas biológicas, psicológicas, funcionales y sociales para atender a personas con más de 60 años que, por lo general, presentan una de las diez causas principales de ingreso.

Eumel, el joven especialista en medicina general integral y también máster en farmacobiología, sabe que es común hablar de bronconeumonías, anemias en estudio, diabéticos descompensados por irregularidades en el tratamiento o procesos infecciosos, sin descartar la hipertensión arterial, los pacientes con imagen tumoral o metastásica, las sepsis urinarias complicadas, o de los afectados por diferentes neoplásias, entre otras, pero, en lo personal, significa dar amor dentro de esa georontología que aborda el envejecimiento progresivo, dinámico y sin vuelta atrás de sistemas y órganos. Buscar, a pesar de los estragos del tiempo, una calidad de vida tejida con las manos del amor.

Hace justamente cinco meses abrió la unidad. Recuerdan el día inaugural… Contaban con apenas igual cifra de enfermos y en pocas horas se ocuparon las 16 camas. Desde entonces no hay tregua. Sus integrantes sonríen cuando le devuelven la vida a un anciano que pide seguir siendo un protagonista de la existencia, y comparten con ellos hasta ganarse ese espacio reservado en el corazón para los seres queridos. Se irritan al ver ciertas tendencias erróneas entre determinadas familias que ven al Hogar de Ancianos como la solución final para «quitarse al viejo (a) de arriba», o lloran —lo confiesan— al constatar que, a pesar de todos los esfuerzos, la vida marca su minuto final.

«La especialidad —enfatiza Eumel— lleva sacrificios, hay que enamorarse de ella. Cada día abres ese portafolio social que muestra la soledad del anciano, las irreverencias y despreocupaciones de algunos descendientes por quien, en su momento, dio todo, o la increíble fuerza de vecinos agradecidos que no olvidan los aportes de esas personas necesitadas ahora de afecto. Son los propios contrastes de la vida».

Por su parte la doctora Lourdes Basanta insiste en que el anciano se convierte en un niño. Hace una especie de regresión, y en su interior prima como eje del mundo. Siente la necesidad de que lo oigan, y de tener esa mano sobre el hombro que le diga: «aquí me tienes y no estás solo».

Cada día la población recibe los golpes de la vida que conllevan a un desgaste de órganos con la presunta pluripatología de tres o más afecciones en las personas. Para 2025 Cuba figurará entre los países más envejecidos del mundo, entonces el 39,2 % de sus habitantes superarán las seis décadas de vida, mientras tanto, Villa Clara prosigue en la actualidad con la población más adulta del país, y un estimado de más de 150 centenarios.  

Mas no valen recursos y terapéuticas si no iluminamos a nuestros ancianos con pasiones como las demostradas por Eumel y Lourdes que volverían a estudiar medicina y abrazan al prójimo sobre la base de esos valores que forjan y caracterizan al buen médico. Así reciben el aniversario 45 de la inauguración del Hospital, este 9 de Abril.

Dos profesionales, entre muchos, que, entre la beta de poeta de Eumel y la serenidad de Lourdes, no les importa si ya la piel de la vejez no es tan tersa o si se tambalea la tacita de café entre las manos porque hacen de su profesión ese sacerdocio indispensable para abrazar el alma.

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