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«Con 2 que se quieran» Zaida del Río (Parte II)

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Amaury. …Que salías desnuda.

Zaida. No, pero que yo me morí de pena, porque ellos me botaron de la escuela, y yo les dije que me pusieran cualquier castigo, pero que yo no podía aparecerme a dónde estaba ese hombre cortando caña a las tres de la mañana, botada de la escuela, y no me botaron, me dejaron un año sin pase. Pero yo no guardo malos recuerdos de eso, si el Chino León estaba también sin pase un año y una pila de gente, nos tirábamos en unas yaguas los domingos. Había que firmar cada una hora, no te podías escapar, había que firmar cada una hora. Pero yo no tengo malos recuerdos.

Amaury. Hablaste hace un rato de tu hijo, de tu hijo Cristian, a quien yo prácticamente vi nacer. Sin embargo, en ese poema a que te hago referencia, de ese autorretrato tuyo, tú dices que te hubiera gustado tenerlo ahora y lo tuviste muy joven. ¿Por qué haces ese señalamiento si tu hijo y tú son como hermanos?

Zaida. Sí, pero es que yo no le pude dar la educación que hubiera querido, porque yo tenía 24 años. Mira, 24 años, divorciada, en Santa Clara, vengo para una cuartería sola, trabajo en Santiago de las Vegas; en la 76, en una guagua con el niño cargado, a las cinco de la mañana.

Amaury. ¿Era cuando estabas en el taller de cerámica, no?

Zaida. Cinco años. El niño de dos años dormido en un hombro. Viene el Mariel, el padre se va. Y en el otro hombro, la leche, las cosas del niño. Entonces yo estaba cansada, agotada, no daba más. Lo dormía a las 8 y dibujaba toda la noche porque esta mente no puede estar parada. Entonces, yo lamento no haberle podido dar la educación que se merecía, pero bueno, ya todo se arregló entre nosotros.

Amaury. Pero si él es un extraordinario artista plástico también. Él es un pintor ya empezando a ser cotizado. ¿Pintan juntos ustedes a veces, o no?

Zaida. A veces hemos hecho algunas cosas, pero él y yo llevamos vidas independientes.

Amaury. Sí, pero ¿tú le das algún consejo?

Zaida. No sirvo para eso, porque para mí, como lo adoro, para mí todo lo que hace está bien hecho y le digo: hijo, pídeselo a otra gente. Porque para mí yo creo que él es un gran artista, está haciendo una obra muy personal y muy importante; no tiene nada que ver con la mía, y va bien. Cristian es un muchacho muy equilibrado. Cristian es un muchacho que la gente lo quiere mucho porque es muy dulce y no tiene los prontos que tengo yo. Yo de pronto tengo un pronto, te digo una cosa que cae mal. Yo hubiera querido ser un poquito más mamá, más estable, es que no podía, era imposible.

Amaury. ¿A qué tú le atribuyes que, por lo menos hasta que llegó Zaida del Río, había tan pocas mujeres pintoras llegando a los planos importantes de los hombres? Amelia, estaba a nivel de Portocarrero, por supuesto, y de Mariano y de Mijares, y de Martínez Pedro, en fin, de todos, pero había pocas mujeres; estaba Antonia, estaba Amelia…

Zaida. …Mira, ese es un tema que siempre se pregunta y yo siempre digo mi opinión, que es la siguiente: es difícil, las mujeres tenemos que hacer mucho esfuerzo, los hombres también, yo no los subestimo para nada, ni yo creo que los hombres son los más fuertes porque los hombres, pobrecitos, también se cansan, porque nadie nunca se piensa que ellos también están cansados. Pero qué pasa, que las mujeres tenemos que parir, criar a los niños.

Se supone que si -yo por lo menos-, que lo crié sin esposo; son las tareas del hogar, viene la adolescencia, tenemos problemas propios de mujeres, cosas que no tienen los hombres, hay que hacer un gran esfuerzo. Además, queremos ser lindas.

Amaury. Pero eso es una cosa que has logrado, ¡mira cómo has venido vestida hoy!

Zaida. A los 55 años, después de todo un trabajo. A los 55 años.

Amaury. Tú dices que podrías escuchar crecer a las plantas. Eso, suponiendo que no fuera una metáfora y tratándose de ti, puede no serlo. Tratándose de ti, puedes escuchar crecer a las plantas. ¿Por qué entonces no la música? ¿Por qué no dedicarse a ser músico? Ya sé que cantabas cuando eras niña y eso, pero ¿por qué no ser músico entonces?

Zaida.  Acuérdate de aquello del Violín de Ingres, ¿no? Siempre me critican, porque en todas partes yo quiero cantar, porque yo soy afinada y además yo tengo un repertorio… lo mismo canto en francés, que en inglés, que qué se yo, disfruto, ¿no?.

Pero la gente, imagínate, a veces no me da la oportunidad de acompañarme, en fin. A veces le he dicho a algún artista, en dos ocasiones: acompáñame, quiero cantarle a Fulano, que es el cumpleaños, no, una canción cubana. Y me dice: no, yo no me sé una canción cubana. Eso me dijo un artista un día, no me gustó y no lo he mirado mucho más. Y recientemente igual, le dije a una persona: acompáñame, quiero cantar Longina o Noches de Ipacaraí, cualquier cosa sencilla porque era el cumpleaños de un amigo.

Pero los músicos, muchos músicos cuando están en el espectáculo, el espectáculo es de ellos y no quieren que una persona… no se dan cuenta que alguien lo puede hacer y yo lo hago por alegría, yo no lo hago por figurar, si yo quisiera hacer un disco, lo haría, y además, algún día lo voy a hacer, variado, algún día lo voy a hacer, cantando cosas, porque puedo cantarlas. Te digo.

Amaury. Primero estuviste bailando casino, después te encanta la rumba y después llegaste a bailar -a la edad donde normalmente las personas no bailan- un ballet. ¿Cómo fue lo del ballet tuyo en El Mella?

Zaida. Bueno yo tengo un poquito de juanetes, porque en otra encarnación parece que fui bailarina, entonces me iba a operar los juanetes -que no son tan grandes tampoco- ni me duelen y fui a ver a (Rodrigo) Álvarez Cambras y me dijo: ¿Zaida, te duelen? Y le dije: no. Me dijo: ¿Pero por qué te vas a operar? Digo, no porque, no sé. Entonces llegué a mi casa y dije: “Ah, me voy a estudiar Danza Contemporánea”, a los 40 años y me pasé seis años en Danza, haciendo -las tardes enteras-, de una y media a dos y media, clases de Ballet. De dos y media a tres y media de la tarde, iba a Danza Contemporánea, y de tres y media a cinco y media, a Folclor. Con lo cual me preparé de verdad y estaba Lídice Núñez, hicimos la obra Terriblemente inocente, sobre las mujeres pájaros. Bailé entonces con Macarela, que estaba aquí entonces todavía, y con los bailarines de Danza. Está todo eso grabado ahí, en el García Lorca.

Amaury. ¿Fue en el García Lorca?

Zaida. Si, en un estreno mundial, fueron dos noches y nunca más. Quedó el dúo de las mujeres pájaros, hay un dúo de mujeres pájaros, de dos muchachas que no soy yo, dos bailarinas preciosas que están en una silla. Porque hay un cuadro mío que se llama “Día de calor”, “A Hot Day”, se llama, entonces están ellas de espalda con unos abanicos, ¿ves? Y de ahí se hizo el dúo “Las mujeres pájaros”, que durante mucho tiempo quedó…

Amaury. …En el repertorio de la compañía.

Zaida. En el repertorio de la compañía. Ahora después viene entonces una persona de Ohio, de Cleveland, a Bellas Artes, buscando obras para inspirarse para hacer una obra y le gustaron “Las mujeres pájaros” y entonces allá también bailé yo, en Estados Unidos.

Amaury. No te lo puedo creer.

Zaida. Sí, si me lo puedes creer. Y entonces esa obra se llama “Seres efímeros”. Yo soy la madre de los pájaros, tengo un nido grande, lleno de pájaros en la cabeza, no hago gran cosa, pero improviso porque podía improvisar, ya yo había aprendido a improvisar.

Entonces tenía 12 bailarinas con vestidos de seda, hechos allá sobre seda pintados por mí. Ellas haciendo sus cosas con sus cabezas de pájaros. Un personaje que va como un caballo de ajedrez, que tiene tres cabezas de pájaro. Una mujer lluvia que tiene 7 cabezas de pájaros por arriba, con un vestido de lluvia. Y eso iba acompañado de un arpa. Este evento se llama Parada Circle. Esto es en Cleveland, alrededor de unas universidades, se hace anual, y eso fue otra cosa donde pude bailar. Porque bailar donde quiera, tú sabes que yo bailo. Pero bueno.

Es que tengo un cuerpo, vamos a decir, tengo un cuerpo flexible; hago ejercicios todos los días. Puedo hacer un split, tengo unas condiciones increíbles ¿quieres que te enseñe mi empeine?

Amaury. A ver. Sí, sí.

Zaida. Entonces las bailarinas para hacer empeine tienen que hacer ejercicios, pero yo nací con él, es decir, yo fui bailarina en otra encarnación. Y entonces yo tengo que estar en paz con todos mis espíritus y uno de ellos es bailarina.

Amaury. Hablaste de “Las mujeres pájaros”. ¿Cuántos períodos tú reconoces en tu pintura? Porque ya no estás pintando mujeres pájaros.

Zaida. Bueno, básicamente, lo primero fue el campo, con las casas de tabaco, los niños. Después vinieron los caballos, Enfermedad de caballos. Después vino el circo y los personajes de circo. Después…, puede ser que se me vaya alguno, empezaron Las mujeres pájaros, pero las cambiaba. Yo me hice unas alas, que las metía por aquí en un palo y llegaban hasta allá, ¿ves?, de plumas de oca y una cabeza de pájaro y con eso hice muchos performances.

Luego vienen los trípticos maravillosos, que yo creo que es de las mejores obras que he hecho, son casi treinta, sobre nuestra religión afrocubana. Algunos están representados en la forma africana y otros están representados en la forma católica. Esos han sido premios internacionales, la Bienal de El Cairo, en Egipto; la Bienal de Tenri, en Japón. Esos los tengo. Esa es una obra que yo tengo; se han vendido dos o tres, pero yo mantengo esa obra, porque…

Amaury. Y regalaste uno, porque yo conozco uno que está en casa de Silvio.

Zaida. Bueno, imagínate, ¿qué voy a hacer con Silvio?

Amaury. No, no, claro.

Zaida. Pasaron los pavos reales, acaba de pasar la exposición de los pavos reales.

Amaury. Verdad que sí.

Zaida.  Todos los pavos reales. Ahora en el medio voy a hacer, el día 30, sobre mi viaje a la India, “La danza cósmica de Shiva”, se va a llamar. Todo hindú y Krishna. Todo dedicado a Krishna. Y también estoy trabajando en la exposición Naturaleza Búdica, sobre el Budismo, específicamente el Tibetano, que es el que tiene mucho colorido y que tiene dioses preciosos con unos nombres muy lindos, ojos amorosos, Buda de la vida eterna, Karmapachenos, todo eso.

Amaury. ¿Tú estás adscripta a alguna religión?

Zaida. Tengo el Santo hecho. Pero yo soy la Torre de Babel. Yo entro en todo, yo hago meditación. Yo me voy para la India y me meto a hindú. De milagro no traje hoy el puntico, porque desde que vine de allá no me lo he quitado. Si me dejan, si me dejan entrar yo entro en las que me gustan. A veces los domingos voy a la iglesia y voy a la misa también, un ratico.

Amaury. ¿Qué te hace sentir bien?

Zaida.  Sí, me da paz, y veo gentes y cosas, es una experiencia es un rato de la vida, la vida es una y hay que hacerlo todo.

Amaury. ¿Y tú crees que el hecho de tener hecho un santo, te protege, sientes que… lo hiciste por protección? ¿Lo hiciste por curiosidad? ¿Por vivir esa vida?

Zaida. Esas cosas están en el camino de las personas. Yo no tengo esa herencia de mi familia, somos campesinos, ahí nada más que rezaba el Padre Nuestro antes de dormir y ahí no había ni una imagen religiosa. Y después que yo me hice santo, para hablar de eso, yo entendí, por mis signos, porque eso es muy sabio, eso no es cualquier cosa, eso es una cosa sabia, porque los Yorubas eran muy sabios y muy antiguos, y entonces yo he entendido muchas cosas de mí, por qué me pasaba esto. Y entonces tienes las prohibiciones, te explican por qué es esto, por qué es lo otro. Sabes como manejarte, más o menos, sabes cómo hacer. Y en ese sentido a mí me ayudó, ¡cómo no!

Amaury. Fíjate que tú has dicho casi, en algún momento has puesto como una subordinada eso de que venimos de otras vidas. ¿Cuáles son las vidas de las que tú crees que vienes?

Zaida. Imagínate, pienso que vengo de vidas antiguas, igual pienso que no me quedan demasiadas encarnaciones -si es que existe la encarnación-, pero bueno, vamos a filosofar, vamos a divertirnos.

Amaury. Sí, bueno, claro.

Zaida. Yo pienso que tengo que haber sido bailarina, si no, no hubiera tenido este arco. Yo pienso, que no sé, a mí no me han hipnotizado, no me han dicho vidas, pero como yo tengo dentro de mí conocimientos antiguos que me llegan así, del aire, de la nada, muy rápido, tengo que haber sido en algún momento escritor, tengo que haber sido hombre en algún momento, porque tengo… yo soy muy femenina.

Amaury. Muy.

Zaida. Muy, muy, pero soy fuerte…

Amaury. …Me consta.

Zaida. … pero soy fuerte, fuerte como las decisiones de los hombres, digo, ¿no? A veces yo soy como un hombre. A veces yo digo, le digo a mi hermana: si no me gustaran tanto los hombres, pensaría que era verdad que yo… porque realmente yo soy fuerte, yo decido, yo podría dirigir una termoeléctrica, yo decido en el momento, y eso es muy masculino.

Me gusta el sol, más que la luna, es decir, yo soy más yang, yo soy un espíritu yang, y lo soy en el Horóscopo chino para seguir hablando de cosas. Es decir, soy caballo yang, año yang, yo soy yang.

Yo adoro el sol, el día, la energía del sol, no uso espejuelos oscuros, no uso gafas y le pido la bendición. Ay, la bendición, al sol, gracias, dame salud, dame cosas lindas.

Amaury. ¿Por qué la gente dice que Zaida no tiene sentido del límite?

Zaida. Pues se equivocan, porque yo a veces me extralimito. A veces hago cosas que no son bonitas, y pido perdón, mando un ramo de flores, y no tengo sentido del límite… en el trabajo, sí… en el amor que le brindo a los demás no tengo sentido del límite. Pero bueno, si yo estoy en una fiesta y se me permite, entonces yo bailo, me divierto, bebo, eso… pero cómo… si yo no tuviera sentido del límite ¿tú me querrías como me quieres?

Amaury. Yo te adoro. Pero yo te adoro también justamente por eso, porque tú eres Zaida sin barreras.

Zaida. Sí, pero yo sé tenerlas. Porque si yo no supiera tenerlas, yo no hubiera podido dar una conferencia, ni hubiera podido defender a Cuba en otros lugares.

Amaury. Ni hubieras podido hacer la obra que has hecho.

Zaida. Ni hubiera podido hacer la obra que he hecho. Ni hubiera podido criar a un hijo, ni atender a una familia. Ni atender un negocio. Es decir, ¿cómo no voy a tener sentido del límite? Lo que pasa que cada momento tiene su cosa. Cuando es sin límites, quizás si un día me dicen: “no tienes límites”, haga así y diga: ¡Ay! y me quede tranquila.

Amaury. Yo pensaba que Zaida, a ver si estoy en lo cierto. Digo: Zaida se expresa en su pintura y después se echa su pintura a cuestas, se la pone arriba, y así va por el mundo. ¿Es cierta mi apreciación?

Zaida. Bueno, la pintura, he dicho muchas veces que ha sido como mi ángel protector, todos tenemos un ángel y esa ha sido mi gran protección, porque mis ojos ven a través de la pintura. Yo siempre veo como una pintora. Yo te estoy mirando ahora a ti, pero de reojo vi que hay un rojo ahí atrás, y que hay una sombra acá, y todo eso algún día, cuando menos me imagino, sale. Por eso ando con mi pintura a cuestas en ese sentido.

Siempre pienso en pintar, creo que pintaré hasta los últimos momentos de mi vida, pero hasta el último momento de mi vida también estaré divirtiéndome y gozando todo lo que pueda. Porque hay una frase que puse en uno de mis libros de poemas, frase del libro de la doctora Clarissa Pinkola Estés, Mujeres que corren con los lobos, dice: “Podemos prescindir de todo menos de la alegría”. Y la vida es tan corta, nadie sabe qué tiempo vamos a estar, nadie sabe lo que vamos a hacer. Entonces, yo no digo que no me ponga brava, y que me deprima como todo el mundo, pero yo siempre busco la felicidad.

Amaury. ¿Pero la logras, la encuentras esa felicidad?

Zaida. Y hacer felices a los demás.

Amaury. ¿Encuentras esa felicidad?

Zaida. Sí, sí, yo la encuentro en cosas extravagantes y la encuentro en cosas sencillas. Cuando hablábamos ahorita de oír crecer las plantas, y de mi oído… Yo me he sentado horas frente a un lirio cerrado, a esperar a que haga “pap”.

Amaury. Y también estás dispuesta a sentarte un día en la puerta de tu casa a esperar que el amor haga “pap”.

Zaida. No, el amor me tiene que encontrar por ahí, no voy a estar sentándome a esperar el amor, ¡qué va! Para  eso no puedo sentarme a esperar, ¿y si no llega?

Amaury. Cuba está en tu pintura ¿cómo tú crees que Cuba recibe entonces el amor que tú le das, el protagonismo que tú le das en tu pintura, cómo lo recibe Cuba? ¿Cómo viene de vuelta ese amor?

Zaida. Muy bien, estoy muy agradecida, la gente me para por la calle para felicitarme, todo el mundo quiere tener algo mío. No sé, estoy en los mejores lugares, tengo un estudio precioso en la Plaza de Armas. Van a mis exposiciones, se llenan, no hay nada que pase en lo que yo no estoy. Aparte yo no digo que no a nada, si tengo energías, no digo que no. No sé si te pude contestar bien.

Yo, a esta tierra, a este fabuloso mar, sensual, lleno de cuerpos hermosos, de gente linda, tibio, que no son las aguas frías del Cantábrico… yo debo …a esos palmares, a todas las personas…, a todos los enamorados, a mis amigos queridos… mi comunión con esos otros mundos que tocamos los artistas para poder reproducir en arte, lo que se vive, ¿no?… pero he recibido…, siempre, siempre me acogieron en mi país de la mejor manera.

Amaury. Puedo inferir entonces que podrías vivir en cualquier sitio, pero siempre regresando a la isla.

Zaida. No me gustaría vivir en ningún otro sitio. A mí me gusta viajar y he podido hacerlo mucho. A veces estoy… únicamente que estuviera enamorada… pero siempre extraño mucho a Cuba, aunque llega un momento que me quiero ir, por supuesto, me hacen mucho ruido, me ponen un reguetón al lado, no me dejan pintar, me hacen cosas, y me dan ganas de irme corriendo, pero después enseguida quiero regresar, porque este es mi lugar, mi tierra, mi aire que respiro, todo.

Amaury. Y este es un lugar donde se te quiere mucho. Muchas gracias, Zaida. Gracias por venir, gracias por tu pintura, gracias por tu cubanía, por tu sonrisa, por tu elegancia, y por ser tan, tan buena persona.

Zaida. Pero dame un abrazo, de pie.

Amaury. Un beso, muchas gracias por todo.

Zaida. Gracias a ti.

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gravatar.comCarlos Mohedano

En uno de mis viajes a Cuba tuve la oportunidad de ver una colección de Zaida del Río referente a los Pavos Reales. Magnífica.
Carlos Mohedano.
España.

Fecha: 23/01/2011 15:03.


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