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«Con 2 que se quieran» Alexis Díaz Pimienta. (Parte II)

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Alexis comparte con algunos de los integrantes del colectivo del programa. (Fotos: Peti)

Amaury. La glosa cantada.

Alexis. La glosa cantada se ha perdido, ese es el origen del pie forzado. Los famosos torneos de glosa, en los que participó, incluso, Sor Juana Inés de la Cruz en México, en el Siglo de Oro, era una tradición española, que con el paso del tiempo se ha ido perdiendo. Quedan remanentes. Un remanente, por ejemplo, es la tradición del trovo por antonomasia que se hace en Murcia, que en realidad toman una cuarteta y la desarrollan en cuatro quintillas. Cada quintilla termina con uno de los versos, esa es la glosa. La glosa en Latinoamérica está vitalísima desde la escritura.

En Ecuador se hace, le llaman… ¡vamos a hacer una “Décima 44″! Una “Décima 44″ es una glosa, los cuatro versos de la planta y las cuatro décimas que desarrollan cada uno de los versos. Se sigue haciendo en Cuba y en Puerto Rico con el pie forzado; pero el pie forzado es una estrofa sola, no es la glosa como tal. Entonces yo he recuperado también el improvisar una glosa, tomar cuatro versos de Martí, de Amaury Pérez, de cualquiera y desarrollar improvisadamente, terminando, haciendo una relectura, una reelaboración del poema, de la planta, como se llama, desde la oralidad improvisada.

Amaury. ¿Y qué tú quieres decir cuándo dices: yo no distingo en la literatura ni géneros ni estilos?

Alexis. Yo he tocado todos los géneros literarios, me faltan poco, no sé. Pero por divertimento.

Amaury. El teatro a lo mejor te falta.

Alexis. He hecho teatro en verso. ¡Claro! Hice la primera Pastorela de La Habana, cuando la visita del Papa a La Habana, después me quedé enamorado del teatro en verso e hice una segunda Pastolera que está inédita, que es Pastolera de la Isla. La saqué de La Habana y recorrí Cuba entera.

También he escrito guiones para cine, una película con Pastor Vega, que estábamos haciendo cuando él lamentablemente falleció y era muy teatral todo.

Amaury. ¡Qué lástima!

Alexis. Entonces, a mí me apasiona el reto que significa acomodarte a lo que te pide el lenguaje. Yo cuando voy a escribir, Amaury, no digo voy a escribir un soneto, o voy a escribir una décima o voy a escribir un  cuento o voy a escribir una novela, yo voy a escribir. Y el propio desarrollo del tema, de lo que estoy escribiendo, es la que me tira hacia un género o hacia otro. Y lo del estilo, decía el filósofo Carlos Bousoño, que si tener estilo en literatura significa que allí donde haya un texto tuyo todo el mundo te reconozca, entonces lo ideal sería no tener estilo, para ser diverso, para no repetirte, que es una cosa que tanto preocupa a los escritores.

Amaury. Y la música campesina, porque quería irme ahí. Mucha gente dice, -yo soy una de esas personas que dice-, que tú has venido a renovar el panorama musical, que estábamos como estancados. ¿Tú crees que la música campesina se estancó, que el mismo verso fue arrastrando a la melodía y la mató?

Alexis. Mira, yo no puedo hablar de que yo renuevo musicalmente nada, porque yo no soy músico. Yo soy repentista desde niño y me atrevo a escribir literatura, pero músico no. Es una de mis grandes deudas conmigo mismo, ojala fuera músico.

Por lo tanto yo con mucha timidez, lo que hago es intentar llevar a la práctica ideas que permitan dar una imagen de la música campesina más contemporánea. Pero más que de la música campesina, del repentismo.

¿Qué ha pasado con el repentismo? ¿Por qué da esa imagen de monotonía, de homogeneidad rítmica? Eso es verdad. Pero hay una tonada, que es la tonada pinareña, la tonada vueltabajera, que se impone a lo largo del país y todos los repentistas comenzamos a improvisar por la misma tonada. Se pierden las tonadas melódicas, las tonadas con estribillos. Dejan de usarse tonadas camagüeyanas, tonadas matanceras, espirituanas, que son muy rítmicas.

Amaury. Y melódicas, además preciosas.

Alexis. ¿Culpa de quién es eso, de los propios autores? Yo digo que no. Que la culpa es precisamente del camino evolutivo que tuvo el repentismo. El repentismo llega a las grandes urbes en la década del 20 y comienza en la radio.

Cuando comienza la radio en Cuba, a los pocos años comienza el punto guajiro en la radio, hasta tal punto que en la década del 40, que los especialistas llamamos La Edad de Oro del repentismo en Cuba, fue en la década del 40, se llenaban estadios.

Muy poca gente sabe que en el Estadio de Fútbol de Campo Armada, en el año 55, se reunieron más de 10 000 personas para oír una controversia que ha pasado a la historia del repentismo como la controversia del siglo, entre el Indio Naborí y Ángel Valiente.

Ahora, llega la televisión, y los repentistas de occidente, que son los repentistas que cantan la tonada pinareña, son los que llegan a los medios.

La radio y la televisión se convierten en una plataforma de difusión de un modo de hacer el repentismo y, ese modo se convierte en el patrón estético a seguir. Por lo tanto, las generaciones posteriores, todas vienen siguiendo el modo en que cantan los poetas de la tele, los poetas de verdad, los poetas que tienen éxito, los que están triunfando en La Habana.

Amaury. ¿Sería por cercanía, sería porqué está más cerca Pinar del Río a La Habana que Sancti Spíritus, o que Ciego, o que…?

Alexis. No solamente por cercanía, realmente el nivel, la calidad de improvisadores del occidente, recuerda que el repentismo es un arte que tiene sus raíces profundas en los asentamientos canarios y la tradición del punto cubano es fuerte en Pinar del Río, en La Habana, en Matanzas. Hacia el Oriente apenas se desarrolla el punto guajiro. Tú encuentras en Las Tunas la figura del Cucalambé en el siglo XIX, el gran padre de la décima y la poesía popular, pero no hay un movimiento repentístico tunero, ahora es que está empezando con los niños y con los jóvenes.

Y en la zona donde sí es fuerte rítmicamente, en el centro del país, es la zona canaria: Cabaiguán, Sancti Spíritus, ahora, todo lo que se canta…, el 90% de las décimas que se improvisan y se cantan en televisión, se cantan con las tonadas pinareñas.

Amaury. Sí, pero tú no me negarás, Alexis, que a partir de tu aparición en los medios, en los grandes espectáculos, en las tribunas y en todo esto, hubo un renacer. La gente joven de pronto dijo: ¡mira, hay un muchacho ahí que está cantando y que a mí me interesa! o sea, esa monotonía melódica…

Alexis. La seguidilla rompió,… pero no solamente era por el ritmo, recuerda que la seguidilla llega a los grandes escenarios en un momento en que los ritmos rítmicos, valga la redundancia, se imponen. Entonces los jóvenes ven una cercanía entre la seguidilla y el rap; entre la seguidilla y el hip hop y en todos estos ritmos percutivos, que no te permiten estar tranquilos y entonces, yo incorporé, Amaury, que creo que sí es un pequeño aporte, porque la seguidilla se hacía poco, pero se hacía en los campos, se hacía muy poco repentismo, pero alguno lo hacía.

Pero la seguidilla la disfrutaban el cantor y los músicos, y el público solamente era un receptor pasivo. Yo incorporé al público como actor a través de las palmadas, a través de las palmadas. Y ese juego, ese diálogo, donde muchas veces el público es el que impone el ritmo y yo le sigo el juego, es como un reto a ver si tú puedes mover las manos más rápido que yo la lengua.

Ese reto se recibe, yo creo que es una especie de competencia, que muchas veces me sofoca y después me aplauden, pero me hacen sufrir.

Amaury. Yo te he visto sudar la gota gorda.

Alexis. Entonces sí, los muchachos jóvenes y los niños, sobre todo, la han hecho suya, porque creo que los acerca, les parece contemporánea. Les parece algo distinto a ese ritmo monótono de la tonada pinareña con el que solemos improvisar cuando hacemos controversia.

Amaury. Hay un poeta que estuvo aquí en el programa, antes que tú, por supuesto y me dijo que la poesía, al igual que la novela, que el cuento, también era ficción. ¿Tú suscribes ese punto de vista?

Alexis. Sí, totalmente, la mayoría de las veces el que habla en el poema es un personaje poemático, que puede coincidir o no con el autor. Incluso el autor cuando habla desde la vivencialidad, cuando el poema es biográfico o autobiográfico, está hablando desde el poema que es el propio autor en la ficcionalidad del poema, no sé si el trabalenguas está claro. Entonces siempre se habla desde la ficción en la poesía aunque estés hablando de un dolor real.

Amaury. Pero en la poesía española están lo que se llaman los poetas viscerales; está el caso de Lorca, el caso de Machado, el caso de Miguel Hernández, o sea, donde la ficción tiene muy poca participación. Es decir, cuando tú te pones a analizar la poesía, digo, tú la has analizado mejor que yo, de Miguel Hernández, prácticamente todo sale de su…

Alexis. …Ahora precisamente tuve que hacer un ensayo sobre Miguel Hernández, donde me sumergí bien profundo en su poesía y hay un elemento ficcional en muchos de sus poemas que parecen vivenciales o son vivenciales desde la ficcionalidad.

Quien mejor lo trata es Pessoa, cuando Pessoa dice: El poeta es un fingidor, finge tan perfectamente, que hasta finge que es dolor, el dolor que en verdad siente. Es la mentira perfecta, es la mentira de las verdades, es la verdad de la mentira, es una mezcla muy rara, en la que tú eres tú, pero a la vez eres él, ella como aquel cuarteto nuestro: Yo tú, él y ella, todas las voces juntas en una sola voz.

Amaury. Sí, tú tienes un libro que se llama Fiesta de disfraces.

Alexis. ¡Ahí juega con eso!

Amaury. Exactamente y todo va viniendo, porque estas conversaciones son tan gratas que todo va viniendo. ¿Cuánto hay que disfrazarse para sobrevivir? ¿Cuánto lo has hecho tú?

Alexis. Yo creo que siempre, todos… Hay un verso en ese poemario que dice: Yo tengo un rostro aquí y otro mañana.

Te lo vas cambiando, ¿por qué? Porque realmente la vida es un ejercicio de supervivencia y no estamos hablando ya de la supervivencia física, es la supervivencia psicológica, la supervivencia emotiva, afectiva.

Para sobrevivir, por ejemplo, en una relación de pareja tienes que estarte cambiando de máscara diariamente, constantemente. A lo mejor, a 24 por segundo, ahí se inventó el cine, en el juego de máscaras que es la relación humana. Entonces yo creo que creer realmente que andar desnudos por el mundo, que andar con la sinceridad a flor de piel todo el tiempo, es una de las máscaras que más nos gusta, pero una de las máscaras más visibles. Estamos continuamente, para nosotros mismos, cambiándonos de rostro.

Amaury. ¿Pero tú dices que el repentista, el poeta es un streapper oral y que el público es un vouyerista?

Alexis.  Seguro. El repentismo tiene un componente erotizante y una de las cosas es eso. Ningún arte como el repentismo es un ejercicio de desnudo público, un ejercicio de impudicia verbal. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, el pintor antes de mostrar el cuadro hace no sé cuántos bocetos que nadie ve. El escritor antes de publicar el libro rompía antes, ahora borra en la máquina fragmentos enteros, capítulos enteros, versos enteros que nadie ve, muchas veces ni su compañera de habitación, de cuarto.

El bailarín ensaya entre bambalinas antes de salir a bailar al público. El músico calienta, sopla la boquilla de viento y cuando sale ya está listo para mostrarse. El repentista sale desnudo a escena a buscar las palabras, encontrarlas y compartirlas. Si las encuentra, bien, si no las encuentra corre el riesgo…. La metáfora que más me gusta es la del funambulista. Un repentista es un funambulista: continuamente está en la cuerda floja del lenguaje. ¿Por qué? Porque el receptor comparte con el repentista la lengua, por lo tanto, cualquier imperfección del ejecutante de la lengua, que es el repentista, la va a entender todo el mundo, porque es verdad. Entonces ese es el ejercicio de streapper ¿cómo se pronuncia?

Amaury. Streapper, digo, la gente que pueda no saberlo, son estos hombres o mujeres que se desnudan en un escenario.

Alexis. Es una metáfora que me parece bastante fidedigna de lo que es un improvisador. Te desnudas públicamente.

Amaury. Es buenísima la metáfora, no podía renunciar a usarla,la verdad.

¿Cómo fue tu experiencia en las cárceles con esta gira que organizó Silvio y de la que formamos parte?

Alexis. Yo sigo diciendo que es la mayor experiencia desde el punto de vista vital y artístico que yo he tenido, porque era muy complicado hacer lo que yo hago delante de personas que están en situaciones límites, deprimidos, encerrados y llegar con un ejercicio como el repentismo que es un ejercicio de lesa libertad, en el que las palabras vuelan, en que la imaginación vuela, desnudarse allí delante de ellos. Yo no sabía cómo iban a reaccionar ante el repentismo, porque muchas veces, ¿te acuerdas, que yo les pedía las palabras a ellos para improvisar?

Amaury. No, no, las cosas que tú hiciste…

Alexis. ¡Denme palabras! y ellos daban con total libertad. Las palabras que querían para que yo dijera en mi voz. Porque una cosa que tiene el improvisador cuando pide un pie forzado, es que se convierte en vocero del que pone el pie forzado.

Tú tienes que hacer tuya la voz ajena, la voz del otro. Entonces ese juego era arriesgado pero era rico, me creaba una tensión, no sé si te acuerdas que yo siempre estaba muy tenso porque era muy difícil, pero fue muy placentero a la misma vez.

Amaury. ¿Tú estás casado?

Alexis. Sí.

Amaury. ¿Tienes hijos?

Alexis. Tres hijos tengo, tres varones que se llevan equitativamente siete años.

Amaury. Pero tu mujer es española.

Alexis. Mi mujer es española.

Amaury. Tú compartes tu vida entre… un tiempo en España, Andalucía ¿no?

Alexis. En Almería, donde casi nunca llueve, que es el título de uno de mis libros.

Amaury. Estás un tiempo allá y un tiempo acá. Entonces yo, para terminar, porque la televisión se acaba, un día se acaba, yo te voy a pedir, a ver: que tú me hables de tu relación con Cuba y con Almería, pero además, te voy a pedir que incluyas como pie forzado, lo que sería el título de este programa que lo completaría la frase: Con 2 que se quieran basta.

Alexis. ¡Ah!, qué bonito.

Amaury. El programa se llama Con 2 que se quieran, pero eso ya lo completa el basta y así terminamos.

Alexis. Mira, 16 años hace que yo fui por primera vez a Almería a un Festival de Trovo, de música tradicional de la Alpujarra y allí conocí a una alpujarreña y comenzamos a noviar, comenzamos a tener una relación que terminamos casados, con una familia, con un niño pequeño que es el Chamaquile, que es el protagonista de uno  de mis libros, de mis libros infantiles.

Entonces, yo he logrado, Amaury, he querido y lo he logrado, gracias a mi mujer, ella ha logrado más que yo, que yo pueda estar aquí y allá sin perder las raíces, sin divorciarme del repentismo cubano, de mi Habana, de mi Cuba, del lugar que yo necesito para ser yo.

Yo siempre le cuento a todo el mundo que en la primera etapa que yo estaba en Almería, yo me cargaba de vivencias, pero tenía que venir a escribir aquí. Allí no podía escribir.

Hay años y años. Años en que vengo con más frecuencia, estoy más tiempo allá que aquí; más tiempo aquí que allá. Eso depende de la vorágine del trabajo, pero he logrado mantener vivas las raíces mías del repentismo, de la literatura, porque ningún otro lugar del mundo me inspira tanto para crear como Cuba. Entonces yo me nutro mucho, yo vengo aquí y estoy un mes, dos meses, tres meses, cuando voy para allá.

Amaury. A veces has estado más, a veces has estado casi un año.

Alexis. Si tuviera tiempo, Amaury, yo escribiría una novela cada tres meses, cuatro meses, lo que pasa que no tengo tiempo. Entonces terminar “Con 2 que se quieran, basta”.

Amaury. Sí, pero además que toques por el medio tu amor a Cuba, que yo sé que es profundo y que es intenso, y este amor a Almería.

Alexis:

Mi amor a Cuba es profundo
Como mi amor a Almería,
Qué corta es la lejanía
Y qué largo es un segundo.
Yo no soy ni Segismundo,
Ni un atado Prometeo,
Yo solamente deseo
Encadenarme al amor
Para improvisar mejor
Sobre las cosas que creo.

Creo en Cuba y en La Habana,
En mi familia completa,
En mi pasión de poeta,
En mí, niño en chivichana,
En el mes, en la semana,
En el aire que respiro.
Creo en el punto guajiro,
creo en la Literatura
Y en la lírica locura
de esta pasión, el suspiro…

Que me hace vivir, me encanta.
El llanto que a veces lloro,
La voz única del coro
que me grita en la garganta.
Yo soy árbol, raíz, planta
de lo que quiero versar.
Yo soy un trozo de mar
cuando beso el Malecón
Y un trozo de corazón
que late para soñar.

Y aquí estoy, siempre soñando.
Hoy contigo, Amaury Pérez,
Que más que un amigo eres
Como un corazón cantando.
Claro que estás preguntando
¿Y la voz no se te gasta?
Y yo digo: tengo un asta
y una bandera interior,
Donde me ondea el amor,
“Con 2 que se quieran”, ¡basta!

Amaury. Muchas gracias. No puedo ni siquiera despedir. Gracias.

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