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«Con 2 que se quieran». Natalia Herrera (Parte II)

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Amaury. De Rincón Criollo.

Natalia. Y me miró y me dijo: Ven acá, cascabelito. Él me decía Cascabel porque siempre me vía risueña. ¿Por qué tú estás llorando? Dígole: Porque me botaron de aquí de la Corte Suprema y yo quiero ser artista.

¿Tú has hecho alguna vez comedia? Digo: Sí, en teatro. No, yo digo leyendo. Digo: No, no, nunca, pero si usted me lo da y me enseña, yo lo hago. Quédate aquí sentada que voy a hacer el programa Rincón Criollo.Cuando termine el programa, voy a enseñarte a leer. Efectivamente, a la semana ya yo leía correctamente porque era lo que me gustaba, el teatro era mi delirio.

Era un pitén divino de trabajadores y se ganó premios durante 20 y pico de años.

Amaury. ¿Y tú estuviste todo ese tiempo ahí?

Natalia. Todo ese tiempo ahí.

Amaury. ¿Y por qué se acabó el Rincón Criollo?

Natalia. Nos dieron aceite de aeroplano y todo a tomar, sí.

Amaury. ¿Aceite de aeroplano?

Natalia. Sí, sí, porque criticaban al gobierno.

Amaury. ¡Ah!

Natalia. Ese era el programa.

Amaury. A ver, hablamos de las giras, pero yo sé.

Natalia. Ah, perdón un momento, que se me olvidaba.

Amaury. Claro, claro.

Natalia. Cuando me quitaron de estrella naciente, Miguel Gabriel era el jefe máximo de CMQ de Monte y Prado, y dijo que yo no podía entrar más nunca. Cuando fui a entrar para hacer el programa Rincón Criollo, no me dejaban entrar. Me quedé parada en la puerta, llegó Medrano y le dije: No me dejan entrar porque Miguel Gabriel dijo. Vamos hasta Regalías el Cuño, que fue quien me contrató. Y fuimos al doblar que quedaba Regalías. Bebo Tensa no dejan entrar a Natalia Herrera. ¡Ay, pa’ qué dijeron eso! Bebo Tensa llamó por teléfono.

Amaury. Y se murió Miguel Gabriel.

Natalia. Y le dijo a Miguel Gabriel: Si usted no tiene ganas de perder su CMQ de Monte y Prado, deje entrar a Natalia Herrera. ¡Oye! fue un cheque.

Amaury. ¿Y qué tenía él, porque no fuiste a la finca?

Natalia. Porque no fui a la finca.

Amaury. En la finca lo que había realmente…

Natalia. Y después me enteré cómo era la finca.

Amaury. A ver, cuéntame, más o menos, cómo era la finca.

Natalia. No, no podemos, porque es un chisme largo de contar.

Amaury. Está bien, está bien. Pero en la finca había su…

Natalia. Pero para que tú sepas, más o menos,se entraba señorita Natalia y se salía señora Natalia.

Amaury. Está bien. ¡Qué linda finca!

Natalia. Muy elegante.

Amaury. (risas) Muy elegante, muy fina.

A ver hablamos de las giras ahorita, pero tú eres de las pocas mujeres cubanas, de las pocas actrices cubanas, de las pocas bailarinas cubanas, de las pocas vedettes cubanas, que hicieron temporada en Las Vegas, Nevada.

Natalia. En el Hotel Flamingo.

Amaury. ¡En el Flamingo! Ese es uno de los hoteles emblemáticos.

Natalia. En el Flamingo. No, pero cuando llegué a Las Vegas, fue algo maravilloso. Yo fui con una compañía y la muchacha que iba, yo le caía mal, una cubana y dijo que yo era mulata y me mandaron para el barrio de los niches. Y cuando llegué al barrio de los negros, hubo reunión en la calle y todo, porque no me querían porque yo era blanca.

Amaury. Claro, ellos no conocían lo que era una mulata. ¿Pero qué pasaba? todo el mundo sabe que la mulata es la mitad.

Natalia. No, pero no, las mulatas allí no tienen el color claro así, como nosotras las cubanas, son más prietecitas, y tuvieron que aceptarme en la parte de los blancos.

Amaury. ¡Qué cosa, qué barbaridad!

Natalia. Entonces, ella me puso a cantar en el programa, porque  tenía que ir Celia Cruz,pero Celia era comunista y no la aceptaron. No la dejaron entrar allá.

Amaury. ¡Mira tú!

Natalia. Y entonces me llevaron a mí. La muchacha que yo te digo, no me acuerdo el apellido, se llama Olga, muy bonita mulata. Y ella sí estaba en la parte de los blancos y era mulata negra, para estar junto con los negros, en el otro lado. Y entonces me puso a cantar…

Amaury. Sí, en aquella época, porque ahora debían entrar todos juntos.

Natalia. ¡Me puso a cantar con la orquesta sin luz!

Amaury. ¿Cómo con la orquesta sin luz? ¿No te veías?

Natalia. No, no, no puso luz ni nada. Pero llegó un empresario por la noche y dijo: ¿Quién es la cantante? Le dijeron: Mírela ahí, parada delante de la orquesta.

Amaury. ¡Qué cosa!

Natalia. Y me contrató. Yo firmé mi contrato para quedarme en el Flamingo cantando. Y cuando todos se fueron a ir para Cuba, me dijeron: tu pasaporte, que te vas para Cuba. Digo: no, yo lo doy más tarde. Y al otro día por la mañana me dijeron: Oye, el pasaporte. Y estaba adelante el que me había contratado y dice: No, se van todos ustedes, ella se queda con luz y para la pista.

Amaury. ¿Y el Flamingo era en aquella época, en Las Vegas, era de los más importantes?

Natalia. De los primeros.

Amaury. Que lo creó un mafioso, el famoso Bugsy Seagel fue el que creó el Flamingo.

Natalia. Iban todos los artistas de Hollywood allá y todo.

Amaury. Sí, claro. Además, en ese momento era el único hotel que había en Las Vegas, y también estuviste en Nueva York. Y lo de Nueva York me va a llevar a cuando llegaste a La Habana otra vez, con aquellas maletas llenas de pieles ¿Qué hiciste con aquellas pieles?

Natalia. Bueno, mira yo salí de Cuba con un contrato por un año, y me demoré cuatro años para venir. Yo le había dicho a mi mamá, cuando chiquita: yo voy a tener abrigos de pieles de todas las pieles y los voy a tirar por el piso y tú vas a pisotearlos todos y te acostarás en todos. Mi mamá era más bajita que yo y pesaba 280 libras, era gordita.

Amaury. Sí, gordita, gordita.

Natalia. Y llegué y vio los baúles y dijo: ¿Y estos baúles? Dije: Pásenlos a la sala. Seguía viviendo en Concordia 620, que ahí vive todavía una cuñada mía con los hijos. Abrí los baúles, tiré todos los abrigos y los pisoteó, se acostó, rodaba de un lado para otro arriba de los abrigos, contenta, alegre.

Amaury. Se hizo realidad aquel sueño: Yo voy a traer un día abrigos y los voy a tirar en el piso para que tú camines por arriba de ellos.

Natalia. Se puso contenta y decía: ¡Ay, me parece mentira! Después regalé todos los abrigos.

Amaury. A ver, tú eres una de las fundadoras de la televisión. ¿Entraste en la televisión el primer día haciendo qué?

Natalia. ¿En la televisión?, cantando. Yo era cantante en los programas de Regalías, Partagás, en todos cantaba.

Amaury. Sí, en aquellos programas que eran miércoles y jueves, ¿no? Regalías creo que era el miércoles.

Natalia. Y pagaban muy bien, mi amigo.

Amaury. ¿Sí?

Natalia. Pagaban bien, bien.

Amaury. Pero no te daban un salario, pagaban por programa.

Natalia. Pagaban por programa.No era contratada ninguna cantante.

Amaury. ¿Quién dirigía?, era Condal (Joaquín M. Condal), creo, el que dirigía Regalías.

Natalia. Condal, dirigía Regalías.

Amaury. Y Amaury Pérez García, dirigía Jueves de Partagás.

Natalia. Tú padre, que yo lo quería, ¡qué buena gente!

Amaury. Sí, yo lo sé. Yo sé que tú lo querías muchísimo y él también a ti.

Natalia. Me llevaba muy bien con él.

Amaury. A ver, yo te voy a decir dos nombres y tú me dices qué significan esos dos nombres. Son dos personas que han tenido que ver con tu carrera. Julio Gallo, primero y Virulo, después.

Natalia. Bueno, Julio Gallo, fue el que le dijo a mi mamá que yo era una mulata del teatro.

Amaury. Teatro bufo, vernáculo.

Natalia. Y le dijo: ella es el vernáculo, una mulata y efectivamente, lo era. Trabajé después en eso.

Y Virulo, tú sabes que Virulo es muy recto. Cuando trabajé con él me dijo: Natalia, dígame todas las morcillas que usted va a decir. Le dije: ¡Ay, Virulo! Imposible, porque eso es que uno se emociona en el momento y lo larga. Y me dice no, no, no me largue nada. Dígame. Y se me ocurrió decir: Shangó con conocimiento y Yemayá en pullas. Y se lo dije y me dijo: Dígalo, está simpático.

Amaury. Y esas dos frases ya están en el lenguaje popular.

Natalia. Pero el problema es que muchos no recuerdan que la que lo dijo por primera vez, fui yo.

Amaury. Ah, bueno, pues mira estos programas sirven para eso también. Shangó con conocimiento, mira que yo lo he oído veces.

Natalia. Sí señor.

Amaury. No, pero yo no sabía que era tuyo.

Natalia. No, pero tú programa me gusta mucho, porque yo me he enterado de muchas cosas con tu programa.

Amaury. ¿Sí? Algunas son ciertas y algunas no.

Natalia. Y cosas buenas. Y quién ha mentido, y quién no ha mentido. Sí, sí.

Amaury. (risas) No, pero en televisión todo se convierte en verdad.

Natalia. Sí.

Amaury. A ver, voy otra vez al teatro bufo. En el teatro bufo, mucha gente que estaba; los escritores, los actores que estaban en contra de las cosas que pasaban en la seudorepública, utilizaban el teatro bufo para hacer sus críticas. Pero era un tipo de crítica que intentaba cambiar el orden establecido. ¿Cómo lo hacían? ¿Cómo se ponían de acuerdo para criticar al gobierno que estaba de turno?

Natalia. No, chico, porque se ponían de acuerdo porque se enteraban de cosas malas que hacía el gobierno, en el momento sacábamos eso. Pero hay una cosa muy buena con el teatro bufo. Se salían del libreto. Hacían todas las morcillas que querían y después volvían a entrar en donde se salieron, que ahora no se hace eso.

Amaury. No, ahora muchas veces la gente arranca, improvisa, se van, y se van y al libreto no se vuelve más.

Natalia. Y se quedaron idos.

Amaury. (risas) Y se quedaron idos. Yo estaba mirando tus manos cuando llegaste y estaba recordando, preciosas, además.

Natalia. Gracias, mi amor.

Amaury. Las uñas preciosas, cuidaditas

Natalia. Yo misma me las arreglo.

Amaury. Ahí está ¿por qué no tienes una manicure que te arregle las manos como hacen todas las artistas?

Natalia. No, porque tengo entendido que en lo personal… mira, yo antes me pelaba así, yo misma, pero ahora estoy vieja y el brazo levantado mucho rato molesta. Y yo vivo acorde a mis años, sé que soy una mujer mayor y que no debo hacer ciertas cosas. Y entonces, sí, sí, yo misma me amoldo el pelo, me arreglo las uñas de los pies, me arreglo las uñas de las manos. Las cejas ya no me las saco porque con la vejez, ya ellas solas se quedaron finas, se sacaron, (risas) no te rías.

Amaury. Ahora hay mucha gente que se las tatúan, yo veo muchachas  jóvenes.

Natalia. No, pero empiezan negras y terminan azul oscura (risas). No, no, no, esa locura no va conmigo.

Amaury. Y que tú piensas de los hombres que ahora también se están sacando las cejas.

Natalia. Amaury.

Amaury. ¿No te gusta?

Natalia. No me gusta. Me gusta el hombre, hombre. No de dar trompadas.

Amaury. No, no. No te gustan los boxeadores.

Natalia. De dar caricias, caricias. ¡ay… Amaury, hablando de todo un poco, tú eres tremendo mango!

Amaury. Yo también estoy viejo, de alguna manera.

Natalia. No, no, no, no estás viejo.

Amaury. Lo que pasa que, para tus ojos, nunca. A ver, ven acá. Tú tuviste, tú me dijiste que te casaste aquella vez. ¿Pero no te casaste más nunca?, aquella vez de mentira.

Natalia. No me casé más nunca.

Amaury. Pero tú tuviste amores.

Natalia. ¿Tú no has notado una cosa?

Amaury. A ver.

Natalia. Yo defiendo mucho mi pueblo, y siempre donde quiera que me paro digo que no me voy por mi pueblo. Y es verdad. De mí no se habla mal nunca.

Amaury. Nadie, yo no conozco a nadie.

Natalia. No he dado motivo para ello, ningún motivo. Porque me casé, me divorcié y no miré a más ningún hombre. Y me enamoraban porque me divorcié con buen cuerpo. Y les decía…

Amaury. Todavía tú tienes buen cuerpo. Aquí te han estado, cuando le pasaron el micrófono ese por todo el cuerpo. No puedo decir las cosas que tú dijiste… las piernas de Natalia son impresionantes todavía.

Natalia. Y las rodillas.

Amaury. Las rodillas son perfectas, vaya, eso es increíble con la edad que tú tienes. Si tú ves las rodillas mías, menos mal que no las enseño.

Natalia. Yo soy un animal, yo soy un animal de tierra extraña, hijo, yo siempre lo digo. La Mistinguette estaba en Nueva York; casa propia, máquina, vestido, todo regalado, por las piernas que tenía. Yo estoy aquí en Cuba y enseño las piernas y no me han regalado ni un pirulí.

Amaury. Tus piernas valen un poquito más que un pirulí. Háblame de Chiqui, háblame de tu hijo.

Natalia. ¡Ay, Chiqui!

Amaury. Háblame de él, porque yo sé que ustedes tienen una relación hermosa, fantástica, maravillosa.

Natalia. Sí, yo le dije que yo voy a vivir hasta los 120 años.

Amaury. ¿Ah, estás en el club ese?

Natalia. Dice: Mamá ¿Por qué? Digo: chico, porque yo nunca te he fastidiado y con 120 años me tienes que bañar, asearme varias veces en el día, limpiarme los dientes. Ya tendré planchas, me las tendrás que quitar, lavarlas bien. Tengo que fastidiarte, Chiqui, porque yo no te he fastidiado. Y empieza a reírse.

Amaury. Y sigues todavía con él en la bicicleta. ¿Te acuerdas cuando tú andabas en la bicicleta en la parte de atrás?

Natalia. Sí señor.

Amaury. En la parrilla.

Amaury. Y él, llevándote para…

Natalia. Me gustaba más la bicicleta ¿tú no sabes?

Amaury. ¿Sí?

Natalia. Porque iba mirando todos los chismes. Y en la máquina no, pasa muy rápido, no te das cuenta de las cosas.

Amaury. ¡Qué cosa tan grande!

Natalia. ¡Ah!, pero te tengo una noticia, que la voy a decir aquí.

Amaury. A ver.

Natalia. Tengo una nieta.

Amaury. Mentira que ya tienes una nieta.

Natalia. De mes y medio.

Amaury. ¡Ah!, entonces es una bebita.

Natalia. Se llama Natalia.

Amaury. Bueno, cómo se iba a llamar.

Natalia. Chiqui quiso ponerle Natalia.

Amaury. Claro, sería como la Natalia tercera, ¿no?, porque está tu abuela.

Natalia. Mi tía.

Amaury. Tu tía, tu tía.Por la que te pusieron el nombre.

Natalia. Pero mira, yo lo digo siempre donde quiera que me paro: las Natalias todas tienen suerte y viajan. Fíjate que no hay muchas Natalias.

Amaury. No.

Natalia. Hollywood tenía Natalia, las que daban en las películas.Hay bailarinas clásicas de afuera, de Rusia, que se llaman Natalia.

Amaury. Cómo no, claro que sí.

Natalia. Todas. Ponte a observar que todas las Natalias son de nombre y viajan. Y él dice que su hija se tenía que llamar Natalia para tener la suerte de la madre de él.

Amaury. No, y además, Natalia debe venir, yo me imagino, yo no sé, debe venir de natal, de natalidad.

Natalia. Bueno, yo te voy a decir la verdad. Mi mamá decía que si era varón se llamaba Natalio. Yo siempre bendigo que nací hembra, porque Natalio está puñetero, el nombre.

Amaury. Bueno, sí, en realidad la combinación sería rara.

Natalia. Y cuando fui a  Las Vegas, en el hotel, había un chinito que se llamaba Natalio.Se paró alante de mí y me dijo: Natalia, Natalio (imitando el chino). Lo miré y le dije: puñetero el nombre, me alegro de tener un Natalio aquí, siempre me atendía porque me llamaba Natalia.

Amaury. ¿Todavía te gustaría tener?… Tú vives con tu hijo, tú no vives sola, para que la gente no vaya a pensar que andas sola ahí en la casa. ¿Cuándo fue que decidiste que no necesitabas compañía? Compañía masculina, quiero decir, un hombre en tu casa, que te representara.

Natalia. Cuando mi marido me pegó los tarros y me divorcié. Sí.

A mí me pegaron los tarros y me divorcié. Fíjate que lloraba y mi abogado me dijo: No te divorcies, si todos los hombres traicionan. Le dije: las mujeres no tienen la dignidad que tengo yo. Si salió a buscar una a la calle, es que ya no le intereso. Me puse en 180 libras para que ningún hombre me mirara y, en un mes, bajé 50. Cogí mi peso, 130 libras, en un mes, y me dejó, Amaury, te lo juro por Trinidad Díaz, que no miré a más ningún hombre.Porque me dolió tanto lo que me hizo, que me dejó sin deseos de tener marido.

Amaury. Bueno, estamos nosotros, tus ahijados.

Natalia. Sí señor, que me quieren.

Amaury. Tú hijo que te quiere, que te queremos y que te cuidamos y que te amamos.

Natalia. Hay dos actores que yo quiero mucho porque se ocupan mucho de mí, Jorge Losada.

Amaury. Jorge Losada, querido.

Natalia. Y Doimeadiós.

Amaury. Ese es otro príncipe.

Natalia. Se ocupan de mí, que me llaman por teléfono, me atienden. De las mujeres: Olga Lidia, se ocupa de mí, Pilar Dioro, que me quiere Pilar.

Amaury. Pero quién no te quiere a ti, muchacha, hazme el favor.

Natalia. Sí, yo quiero mucho a mis compañeros.

Amaury. Tú lo habías dicho. Ahora, hay una cosa, ya llegando como al… una cosa, antes de terminar el programa. ¿Por qué cada vez que yo te quiero llamar por teléfono, una vez a la semana, tú cambiaste el teléfono?, ¿por qué?, ¿es una especie de vicio?

Natalia. En estos momentos estoy calumniada. Yo no lo cambié. La guía la mandaron a hacer a otro lugar y todos los teléfonos privados los pusieron en la guía. Estuve desde mayo a julio sin teléfono, y fui y dije: Yo pago mi teléfono, ¿por qué yo no tengo teléfono? Dicen: Natalia, tenía que venir para decirle el número nuevo. Pasó esto con la guía. Su número nuevo es este otro.

Amaury. Sí, eso está bien.

Natalia. Me lo cambiaron.

Amaury. Ese cuento me encanta, pero tú te cambias el teléfono constantemente.

Natalia. No, yo lo cambiaba antes, porque a mí no me gusta que me hagan jaranas por teléfono. Porque yo a nadie lo molesto por teléfono. Para jaranear no. Tú estás sentado en mi casa hablando conmigo, y el teléfono se demora para sonar, porque se lo doy a personas conscientes, no para jaranear.

Amaury. A ver, antes de terminar yo quiero preguntarte; ¿Por qué en todos esos viajes maravillosos que hiciste: Nueva York, Las Vegas, Puerto Rico, Venezuela, por qué no te quedaste a hacer una carrera luminosa que tú podías haber tenido allí? ¿Por qué volviste? ¿Por qué volviste siempre?

Natalia. Primero porque estaba mi mamá viva, y segunda, por mi pueblo, porque Amaury, hay que ver como quiere el pueblo a los artistas.Tú sales a la calle, tú tienes que verlo contigo; te quieren dar besitos, te dicen: ¿Cuándo va a trabajar?, ¡Ay, muy bueno su programa! Son tan halagadores con los artistas, que yo…, Amaury, a mí me da pena el que se va de Cuba para siempre, porque afuera tienen tragedia. Fíjate que este es el único país que no está en guerra. Te pones a mirar el periódico y te deprimes. Porque todo es, tal cosa, más cual, menos tal. En tal país, esto, lo otro. Y ahora la Madre Naturaleza está de hacha y machete, con las cosas que está haciendo. Y Cuba no tiene ningún problema. Y yo quiero a mi pueblo como mi pueblo me quiere a mí, Amaury.

Amaury. Nos vimos un día, me acuerdo que nos encontramos una vez en el Rincón, en San Lázaro, y la cantidad de cosas que te decía la gente, cosas hermosas, como te abrazaban, como te besaban.

Natalia. Sí. Cuando voy al Rincón todo el mundo me abraza, me besa, todo el mundo. Y ahora en la actualidad que dicen: No permita que nadie la bese, vienen y me besan, yo no le puedo decir: no me besen ¿qué cosa es eso?

Amaury. Cómo tú le vas a decir que no te besen.

Natalia. Yo dejo que me besen y que me abracen y todo.

Amaury. Bueno, nos vimos en esta Navidad pasada en el Rincón y nos vamos a ver en la Navidad que viene en el Rincón. Te quiero mucho, mamá, te quiero, mucho, mucho, mucho, mucho.

Natalia. ¿Ya terminamos?

Amaury. Ya se acabó, los programas se acaban. Tú quieres seguir en la guaracha esta.

Natalia. Yo quería seguir en el chisme. ¡Ay, qué lástima!

Amaury. Te quiero mucho, mamá. Mi niñita querida, mi madrina amada. Gracias, muchas gracias por haber venido.

Natalia. Gracias a ti, que te acordaste de mí.

Amaury. Como no voy a acordarme de ti, a ti te tenemos presente todos los días.

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