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En el Día de la Medicina Latinoamericana: !Que suerte he tenido de nacer!

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Un caso extraordinario en la pediatría villaclareña logra reinsertarse a la vida gracias a la tenacidad de un grupo multidisciplinario del Hospital Pediátrico José Luis Miranda y de los centros asistenciales de Remedios.

Por Ricardo R. González

Foto. Ramón Barreras Valdés

Ya está en su casa remediana, pero la vida le hizo sus escaramuzas a Samuel de Jesús Mould Alcántara cuando apenas empieza a descubrir, con sus cuatro años, ese mundo de la infancia matizado por la inocencia. Y su compleja historia comenzó por una simple caída provocante de una lesión en el codo.

Un rasponazo que enrojeció un poco la piel sin mayores consecuencias. Quince días después su abuela Concepción Navarro Alvarado recibió una llamada del círculo infantil Lula del Valle notificando la fiebre alta del menor, y como familia preocupada tocaron de inmediato a la puerta del doctor Manuel Márquez Borroto, el pediátra que siempre ha atendido al pequeño y quien dispuso el oportuno tratamiento.

Sin embargo, un día después cuando el niño trató de incorporarse de la cama no pudo caminar, por lo que sugirieron la valoración inmediata de un ortopédico. Por la inmovilidad se presumía una artritis séptica, pero la fiebre ya había cedido, y no se descartaba una presunta sinovitis de cadera que ya había padecido el menor en el primer año de vida.

José Artiles, el ortopédico, no descuidó a su paciente, y más ante un cuadro acentuado con dolores en el otro pie, además de disnea o falta de aire, y abdomen distendido.

Cuando Samuel llegó al Hospital General de Remedios ya estaba grave. No había tiempo que perder, y desde allí se coordinó con el Pediátrico de Santa Clara.

Sobre las 2:00 de la tarde la ambulancia de cuidados especiales emprendió su trayecto hacia la capital provincial. Un equipo multidisciplinario aguardaba para el ingreso en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). La cama 6 era la destinada, pero sobre el mediodía del siguiente día todo cambió. Samuel Mould se convertía en el caso más crítico de la sala, y era necesario acoplarlo al presumirse una sepsis generalizada o shock séptico, aun sin localización.

La familia sufrió momentos duros. El menor estuvo 12 días en intensiva; de ellos, nueve acoplado. A las cinco jornadas abrió los ojos. Su mamá Lissette Álcantara Iznaga no bajó de la sala. Pasó nueve días en que apenas tomó agua. El padre de la criatura, Adrián Mould Navarro, afuera, y parte de la familia también.

Poco a poco el niño respondió a los severos tratamientos que requirieron antibióticos de extremos costos.

«Recuerdo las palabras del doctor William González Luzardo que siempre llevaré en mi vida cuando un día, antes del pase de visita, se acercó a la cama y dijo: «Bienvenido Samuel a la vida». Aquello me dio una fuerza total porque imaginé que mi hijo estaba salvado», confiesa su mamá.

Y llegó el momento en que comenzaron a quitarle todos los aparatos hasta que luego de 12 días fue remitido a los servicios intermedios donde se mantuvo asintomático, y logró su pase para la sala de Pediatría.

Cuando todos imaginaban un pronto egreso retornaron las complicaciones ante un derrame pleural. Otra recaída sin llegar a la extrema gravedad.   

«El trabajo de esta dependencia resultó encomiable. Hubo necesidad de solicitar medicamentos que requerían de una pormenorizada argumentación para suministrarlos por vía endovenosa, durante 10 días, y trasladar equipos de la UCI para Pediatría», asevera Lissette.

Luego de 35 días de hospitalización, en medio de incertidumbres, encrucijadas, desesperaciones, esperanzas… Samuel Mould Alcántara recibió el alta hospitalaria. Una especie de fantasía se apoderó de su familia ¿Sería cierto luego de la odisea vivida en tres servicios hospitalarios diferentes?

«Nos invadió la alegría, las confusiones… Vernos rodeados de todos los que hicieron por nuestro hijo. Soy un padre eternamente agradecido, no hay palabras para abrir el corazón y dejarlo que exprese porque todo se lleva muy adentro, desde pantristas, trabajadores de limpieza hasta el más connotado de los especialistas. No quiero pronunciar nombres para no olvidar a nadie porque sería imperdonable, pero sepan que jamás se podrán arrancar de la familia Mould Alcántara», sustenta Adrián, el padre emocionado.

«Gracias a la vida, a la ciencia, a Dios, a la vecindad, a los compañeros de trabajo, y a todos los que demostraron esa familiaridad inigualable que corre entre los cubanos».

¡UN MILAGRO! 

Día a día los doctores Idalis Álvarez González, jefa del servicio de cuidados intensivos pediátricos, William González Luzardo, y Yoandra Acevedo Rodriguez enfrentan, entre muchos, los sortilegios de la vida. Cada paciente es un reto, con una historia peculiar e importante, y mas cuando enfrentan a las familias que confían y les dicen: «Mi hijo (a) está en sus manos».

Eso conmueve, al decir de William, y el caso de Samuel constituye  un hecho atípico, aunque en los últimos tiempos ocurre con mayor frecuencia. De cuatro pacientes que han presentado dicho cuadro en este año solo él sobrevive.

«El traumatismo en uno de sus codos le provocó una estafilococemia. Algo severo desde el punto de vista clínico por las consecuencias que deriva. Hizo muchas complicaciones que comprometieron todos sus sistemas: respiratorio, cardiovascular, hematológico, y digestivo a punto del estadío terminal».

En toda la literatura se presentan como afecciones de rápido avance y desenlaces fatales. Saber que estábamos controlando la infección devino satisfacción nuestra» recuerda la doctora Álvarez González, quien asevera que «ningún padre está preparado para un final, por eso tenemos que comunicarnos y que mamá y papá se incorporen a las entrevistas médicas porque allí se habla muy claro, y en ocasiones hasta crudo sobre la situación del menor. Usted puede hacer la mejor medicina del mundo que de no existir buena comunicación las cosas no fluyen».

Autodefinida como romántica y melancólica, la joven galena trata de crear su muralla ante los reveses profesionales. «Tengo que sobreponerme a los momentos duros. A solas lloro cuando hacemos hasta lo imposible y no podemos salvar a una criatura, a lo mejor nadie me ve, mas imperan los mecanismos a crear para no derrumbarme, pero la sensibilidad de todo el equipo es lo que marca la diferencia, y todavía me estremece mucho cuando un padre, aun con su hijo fallecido, nos da las gracias al retirarse y marchar sin un resultado feliz. Son cosas inexplicables»

Muchas historias atesoran esas doce camas de la UCI villaclareña desde que comenzó a tributarle a la vida en la década de los 80. Solo familiares y guardianes de la salud lo saben y agradecen ese acople de profesionales y seres humanos que luchan a diario por la existencia de la infancia, pese a enormes dificultades. Si con muy pocos recursos hacen mucho, cómo sería de contar con todo lo que verdaderamente necesitan…!Ahí está el milagro!

Mientras tanto, Samuel Mould Alcántara sigue viendo en su televisor esas ardillitas inquietas que mueven la imaginación infantil, o presto a escuchar los tiernos cuentos que su abuelita Conchita lee impregnándole el amor del profundo magisterio, o responder ante un consejo que el abuelo Arturo sugiera como voz de la experiencia.

Así aguarda Samuel cada jornada en espera de que Lissette y Adrián retornen del trabajo para darles el beso del reencuentro. Atrás quedan los malos ratos porque Samuelito es de los infantes que puede decir y con ganas… que suerte he tenido de nacer.

MEMORÁNDUM

— El estafilococo habita sobre la piel, si esta se lesiona corremos el riesgo de favorecer la diseminación de la bacteria a través de la sangre al penetrar al organismo, y comprometer los sistemas vitales del individuo.

— Dicho estafilococo desarrolla mecanismos de defensa contra los antibióticos, y requiere otros de más amplio espectro para tratar de vencerlo.

— Puede invadir al organismo por traumatismos, estados de inmunodeficiencia, neumonías, procesos respiratorios sin la debida atención. Por lo general afecta a una articulación, y a los pocos días manifiesta los síntomas.

— Aparece en la lesión de la piel una coloración enrojecida, acompañada de dolor, fiebre, malestar general, o episodios respiratorios si es debido a esta causa.

— El cuadro no descarta su deterioro de manera vertiginosa, y demanda curas en el quirófano o hasta sometimiento a diálisis.

CONTRASTES

Si la pareja de Lissette y Adrián tuvieran que realizar su relatoría dirían que están sumamente agradecidos del país donde viven.

Samuel, único hijo, es fruto de un tratamiento por infertilidad que duró ocho años para lograr la descendencia.

Imaginan que, de residir en otros lares, no les alcanzaría su capital a fin de pagar el precio de la felicidad.

Lissette recordaría cuando la doctora Idalis le dio fuerza para enfrentar su situación como madre en medio de aquel vendaval en que su hijo se debatía entre la existecia y la muerte.

Adrían no olvidará esas medicinas espirituales que recibió cuando los galenos le impregnaban optimismo bajo el precepto de que «mientras hay vida, existen esperanzas», como tampoco el costo de medicamentos tan altos y la estancia en una sala cuyo saldos se elevan de manera considerable.

Y, por sobre todas las cosas, se preguntarían si hallarían en otro lugar a un pueblo que pidió mucho por el restablecimiento del pequeño. Creyentes o no, allegados o no, seres humanos remedianos, santaclareños, o no importa de qué demarcación compartieron el dolor y las horas de incertidumbres ante un niño en estado crítico.

¿Acaso Lissette, Adrián y el resto de la familia encontrarían esos valores inigualables?

Nadie mejor que ellos para responder cuando se tiene tan de cerca los quilates de la grandeza humana en horas en que los infortunios de la vida rompen el corazón.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

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