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La otra cara de la cesárea

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«El parto es fisiológico, y la cesárea es una intervención que puede ocasionar anemias, sepsis, disminución de las posibilidades de futura reproducción, entre múltiples contratiempos», asevera el doctor José Antonio González Acosta, especialista del hospital ginecobstétrico Mariana Grajales, de Santa Clara.

Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

El entorno familiar caló en la psiquis. Ese «hay que lograr la cesárea a toda costa» resultaba una especie de pesadilla compartida por cada integrante de la familia durante los últimos meses del embarazo.

Ni siquiera pensaron en algo tan racional como que el feto se prepara en las horas previas antes de llegar al mundo. Lo suficiente para expandir sus pulmones, y lanzar con fuerza el primer llanto que anuncia la vida.

O dicho a la manera del doctor José Antonio González Acosta cuyas palabras ilustran una transición vertiginosa: «En este minuto permanece intrautero, pero en el próximo ya está fuera.» 

Y es que las indicaciones de la operación están bien delineadas. No constituye una modalidad por complacencia, y por encima de todo deviene acto de ocasiones y para ocasiones.

MITOS, ANÉCDOTAS Y LEYENDAS

Quizás resulte uno de los procederes que mayores indicios de paternidad inscriba en el tiempo. Los papiros egipcios lo consignaban entre sus apuntes, y en el reinado de Numa Pompilium existían aseveraciones marcadas como manera de sacar al bebé del vientre materno cuando ésta acababa de morir. En raras ocasiones, sustentaba el propósito de salvar la vida de la criatura.

Incluso le atribuyen el nombre al emperador Julio César, sin embargo, su madre Aurelia estaba viva cuando él decidió invadir a Britania, y en esa época ninguna mujer había sobrevivido a una intervención de dicha índole.

Define la historia que el hecho de nacer por cesárea era considerado algo divino, por eso los emperadores adornaban su nacimiento con dicha creencia. Otros afirman que el nombre proviene del latín caedare (cortar), y que a los hijos de madres a las que se les practicaba esta incisión, se les llamaba caesones.

El término fue usado por primera vez en Francia, en 1581, por Rousset quien lo publica 10 años más tarde.

No obstante, la primera de estas operaciones en la que sobrevivieron tanto la madre como el bebé ocurrió en Suiza en 1500. Jacob Nufer, un castrador de cerdos, hizo la operación a su esposa tras una prolongada labor, y al parecer la mujer tuvo cinco partos más de manera espontánea.

Mucho más pudiera escribirse. Plinio el Viejo, además de César, menciona como nacido de cesárea post-mortem a Escipión el Africano, el viejo (235-183 a NE), vencedor de Cartago, y a Rustem, héroe de la epopeya nacional persa.

También Cuba aparece en los registros. El sabio bibliógrafo don Carlos M. Trelles Govín (1866--1951) la sitúa en La Habana, allá por 1825, pero no cita quién la realizó ni la fuente bibliográfica, documental o testimonial que consignó tan importante dato.

Lo cierto es que por su alta mortalidad a nivel mundial dejó de practicarse durante un largo período. Técnicas, procedimientos anestésicos e instrumental más avanzado revitalizaron su actividad, y por ello se dice que resulta el método más antiguo, y a la vez el de apreciable modernidad en la gama de los procesos quirúrgicos.

Ubicado en pleno siglo XXI, el profesor González Acosta precisa que no está exenta de riesgos, y ocupa el 30 % de la morbimortalidad materno-fetal.

Requiere anestesia, implica un estrés quirúrgico, sin descartar las consecuencias inmediatas, mediatas, postquirúrgicas y fetales.

«Pudieran aparecer lesiones en vasos y órganos vecinos, hemorragias, incremento del índice de histerectomías obstétricas (extirpación del útero), y requerimientos de transfusiones sanguíneas, a tenor de que una mujer pierde tres veces más sangre por cesárea que durante el parto normal, supera, de cuatro a cinco veces, las posibilidades de ser transfundida, y no escapa de las probabilidades de infestarse, hasta cinco veces más, comparado con el alumbramiento tradicional.»

De ello se infiere la existencia de indicaciones precisas para someterse a la operación que incluye las obstrucciones por causas diversas en el canal del parto.

Aprobada, también, ante la llegada de fetos considerables en tamaño y peso, en aquellos con determinadas posiciones complejas, en enfermedades maternas asociadas a la propia gestación, las gestorragias (placenta previa, sangramientos), algunos padecimientos cardiovasculares, defectos óseos, gemelaridad, y cualquier indicio que incida en el detrimento de la salud materna y fetal.

Sin pensarlo dos veces, el profesor José Antonio González descarta la creencia popular de que niño/a nacido por dicha vía es más saludable, y aclara que, en la realidad cubana, luego de una cesárea habrá que recurrir al método en los restantes embarazos, «aunque hemos tenido casos que llegan en período de expulsión y se dejan parir.

«En el plano internacional existen trabajos muy serios que demuestran la alternancia de posibilidades en dependencia de cada caso.»

Con plena sinceridad reconoce que se han practicado más cesáreas que las debidas. Por ello, existe un comité de expertos para examinar las indicaciones. Sus integrantes hurgan en los motivos de la praxis, y valoran aquellas que se planifican en una provincia declarada de Referencia a fin de atender los partos de alto riesgo en la región central.

Solo Villa Clara registró en el 2004 unas mil 600 operaciones de este tipo. Ya en el 2009 rebasaba las 2 mil, y despidió el 2010 con un 40,6 %, lo que significa que cada 10 parturientas, cuatro son cesáreas, con cifras mayoritarias en las llamadas primitivas o las que se realizan por primera vez.

Dicha tendencia no resulta exclusiva de Cuba. El universo marca curvas ascendentes ante un proceder que constituye un instrumento para salvar una complicación, y no un placer que bien pudiera lograrse de manera fisiológica y normal.

«El dolor del parto termina con la expulsión fetal; sin embargo, las molestias de la cirugía perduran de siete a diez días, sin incluir los contratiempos derivados, tanto de manera inminente como tardíos.»

— Y a esas féminas que acuden a la maternidad con la cesárea en mente…

— El obstetra es el facultado para llegar a conclusiones. La planifica durante el proceso prenatal, y sabe en qué momento realizarla si acaso es necesaria.

«Y si el parto fisiológico transita por las sendas de la normalidad lo mejor es parir.»

MEMORÁNDUM

— El incremento del índice de cesáreas está motivado por el perfeccionamiento de la técnica que permite detectar el estado de la salud fetal aun en vida intrauterina, pero todo tiene su límite.

— Cuba reportaba en 1985 un 11,0% de cesáreas. Diez años más tarde acumuló 23,0 %, y ya en 2005 duplicaba la cifra de 1995 para acumular 40,0 %.

— Por su parte, Puerto Rico registraba 37,8 %  en 1999. Colombia un 58 %, México, 51 %, mientras Estados Unidos consignaba 1,2 millones en el 2004.

— En Chile, de cada cinco alumbramientos tres son por esta manifestación quirúrgica, en tanto Canadá la aplica en el 59 % dentro del sector privado. 

— El costo de una operación de este tipo establece 5 mil dólares en determinados países y en dependencia del rango institucional, siempre que no tenga algún signo de complicación. En nuestro país le cuesta al Estado entre 500 y mil pesos.

CONTRASTES

Diferentes agencias se hicieron eco de esta noticia en junio de 2004. Inés María Ramírez Pérez, una mujer campesina residente en México, se convertía en móvil sensacionalista ante un hecho ocurrido cuatro años antes.

Algunos lo enfocaron así.

Sola en su choza de una recámara, en las montañas del sur de México, Inés Ramírez Pérez sentía los dolores previos al parto de un niño que insistía en entrar al mundo.

Tres años antes, había dado a luz a una bebé muerta. Esta vez, al incrementarse sus dolores, también aumentó su preocupación por el niño que aún no nacía.

El sol se había puesto hacía horas. La clínica más cercana estaba a más de 80 kilómetros de distancia en terreno agreste y caminos inhóspitos, y su esposo, su único ayudante en media docena de nacimientos previos, estaba bebiendo en una cantina. Ella no tenía teléfono, y la cantina tampoco.

Así, a medianoche, después de 12 horas de dolor constante, la mujer de 40 años y baja estatura se sentó en una banca de madera no muy elevada.

Tomó varios tragos, agarró el cuchillo de 15 centímetros que usaba para matar animales, lo apuntó hacia su barriga, y comenzó a cortar.

Bajo la luz de un foco débil, Ramírez penetró piel, grasa y músculo antes de llegar al interior de su útero y sacar a su varón. Dice que cortó el cordón umbilical con un par de tijeras, y luego se desmayó.

Eso ocurrió el 5 de marzo del 2000.

Actualmente, el bebé al que ayudó a dar a luz, Orlando Ruiz Ramírez, es un niño de 4 años juguetón y travieso.

Se cree que es la única mujer conocida que se ha hecho una cesárea exitosa ella misma. 

Lejos de un milagro infiere la falta de un seguimiento prenatal, y de atenciones requeridas en el momento preciso. Ausencia total de programas de atención materno infantil, y no me atrevería a mencionarla como cesárea exitosa ante un hecho nada aconsejable que pudo traer consecuencias lamentables.

Una sola pregunta: ¿Podrá hablar Inés María Ramírez Pérez de los llevados y traídos derechos humanos? 

Ante este caso ¿Tenemos o no nuestras Razones?

Comentarios > Ir a formulario

gravatar.comCarlos Mohedano

Intteresantísimo trabajo y muy útil
Os felicito, Ricardo.
Carlos Mohedano
(España)

Fecha: 06/02/2011 20:41.


gravatar.comRicardo González

Gracias Carlos, muchas gracias. Muy amable.

Fecha: 08/02/2011 10:28.


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