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Sara, juglar siempre viva

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Por Ricardo R. González

Amigos, hace mucho tiempo tuve el privilegio de conversar con Sara González. Andaba de gira por Villa Clara acompañada, entonces, por su grupo Guaicán. Nos reunimos en la habitación de un hotel, y me confesó «Ya cumplí 40 años y se me hace urgente aprovechar cada momento».

Ahora que ha partido, retomo aquella entrevista y la comparto con ustedes como tributo hacia lo eterno.

Allá por la década de los 70 una trovadora despertó la curiosidad de muchos de los seguidores de aquel espacio televisivo Buenas Tardes que nos llenaba un segmento de cada domingo.

Salió desde el final del público, guitarra en mano, hasta ocupar el set, mientras su voz prodigiosa retumbaba con el tema de la aventura Los Comandos del Silencio, en boga por aquel tiempo.

Así, Sara González emprendía un camino sin retrocesos en el arte de expresar a su manera.

«Un hombre se levanta, temprano en la mañana»…Esa anécdota me la recordaste —dice Sara— me parece que fue ayer, no me doy cuenta que el tiempo pasa y tiene ya 20 años», sentencia como parte de su filosofía.

Ahora está inmersa en múltiples proyectos como productora de discos, compromisos internacionales en Cosa Rica, Colombia, Venezuela y Nicaragua… parece no cansarse jamás.

«Las Saraciones», una de sus peñas para el reencuentro con su público en la Quinta de los Molinos, pretende convertirla en un foco cultural del centro de La Habana.

«Me estoy dedicando, además, a la promoción, a sugerir ideas de dirección, de guiones». Prueba de ello será un espectáculo solicitado por la alcaldía de Roma que visitará a Italia con una amplia embajada cubana en todas las manifestaciones del arte.

— ¿Y qué hay con la compositora?

— Se hace algo, no creo en eso de que las musas bajen, pues he trabajado en la creación por encargo, por solicitud de alguien en específico o por la necesidad de decir en ese instante.

Ideas no me faltan. Escucho mucha música y digo «caramba, eso mismo es lo que yo quería decir». Entonces ¿para qué llover sobre mojado?

Hace algunos años Sara integró junto a Virulo, Jesús del Valle, Mirtha Medina, Jorge Guerra, Carlos Ruiz de la Tejera, y otros, el Conjunto Nacional de Espectáculos. El éxito local y foráneo de cada puesta fue rotundo…

— Dónde está la humorista y comediante?, ¿acaso desapareció?

— Esa resultó una etapa muy interesante, muchos me censuraron, pero me llenó de experiencias vitales, a tal punto que cuando regresé de nuevo a cantar vine más madura, sabía lo que quería hacer en la escena, cómo mesurar la pasión y en qué momento ofrecerla.

El buen humor lo respeto muchísimo, y allí se hacía muy buen humor, y es posible que cualquier día vuelva a retomarlo porque para mí no fue tiempo perdido.

— Cuando de piezas antológicas se hable habrá estandarte perenne para Su nombre es pueblo. Vivencias inolvidables en el teatro del Kremlin, un nudo en la garganta ante compatriotas en Angola, escalofrío estremecedor en la Plaza de la Revolución… ¿Qué sientes luego de cada a capella?

— No puedo cantarla de otra forma porque la historia de esta canción es parte de todo el mundo, su texto se hace universal. Nunca la programo en un concierto, y no quiero convertirla en un slogan o en algo reiterativo.

Por lo indescriptible que siento y la honra personal  la interpreto cuando las circunstancias me lo piden, cuando brote por la emoción de algo que haya ocurrido y lo merezca, no por simple complacencia.

La disciplina en Sara es régimen de vida, adora a su grupo Guaicán al que considera su familia, siente la amistad como ese «amor de millones», y ve en aquel Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC la escuela más fuerte.

Habla de Silvio, Noel, Eduardo, Sergio, Leo… y acentúa a Pablo «por enseñarnos las intrigas y vericuetos el escenario. Me ha donado de su dinero todo el equipamiento de sonido. También lo hizo con Xiomara Laugart, Adalberto Álvarez y la Original de Manzanillo. Solo un Pablo Milanés hace esto».

— Sobre la música cubana ¿qué piensas?

— Voy a referirme a la buena música cubana. Es elaborada, superior a mucha de la que suena en América y en otras latitudes, pero arrastramos los archiconocidos problemas de la difusión y publicidad. Ha sido un mal trabajo en estos aspectos y de quienes mueven la cultura cubana internacionalmente, no se aprovechan los triunfos de los nuestros, y sin embargo, ahí tienes al famoso «General», en mi concepto anticultural, y ya ves la difusión y como lo «alimentamos aquí»

Sara sigue siendo la tímida en extremo, la tensa disimulada sobre las tablas, la típica cubana cuando suelta su humor, la misma anhelante de un público heterogéneo, y quien siente la popularidad como el respeto al respetable con decoro y dignidad profesional.

— A los 40 años cómo ves a Sara González?

— Juglar siempre viva, partidaria eterna de lo inconforme, pensando que lo último realizado nunca es lo supremo, que andas aún como el primer día en que subiste a un escenario.

Me gusta lograr las cosas pero que me cuesten trabajo porque seguiré yendo a la montaña y amando a esta tierra presente en continentes, en la añoranza de las distancias, inseparable en mi canto.   

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