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Dibujando el arco iris

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Junto a su hija Belkis Miriam Gómez Pérez, la ranchuelera hace una vida normal. Ambas se complementan, y más que un nexo filial existe la complicidad de confidentes y buenas amigas.

Por Ricardo R. González

Foto: Carlos Rodríguez Torres

La calle ranchuelera de Máximo Gómez conoce sus pasos. La ve trasladarse de un sitio a otro acompañada por ese atributo andariego que se encarga de advertirle posibles contratiempos. Avanza con la sensibilidad de una mujer amante de la vida, aunque por instantes recuerde aquello que le dijeron una vez y jamás ha podido olvidar: «eres como las rosas, suave y delicada, pero fuerte y con espinas si quieres encontrarlas».

No son las rosas sus flores preferidas. Se inclina por las orquídeas porque no viven del aire ni del polvo. Quizás ello sustenta la propia existencia de Miriam Felicia Pérez Herrera, quien lejos está de balancearse entre nubes lejanas y pompas imaginarias.

Y retorna a la adolescencia con sus evocaciones, de cuando ingresó en la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) a la edad requerida, pero ya desde los 12 años ejercía el activismo.

Por aquellos tiempos, la organización atendía las brigadas millonarias en apoyo a la zafra azucarera, e iniciaba las acciones del trabajo comunitario.

Su abuela y su mamá eran federadas fundadoras, y aun perfila la imagen de la primera moviendo las agujetas entre las bolas de estambre a fin de confeccionar piezas destinadas a los círculos infantiles, mientras su mamá, maestra al fin, insistía en la formación de valores desde edades tempranas, y compartía funciones con las de dirigente voluntaria de la FMC.

Sin embargo, a Miriam le ocurrió algo inesperado cuando apenas le faltaba un mes y días para cumplir 14 años. Era una etapa de ilusiones marcada por los deseos de descubrir el mundo, de imaginar y soñar. Cumplía con el plan La Escuela al Campo, de su octavo grado, y apareció aquel potente agente químico con sus notorios estragos. Desde entonces, el poder de la vista se ha ido alejando de manera progresiva. Tanto que la lleva en la actualidad a rozar los parámetros de una persona ciega, afectada en un ojo por una catarata, y al otro lo invade una prótesis ocular.

«Mi primera profesión —y ríe sin límites— fue la de ser discapacitada. Esta llega un día, a nadie le pregunta si la deseas o no, y hay que asumirla con retos y sentido positivo. Yo destierro el pesimismo, y rechazo la lástima, pues no ayuda y deviene sentimiento empobrecedor del alma. Una discapacidad no cierra puertas, y si ocurriera aun hay ganas de vivir.

¿Es cierto de que incrementa las fortalezas?

Aparece una especie de coraza protectora, pues no es el ocaso, aunque sí hay personas y mecanismos que hieren y menosprecian. Se empeñan en crear barreras más fuertes que las arquitectónicas, y son las mentales. Si bien trato de obviarlas, reconozco que están.

EL DÍA POR VENIR

Miriam Felicia sabe de tempestades y tiempos adversos, pero persevera. Cabalga sobre dichas y sinsabores del día a día. Inmersa en el precepto de que es una mujer de carne y hueso con la virtud de ser útil.

«Soy miembro no profesional del secretariado de la FMC en Ranchuelo. También he sido dirigente de la Asociación Nacional de Ciegos y Débiles Visuales (ANCI) en mi localidad, y desde el 2000 estoy vinculada a la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia como profesora de masajes y de otras técnicas de rehabilitación».

Y no faltan sus resultados en el Fórum de Mujeres Creadoras al ser la ganadora del premio relevante en provincia, durante el 2008, basado en una propuesta dirigida al trabajo con menores necesitados de métodos educativos especiales que ya está generalizada en el país, y tiene miras de maestría y posible doctorado dentro de la enseñanza especial.

— Sin embargo es defectóloga… 

— Laboro en la clínica Juan Bautista Contreras muy vinculada a la comunidad, lo que se me hace muy afín con los proyectos de la FMC. Cuando mi hija tenía apenas dos años tuve la posibilidad de cursar la especialidad de rehabilitación en la capital cubana, venía a mi casa solo los fines de semana. Regresé en 1998 y continué mi trabajo con la organización. Mi plaza quedó en el hospital Hermanos Ameijeiras, y después es que me hago defectóloga, mas no he dejado de ejercer la rehabilitación porque adoro esa especialidad.

— ¿Alguna vivencia con el trabajo de la FMC?

— Hay una imborrable. Conocí a una joven de familia muy preparada. No importa su nombre pero, prácticamente, la crié. Por sus responsabilidades los padres viajaban al exterior con frecuencia, y esa pequeña se le fue de las manos a la persona responsabilizada con su cuidado. Tocó fondo en las aguas turbulentas de la sociedad que la convirtió en jinetera, hizo pornografía, y fue arrastrada por los vicios de un proxeneta.

¿Qué ocurrió?

— Tenía la fe de vencer. Me llevó muchos años, mas lo logré. Ya está casada y con un comportamiento muy estable. Impera siempre un seguimiento, y mantenemos los vínculos. No imaginan la satisfacción que siento, pues cada vez experimento la sensación de una mujer cuando pare, que trae al mundo algo lindo.

Y si algún incentivo tiene Miriam lo encuentra en su hija Belkis Miriam Gómez Pérez. Es la continuidad hasta en el segundo nombre, la adolescente que defiende los cánones de su época, y quien aprecia en su madre los enormes valores como ser humano.

«Ella me ha enseñado a encontrar lo positivo. No niego que tenemos encontronazos, y al final le asiste toda la razón», sustenta la muchacha que estudia en el preuniversitario Miguel Ángel Pedroso, de su localidad.

Para muchos resulta «la puntualita», a tenor del primer episodio de la telenovela La cara oculta de la luna, alguien extraterrestre, «pero lo que hago es aprender lo bueno de cada momento y saberlo aprovechar, sin verme fuera de mi medio ni resultar anacrónica».

Mamá sigue las expresiones de su hija. La escucha hablar y vuela  en el tiempo. En ese implacable que sitúa a la joven como integrante del comité provincial de la FMC, y con responsabilidades en la UJC y la FEEM de su terruño, al tiempo que realiza investigaciones medioambientales, y coordina el proyecto de prevención del VIH/SIDA en Ranchuelo, entre otras funciones.

Aun no tiene definida su profesión, pero la balanza se inclina hacia el mundo de las letras…

Miriam revive con las palabras de su tesoro porque la semilla fructifica, y eso la hace feliz. Entonces insiste en la idea de sanar la mente humana, y ser esa persona que trasmita paz y entregue lo bueno que nace de las entrañas, a pesar de que sus pasos estén acompañados por ese bastón que sabe de sus pretensiones y en determinados momentos deviene consultor.

Quizás su universo se identifique por claridades e imágenes borrosas sin contornos definidos, y aunque le impidan apreciar el rostro de sus pacientes siente el distingo del apoyo y el agradecimiento.

Miriam no ha podido jamás contemplar los ojos de su hija ¿Azules, café, pardos? No lo sabe, mas en su mundo interior lo imagina, con tal fuerza que le permite seguir dibujando el arco iris.

 

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gravatar.comCarlos Mohedano

Ricardo. Acabo de leer su artículo. En verdad, os ha conmovido
Felicidades por tan bellísimo trabajo.
Desde España, Carlos Mohedano.


Fecha: 21/08/2010 21:19.


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