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El signo de la violencia

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«La violencia genera lesiones graves, homicidio, consecuencias para la salud con impacto social, repercusiones sobre el embarazo, afectaciones físicas y psicológicas en su amplio abanico», enfatiza la Doctora en Ciencias Lucía Alba Pérez.

Texto y foto Ricardo R. González

Imagine a nuestro mundo en perfecta fusión con la vida. Pensemos que en el habitan terrícolas unidos por la conjura del amor y el respeto, de lo grande y lo infinito.

Pero lamentablemente, distamos mucho ya que la pandemia de la violencia parece devorarnos dentro de un espacio en el que, para algunos, todo lo que sobrepasa lo razonable puede bailar en la cuerda de lo violento.

Sin embargo, «hay detalles y evidencias que violan lo razonable y no se expresan a manera de violencia», según el criterio de la Doctora en Ciencias Lucía Alba Pérez.

El mal —afirma— se apoya en la imposición de criterios, sobre todo de quienes indican el «hágase lo que yo digo» a manera de orden, pues la violencia es una mezcla multifactorial a tenor de que el hombre deviene componente social, pero resulta imposible obviar su base biológica.

Hay condicionantes que lo giran hacia la violencia. Baste señalar el síndrome del alcoholismo fetal por parte de uno o ambos padres en la etapa prenatal.

— Entonces, ¿padres alcohólicos pueden influir en la conducta posterior de sus hijos?

— Queda demostrado. Tanto en comportamientos adictivos, manifestaciones de rebeldía, agresividad, trastornos de la personalidad y rasgos en extremo explosivos, aunque por supuesto existen excepciones.

— ¿El no ser capaz de controlar impulsos genera también violencia?

Una de las tantas puertas abiertas, como también el hecho de tener una infancia marcada para siempre. Hay casos complejos, otros más sencillos… Dependerá mucho del contexto familiar y educacional, de lo que es capaz de hacerse a tiempo en lo correctivo, pues en la violencia interactúan varios factores, y a veces el individuo tiene que resultar agresivo para sobrevivir en determinado medio familiar o estudiantil.

Tampoco olvidemos que puede ocurrir violencia en la esfera doméstica, en la socioeconómica, la cultural, política, medioambiental…

—¿Y tiene cabida la llamada violencia cotidiana?

— Por supuesto. La cuerda se mueve desde posiciones y conductas extremas hasta determinados comportamientos que para muchos no constituyen violencia y sí lo son. No respetar el derecho de una cola, una mala respuesta por parte del jefe a un trabajador, los diversos maltratos al transporte público, y las desobediencias a las reglas figuran en este grupo.

— De acuerdo a los rasgos de personalidad ¿Pudiera relacionarse con personas insatisfechas, irrealizadas…?

— En la vida no se pueden quemar etapas. Todo impone sacrificios, y dentro de la autoestima hay personas que sobrevaloran sus potencialidades, esos que aparentan ser los dueños del mundo y exigen el «cúmplase mi voluntad», y otro grupo muy ligado a las frustraciones, a las insatisfacciones que al no lograr lo que desean pueden terminar con actos violentos.

Y está el que desea llamar la atención de cualquier modo y recurre a la escala de valores negativos.

— ¿El panorama de la violencia guarda relación con la pérdida de valores?

— Llámese pérdida o cambio de valores favorece a que aparezca. Cuando se pierde el respeto a los semejantes, a los niños, a los adultos desaparece el concepto de valor ajeno. Incluso minimizan la empatía o el hecho de ponerse en el lugar del otro.

— Algunos expertos plantean que la violencia intrafamiliar constituye la base de tanta violencia ¿Está de acuerdo?

—Sí, pero no del todo, pues está la que surge de las relaciones laborales, estudiantiles, en el propio comportamiento social… Dicha aseveración cierra un poco el marco de la diversidad.

— Películas, seriales, casos de homicidio llevados a la pantalla… ¿despiertan la sed de igualarlos o imitarlos?

— Quien lo duda, pero ocurre porque no hay un responsable en casa que impida, sobre todo a los menores, apreciar estos programas en horarios no recomendados. En mi experiencia personal he tratado a traumatizados por dichas puestas.

— Contrarrestar la violencia… ¿algo difícil? 

— Reclama un trabajo arduo, paciente y mancomunado desde el punto de vista preventivo, de persuasión, educativo o correctivo. Desde el hogar, la escuela la sociedad…hasta las instituciones deportivas, culturales, los medios de comunicación… En fin, todos unidos a favor de asumir el gran reto de la antiviolencia.

 

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