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Por Ricardo R. González

Nadie puede dudar que resulta el divino tesoro extraído de los panales, pero, quizá, se desconozca las extraordinarias propiedades concentradas gracias a la laboriosidad de las abejas.

Los encantos de este alimento datan de siglos, y radica en sus propios componentes, como solución saturada de azúcares naturales que —por su origen— contiene pequeñas proporciones de proteínas y sales minerales, principalmente calcio, sodio, hierro, fósforo, magnesio y cobre; sin descartar los valores vitamínicos incluidos en el grupo B.

Según los expertos, el valor energético de la miel es calculado en 337 calorías por cada 100 gramos, y no oculta sus bondades de elemento constructor y reparador de células, al tiempo que ejerce un interesante efecto vasodilatador y diurético.

Los estudios van más allá, y algunos aseveran que tonifica el músculo cardíaco e incrementa la irrigación del sistema coronario, al tiempo que normaliza las cifras de tensión arterial, descongestiona los bronquios y suaviza la garganta.

Investigaciones realizadas confirman que el ácido fórmico —añadido por las abejas para asegurar su conservación— deviene activo antiséptico y antirreumático natural.

Un detalle poco conocido es el empleo del producto ante intoxicaciones agudas motivadas por la ingestión de bebidas alcohólicas en la que logra una recuperación vertiginosa.

¿Acaso un milagro? Nada de eso, su explicación científica queda fundamentada en las grandes proporciones contenidas de una sustancia llamada fructuosa o levulosa, que al mezclarse con el alcohol presente en el torrente sanguíneo provoca su destrucción química e invalida el carácter tóxico.

Y como si fuese poco, manifiesta eficacia ante resfriados, catarros y bronquitis. Para estos casos se recomienda la hidromiel o mezcla de esta con agua a temperatura ambiente.

La miel puede consumirse, además, con rebanadas de pan, arroz hervido, leche, nata y café. Se digiere de manera fácil, no irrita la mucosa gástrica y por su contenido de fósforo resulta un excelente tónico cerebral.

Por todo ello, el Diccionario de los Alimentos, consigna: «la miel conviene a todo el mundo, y al ser digerida sin necesitar de la acción del jugo pancreático es bien tolerada, incluso, por muchos diabéticos».

O como la definen algunos dietistas: «la más preciosa y nutritiva de todas las sustancias dulces».