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Collera, un cardiólogo de ideas

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Collera (a la derecha) junto al doctor José Luis Aparicio Suárez, rector de la Universidad Médica villaclareña.

Por Ricardo R. González

Foto: Ramón Barreras Valdés

Un cardiólogo infantil de profesión estuvo de visita en Villa Clara. Vino a conversar con jóvenes que cursan diferentes especialidades de las Ciencias Médicas, a dialogar con  representantes del CITMA, y con personas que hacen la vida en esta provincia. Les contó de cómo el norte revuelto y brutal no pierde tiempo, y de sus predilecciones por los intelectuales cubanos.

Él bien lo sabe porque durante años José Manuel Collera Vento fungió como un supuesto enemigo de la Revolución Cubana en vínculo directo con agrupaciones de los Estados Unidos hasta que hace muy poco apareció en el capítulo «Ayudas Peligrosas», parte del serial Las Razones de Cuba.

Quien fuera el vicepresidente de la Logia Masónica de Cuba, y el que tenía orientaciones organizar una red de personas que pudieran recibir medicamentos y otras donaciones, con el propósito de subvertir internamente la Revolución, contó las vivencias en el «otro lado».

En un encuentro donde estaba el congresista Lincoln Díaz-Balart, considerado por él como una especie de ideólogo dentro de la contrarrevolución. «Un consultor, consejero de Alfa 66, de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), y de otros grupos afines».

Cuidando su supuesta posición anticubana, Collera habló sobre el histórico diferendo de una potencia contra la pequeña isla, pero «no dije quién tenía la razón en ese problema.»

El propio personaje pronunció un discurso muy agresivo no solo contra la Revolución Cubana, sino contra las ideas revolucionarias. Duró como 30 minutos, y confieso que nunca había oído un discurso más soberbio que ese.»

Al terminar muchos lo felicitaron. Por supuesto que no lo hizo Díaz-Balart que sí le dijo al organizador del evento: «Tu oradorcito sabe nadar y cuidar la forma.»

La historia de José Manuel Collera inició a finales de 2000, cuando Gustavo Pardo Valdés, un cubano vinculado a la Sección de Intereses de Washington en La Habana, le presentó a personas procedentes de los Estados Unidos deseosas en «ayudar» a los cubanos mediante diferentes ONGs.

Sus nexos se hicieron férreos con la canadiense Fundación Donner, utilizada por el enemigo a fin de enmascarar el financiamiento de proyectos subversivos contra la Isla, y también con la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD), un engendro de la OEA, cuyos mayores ingresos proceden de la USAID (Agencia para el Desarrollo Internacional de EE.UU.)

A preguntas de los asistentes de cómo se sentían en estos intercambios, Collera precisó que en todo momento trataba de preservar su imagen, a sabiendas que era un revolucionario cabal en su mirada interna.

«Ellos nos tienen muy bien estudiados, y si le mentimos sobre nuestra realidad quedamos en el camino. Hay que tener mucha astucia en cada respuesta.»

En otro momento del diálogo manifestó que ni los propios enemigos confían en los grupúsculos existentes en Cuba, simplemente los utilizan como instrumentos mediáticos para alimentar las principales cadenas informativas.

Ante una pregunta de los futuros galenos acerca de lo que deben hacer quienes abracen las sendas de la Medicina, este pinareño de nacimiento fue categórico: «Estudiar, estudiar y estudiar», y acto seguido advirtió acerca de las predilecciones enemigas en torno a los profesionales de la salud, de la educación, los deportistas y artistas están siendo constantemente acosados.

«Sobre ustedes --dijo-- actúan, invitándolos a las deserciones para desacreditar la Revolución, sin apartar la mirada de los cooperantes internacionalistas, pues para ellos América Latina es una fuente de materia prima. Ninguno les va a pedir que ponga una consigna contra el gobierno en su centro educacional, pero si a que abandonen las filas para convertirlos en maquinaria publicitaria porque son puntos de mira del enemigo.»

Al término del encuentro realizado en la Facultad de Tecnologías de la Salud, el doctor Manuel Collera fue declarado Profesor de Honor de la Universidad Médica villaclareña, y al preguntarle si siente algún temor en la actualidad, sin pensarlo dos veces subrayó:

«Sí, muchos temores por un posible ataque cardiaco ante emociones de un encuentro como este.»

Así finalizó el agente Duarte para la Seguridad Cubana durante casi 30 años, y que por detalles operativos cambió su seudónimo hace apenas seis años. Al elegir un nuevo «nombre» utilizó el de Gerardo, en honor a uno los cinco cubanos prisioneros injustamente en el propio lugar que trató de comprar su incambiable dignidad.

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