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«Con 2 que se quieran» Eduardo Roca (Choco) (Parte I)

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“Ser cubano es una religión y fuerte”

Amaury Pérez. Muy buenas noches. Estamos en “Con 2 que se quieran”, en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, barrio de Lezama, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.Hoy está conmigo y con ustedes, en el programa, uno de los más grandes artistas plásticos, el rey de la colagrafía en Cuba, grabador, pintor, escultor, bueno, es que él lo ha hecho todo y además, es una de las más maravillosas personas que he conocido en mi vida, Eduardo Roca, más conocido por el público y por la firma de sus cuadros como Choco. Bienvenido, Chocolate.

 Muchas gracias por aceptar estar aquí conmigo. ¿Qué significa para ti especialmente, y para tu generación, Servando Cabrera Moreno?

Choco. La vida, yo creo. Servando, no fue de mis primeros maestros, fue de mi segunda generación de maestros, fabuloso, y que entró profundamente en mi cuerpo y alma, no solamente mía, sino de mi generaciónen total. Nos influenció, nos amó y por tanto pienso que dejó bien firme su obra y que nosotros fuimos, yo pienso, buenos hijos suyos y que hemos continuado con mucho amor.

Amaury Pérez. En tu casa nueva, que está en mi barrio, hay un cuadro inmenso, que preside el gran salón, es como el custodio de la casa, es un cuadro de Servando, ¿cómo llegó a ti?

Choco. Tiene una historia tremenda.

Amaury Pérez. Adelante.

Choco. Primeramente yo vivía en un apartamento en el que vivió Rafael Paneca, mi gran amigo, que formó parte de una frase que nosotros la hemos llevado siempre encima, Los Cuatro Jinetes dela Apocalipsis: Rafael Paneca, Edmundo Orozco, Ernesto García Peña y yo. Ese cuadro presidió siempre ese apartamento. Después Paneca permutó y ese cuadro como pertenecía a él, se fue.

Siempre, nosotros, en mi casa, mi familia, mis hijos, mi esposa, pensábamos que ese cuadro tenía que volver y volvió, no recuerdo bien de qué forma. Yo sé que no se fue nunca. Creo que es, además del cuadro de Servando, la Yemayá de mi casa porque preside los tonos azules. Dicen los religiosos, los de la religión afrocubana, mis amigos, brujeros, babalaos, que yo soy hijo de Yemayá y por tanto ese cuadro tiene que estar en mi casa.

Amaury Pérez. Bueno, normalmente ellos tienen la razón, así que, ¡qué bueno que está en tu casa!

Tú naciste en Santiago de Cuba, eso se sabe, porque cualquiera que averigua de ti sabe que eres santiaguero, y a mi me gusta mucho…

Choco. Y de pura cepa…

Amaury Pérez. Y a mí me encanta Santiago, me encantan los santiagueros. Ahora, ¿en qué barrio de Santiago de Cuba tú naciste?

Choco. Nací en un barrio de Santiago de Cuba, que pudiera haber sido como el barrio aquí en La Habana, que se llamó…

Amaury Pérez. ¿Las Yaguas?

Choco. Las Yaguas. Y mi barrio se llamó La Manzana de Gómez.

Amaury Pérez. ¡Dime tú, La Manzana de Gómez! ¿Así se llamaba el barrio?

Choco. ¡Así mismo!

Amaury Pérez. ¿Pero todavía se llama? ¿Todavía existe ese barrio?

Choco. No. Cuando la Revolución triunfó, recuerdo que una vez, Fidel, en los años 60 ó 61, se apareció en Santiago, a ese barrio, y lo liquidó e hizo el barrio de Vista Alegre Nuevo, porque en Santiago hay un Vista Alegre, que es el viejo que era donde vivían los tipos millonarios, ¡fíjate tú!

Amaury Pérez. Hizo entonces un Vista Alegre nuevo.

Choco. Un Vista Alegre nuevo, precioso, un barriecito precioso.

Amaury Pérez. ¿Pero tu casa no era una casa mala? Tu papá tenía un buen trabajo.

Choco. Mi papá era jefe de obra. Bueno, cuando mi padre muere, yo era muy chico, muy chico,  tendría un año, pero sí sé que la gente del barrio, los amigos de él, hablaban siempre, han hablado siempre cosas muy lindas y me ha hablado mi mamá y todos han hablado cosas muy sabrosas de mi papá. Por tanto creo que era una de las pocas casas que estaban hechas…

Amaury Pérez. Como se deben hacer.

Choco. Pero bueno, como el barrio se destruyó completico…

Amaury Pérez. También se fue la casa esa.

Choco. También se fue esa casa.

Amaury Pérez. Ahora, ¿Cuántos hermanos son ustedes, Choco?

Choco. Un mogollón, como dicen los españoles. (RISAS). Somos once hermanos.

Amaury Pérez. Tú. ¿Qué lugar ocupas en el escalafón ese de los once?

Choco. Soy, de los varones, el tercero. Éramos cuatro hombres y siete mujeres.

Amaury Pérez. Una gran familia.

Choco. Era casi un ejército.

Amaury Pérez. ¿Cómo tú mamá se las arreglaba para manejar ese ejército?

Choco. Mi mamá, yo creo que era una campeona. Una mujer con una fuerza tremenda, una mujer fuerte. Recuerdo que a veces cuando salíamos, ella parecía la hermana de mis hermanas, porque ya en aquella época las hermanas mías tenían unos cuantos años.

Fue una mujer muy fuerte que tuvo que lavar y planchar para la calle, para podernos criar. Creo que era una mujer con muchas habilidades, e hizo una pequeña tiendita, que tenía un bar. Entonces todo el familión éramos los que nos ocupábamos de la tiendita.

Recuerdo que yo tendría como 8 ó 9 años y me ponían en una mesita, como especie de un banquillo, a despachar. Con eso cogí mucha habilidad en matemáticas y mis hermanas eran las que un poco se ocupaban del barcito que estaba al lado. Imagínate, en un barrio como ese también, los individuos que iban a tomar un trago allí, se ponían un poco pesados. Había una vitrola que ponía mucha música mexicana y había una cultura de música mexicana increíble. Miguel Aceves Mejías…

Amaury Pérez. ¡Hay un grupo de mariachis santiagueros importantes!

Choco. Sí. Uno de esos muchachos que después creó ese grupo de mariachis es mi amigo. Bertha Zuno, la mexicana y Pancho, el comandantedespués mantuvieron con mucha fuerza ese grupo.

Amaury Pérez. ¡Cómo no, y los llevaron a México y todo!

Choco. Parecían auténticamente mexicanos, imagínate tú un negro con el sombrerote grande así tocando el violín como si fuera uno de los mexicanos, bueno sería haber escuchado tanta música mexicana de niños.

Amaury Pérez. Tú sabes Choco que yo, desde que te conozco y te conozco hace como 40 años, siempre cuando pienso en ti, cuando veo tus cuadros, incluso los que hay en mi casa, que hay dos, yo miro y veo los cuadros, pero siempre pienso en tu sonrisa, es decir, en una persona que siempre se está riendo, que siempre está buscando ese lado de la vida por el que vale la pena sonreír y ahora que me hablas de tu barrio, lo que tú me estás contando es como para que tú estuvieras siempre serio. ¿Cómo eran tus juegos de niño? ¿Qué cosas hacías en el barrio, que nos han revelado después la gran alegría que tu tienes de vivir?¿cómo era la atmósfera en tu barrio?

Choco. Nosotros jugábamos mucho a los escondidos, veíamos cómo la gente tocaba rumba allí en la esquina, y los borrachines hacían una rueda allí y tiraban los níqueles (monedas de diez centavos) para reunir dinero para tomar. Y nosotros veníamos, como chamacos así, veníamos por detrás a llevarnos algunos níqueles, algunos kilitos, y así. Todos los días tratábamos de inventar algo.

Amaury Pérez. Y ¿quién descubre que tú pintabas?

Choco. Una maestra mía.

Amaury Pérez. ¿Pero de primaria o de secundaria?

Choco. De primaria.

Amaury Pérez. De primaria.

Choco. Ella, las pocas veces que nos hemos visto, se pone muy orgullosa, muy contenta. Como uno siempre ahora está muy enredado, yo quería un poco acercarla. Últimamente no sé en qué estado está, ni dónde está; si sigue en Santiago, si sigue dando clases…

Amaury Pérez. Ya debe ser una persona mayor.

Choco. Sí, pero no tanto. A lo mejor este programa ayudaría…

Amaury Pérez. …a que ella apareciera, ¿no?

Choco. Apareciera y me escribiera.

Amaury Pérez. Bueno, va a salir una dirección a donde se puede escribir al programa. Así que ahí se sabrá. ¿Pero ella lo descubrió porque tú te entretenías en el aula pintando?

Choco. Sí, todas libretas estaban llenas de dibujos y, en fin, tú sabes que a veces uno se entretiene y uno a veces no se quiere aburrir en una clase y como tú…yo siempre digo que todo el mundo tiene dentro un pintor y lo desarrolla ahí, en esa mesa. A mí me da mucha gracia Fabelo, por ejemplo, como en reuniones se pone a pintar, a dibujar y está siempre dibujando. Ya eso no lo puedo hacer, no puedo dibujar, no puedo trabajar muchas veces cuando estoy fuera de Cuba, cuando estoy fuera de La Habana. Tengo que estar por ahí, hablando con la gente, viendo cómo caminan, cómo cocinan…

Amaury Pérez. No pintas, fuera de Cuba no pintas.

Choco. No puedo, pocas veces lo he hecho. Tengo que nutrirme de todo eso y después, cuando llego a La Habana; que realmente te digo que La Habana me encanta. Es el lugar donde quiero siempre estar, donde quiero siempre hacer mi obra.

Creo que mi vida, por lo general, ha sido aquí en La Habana. Santiago para mí, es la vida, y creo que lo conocí con mucha fuerza cuando fui a ser maestro de la escuela José Joaquín Tejada, en Santiago. Santiago está siempre dentro de mí.

Amaury Pérez. ¿Eso fue cuando el servicio social, no?

Choco. Sí. Estuve dos años allí trabajando y realmente conocí Santiago con mucha fuerza.

Amaury Pérez. Ahora, esta maestra te lleva entonces a una convocatoria, según tengo entendido, porque te tiene que haber llevado a algún lado para que de ahí, tú puedas venir a La Habana.

Choco. Sí. Eso salió en el periódico y me dijo: Mira tú que siempre estás garabateando ahí, ¿por qué no haces esa prueba?

Amaury Pérez. ¿Era para Instructores de Arte?

Choco. Para Instructores de Arte y ahí hice las pruebas. Un día llegó un telegrama, dice que me habían aceptado y vine para La Habana solo.

Amaury Pérez. ¿Pero todo eso fue a espaldas de tu mamá?

Choco. Bueno, te puedo decir que mi mamá me apoyó muchísimo, que en aquella época eso era muy complicado, que un negro vaya a estudiar las artes, la gente piensa en otra cosa. Ahora no, ahora todo el mundo, de cualquier color, quiere estudiar arte. (RISAS).

Pero en aquella época eso era muy complicado; y eso que yo no iba a estudiar ballet, si llego a estudiar ballet, a lo mejor mi familia me hubiese cogido y me hubiese ahorcado en la puerta de la casa (RISAS).

Amaury Pérez. Choco, ahora yo tengo una imagen así, veo a ese niño, no sé de qué edad, 12 ó 13 años, que se monta en una guagua en Santiago de Cuba y se baja con una maletica de madera en la Terminal, con un telegrama en la mano y llega aquí, a La Habana, solito.

Choco. Te puedo hablar con mucha fuerza de esa faceta, porque para mí fue una cosa muy extraña. Mi mamá me dio una maletica de palo, de rayitas, un suetercito y cinco pesos. Vine en una guagua Camberra, de esas impresionantes que habían en Cuba. Yo estaba impresionado en aquella guagua y nunca me bajé hasta que no llegué a La Habana.La guagua iba parando en diferentes lugares para orinar, descansar o comer. Y cuando llegué aquí a La Habana, a mí parecía como si hubiese llegado a Nueva York, porque todos aquellos edificios grandotes eran impresionantes para mí, recuerdo que un señor, taxista, me montó en su taxi. Yo le enseñé el telegrama y me dijo: ¡ah sí, te llevo! Me montó  en su taxi y cuando pasamos por el cementerio, me dijo: ¿tú debes venir con mucha hambre? Creo que me dio con un palo en la cabeza, porque era exactamente lo que yo tenía. Dobló y paró en la cafetería La Pelota, que en aquella época era una cosa impresionante, con unas luces increíbles, con unos bates y tenía unas fotos de peloteros. Él me invitó, el taxista me invitó.

Amaury Pérez. ¿Te acuerdas a qué te invitó?

Choco. El taxista me invitó a comer, a merendar y me dio un sándwich. En aquella época a ese sandwich que le llamaban “ladrillo”, porque era una tonelada de carne y un trocito de pan así, un sandwich grandísimo, con una latica de jugo. Después me llevó a la escuela, que era en el Hotel Comodoro.

Amaury Pérez. ¿La Escuela de Instructores de Arte estuvo primero en el Hotel Comodoro?

Choco. La escuela de Artes Plástica estaba en el Hotel Comodoro y allí estaba también parte de la gente de música y parte de la gente de teatro.

Amaury Pérez. ¿En qué año sería eso más o menos, Choco?

Choco. En el 62, 63. Me acuerdo que en los primeros meses lloré muchísimo, ¡imagínate!, tenía 13 años, solo, primera vez que me separaba de la familia, pero ya después me fui aclimatando. La gente me cuidaba mucho. Había un compañero mío santiaguero que hace poco me llamó de allá de Santiago, Francisco Revé y toda esta gente que eran mayores y que estaban ahí cuidándome, me pusieron a mí Chocolate. Ahí me pusieron Chocolate y yo cogí mucho gorrión porque, ¡coño!, no me gustaba que me dijeran Chocolate. Y Chocolate para arriba, Chocolate para abajo, hasta el punto de hoy que ya no me acuerdo como yo me llamo. A esta altura, mi mamá, mis hijos, todo el mundo me dice Choco.

Amaury Pérez. ¿Tú mamá también te dice Choco?

Choco. Sí, mis hermanos, todo el mundo y en Santiago de Cuba me decían “Pie” (pay).¡Parece que tengo que ver algo con la dulcería, chico, es una cosa tremenda…! (RISAS).

Amaury Pérez. Entonces, ¿te gradúas de Instructores de Arte y qué, ¿vas para la ENA de maestro?

Choco. No. Me gradúo en la escuela de Instructores de arte y tenía que ir a hacer el servicio social, porque eso era lo que decía el proyecto para ser instructor. Pero no tenía la edad suficiente.

Amaury Pérez. Eras muy niño todavía.

Choco. No tenía edad suficiente para obtener una plaza laboral. Creo que eso fue lo que nos salvó a este grupo de gente, que fuimos directo a la Escuela Nacional de Arte sin hacer pruebas. Luego que me gradúo, en el año 70es que voy a ser maestro en la escuela, allá en Santiago de Cuba.

Amaury Pérez. Y después ya vienes para La Habana.

Choco. Ya vine para La Habana a ser maestro.

Amaury Pérez. ¿Estuviste en la escuela de San Alejandro, no?

Choco. Estuve como tres años, después me dieron posibilidad de ser maestro de la Escuela Nacional de Artes, y allí estuve como siete años.

 

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