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Blanquita Becerra (Cuba)

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Por Ricardo R. González (*)

Era admirable ver el rostro de Blanquita Becerra en la Televisión Cubana, y apreciar su lucidez y vitalidad al margen de su avanzada edad.

Este 27 de abril hubiera cumplido 125 años desde su nacimiento en nuestra ciudad de Santa Clara allá por 1887.

Actriz y cantante soprano demostró la valía de los grandes sobre el escenario cuando sorprendía a muchos con sus monólogos y cuplés en el circo teatro Estrella donde Sindo Garay trabajaba como trapecista y realizaba determinadas presentaciones junto a ella.

Su verdadero nombre era Blanca Rosa Anastasia Becerra Grela, pero no fue hasta los 17 años en que debutó como cantante lírica, un género al que estuvo ligada durante 48 años adjudicándole numerosos premios en Cuba, México, Estados Unidos y España.

El compositor cubano Jorge Anckermann la tuvo entre sus principales intérpretes, y parte de esas composiciones conformaron algunos discos editados por los consorcios Columbia y RCA Víctor convertidos en los más relevantes de la época.

Sin embargo, un padecimiento de laringe que conllevó a la intervención quirúrgica coartó su carrera como soprano, pero las puertas del arte no se le cerraron al proseguir su camino como actriz genérica y dentro del teatro bufo del archipiélago.

Nadie podrá olvidar su parodia de «Si me pides el pescao», como tampoco su vínculo con el cabaret, por ello era frecuente en los salones principales de los hoteles Capri y Habana Libre, ambos situados en el corazón habanero, sin obviar sus presentaciones en espacios radiales y de la T.V.

También el séptimo arte recogió sus peripecias en el celuloide, y formó el trío Becerra, junto a sus hijos Esther y José, con la finalidad de hacer pequeños segmentos humorísticos .en sus giras por todo el país.

Entre sus actuaciones más notorias se recuerdan las representaciones de guajira, mulata, gallega o jamaicana. Y quedará para siempre su interpretación de lujo de la Dolores Santa Cruz, en la zarzuela Cecilia Valdés, cuando ya sumaba 84 años.

Según los biógrafos, la Becerra animó una peña de trovadores, que se realizaba en el patio de una casa donde residió en Las Tunas, devenido espacio cultural.

Allí departía con artistas cubanos y personalidades de aquella región.

El 30 de octubre de 1985 La Habana le dio su adiós definitivo. Ya no disfrutaríamos más de la gracia de Blanquita, pero ello no le priva de seguir siendo inmensa dentro de la cultura nacional que la premió con su máxima distinción.

Para ella, un trono entre los de siempre.   

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

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