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Benny Moré (Cuba)

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Por Ricardo R. González (*)

No hubo otro como él ni tampoco lo habrá. Lo cierto es que Cuba lloró aquel 19 de febrero de 1963 cuando el bien llamado «Bárbaro del Ritmo» se fue para entrar definitivamente en el Olimpo de los grandes.

Las raíces de la música nacieron con aquella criatura que trascendió como Benny Moré, pues desde niño aprendió a tocar la guitarra hasta hacerla confidente de su obra y, a la vez, de sus secretos por la vida. Por eso, muchos lo recuerdan por su Santa Isabel de las Lajas y poblados cercanos amenizando las fiestas familiares, y algún que otro convite en los que dejaba su melodía.

A La Habana llegó en 1940 a manera de bardo que recorría los principales cafés, calles y parques de la urbe, hasta que cinco años después marchó a México con el conjunto de Miguel Matamoros antes de integrar la nómina de la orquesta de Dámaso Pérez Prado, ya en tierras aztecas.

Con el «Rey del Mambo» dejó grabada una parte de su discografía, a la vez que su imagen fue recogida en el celuloide.

Luego de un período regresó a su país e integró la plantilla de la orquesta comandada por Mariano Mercerón por escaso tiempo, ya que México volvió a recibirlo para continuar su carrera.

Otra vuelta al archipiélago, en 1953, lo vincula a la agrupación de Bebo Valdés como preámbulo que dio paso a la conformación de su propia orquesta como paso final para consolidarlo por las sendas de la fama y convertirlo en ídolo de su pueblo.

El Benny abonó su estilo peculiar. Aquella voz paseó por todos los géneros y registros, mientras le impregnaba a cada espectáculo la magia de lo peculiar.

El bolero, la guaracha o el guaguancó… encontraron en el artista la máxima plenitud secundado por esa «tribu», como denominaba a sus formidables músicos acompañantes, guiados por un talento que, paradójicamente, desconocía hasta el ABC del pentagrama.

Las anécdotas confirman que aprovechaba las altas horas de la noche o entrada ya la madrugada para dar rienda suelta a la inspiración, y componer sus canciones.

Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez nació el 24 de agosto de 1919. A los 42 años el exceso de ron devino cirrosis hepática como detonante que apagó su voz.

Tuvieron los cienfuegueros el privilegio de apreciar su última actuación tres días antes de su deceso, a pesar de que había sufrido una hemorragia previo al encuentro con sus admiradores; sin embargo, entre mitos y leyendas, ciertos o no, y sus habituales tardanzas e impuntualidades, su pueblo lo seguía hasta llegar a idolatrarlo, porque cuando Moré aparecía con su amplio sobrero y aquel bastón legendaria nadie podía ocultar que brotaba esa cubanía que lo hace, aun hoy, grande e imprescindible en todo el mundo.

(*) Nota de Editor: Los trabajos publicados en temas (Artistas) han sido elaborados por este autor, a partir de informaciones de base, sin que consignen la totalidad de detalles, hechos, y personalidades que influyeron en el desarrollo artístico.

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