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Adiós, catarata

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Daniela ya en casa junto a su tía Adanelys

El primer caso infantil operado de una irregularidad ocular con tecnología microquirúrgica evoluciona sin contratiempos. «Me siento bien, y no tengo molestias», expresa la niña.

Por Ricardo R. González

Foto: Cristyan González Alfonso

Todo comenzó hace unos tres meses. A muchos miraba en busca de un ¿por qué? sin respuestas, mientras el trazo caligráfico escapaba cada vez más de los renglones.

Algo ocurría. Daniela Rodríguez Hernández era una niña sana. Apenas los catarros virales invadían su anatomía, y eso lo conoce Marisela Méndez Andréu, la maestra de tercer grado en la escuela primaria Victoria de Girón, del reparto santaclareño Moro, cuyo tino pedagógico, avalado por 37 años en el oficio, le lleva a ver más allá de la trayectoria docente de sus pupilos.

Fue ella quien detectó un cambio sustancial en los reflejos oculares de la menor. Le extrañaba que se acercara tanto a la libreta para leer o escribir, algo que no ocurría en tiempos anteriores.

«Un aparente estrabismo —refiere— manifestaba el ojo izquierdo, y a la vez se quejaba de cierto dolor en ese hemisferio de la cabeza, por lo que le pedí al resto del claustro que también observara de manera discreta. Llamé al padre, y trasmití mis preocupaciones. No había tiempo que perder…

DIAGNÓSTICO CONFIRMADO

La enorme perseverancia de la tía paterna  Adanelys Rodríguez Pérez influyó, sobremanera, en esta historia. Los padres de la menor (Jorge Antonio Rodríguez Pérez y Hachet Hernández Sotolongo) confiaron en ella. Una vez que recibieron las inquietudes de la profe asistieron al consultorio de su área de salud, perteneciente al policlínico Capitán Roberto Fleites.

Era el 6 de abril de 2010, y desde los primeros instantes la pupila médica apreció la irregularidad.

«Recorrimos los hospitales nuestros, y el Instituto Nacional de Oftalmología Ramón Pando Ferrer, en la capital cubana, y todos coincidieron», reafirma Adanelys, quien labora en la cocina de la Empresa de Servicios al Turismo (EMPRESTUR), en Santa Clara.

«Tras recibir la asistencia de los oftalmólogos pediátricos Armando Estévez Díaz y Ana Isabel Santana Machado, del hospital José Luis Miranda, fuimos a la consulta de retina del «Arnaldo Milián Castro». Allí la doctora Zoila Fariñas Falcón dictaminó que la afección era producida por una uveítis o situación inflamatoria que ocurre en los ojos motivada por una toxocariosis de índole parasitaria.»

Los exámenes corroboraron la existencia de una catarata en el ojo izquierdo ante condiciones normales en el derecho, sin que el caso reportara antecedentes familiares previos.

«En La Habana no conocía a nadie, pero magníficos especialistas coincidieron en sus opiniones. Era certero el diagnóstico llevado desde aquí», sustenta la tía.

No había otra salida que la quirúrgica. Sin embargo, lo que casi nunca ocurrió antes estuvo a punto de postergar la intervención. Un caprichoso estado catarral llegó días previos para tratar de impedir el acto. Afortunadamente se fue rápido, y luego de las 10:00 a.m. del jueves 17 de junio, la niña era «vencida» por los efectos de la anestesia general. 

 Unos 45 minutos marcaba el reloj al término de los procederes realizados por un equipo multidisciplinario del Instituto Pando Ferrer y de los hospitales Arnaldo Milián y José Luis Miranda, como parte de la Ira. Jornada de Oftalmología pediátrica (OFTALMOPEDIATRIA 2010) que reunió a más de 50 especialistas de nueve provincias del país. El acto fue presenciado mediante sistema televisivo en el teatro hospitalario, y los asistentes premiaron el feliz desenlace con una ovación cerrada.

Así Daniela Rodríguez Hernández resultó la primera paciente infantil operada de una catarata con técnicas microquirúrgicas avanzadas en el centro Oftalmológico de Villa Clara, adscrito al hospital universitario Arnaldo Milián Castro.

Según precisiones de la doctora Ana Isabel Santana Machado, una de las profesionales que atendió el caso, dicha modalidad operatoria incluye la implantación de un lente intraocular, de acuerdo con las características de cada paciente.

«Hasta el momento —dijo— la catarata no se opera en nuestro medio mediante láser, pero este resulta un método que reporta múltiples ventajas comparado con los convencionales que sí acumulan varios niños intervenidos en etapas anteriores.»

Transcurridas cuatro horas de la operación Daniela marchó rumbo a su hogar repitiendo: «No sentí nada, y me voy muy contenta».

Pasados cinco días, un equipo de Vanguardia irrumpió en el hogar donde la menor ratificó la ausencia de molestias, mientras abrazaba a su osito de peluche violáceo devenido mascota confidente.

— ¿Qué recuerdas de todo esto?

— Aquella letra tan fea que me salía. Mi maestra me aconsejaba mejorarla, pero a mí me extrañaba aquello porque yo nunca había tenido esa caligrafía.

—Sin embargo, no decías nada ni tampoco te quejabas…

— Estaba calladita. Sabía que algo raro sucedía, y mira qué era… una catarata…Eso es cosa de viejos.

Con una espontaneidad increíble, de esas que solo avala la infancia, Daniela conversó acerca de aquellos días en que su visión disminuía progresivamente.

La cirugía se practicó apenas 24 horas antes de que arribara a su noveno cumpleaños. Ahora es feliz. Concluyó su tercer grado, y recibe a la profe y sus amigos que la vienen a ver, mas a ellos les pide que no la olviden «pues el próximo curso estaré con mis padres allá en el crucero Carmita, próximo a Camajuaní.»

Mientras tanto, Adanelys experimenta la satisfacción de que la obra llegó al capítulo final sin pérdida de tiempo. Marisela, por su parte, le agradece a la vida ser maestra de oficio y corazón, y Daniela, inquieta ya en su silloncito, piensa en alguna que otra travesura porque tiene motivaciones para gritar a los cuatro vientos… Adiós, catarata.

ALGO DE INTERÉS

— La alteración en la transparencia del cristalino (lente natural ubicado detrás del ojo que ayuda a enfocar la luz o una imagen sobre la retina) induce a la catarata, aunque algunos expertos estiman que resulta más apropiado definirla como opacidad del cristalino que dificulta la visión normal.

— Según las características se clasifican en congénitas (de nacimiento) y adquiridas. Las primeras aparecen durante el primer año de vida, y constituyen una de las anomalías visuales más frecuentes que conlleva a la ceguera, de no realizarse un diagnóstico precoz.

— Puede afectar a uno o ambos ojos, y descarta la creencia popular de que surge por forzar la vista de manera excesiva.

— Las estadísticas plantean que uno de cada 250 recién nacidos pudiera presentar algún tipo de catarata vinculada a la herencia o por causas metabólicas, entre otras enfermedades.

— Aunque la bibliografía foránea difiere en cuanto a la incidencia de la afección en menores se estima que la padece de uno a 15  menores por cada 10 mil infantes.  Esta constituye la primera causa de ceguera curable a nivel mundial; sin embargo, unos 200 mil niños están ciegos por dicha causa.

— Villa Clara resulta la tercera provincia del interior del país que inicia este tipo de operación, precedida por Santiago de Cuba y Camagüey. Con anterioridad incorporó las dirigidas a corregir el estrabismo, aunque no todas las afecciones podrán solucionarse con la tecnología.

 

 

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