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Por Ricardo R. González

A Anabell López Domínguez la conocí cuando la novísima Trova cubana trajo su voz fresca junto a la de Santiago Feliú, Donato Poveda, Xiomara Laugart, Alberto Tosca, y el grupo Arte Vivo.

Por entonces nos regalaba sus «Jóvenes de hoy», se distinguía en aquella «Canción a un viejo trovador», o mostraba la inigualable «Como una campana» que formaron parte de su primera producción discográfica bajo el sello principal de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM).

Desde aquel momento algo me decía que era una voz a seguir en una hermosa mujer bendecida por el arte. Y el tiempo me dio la razón cuando obtuvo su premio en uno de los concursos Adolfo Guzmán con «Este canto de amor», del binomio Leyva- Galbán, o al formar parte de Gala, un espectáculo que, por la década de los 80, recorría la ínsula en su caluroso verano e invitaba a lo más representativo de las voces cubanas y de las existentes en los países socialistas de Europa.

En aquella oportunidad Mirtha Medina y ella constituyeron lo más esperado por los cubanos que acudían a sus presentaciones.

Después la historia prosiguió. Anabell fue creciendo como intérprete hasta ocupar la escena internacional en las lides artísticas de Bratislava y Polonia, o en locaciones de Suecia, Dinamarca, Finlandia, Estados Unidos, Puerto Rico, México, Venezuela y Argentina para demostrar que lo mismo es «El colibrí» que «Longina», que puede pasear su tesoro vocal como excelente «Damisela encantadora» u obsequiarnos el lirismo de «La vida», que llega a hacer suya la versión de «Me gusta ser como soy» como ponerle su timbre distintivo a las piezas rubricadas por el excelente compositor cubano Germán Nogueira para convertirlas en una especie de aliento que recorre el alma.

Entre su discografía aparece el álbum «En el jardín de la noche», una selección de temas compuestos por Silvio Rodríguez y Pablo Milanés con vocalizaciones que llevan ese sello exclusivo de identidad, y también «Seguiré esperándote —para el mercado ibérico— que nos acerca a las corrientes más variadas del pop.

Pero al valor su repertorio no sorprende escucharla en temas de Amaury Pérez Vidal, del cienfueguero Lázaro García o de Noel Nicola, sin descartar los dúos ocasionales con Silvio, en el recordado «La gota de rocío» o apoyada en las baladas actuales como la realizada junto a Leoni Torres en «Ven conmigo».

Este 23 de octubre Anabell anda de cumpleaños. Que llegue a ella la felicitación de su pueblo con el deseo de que nos siga «endulzando los oídos»

gracias a ese manantial que brota desde el misterio agradecido de su voz.

Y si la vida me permitiera pedir un deseo… preferiría que algún día complaciera a todos con «Ángel para un final».

En definitiva, un ángel peculiar, y sin final, interpretado por otro de torrente inmaculado.