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Telarañas en el agujero

Telarañas en el agujero

Las radiaciones UVB afectan la vida submarina y provoca daños hasta 20 metros de profundidad en aguas claras. Es muy perjudicial para las pequeñas criaturas del plancton, las larvas de peces, los cangrejos, los camarones y similares, al igual que para las plantas acuáticas.

Por Ricardo R. González

Fotocopia: Carlos Rodríguez Torres

Érase una vez la historia de un agujero que comenzó a ensancharse. Algunos trataron de «zurcirlo» a su debido tiempo, pero la gran mayoría de los que podían hacerlo le dio la espalda.

Ese agujero daña. Lo triste es que marca por igual, y pone en peligro a los nobles terrícolas y a los que por acciones desmedidas lo han herido. Lo suficiente como para que cada año la Capa de Ozono adelgace entre un dos y un tres por ciento atenido a múltiples telarañas que la atan.

Todo deja de ser un misterio para convertirse en realidad, y si bien la ciencia considera que el ozono resulta perjudicial en la superficie terrestre, allá en la estratósfera —a una distancia entre 15 y 50 km de altitud— constituye una verdadera coraza protectora de los rayos ultravioletas emitidos por el sol, mientras abre las puertas a la luz necesaria que induce a la producción de las plantas.

Según investigaciones bien fundamentadas, el aumento de las emisiones del gas freón (utilizado en los sistemas de refrigeración y de aire acondicionado e identificado como CFC), así como en los aerosoles y en la industria del plástico se ha convertido en el principal detonante.

Los rayos ultravioletas, al entrar en contacto con el CFC, provocan una reacción que libera el cloro y el bromo e induce a la destrucción del ozono.

Por ello los propios rayos que ya no encuentran la barrera de detención, irrumpen y logran su pasaporte para alcanzar la superficie terrestre de una manera más intensa.

Lo que inició a manera de fábula en torno a este agujero ha desplazado el mito de la ciencia ficción. Y entre 1985 y 1986 los descubrimientos confirmaron la urgencia del problema, a tal punto que en la Antártida ha ocurrido una considerable reducción de dicha capa a partir de 1979, cuya dimensión simula el doble de la superficie de los Estados Unidos o la profundidad del monte Everest.

PELIGROSOS CAPRICHOS

De acuerdo a las valoraciones de los expertos el agujero tiende en estos momentos a su estabilización, es decir, a no crecer, pero ¿y el daño ya irreversible? Aun así las sumatorias anteriores consignan de que aparece cada año, excepto en 1988 en que no registró visibilidad. Sin embargo, cuatro años después —cuando se apreció el mayor diámetro de toda la historia— la destrucción del ozono reporta un 60 % más comparado con estadísticas anteriores.

Y si bien las incidencias fundamentales recaen sobre el polo sur, no piense usted que la situación en el hemisferio norte es apacible. Solo en enero de 1993 la cantidad de ozono había disminuido entre un 12 y un 15 %.

En este ir y venir, el mundo ha suscrito múltiples protocolos y convenios. El más importante de todos fue el firmado en Montreal, en 1987, por más de 120 naciones, 80 de las cuales figuran entre los países en desarrollo.

Cuba mantiene su alerta. Aparece entre los que ratificaron, en 1992, la Convención de Viena y el Protocolo de Montreal para evitar el agotamiento de la Capa de Ozono, y tampoco Villa Clara queda atrás. Despuntó entre las provincias del país con mayores aciertos en la capacitación a la totalidad de los mecánicos y especialistas de refrigeración con técnicas adecuadas a fin de minimizar los efectos nocivos a la Capa de Ozono.

Todo ello en tiempos en que no se había producido el cambio de equipos ahorradores con menos efectos nocivos sobre este bendito —y desvalido— manto protector.

Mentes muy abiertas tratan por todos los medios de salvar al Planeta de otro holocausto. La destrucción de la Capa de Ozono provoca, además, alteraciones en el ADN, así como el aumento de enfermedades infecciosas, la inactividad de las vacunas e irregularidades notorias en el sistema inmunológico.

Otras de las secuelas se circunscriben a los daños oculares, cataratas y cegueras, a las afectaciones a los ecosistemas, y a las neoplasias dermatológicas, fundamentalmente en áreas con mayores exposiciones a la luz solar.

Los estudios son diáfanos… Solo Australia ha duplicado la cifra de personas que reciben tratamiento de cáncer en la piel durante los últimos dos decenios con un aumento de más de un tercio a partir de 1995.

Mientras tanto, cada 16 de Septiembre se llama a la cordura. El mundo se inclina ante el Día Internacional para la preservación de la Capa de Ozono; sin embargo, no basta con 24 horas, a tenor de que la vida es fuente de esperanzas, y todos los que hacen por ella deben pensar en el espacio de los que están y preservar el de aquellos que vienen detrás.

Que existan montañas, ríos, glaciares, aire descontaminado… constituye privilegio deseado y patrimonio —devenido obligación— de los que un día arribaron al Planeta a fin de conocer las dichas y sinsabores de la existencia.


PARA MEDITAR

— Incidentes como las erupciones volcánicas aceleran la pérdida de ozono al intensificar los efectos de los CFC, pero si las emisiones de estos y de los halones incrementan su amenaza, la Capa de Ozono será reducida en un 20 %, y solo la mitad de esta pérdida provocaría en los Estados Unidos 1,5 millones más de cáncer en la piel y aproximadamente 5 millones de cataratas.

—Los CFC contribuyen, además, al efecto invernadero y pueden causar el calentamiento de la tierra. Una sola molécula de CFC 11 ó 12 es 10 mil veces más efectiva que una similar de bióxido de carbono en su aporte al calentamiento del Planeta.

— La disminución de los niveles de ozono en la estratosfera inferior —situada entre los 12 y los 23 km sobre la tierra— está marcada en un 3 % cada vez que transcurre un decenio.

HABLANDO DE OZONO

Un gas compuesto por tres átomos de oxígeno (O3) con una concentración relativamente alta de ozono es lo que se denomina Capa de Ozono u ozonosfera.

Fue descubierta en 1913 por los físicos franceses Charles Fabry y Henri Buisson, en tanto sus propiedades se sometieron al examen riguroso del meteorólogo británico Dobson al crear el espectrofotómetro o instrumento destinado a medir la cantidad de luz absorbida por una sustancia desde la superficie terrestre.

Aunque el descubrimiento del ozono como tal se le adjudica a
Schoenbein, allá por 1840, quien lo obtuvo a partir de oxígeno sometido a descargas eléctricas intensas.

El debilitamiento de la capa de ozono deriva en el tercer problema global que asedia a nuestros días, y se convierte en el mayor desafío en los últimos 30 años al afectar también la práctica de un desarrollo sostenible y el comercio internacional.

Los países cuya alimentación primordial descansa en los recursos marinos figuran en la mirilla de las graves consecuencias, y no se descarta la resta en las especies del fitoplancton marino que despojaría a los océanos de su potencial como colectores de dióxido de carbono, lo que induciría al aumento del gas en la atmósfera y a un calentamiento global consecuente.

Sus estragos amenazan a la diversidad biológica e influye en las inestabilidades climáticas y en serias problemáticas de salud. El aumento de las radiaciones ultravioletas inducirá a las deformaciones del cristalino y la presbicia, uno de los tantos defectos de la visión.

La reducción del 1 % del ozono pudiera provocar entre 100 mil y 150 mil casos adicionales de ceguera originadas por las cataratas, un mal que genera el eclipse de la vista a unos 15 millones de personas anuales en todo el mundo.
Las cifras hablan… Las acciones aguardan por nosotros.

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