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soyquiensoy (Ricardo R. González)

«Con 2 que se quieran Eduardo Roca (Choco) (Parte II)

«Con 2 que se quieran Eduardo Roca (Choco) (Parte II)

Amaury Pérez. Llega el 78 y el Choco va para Angola. ¿Quiénes eran del grupo que fue para Angola contigo y a qué fueron?

Choco. Nosotros fuimos como asesores culturales del Ministerio de Cultura o del Consejo de Cultura. Era formar escuelas, formar estudiantes. Hicimos mucho trabajo también con algunas delegaciones culturales. Algo parecido así a la UNEAC. Trabajamos en el incipiente Museo de Antropología, que era muy interesante; hicimos diferentes recorridos tratando de formar eso. Fuimos a Dumbo, a Mosamedes, a muchos lugares en Angola que estaba en guerra.

Amaury Pérez. Todavía el tiro estaba sato en el 78…

Choco. Dificilísimo. Y el grupo estaba formado por Nelson Domínguez, Johannes…

Amaury Pérez. ¿Johannes de danza, no?

Amaury Pérez. Sí. Era un grupo grande, ¿estaba Joaquín Betancourt?

Choco. Joaquín va después, junto con Gloria. Este es un grupo que viene un poco a sustituirnos a nosotros.

Amaury Pérez. Sí, pero están un tiempo juntos.

Choco. Estuvimos juntos un tiempecito que fue maravilloso.

Amaury Pérez. Además había dos personas ahí que estaban solteras, nada más que dos, que eran tú y Gloria. ¿Cómo fue ese encuentro con Gloria? Yo le quiero decir a los televidentes, como este programa no tiene graficación, que Gloria es una de las mujeres más dulces que he conocido en mi vida y una de las mulatas más bellas, el rostro más bello de esta Habana, lo tiene Gloria. ¿Cómo fue que tú pudiste conquistar a ese monumento de mulata?

Choco. Gloria me conocía a mí, dice, porque yo era maestro de la escuela, y ella era estudiante. En fin, ella empezó a decir montones de cosas, porque, mira, el Choco es un tipo tan feo, imagínate tú y al final, nos empatamos ¿Cómo fue? Tú sabes como dice eso, como son las cosas cuando son del alma, aconteció. Creo que todo vino como debía venir.

Amaury Pérez. ¿Tú te enamoraste enseguida de ella?

Choco. Nos enamoramos, nos vimos, nos hablamos y…

Amaury Pérez. …Hasta hoy.

Choco. Tenemos una familia, una familia bien bonita.

Amaury Pérez. Ahora, fíjate qué curioso. Cuando tú me dices eso, pienso de repente en los grandes momentos de tu vida, y pienso: una maestra, un taxista, África, Gloria, o sea, como hay una secuencia, ¿no?¿Cómo tú ves ahora a Gloria?, cómo es ella, tu compañera, la persona que más te defiende en el mundo, la que más te protege nadie te protege como Gloria.

Choco. Gloria. Yo he estado muy lejos de la familia por trabajo, a veces, porque no teníamos donde vivir y he estado a veces solo, después he estado viviendo en diferentes casas, de amigos… y  de ahí, poco a poco, he ido haciendo un grupo de gentes, un grupo de amigos, vecinos y siempre la familia. Creo que eso ha sido profundo en mí y para mí, porque sin eso hubiera sido imposible hacer la obra. Gloria es una mujer dura, a veces difícil, pero al final se cuadra como dice la gente. (RISAS).

Amaury Pérez. A mí me parece la mujer más dulce del mundo. Eso de difícil lo dejo para tu matrimonio, conmigo ha sido siempre una princesa.

Tus hijos estudian música ¿ninguno es artista plástico?

Choco. No, yo no quiero competencia en casa (RISAS). Si quieren que le hagan competencia a su mamá, que es la músico. Sandro es músico, está estudiando percusión, buenísimo, vago, como todos, creo que puede que desarrolle un gran talento pero es como todos nosotros.

Siempre dicen: ¡Mira tú, Amaury es tremendo cantante, pero cuando era chama era tremendo descarado y era no sé qué más y no iba a la escuela! (RISAS)A la mayoría de los famosos le ha pasado eso. El Tosco era un tipo increíble. Recuerdo que El Tosco era una cosa impresionante. Y ahora tú dices: ¡coño, qué clase de músico!

Amaury Pérez. Habría que crear una escuela para desaprender.

Choco. Así mismo, pero bueno, parece que eso es parte de las reglas.

Amaury Pérez. ¿De qué se graduó Gloria?

Choco. De dirección coral.

Amaury Pérez ¿Y la ejerce?

Choco. La ejerce, aunque ya últimamente lo que está es apoyándome y hace de vez en cuando, como consejera de grupos de muchachos, de corales, de cantantes. Ella ha ayudado mucho a gentes que hoy son grandes músicos como Lazarito Valdés (Bamboleo), Mayito (Van Van). Yo creo que es una gran maestra.

Amaury Pérez. Espero que también te sirva de educadora en tu propia casa.

Choco. Si.

Amaury Pérez. Porque además es la diseñadora de tu casa nueva.

Choco. Sí, ella es medio arquitecta.

Amaury Pérez. Ahora, vamos a ir de lleno a una cosa que se llama la Colagrafía. ¿Qué cosa es esa técnica? Porque eso es una técnica…¿de dónde sale?

Choco. Chico, la colagrafía es una técnica de grabado, muy contemporánea, surge por la década del 50, la crea un norteamericano de origen francés, de apellido Goethe, que ahora no recuerdo su nombre. En los años 80, nosotros empezamos a trabajar aquí, y yo fui uno también de los primeros. Ahí estaba Alfaro, Oscar Carballo…

Amaury Pérez. ¿Aquí en el Taller de Gráfica de La Habana?

Choco. Sí,  y también en Santiago de Cuba, pero la técnica no era universalmente conocida.

Amaury Pérez. Pero, ¿qué incluía? ¿Aquellas cosas que ustedes hacían que tenían trapos y sogas y madera, y todo mezclado en el grabado?

Choco. Te voy a explicar, porque es parte de eso. Después ya empiezo a trabajar inventando, porque viene el período especial, y esa técnica entonces viene como anillo al dedo. No hay que usar grandes recursos.

Recuerdo que mandaba a la gente que trabajaba conmigo a buscar por ahí lo que encontraran, entonces estaban los planes tarecos e íbamos por la calle recogiendo cosas, metidos en los latones de basura, y la gente nos gritaba buzos, cuando estábamos buscando cosas para hacer texturas. Ahí encontré cosas que botan mucho las viejitas, sobrecamas, que tienen unos tejidos maravillosos.

Amaury Pérez. Los mantelitos de las abuelas.

Choco. Exacto, pedazos de blue jeans, playwood, que cuando tú lo metes en agua salen las tiras que tienen una textura maravillosa. Todo esto empiezas en una matriz a pegarse y a componer, a conformar tu obra. Eso te da una textura maravillosa, te da una imagen increíble, que no la notas hasta que no la imprimes.

Siempre que yo imprimo una colagrafía es un misterio. Cuando la sacas y la ves tú siempre haces ¡¡Ay!! te quedas asombrado, cada vez que haces una. No me aburro, porque aquí no hay que medir, aquí no hay que contar, es experimentar.

La colagrafía, a veces se confunde con la litografía en muchas cosas. La colagrafía en muchas cosas se confunde con el grabado en metal, porque hay cosas que salen como si hubieses trabajado con esos otros procedimientos del grabado. Es un procedimiento muy contemporáneo.

Amaury Pérez. ¿Pero no se aceptaba mucho en los concursos?

Choco. No estaba aceptada en aquellos años.

Amaury Pérez. ¿Qué pensaban, que era una cosa menor, que era un arte menor o no lo comprendían?

Choco. No sé. No concursaba. Después empecé a hacer diferentes cursos en España, Japón, en el propio Estados Unidos hice varios cursos en diferentes universidades.

Y aquí había gente maravillosa, como Belkis Ayón, por ejemplo, que desarrolló con mucha fuerza la colagrafía sin utilizar color. Lo hacía en blanco y negro y le daba una riqueza de grises impresionante.

A veces me llamaban de otros lugares diciéndome: ¡Óigame, usted que inventó la colagrafía! ¡No, no, ojalá que hubiese sido yo! Lo que pasa es que como había período especial aquí, yo inventaba cualquier cosa, todo lo que aparecía, que pudiera darle vida a eso, lo usaba.

Cogía arena. Hasta un día fui a buscar arena allá a las playa del este, con mi impresor y cuando estábamos allí cogiendo con una bolsita, llegó un policía y: ¡oiga, que usted no puede coger arena! ¡Ven acá, mi hijo, si lo que quiero es una bolsita!

Amaury Pérez. Sí. ¡No voy a hacer una playa en mi casa!

Choco. Hasta la arena del mar se puede utilizar para hacer millones de cosas con la colagrafía, es una técnica, un procedimiento muy dócil, muy suave.

Amaury Pérez. Y natural.

Choco. Sí, te da unas posibilidades increíbles.

Amaury Pérez. Pero la gente aquí no te conocía mucho. Aquí no era demasiado reconocida esa técnica hasta que te dan el premio en Japón.

Choco. Sí. Ya casi no hacía otra cosa que la colagrafía. Lo que pasa es que el premio de Japón vino a poner la tapa al pomo.

Fui a Japón a recoger el premio y después tenía que dar unos cursos en Filadelfia, a trabajar en Filadelfia con otra gente, iba Belkis Ayón, en fin.

Fui a Nueva York a un taller donde trabajé con uno de los artistas y de los impresores más grandes que tiene Estados Unidos. Él ya estaba viejito y habían cambiado a mucha gente. Fui al taller y pregunté por Black y me dicen: no, Black está muy enfermito, no está viniendo. Estaba hablando con un puertorriqueño y me dice: ¿Y tú de dónde eres? Le digo: yo soy cubano. Me dice: ¡Ah, oye, los cubanos están haciendo montones de cosas interesantísimas. Allá hay un cubano que ganó un premio muy importante en Japón, que vi en la prensa, un tal Coco, Choco! Yo me quedé así mirándolo y le digo: ¡Ah, mira, soy yo!, él se quedó como si yo le estuviera diciendo una mentira.

Bueno, creo que esto continúa, acabo también de venir de Estados Unidos, porque la Universidad de Carolina del Norte me pidió hacer un curso sobre este procedimiento. Allí fue muy interesante y creo que si las situaciones no se ponen difíciles, podemos establecer un intercambio de estudiantes, que de hecho se está haciendo, de estudiantes, de artistas, que vengan y que vayan. Creo que los norteamericanos, los buenos norteamericanos piensan cosas muy interesantes sobre nosotros y creo que nunca nos han quitado la visión de que en Cuba se están haciendo y que hay muy buenas cosas por hacer.

Amaury Pérez. Ahora, tú sientes, Choco, cuando tú estás solo, cuando no está Gloria ni están los muchachos, ni están los amigos y yo sé que eso es una de las cosas que más tú adoras, estar con tus amigos. He participado alguna vez, más de una vez en esas reuniones y sé que esa es una de las cosas que tú disfrutas.

Pero ¿tú has tenido, dentro de Cuba, por ejemplo, todo el reconocimiento que merece tu talento, tu tenacidad y tu trabajo?

Choco. Mira, no sé si falta un poquito más pero lo que sí te puedo decir de corazón, es que la gente, la gente de pueblo, el cubano común y corriente, como se dice, me reconoce, me mima y me dice muchas cosas lindas y yo siento que ese es el reconocimiento más grande que a lo mejor yo merezca.

Amaury Pérez. Estoy acercándome a la curva final de la entrevista. En tu obra, que la conozco bien, hay la sensualidad de tu raza; seres con grandes labios, muchos elementos religiosos, de la cultura ancestral cubana de la que viene de África. ¿Tú eres una persona religiosa?

Choco. Soy religioso con los hombres. No me gusta que me digan mentiras, no quiero que le digan mentiras a la gente. Respeto muchísimo lo que se llama religión en sí.

Creo que los hombres tienen que creer en algo, si no en los vivos, en los muertos, o en lo que sea. Pero yo no estoy en ninguna religión,  me gusta hablar con los balalaos, con los espiritistas; que me miren, que me digan. A veces siento que hay cosas muy misteriosas porque he visto eso en África, en Haití, en Brasil, porque he estado allí. He visto eso de otra forma en algunos pueblos españoles, creo que el hombre piensa en eso.

Yo lo pongo en mi obra porque detrás de la puerta de cada casa, hay algo, un amuleto, cualquier cosita para espantar los malos espíritus. Porque además, la religión afrocubana, yo digo que es la religión cubana, como todos nosotros los cubanos, es parte de nuestra cultura, es parte de nuestra vida, y por tanto, la tengo que reflejar en mi obra de una forma u otra, porque lo he visto en mi casa, lo he visto en mi familia, lo he visto en mis amigos, que con fervor algunos creen en eso y lo practican, entonces eso merece un respeto.

Amaury Pérez. Bueno, igual que hay musulmanes, católicos, religiosos afrocubanos de todas las tendencias, espiritistas. Para terminar ¿tú crees que ser cubano es una religión?

Choco. Yo pienso que sí, y fuerte.

Amaury Pérez. Vamos a creer en ello. Te quiero mucho.

Choco. Igual.

Amaury Pérez. Muchas gracias por haber venido.

Choco. ¡Coño, gracias por invitarme!

 

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