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Jorge Félix Gutiérrez rodeado de parte de sus afanosos trabajadores Lidio Garmendía, Francisco Martínez, Enildo Verona y Juana María Llerena.

Por Ricardo R. González

Foto: Bárbara Fortes

Cuando Quemado de Güines aguarda por el nuevo día ya hay hombres y mujeres que adelantan su amanecer. El clásico chasquido de las escobas delata la nobleza de unos seres convertidos en cómplices de la barriada a la que tratan de restaurarle la higiene de cada jornada.

El saludo tempranito de los vecinos, acompañado del buchito de café, resulta para ellos la mayor recompensa de una labor iniciada cerca de las 4:00 de la madrugada en las cinco zonas habilitadas en el terruño. Desde Carahatas y Lutgardita hasta Riquelme, Panchito Gómez Toro, y la cabecera municipal.

Poco a poco devuelven la pulcritud al entorno, al margen de lluvias, frío, catarros, o quién sabe, pero dispuestos a compartir experiencias e impedir que de la tierra del Guajirigallo se marche el primer lugar mantenido en la emulación de los servicios comunales en el ámbito provincial.

Para ello no hacen nada mágico. Es insistir en esa premisa encaminada hacia la excelencia, sin apartarse de las particularidades de los trabajadores a partir de la existencia de un consejo de dirección con acciones muy precisas.

«No hay triunfo si no tenemos en cuenta al hombre, si desconocemos cómo pueden pensar y actuar nuestros obreros», afirma Jorge Félix Gutiérrez Guzmán, al frente del sector en el municipio y a punto de cumplir ocho años en la tarea.

Dejar el aula, la pizarra, el bullicio de los alumnos, y enfrentarse a otro tipo de magisterio fue una misión asignada. Es profesor de Español y Literatura, y confiesa que así también educa y aprende a diario.   

REGOCIJOS E INSATISFACCIONES 

Si existe voluntad y salud no importa la edad. Por ello hay trabajadores en Comunales con 80 años convertidos en los educadores de quienes suman 20, 40 ó 60. Unos 134 orfebres dan vida al sector que incluye servicios necrológicos, atención a las áreas verdes, higiene comunal y ambiental, y los restantes perfiles.

«Iniciamos el proceso de reordenamiento laboral desde tiempos atrás, y hoy cada quien tiene sus objetivos. Si algo caracteriza a Quemado de Güines es la no existencia de microvertederos. Existían dos enormes, y uno de ellos lo convertimos en el Parque 50 aniversario de la Revolución bajo el cuidado de los propios vecinos y el trabajador de áreas verdes, y el otro se transformó en un parque infantil dotado de sus equipos», argumenta Jorge Félix.

Por el entorno territorial existen depósitos, contenedores o cestos fijos a fin de evitar que los desechos empañen el ornato; sin embargo, la indisciplina social se concentra en el estiércol diseminado por el pavimento.

Es triste que esos hombres levantados desde la madrugada no vean papeles ni otros desechos cuando regresen al segundo barrido de su área, si no el «regalo» dejado por los equinos.

Otro de los inconvenientes del sector radica en que tampoco logran          

la producción de flores de calidad. Se establecen cinco docenas por persona, y allí quedan entre 2,5 a tres, aunque existen proyecciones hasta 2016 con vistas a soluciones.

En tiempos de carencias el municipio aplica alternativas en la búsqueda de fondos económicos que reviertan en el propio trabajo. Los insumos garantizados deben durar el tiempo establecido, y solo

tres planteamientos aparecen en los registros de las asambleas de Rendición de Cuenta, cuyas soluciones no están al alcance de las manos.

Con un vertedero municipal convertido en referencia del país y otros distintivos labran la cotidianeidad del trabajo, y si algo refuerzan los quemadenses es que el escaño cimero de la lid provincial no se irá de su tierra porque hay bondades y corazones para extenderlos más allá del crisol.