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Por Ricardo R. González

Dentro de poco el Planeta volverá a acordarse de las deudas eternas con el macromundo del Medio Ambiente, y la Organización de Naciones Unidas (ONU) dedicará la jornada del 5 de Junio al empeño de hacer de la Energía Sostenible un sentido común para todos.

Al repasar resultados Villa Clara muestra tenues saldos que apenas permite algunas acciones dirigidas al uso de sus potencialidades.

Todavía el empleo de la biomasa, obtenida a base de bagazo y paja de caña para suministrar la energía necesaria a la industria azucarera durante el proceso productivo, sin menospreciar el aporte al Sistema Energético Nacional, no resulta óptimo, como tampoco se alcanza el uso deseado del biogás en toda su magnitud.

Ni las empresas porcinas ni aquellas pertenecientes a los complejos azucareros están a las anchas en la utilidad que reportan dichas fuentes, como distantes nos situamos, también, en la llamada energía eólica capaz de transformar la energía mecánica en eléctrica aprovechando la fuerza del viento.

Si bien los paneles solares se redistribuyen en el territorio no es menos cierto que tampoco encuentran la explotación totalitaria de sus potencialidades, ni siquiera en la infraestructura hotelera de la cayería del noreste.

En medio de un panorama con más debilidades que fortalezas llama la atención las iniciativas del Ministerio de Ciencia, Tecnología, y Medio Ambiente (CITMA) del territorio, que sin esperar a normativas del nivel central, emprende, a mi entender, uno de los tantos caminos de respuesta a los Lineamientos de la Política Económica y Social con una manera de actuar diferente.

Si se habla de energía sostenible ¿por qué no pensar en residuales, suelos y muchos más renglones que resulten verdaderamente sostenibles? ¿por qué no ver a los residuales como algo que pudiera aportar, y no como esa muralla detestable que deja el sabor de lo negativo?

Biomasa y biogás son expresiones del uso sostenible de residuales, mas ¿por qué desestimar la posibilidad de que la vinasa de las destilerías pueda convertirse en una opción dirigida al fertiriego?

El CITMA ya piensa en sus encuentros con las entidades hacedoras de proyectos constructivos porque es aquí donde se definen los pilares de la entidad, y entre ellos el tratamiento de los residuales.

En este último aspecto prevalece, hasta ahora, la visión de lograrlo todo a través de las lagunas de oxidación; sin embargo, ¿quiénes han pensado en otras maneras de revitalizar los residuales y obtener nuevos productos o subproductos que eleve la eficiencia económica, y permita crear un nuevo valor con menor costo?

Ahí están las claves para lograr un reordenamiento distinto de los desechos líquidos y sólidos, y cambiar esa manera de actuar que conlleva a botar lo que puede ser utilizado.

Por supuesto que las pretensiones del CITMA son realizables pero deviene asunto de todos, y, principalmente, de quienes asumen responsabilidades en las empresas que están llamados a un cambio de mentalidad en busca de esas neuronas intranquilas con destierro al inmovilismo.

Cambiar algo no se logra de la noche a la mañana, máxime cuando antecede una era de indisciplinas, derroches, y «despelotes» que en muchos casos enquistaron la materia gris cerebral para convertirnos en autómatas del día a día.

Por ello se requiere de un trabajo integrado con muchos cómplices. Llámense planificadores, físicos, proyectistas, expertos en el Servicio Estatal Forestal, en Suelos, Recursos Hidráulicos, y con el apoyo de las direcciones de Economía y Planificación, sin declinar la savia comunitaria, porque de no incluirse estos rubros en los planes de seguro pasarán sin ver la luz.     

Cuba es un país que acuña el síndrome del reunionismo. Para casi todo se convoca a tediosas reuniones que en muchos casos poco o nada aportan. En un mundo donde el barril de petróleo danza entre los 100 y 120 dólares, sin saber cómo se va a inclinar ese cachumbambé al siguiente día, habrá que agilizar acciones.

De nada valdrán seminarios, talleres, conferencias, vídeos… sobre energía renovable si después se engavetan porque pesan más las exigencias ante el cumplimiento del plan técnico económico, el ahorro, la defensa, u otras detalles priorizados que le restan importancia a los que, supuestamente, aparecen como insignificantes.

Ojo con esto. Las fuentes energéticas influyen en todas las esferas de la vida, y la falta de acceso a sus vías no contaminantes obstaculizan el desarrollo económico y social en un universo donde un 21 % de la población mundial no tiene derecho a las alternativas de la modernidad, mientras el 40 % depende de la biomasa tradicional o del carbón a fin de satisfacer sus cotidianidades.

Llega otro Día Mundial del Medio Ambiente cargado de innumerables heridas. Otra vez promesas que a lo mejor quedan en el estrecho marco de las 24 horas del 5 de Junio, mientras tanto me sigo haciendo la pregunta: ¿Aplicamos en la actualidad una energía verdaderamente sostenible?

Me parece que la siento distante.