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Ignacio Piñeiro (Cuba)

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Por Ricardo R. González (*)

Ayer, 12 de marzo pero de 1969 falleció en La Habana uno de los más trascendentales compositores de todos los tiempos. Bastaría decir solo «Échale salsita» para que el nombre de Ignacio Piñeiro resulte inmortal.

Había nacido en la capital cubana el 21 de mayo de 1888, y desde muy pequeño abandonó su barrio natal de Jesús María para residir con sus padres para el de Pueblo Nuevo en el que inicia su vida desde el punto de vista musical.

En un principio cantó en coros infantiles, pero la vida le impuso trabajar en diversos oficios entre los que ejerció como tonelero, fundidor, tabaquero, portuario y albañil.

Sin embargo, la música la traía impregnada en su sangre, y asimilaba, de manera paralela, los toques y cantos de los cabildos africanos de su barriada de residencia.

Ya en 1906 forma parte de la agrupación de clave y guaguancó Timbre de Oro en el que sobresale al improvisar la décima. Luego dirigió el grupo Los Roncos y se dedicó a las composiciones corales de las que surgieron «Mañana te espero niña», «Cuando tu desengaño veas» y «Dónde estabas anoche».

La historia recoge su paso por la agrupación Renacimiento, y ya en 1926 ocupa un plaza como contrabajista del Sexteto Occidente de María Teresa Vera.

Con esta nómina viajó a Nueva York, y a su regreso fundó el Septeto Nacional que por aquella época era simplemente sexteto.

Lo suficiente para emprender giras internacionales; sin embargo, en 1932 visitó a La Habana el compositor norteamericano George Gershwin, y asistió a la emisora radial CMC que contaba con un espacio del Septeto Nacional.

Allí entabló amistad con Piñeiro, y recogió anotaciones musicales de las obras del compositor. De esto se derivó «Obertura cubana» a partir de la cual Gershwin utilizó temas del son pregón «Échale salsita».

La versatilidad del criollo lo llevó a componer sones, son montunos, guaguancó, canción son, guajira, afro son, congas, villancico, tango congo, plegaria, lamento y pregón, entre otras manifestaciones.

Su repertorio sumó más de 320 composiciones, y entre las más populares se situaron «Cuatro palomas», «Esas no son cubanas», «Suavecito», «Buey Viejo», «Entre tinieblas», y, por supuesto, su mundialmente conocida «Échale salsita».

Así Ignacio Piñeiro dejó su impronta para ser legado de la música cubana de siempre. De esa que perdurará a través de los siglos.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

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